BALANCE DE CINE 2013

El año de las discrepancias

 

La noche mas oscura

 

Sin abandonar los criterios que rigen estos balances desde el principio, abordo a continuación el análisis de los títulos vistos en 2013.

 

CINE EN PANTALLA GRANDE

 

Confirmando el principio gitano que aboga por malos principios para sus hijos -en la creencia de que sólo pueden traer aparejados finales desastrosos-, el año se abrió en enero con un título impresionante para ir perdiéndose, de forma progresiva, en las medianías habituales.

De todos modos, por las veleidades del calendario de estrenos (que, además, no coincide con el estadounidense), en este año he tenido ocasión de ver películas nominadas en dos ediciones distintas de los Oscar, con desiguales resultados, según se verá.

            De hecho, creo que mis gustos difieren cada vez más de los de la Academia, que empiezan a resultarme inextricables, salvo que me limite a ver en sus decisiones motivaciones que poco o nada tienen que ver con lo cinematográfico.

            Quiero decir que, al margen de las sutilezas técnicas de una película –y para ellas hay apartados específicos- un servidor aprecia, sobre todas las cosas, el interés de las historias y personajes y la forma en que se sirven las mismas. Esto es, lo que se cuenta y el modo en que se hace.

            Sin embargo, tengo la inequívoca impresión de que los criterios que utilizan los académicos van de lo políticamente correcto a lo reivindicativo pasando por la mala conciencia o el reconocimiento a los esfuerzos físicos y económicos, en claro detrimento de los méritos puramente artísticos y creativos.

            Es únicamente mi opinión y, aunque me consta que no falta quien la comparta, todavía me inquieta más el hecho de que el gran público parece remar en esa misma dirección.

No es que me moleste tener que ir contra corriente –ni tampoco es algo que me guste especialmente- pero no deja de producirme cierta sorpresa, de modo que intentaré quedarme con la lectura positiva: no importa cuánto se vilipendie una película si yo la aprecio ni tampoco he de sentirme culpable por detestar algo que todo el mundo considera magnífico.

Esta línea de actuación y pensamiento quedará patente desde el mismo principio del análisis, al que doy comienzo en este mismo instante.

 

ZONA GÉLIDA

 

Para no marear la perdiz e ir directamente al grano, comienzo por incluir entre lo que más me ha desagradado del año el film que ha obtenido, desafiando mi capacidad de raciocinio, el Oscar a la Mejor Película: “Doce años de esclavitud”.

La unanimidad en las aclamaciones de la crítica no provoca otra cosa que mi reafirmación en el hecho de que la historia que narra Steve MacQueen (según un guión de John Ridley basado en las memorias del protagonista, Solomon Northup), no aporta significativamente nada a la manidísima temática de la esclavitud en el sur de Estados Unidos.

En esta ocasión se cuenta la tragedia real de un hombre libre que, engañado, fue apresado por un grupo de esclavistas, teniendo que soportar cautiverio, vejaciones y torturas durante más de una década antes de ser liberado por sus amigos. Trágico, vergonzoso, susceptible de provocar la ira más justa y la impotencia más absoluta por la impunidad de los culpables de este asqueroso capítulo –uno más- de las indignidades que la Humanidad es capaz de cometer (ver epílogo del film) pero nada ciertamente original ni en la forma ni el fondo.

Se habla de un gran guión, de una brillante composición... En fin, o yo vi una película distinta o, fuera de la tremenda fuerza moral del personaje protagonista y de la excelente actuación del elenco de actores (justísimo el Oscar a Lupita Nyong’o), no hay absolutamente nada que destaque en el film.

            El ritmo es correcto sin más, la fotografía no me pareció relevante en ningún caso, tampoco hay ninguna sorpresa en la trama (entre otras cosas porque el título es un tremendo spoiler en sí mismo y un error de bulto por tanto) y hasta la partitura del gran Hans Zimmer me resultó anodina. No abundaré más en esta evidente discrepancia.

Elysium”, el film futurista protagonizado por un desconocido Matt Damon, se beneficia de un tráiler tan efectista como mentiroso pues la aparente antítesis entre los dos mundos que plantea –el de los ricos que viven en un paraíso artificial en forma de estación espacial y el de los pobres que malviven hacinados, enfermos y hambrientos en lo que queda de la Tierra- apenas se ofrece con cuentagotas.

            Por supuesto, se recrea más profusamente la Tierra devastada (más fácil y más barato) y ni siquiera el protagonista llega a interesar más allá de un titubeante comienzo que pronto desemboca en la nada más absoluta. Decepción mayúscula.

La también futurista “After Earth” presenta directamente a la especie humana trasladada a un lejano planeta, Nova Prime, del que han tenido que desalojar a sus moradores originales. Por una de esas casualidades de la vida, una tormenta de asteroides acabará con la tripulación de una nave tripulada por el ilustre general Cypher Raige, salvándose únicamente el militar y su hijo, que acaban solos y abandonados… en la Tierra.

            Sin ser un planteamiento demasiado original sí daba para algo más que para vehículo de discutible lucimiento tanto del ínclito Will Smith (en un patético intento de escapar a su encasillamiento como “risitas oficial del reino”) como, sobre todo, de su joven hijo Jaden, cuyas aptitudes interpretativas siguen pendientes de descubrirse.

            Las escenas de acción son endebles y se sirven con cuentagotas mientras que el retrato de la relación paterno-filial hace más aguas que el Titanic.

Por último, el thriller de acción “Plan de escape”, protagonizado por Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone, aterriza en el apartado que cabía augurarle de antemano aunque, siendo malo como es, no deja de tener sus instantes (muy pocos y muy breves, tampoco hay que exagerar).

            Al menos la cinta de Mikael Håfström tiene el detalle de no tomarse en seria a sí misma en ningún momento a lo largo de sus casi dos horas de innecesario metraje. En clave de parodia y luciendo musculaturas descomunales y envejecidas, el guión –un especialista en detectar fallos de seguridad en prisiones es engañado y encerrado en una, en la que tendrá que aliarse con el hombre al que supuestamente tenía que liberar- abunda en chascarrillos y risibles duelos de salón pero no llega a aburrir.

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

Vamos con un nuevo título encumbrado por los Oscars (nominado igualmente al galardón a Mejor Película), la crítica y el gran público que, en este caso, me dejó bastante indiferente. Se trata de “Capitán Phillips”, otra historia basada en hechos reales (el protagonista fue coautor del relato que inspira el guión).

            Un carguero estadounidense, al mando del experimentado capitán Richard Phillips, es secuestrado en 2009 por un grupo de piratas somalíes, que ya lo habían intentado con otros cinco barcos de la misma nacionalidad esa misma semana.

            Una vez más, excelente la interpretación de un Tom Hanks que no deja de crecer como actor. Su trabajo es, junto a la oportunidad de adquirir algunos conocimientos sobre las motivaciones de los piratas, la forma en que son captados y los rudimentos de su modus operandi, de lo poco interesante del film.

            Lo mejor tiene lugar durante la primera mitad del metraje; luego se convierte en un mastodóntico y monótono serial con algunos sobresaltos pero, fuera de la contundente presencia de la Armada americana (el “Maersk Alabama” fue el primer navío estadounidense apresado a lo largo de casi dos siglos), lo cierto es que la historia apenas da para poco más que un telefilm.

El único superviviente”, por su parte, muestra una escaramuza en terreno afgano a cargo de un comando de Navy Seals estadounidenses que tiene como objetivo la eliminación de un terrorista talibán pero que obviamente se complicará.

Está basado, una vez más en hechos reales y en el relato que de los mismos hizo uno de sus protagonistas, al que de nuevo el desafortunado spoiler que constituye el título nos proporciona la información de que fue el único superviviente de la acción.

Rodado con una textura visual que ciertamente le otorga visos de verosimilitud, la historia acaba resultando tan aburrida como previsible. Mucho tiro, poca conversación trascendente como cabía esperar (con momentos que recuerdan a la cinta de terror “Dog soldiers” pero trocando a los británicos por los yankees) y poco material en suma para hacer aconsejable su visionado.

            Estadounidense y bélica también pero dentro del género de la ciencia-ficción, “Pacific Rim” inunda la pantalla de gigantescos protagonistas: los monstruosos Kaiju surgidos del fondo del mar y los robots tripulados Jaegers que los humanos crean para combatirles.

            Tiene sus momentos y viene a ser un cruce no especialmente brillante entre la saga “Transformers” y el “Monsters” de Gareth Edwards. En realidad, se puede ver tranquilamente mientras se desconoce el desenlace aunque enfrentarse una segunda vez con la película podría ser considerablemente más complicado.

            La curiosidad viene del hecho de que el director mexicano Guillermo del Toro es coguionista de la historia.

            La secuela “Lobezno inmortal”, en cambio, tiene una peor defensa. Sobre todo por orbitar alrededor de una saga superlativa como la de “X-men”.

            Si ya “X-men Orígenes: Lobezno” suponía una degradación evidente, en su segunda parte el escalón se hace muy hondo. Una historia con un ritmo desatado –y no lo digo elogiosamente- y una historia con más grises que claros echan por tierra los intentos del hipermusculado Hugh Jackman en su sexta aparición en pantalla interpretando al mítico Wolverine.

            Trasladado a Japón a requerimiento de un misterioso benefactor que forma parte de su olvidado pasado, Lobezno se enfrentará a sus propias ganas de morir. ¿Muy filosófico? Sólo en teoría.

            En un género muy distinto, “Jack el cazagigantes” es una efectista producción fantástica dirigida a un público indefinido, por cuanto disloca bastante la historia original de “Jack y las habichuelas gigantes”.

            Aquí los gigantes secuestran a una bella princesa y la llevan a su reino, de donde un grupo de valerosos caballeros tendrán que intentar rescatarla. La película se deja ver pero tampoco es apta para todos los paladares.

            Junto a la presencia de la veinteañera británica Eleanor Tomlinson -a quien se había visto episódicamente unos años antes en “El ilusionista”- destaca la sorprendente presencia de Ewan McGregor, en una de esas decisiones que no dejan de llamarme la atención.

            En cuanto a la también reinterpretación fantástica “Oz, un mundo de fantasía”, alterna sorpresas agradables –sobre todo desde un punto de vista estético y visual- como el prólogo con lastimosas decisiones argumentales que lastran de forma irremediable el funcionamiento de la película.

            El principal hándicap -pese a la presencia de James Franco o de las brujas a las que dan vida Michelle Williams, Rachel Weisz y Mila Kunis- es la pérdida de identidad de una historia que sufre la pérdida de sus elementos más característicos: Dorothy (inolvidable Judy Garland), el León Cobarde o el Hombre de Hojalata…

            “La venganza del hombre muerto” es un thriller con trasfondo psicológico que va claramente de más a menos. Contrariamente a otras tramas, aquí el hecho de ir descubriendo los elementos que la sustentan va en detrimento de su interés.

            Tampoco ayuda mucho la escasa química existente entre Colin Farrell y Naomi (alias Lisbeth Salander) Rapace.

            En cualquier caso, el protagonista de la historia es Victor, la mano derecha de un mafioso cuya organización está siendo aniquilada por un asesino a sueldo. Mientras intenta mantener a salvo a su jefe se prendará de la misteriosa vecina del edificio de enfrente, con la que mantiene intensas miradas a distancia. Sin saberlo, ambos tienen heridas de las que sólo se curan con sangre.

            Aunque no esperaba mucho de “Hitchcock”, la experiencia me resultó algo insípida. La turbulenta vida interior del genial mago del suspense apenas si se atisba bajo una interpretación de manual (magníficos Helen Mirren y un Anthony Hopkins tremendamente caracterizado) y una realización de una gran sobriedad.

            La impresión que me dejó fue de no haberse atrevido a ir más allá. Buceando en la vida y circunstancias de don Alfredo mientras éste rodaba la decisiva “Psicosis”, el guión sólo araña la superficie, insinuando más que otra cosa, sin mostrar en exceso, como si arrojara algo de calderilla al público. No alcanza el aprobado.

            Otro tanto le ocurre, aunque por diferentes motivos, a “Runner, runner”, thriller coprotagonizado por un Ben Affleck malo malísimo, un Justin Timberlake tonto tontísimo (aunque crea ser todo lo contrario) y una Gemma Artenton… más sofisticada que en la época de “Tamara Drewe” o “Prince of Persia: las arenas del tiempo”.

            Un estudiante de Princeton pierde el dinero necesario para seguir en la universidad al apostarlo a una página de juego online que realiza prácticas poco éticas. Ni corto ni perezoso, se dirigirá a la isla-paraíso fiscal en la que reside el millonario dueño de la web para pedirle explicaciones.

            El problema de la película es fácil de diagnosticar: no funciona. Está dirigida e interpretada con la misma falta de convencimiento y el guión tiene más agujeros que un queso de Gruyère.

            Por último, tampoco me convenció la española “¿Quién mató a Bambi?”, por la sencilla razón de que todos los gags graciosos (que lo son mucho) están incluidos en su tramposo tráiler, de modo que lo que queda son los tiempos intermedios entre ellos, lo cual deja poco espacio para la sorpresa o la carcajada.

            Una pena que el enorme potencial cómico de Quim Gutiérrez y Ernesto Alterio se despilfarre de forma tan lastimosa, más interesado el director al parecer en destacar los evidentes encantos Clara Lago y Úrsula Corberó.

            En realidad se trata del remake del film mexicano “Matando cabos”, del que sigue más o menos su trama: en el caso de la película española, dos jóvenes han de encontrar la forma de sacar del maletero a su jefe, que por extrañas circunstancias ha quedado inconsciente y encerrado en él. Para más inri, se trata del padre de la novia de uno de ellos.

 

ZONA CALDEADA

 

Algo mejor que las anteriores pero atendiendo únicamente a sus poderosas imágenes y su capacidad de sugestión –algo a lo que no es ajeno su espectacular 3D- “Gravity” da un paso adelante en el mundo de las tres dimensiones con una historia que verdaderamente precisaba de ese recurso.

Una misión rutinaria de reparación de satélites en plena órbita se convierte en una trágica lucha por la supervivencia cuando varias toneladas de basura espacial impactan contra la nave de los protagonistas. Sólo dos astronautas sobreviven –el veterano Matt Kowalsky (George Clooney) y la novata doctora en ingeniería Ryan Stone (Sandra Bullock en un papel muy alejado de sus habituales registros).

Mientras dura la fascinación ante las imágenes que nos mantienen poco menos que en gravedad cero (ese es el propósito confeso de la cinta), la película se sigue con interés. Luego, la monotonía del guión –y un par de trucos que no funcionan- acaban desconectando al espectador aunque no se trate de un ejercicio sin mérito.

Mucho peor considerada por casi todos, debo discrepar también (aunque esta vez en sentido contrario) con “Oblivion”, un film en el que la belleza de las imágenes se alía con la genial banda sonora electrónica de la formación francesa M83, dando como resultado una película perturbadora y sugerente.

Secuencias como la del baño en la piscina de los protagonistas –interpretados por Tom Cruise y la camaleónica Andrea Riseborough (increíble que una actriz tan sexy haya podido interpretar a su compatriota Margaret Thatcher)- son de las que se graban en la retina. La aparición (en circunstancias que tendréis que descubrir) de la no menos atractiva Mila Kunis supondrá un interesante punto de inflexión.

En un principio, la historia presenta a la parejita en cuestión como una avanzadilla humana en la ahora despoblada Tierra. Su misión, en la aislada torre en la que trabajan, consiste en supervisar el mantenimiento de los drones que vigilan la extracción de los recursos todavía útiles del planeta. Hay, no obstante, ciertos seres misteriosos que boicotean los drones y amenazan la vida de nuestros héroes…

            Con un enfoque sutilmente filosófico, la verdad será algo más complicada de digerir para los protagonistas aunque no ha faltado quien ha acusado a la cinta de pretenciosa y “ciencióloga”. No es que un servidor comulgue con tan estrambótica ideología pero empieza a cansar la machacona acuñación de la misma etiqueta para todo producto futurista en el que se embarca el bueno de Tom Cruise.

También con éste como protagonista me entretuvo bastante “Jack Reacher”, la primera entrega de una saga que cuenta con un complejo protagonista.

Dista mucho de ser perfecta pero la mezcla de intriga, acción violenta, ciertas dosis de chulería, unos diálogos no exentos de gracia y unos contundentes efectos especiales hacen pasar un buen rato siguiendo la investigación de este tipo que teóricamente no existe pero cuya presencia es reclamada por un francotirador acusado de haber asesinado a cinco personas. Lo gracioso del caso es que Reacher detesta al tipo en cuestión y no le importaría que fuera despachado con una inyección letal. Sin embargo, y pese a lo que todos parecen creer, él no lo considera culpable de estos crímenes en concreto.

            “Los juegos del hambre: en llamas”, pese a seguir con su evidente vocación de entretenimiento para adolescentes, me gustó bastante más que su predecesora, lo que no entraba en mis pronósticos.

Puede que sencillamente me haya acostumbrado a su fórmula y sea capaz de disfrutar de lo que sí tiene –una puesta en imágenes espectacular, un excelente diseño de producción y una música excepcional a cargo de un James Newton-Howard que esta vez firma los créditos en solitario- o puede que realmente el guión de esta segunda parte sea mejor.

            Menos melodramática y más ácida, la historia parece apartar un poco los elementos sentimentaloides para centrarse en la supervivencia física y moral de sus protagonistas, sin que se pierda el sentido del espectáculo que ahora no está sólo al servicio de las escenas de lucha, reducidas con acierto a la mínima expresión.

            Katniss y Peeta, flamantes vencedores de la 74ª edición de los Juegos del Hambre, son obligados a volver al “ring” cuando el Presidente Snow decide hacer unos Juegos sólo para vencedores de ediciones anteriores. Los dos jóvenes, obligados a seguir manteniendo su pantomima romántica, saben perfectamente lo que eso significa: para Snow es ya una cuestión personal que ellos no sobrevivan.

Otra secuela, “Riddick”, vuelve a los orígenes del personaje interpretado por un Vin Diesel desconocido en 2000 cuando se estrenó la magnífica “Pitch Black” y ahora instalado en el estrellato del cine de acción.

Renunciando a la aparatosa parafernalia infográfica de “Las crónicas de Riddick”, estrenada hace ya nueve años, el film se sustenta en la máxima según la cual por muchos monstruos que aparezcan (y aquí, cuando Riddick es traicionado por los necrófagos y abandonado en un planeta habitado por bestias sanguinarias, aparecerán unos cuantos) el hombre sigue siendo el peor de todos ellos.

            Violencia y acción a raudales, con momentos casi (o sin casi) gore y con pocas (o ninguna) filosofías, el Riddick más básico y rudimentario se foguea entre toda clase de faunas: desde serpientes con colmillos gigantes hasta rubias ninfómanas, que de todo hay.

La segunda parte del reboot protagonizado por Chris Pine (como el capitán Kirk) y Zachary Quinto (como el señor Spock) “Star Trek: en la oscuridad” vuelve a deleitar con la misma clase de vigorosa acción con que se despachaban cuatro años antes en la primera.

La tripulación del Enterprise regresa a una Tierra enfrentada a una amenaza indeterminada pero terrible que atacará a la mismísima cúpula de la Federación, sumiendo en el desconcierto a la flota.

            Para quienes no éramos “trekkies” (siempre me aburrió la saga clásica), ésta ha sido una bonita manera de meternos en vereda.

Si en el caso anterior asistíamos al mantenimiento de un notable nivel en su secuela, con “Thor: el mundo oscuro”, la oscuridad vuelve a ser luminosa porque aquí lo que tenemos es la resurrección de una saga que parecía haber nacido muerta.

            Donde “Thor” fracasaba, aburriendo hasta la saciedad y naufragando entre estrellas cinematográficas desorientadas y cartón-piedra espacial, la segunda parte triunfa (sin exagerar tampoco la nota) con una historia en la que Loki (magistral Tom Hiddleston) asume mayor protagonismo que su heroico (y algo soso) hermano del martillo.

            Repiten Anthony Hopkins, Natalie Portman y Stellan Skarsgård pero todo bascula en torno al villano, que era arrastrado a Asgard por Thor al final de “Marvel: Los vengadores” y que ahora ve ante sí una posibilidad de redención (¿o de venganza?) con la llegada del terrible elfo oscuro Malekith.

            Acción con más criterio, diálogos menos risibles y una interpretación más ajustada (se lució el amigo Kenneth Branagh en la realización de la primera entrega) aporta más orden, seriedad e interés a este segundo “Thor” que parece poner a salvo la franquicia.

Estupenda adaptación al cine de la espléndida novela de Noah Gordon, “El médico”, aun tomándose no pocas licencias narrativas, es una encomiable producción alemana rodada en inglés que trae de nuevo a Stellan Skarsgård pero sobre todo a un Ben Kingsley superlativo.

            El desconocido Tom Payne (al menos por quienes, como yo, apenas consumimos series televisivas) es el protagonista de esta historia en la que un joven huérfano es recogido por un “barbero sanador” en la Inglaterra del siglo XI. Después de conocer los rudimentos de la profesión, la “milagrosa” operación de cataratas que salvará la maltrecha vida de su padre adoptivo le abrirá un mundo de maravillosas oportunidades… vedadas a los cristianos en la lejanísima Persia.

            Dentro de un subgénero –el de los magos y sus trucos- que tradicionalmente fracasa conmigo (no disfruté de títulos como “El ilusionista” o “El truco final (El prestigio)”), he tenido este año la agradable sorpresa de encontrarme con “Ahora me ves” que, para no faltar a la tradición, goza de menor predicamento entre las masas.

Divertida e ingeniosa a partes iguales, visualmente tramposa y con un efectismo que no desagrada, su pretendida frialdad la convierte en un thriller ligero y disfrutable con el que al parecer casi nadie conectó. A propósito, la comparación que hace el crítico Scott Foundas entre ella y “Ocean’s Eleven”, en su reseña para la revista Variety, me parece totalmente acertada y clarividente.

            En cualquier caso, la historia versa sobre “los Cuatro Jinetes”, otros tantos magos de desigual éxito que han sido reclutados por un mecenas que se dedica a “limpiar” bancos con ayuda de su ingenio sin que el FBI acierte a neutralizarlos.

            El cine español hace su aportación del año con “Los últimos días”, en la cual la omnipresente figura de José Coronado encabeza un reparto en el que también descollan Quim Gutiérrez y Marta Etura.

            Como buen título del cine patrio que se precie, ha sido convenientemente depauperado desde los cuatro puntos cardinales de nuestra singular nación pero ello no quita para que se trate de una magnífica producción de género fantástico que evidencia tan buena realización como efectivo guión.

            Una fobia se extiende, en forma de pandemia, por todo el planeta obligando a los seres humanos a recluirse. Salir significa literalmente morir. Ello derrumba la economía, las instituciones y toda estructura conocida. En este contexto, dos hombres inician una apocalíptica marcha por el subsuelo barcelonés en busca de sus seres queridos (la esposa del uno y el padre del otro).

            Con una estética sorprendente, un guión no exento de sobresaltos y una interpretación que funciona gracias al buen feeling entre sus dos protagonistas masculinos, se trata de un título más que decente.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

Soy consciente de que este año quizás peque de cierta benevolencia a la hora de acuñar como “memorables” a algunos títulos que quizás no pasen de ser agradables entretenimientos pero, aparte del elemento subjetivo, la carestía es lo que tiene: lo vuelve a uno menos exigente, me temo: En todo caso, ahí van

El juego de Ender

Vaya por delante que no he leído las novelas de Orson Scott Card, de modo que ignoraba qué podía esperar de esta adaptación cinematográfica, tan esperada por quienes sí son seguidores de la saga literaria.

            Con cierto aire a lo “Harry Potter” aunque en un contexto más en la onda de “Starship Troopers”, el film cuenta la historia de Ender Wiggin, un muchacho que es enviado a una escuela militar que busca la forma de neutralizar a una civilización alienígena a la que se derrotó sesenta años antes pero constituye una amenaza latente para la Humanidad.

Una excelente labor de casting y unos efectos  especiales nada despreciables enmarcan una historia llena de sorpresas (no todas agradables) tanto para el protagonista como para el espectador.

            La integración de escenas tan asombrosas como la del videojuego en el que Ender es integrado o el atípico final (al que se acusa de constituir un anticlímax cuando lo cierto es que eso fue lo que me entusiasmó de él, por lo inesperado) la convierten en un título único y diferente.

            Magnífico trabajo en el film del joven Asa Butterfield (que ya triunfara en “El niño con el pijama a rayas” o “La invención de Hugo”), la intervención de Harrison Ford resulta, en cambio, algo desconcertante, sin que ello tenga que ser necesariamente negativo.

Parque Jurásico 3D

En un año en el que poco a poco me voy reconciliando con el 3D, gracias sobre todo a la ya comentada “Gravity”, la adaptación a este sistema de la mítica “Parque Jurásico” de Steven Spielberg no puede ser más oportuna.

Desde mi absoluto desconocimiento técnico, no deja de asombrarme que una película con veinte años de antigüedad haya podido ser transferida al 3D con semejante nivel de perfección. Tanto como para no envidiarle absolutamente nada, en ese aspecto, al “Avatar” de James Cameron. Y no creo estar exagerando.

Teniendo en cuenta que la cinta jurásica ya me entusiasmó en su día (la vi en dos ocasiones en pantalla grande amén de un sinfín de veces en pantalla pequeña), no me costó ningún esfuerzo volver dos décadas más tarde a satisfacer el precio de una entrada para verla una vez más pero en su nuevo formato.

            También parecía lógico y hasta justo que una película que revolucionó los efectos especiales en el cine fuese la elegida para incorporarse al que parece destino inexcusable del género fantástico en los próximos años: las tres dimensiones.

            Por lo demás, la historia ya es conocida por todos: un multimillonario tiene la feliz idea de crear en Costa Rica un parque temático con dinosaurios vivos, creados a partir de la clonación genética. Para ello sus científicos utilizan la sangre de dinosaurio absorbida por mosquitos que luego fueron atrapados en ámbar. Como diría el doctor Malcolm, “la vida se abre camino” y el parque acabará convirtiéndose en una trampa mortal.

Iron man 3

Tras el relativo fiasco que supuso la segunda parte, esta tercera entrega de las aventuras del superhéroe sin poderes (aparte de su prodigioso ingenio, claro) constituye un glorioso remonte.

Tanto desde el punto de vista visual como desde el narrativo, “Iron man 3” le da ciento y raya a la segunda parte, centrado en una trama que supone la aniquilación de todo su mundo; su imperio y su casa son destruidos por un poderoso y desconocido enemigo y hasta debe separarse momentáneamente de su amada Pepper Potts a fin de poder protegerla.

Nuevas dosis de espectaculares efectos especiales, otra tanda de frases ingeniosas en labios de su irónico protagonista y la incorporación de intérpretes de gran calado (casos de Guy Pierce y Ben Kingsley) adornan este film, completamente apto para un disfrute sin reservas. Al menos para los amantes del cómic adaptado al cine.

            Siguen Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow y Don Cheadle, lo cual es también una garantía.

El Hobbit: la desolación de Smaug

            Hace un año apenas le daba un aprobado alto a la cinta inaugural de esta nueva trilogía tolkiniana.

            ¿Qué ha cambiado para que la segunda parte merezca sobresalir? Bastantes aspectos contribuyen en realidad a este cambio de rumbo.

            Para empezar, una mayor fidelidad al texto original, al que en la primera parte tomaban por el “pito del sereno”, con muchas más licencias narrativas que pasajes fieles a la novela.

            También un ritmo más coherente, lejos de los frenazos de la primera, que tan pronto se detenía media hora en una tediosa reunión en Bolsón Cerrado como inventaba una precuela del Concilio de Elrond.

            La incorporación a la función de la bellísima Evangeline Lilly (la inolvidable Kate de la televisiva “Perdidos”, una de las pocas series que he seguido en los últimos tiempos) en su papel de elfa guerrera y su morbosa historia de amor “contra natura” con un enano, aunque fuera de toda idea de Tolkien, son otros elementos a tener muy en cuenta.

            Pero, por si todo ello no fuera suficiente, la aparición (¡¡¡al fin!!!!) del colosal Smaug y la espectacularidad de muchas escenas así como la intervención de Beorn, la prisión élfica, la persecución con los barriles por el río o la peculiar atmósfera de Valle convierten en una auténtica aventura lo que nunca debió dejar de serlo.

Guerra Mundial Z

            Brad Pitt abandera esta ambiciosa epopeya zombie que en 2016 verá una segunda parte dirigida por “nuestro” Juan Antonio Bayona.

            A causa de la temeridad del ser humano, el mundo ha sido invadido por hordas de muertos vivientes que nadie sabe cómo detener. La ONU destaca entonces a Gerry Lane (Pitt), un brillante investigador que tendrá que dar en tiempo récord con las causas y las soluciones –si las hay- para esta plaga que amenaza con borrarnos del planeta.

            Espectacular en grado sumo, con grandiosas escenas recreadas por ordenador (el asalto a las murallas de Jerusalén, a la cabeza) pero también con intensas escenas de interior -que recuerdan a algún pasaje de la magnífica novela de Manel Loureiro “Apocalipsis Z” tanto como a ciertas escenas de la ya citada “Parque Jurásico”-, la película se distancia convenientemente de algunos productos como la televisiva “Walking dead”, aspirando con fundamento a convertirse en el referente definitivo del género.

            Con menos concesiones al feísmo y el gore de las habituales en este tipo de historias, también se agradece sobremanera la inteligencia del guión, que prescinde de los chistes fáciles y los diálogos estúpidos que con frecuencia arruinan las películas de género zombie o las convierten en meras parodias.

La noche más oscura (Zero Dark Thirty)

            El título-estrella del año para un servidor, al lado del cual palidecen absolutamente el resto de realizaciones del ejercicio.

Estrenada en enero de 2013 en España (aunque candidata a los Oscar de la edición de 2012 pues en USA fue estrenada en diciembre), la cinta de Kathryn Bigelow es, en mi modesta opinión, muy superior a “En tierra hostil”, con la que ganó el Oscar a la mejor película (amén de la estatuilla a la mejor directora) en 2010.

            Con independencia del interés que se pueda tener (o no) en la historia que cuenta –la persecución durante más de una década tras el atentado de las Torres Gemelas, de Osama Bin Laden, por parte de la inteligencia estadounidense-, la escenificación de la misma es sencillamente impresionante.

            Es evidente la intención de Bigelow de abstenerse en lo posible de partidismos y en ese sentido la contienda se retrata sin tapujos, desde las atroces torturas infligidas a los yihadistas en Guantánamo hasta los atentados criminales perpetrados a sangre fría por los integrantes de Al Qaeda.

            La interpretación del elenco es tan honesta que sobrecoge por su realismo y, por otra parte, la textura misma del film, con su aspecto casi documental pero no exento de sentimiento, asombra a la vez que deslumbra.

            Incluso el desenlace, conocido por toda la población del planeta cuando se estrenó el film, lejos de constituir un lastre, se postula como la escena más potente de la película, resuelta con una maestría descomunal.

            No importa que “The Artist” sea una magnífica película; jamás debería poder ganar en el mismo año en que concurría al Oscar esta impresionante “Dark Zero Thirty” y la única explicación que se me ocurre ante esta arbitraria decisión estriba en el previsible temor de la Academia de ser tachada de patriotera o acusada de contemporizar con el asesinato de Estado cuando lo que aquí se juzga es la calidad cinematográfica de una película, no la moralidad de lo que ésta cuenta.

            Ahora bien, la explicación oficial se orienta más bien hacia la gratificación a una producción valiente (que lo es) capaz de rodar una película muda y en blanco y negro, de atraer con ella al gran público y de contar una gran historia. Loable y respetable pero no compartido por un servidor.

La afirmación categórica que hago no es, de hecho, sino la constatación definitiva de mi absoluta discrepancia con los académicos, con la crítica en general y con una buena parte de la audiencia cinematográfica de la que cada vez me siento más desligado. Y no lo digo con petulancia sino con sincero desconcierto y casi con consternación.

 

ANEXO: Cine en televisión y dvd

 

Desglosando por calidades, como si se tratara de la memoria de un antiguo proyecto constructivo:

Zona Gélida (peligro, no tocar):The Salton Sea” (es muy cómodo atribuir a las drogas el efecto de un guión deslavazado e incomprensible pero no cuela y Val Kilmer no salva el desaguisado), “Percy Jackson y el ladrón del rayo” (pueril hasta el sonrojo, la considero más nociva que susceptible de acercar la mitología a la juventud y dejaremos al margen el plagio descarado a Harry Potter en los carteles del film), “La dalia negra” (convertir en tediosa una historia de James Ellroy interpretada con el talento y la belleza de Josh Hartnett, Scarlett Johansson, Aaron Eckhart, Hilary Swank, Mia Kirshner y Rose McGowan está al alcance de muy pocos, señor De Palma, mis felicitaciones), “Invasor” (Daniel Calparsoro se la pega en una historia sobre soldados españoles en Afganistán que curiosamente cuenta con una cuidada producción pero un guión tendencioso y facilón), “Colors: colores de guerra” (olvidable drama sobre policías que median en guerras callejeras de bandas, no la salvan ni las presencias de Robert Duvall y Sean Penn), “Los cronocrímenes” (hasta cuando la crítica habla bien de una cinta española he de discrepar: en esta sobrevalorada y aburrida cinta fantástica apenas si salvo la interpretación del siempre genial Karra Elejalde), “La alianza del mal” (sus mágicos protagonistas no aportan magia alguna al film) o “Quantum of Solace” (el peor 007 –y no lo digo por Daniel Craig- que he visto hasta la fecha).

Zona “Ni frío ni calor” (vosotros mismos):Código Gerónimo: la caza de Bin Laden” (la mismísima historia de “Zero Dark Thirty” pero rodada sin dinero, sin autocrítica –aquí los malos son los que se presumía-, sin apenas guión y sin demasiado talento), “Los aprendices” (una comedia negra francesa que no ha envejecido del todo bien pese a estar coprotagonizada por el “intocable” François Cluzet), “Grupo 7” (una notable decepción que no está a la altura de los recientes thrillers ofrecidos por el cine español), “American gigolo” (mal han pasado los años para este thriller protagonizado por Richard Gere que ahora parece demasiado ingenuo), “Ciudad del crimen” (si en “El hombre tranquilo” el personaje de John Wayne volvía a su Irlanda natal tras matar a un rival en el ring, en esta cinta Tom Berenger, ante las mismas circunstancias, prefiere montarse un club de striptease en Nueva York; por desgracia, la diferencia de calidad entre ambas películas corre pareja con los distintos caminos tomados por sus protagonistas) y “Dredd” (aunque la de Karl Urban mejora con creces la versión protagonizada por Sylvester Stallone de las aventuras del personaje creado por el maño Carlos Ezquerra, sigue quedándose a medio camino).

Zona Caldeada (recomendables):25 kilates” (un thriller español perturbador e inspirado), “Flor del desierto” (estimable drama biográfico sobre la vida de Waris Dirie, una preciosa modelo somalí que denunció las ablaciones con que las mujeres son mutiladas en su país), “Escondidos en Brujas” (un thriller tragicómico con divertidos diálogos y magníficas localizaciones en la ciudad flamenca), “Tres días con la familia“ (un drama coral dirigido por la barcelonesa Mar Coll en la que muchos familiares que llevan años sin verse se reúnen con ocasión del fallecimiento del abuelo), “Bienvenido al mundo de Lol” (comedia francesa que muestra los conflictos generacionales entre la adolescente protagonista y su atractiva madre, a la que interpreta Sophie Marceau), "Joven y alocada" (un transgresor e irreverente drama chileno en torno a las tribulaciones vitales y sobre todo sexuales de su rebelde protagonista), “El cuerpo” (otro thriller oscuro y pseudoterrorífico protagonizado por un José Coronado con una de las caracterizaciones menos favorecedoras de su dilatada carrera), “En tierra hostil” (verla tres años después de su encumbramiento no le quita méritos; es una gran película), “Si la cosa funciona” (comedia 100% Allen, en la que el veterano Larry David interpreta el papel habitual de Woody), “Desde el infierno” (intensa y esteticista actualización de “Asesinato por Decreto” con Johnny Depp como cabeza de cartel), “Carlos” (thriller francés que especula acerca de la vida de Carlos, un célebre terrorista internacional de los años setenta y ochenta), “Red de mentiras” (Leo di Caprio y Russell Crowe a las órdenes de Ridley Scott en una historia de intriga ambientada sobre todo en Oriente Medio, “El traje” (una comedia española que no hace sangre de un tema tan peliagudo como la inmigración subsahariana) y “Wilbur se quiere suicidar” (singular comedia negra danesa sobre un tipo particularmente torpe a la hora de suicidarse y cuyo hermano intenta por todos los medios suscitar en él deseos de vivir).

Zona “Al rojo vivo” (coleccionables):Una pistola en cada mano” (magnífica comedia española, interpretada por lo más granado del cine hispanoargentino –Ricardo Darín, Luis Tosar, Javier Cámara, Leonor Watling, Eduardo Noriega, Leonardo Sbaraglia, Candela Peña, Eduard Fernández, Alberto San Juan- y compuesta por varios cortos que confluyen en el final), “My blueberry nights” (una singular producción de Hong Kong dirigida por Wong Kar-Wai y protagonizada por los bastante más conocidos Norah Jones, Jude Law, Natalie Portman y Rachel Weisz en lo que es una comedia romántica e inteligente), “Black Hawk derribado“ (Ridley Scott dirige esta espectacular cinta de acción bélica ambientada en la Somalia de los noventa) y “Argo” (un año tarde pero logré ver este magnífico drama dirigido y protagonizado por Ben Affleck sobre la crisis de los rehenes de 1979 en la embajada estadounidense de Teherán).

REVISITACIONES CLÁSICAS (carne de coleccionismo): Épica a cargo de “Lawrence de Arabia”, dramas hispanos como “El viaje a ninguna parte” o “Ese oscuro objeto de deseo”, intriga internacional de la mano de “La chica del tambor” y neo-noir turbio como “El asesinato de un corredor de apuestas chino”.

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