BALANCE DE CINE 2014

 

El “efecto Jesús Castro”

 

 

Balance Cine 2014

 

 

Un año más procedo a dar cuenta de las películas vistas durante los últimos 365 días, tanto en pantalla grande como en dvd. Y de nuevo las clasifico siguiendo los criterios que me han acompañado desde que di inicio a estos “Balances”.

 

CINE EN PANTALLA GRANDE

 

Pocas sorpresas cabía esperar en el ejercicio y ciertamente no se puede decir que las hubiera.

De hecho, 2014 no será especialmente recordado por la excelsa calidad de sus producciones cinematográficas y, en general, el tono predominante ha sido precisamente el gris pero, por fortuna para nosotros, el cine español sí ha tenido una resurrección digna de ser mencionada. Y no sólo en calidad, que también, sino sobre todo en taquilla.

Abordaremos esta cuestión más adelante pero no quiero dejar de hacerme eco de un hecho cada vez más evidente y es la enorme profusión de secuelas, remakes, reboots y franquicias que abarrotan la cartelera sin dejar apenas espacio para otra cosa.

Cuando una productora da con un filón, lo explota hasta su total agotamiento. Si un film funciona hay que buscarle una segunda parte aunque no la precise o incluso si hacerla va en detrimento del original. Y quien dice una dice un quinteto. Mientras el tema resulte rentable, hay que seguir dando leña al mono, sea de goma o de neopreno.

En un panorama que alardea de su alarmante falta de ideas, la ausencia de ese filón que explotar se salva en muchas ocasiones con nuevas versiones de las mismas películas y eso a pesar de que el original pueda tener apenas un año o dos de antigüedad.

Así las cosas, se agradece especialmente la aparición ocasional de guiones inéditos y de adaptaciones arriesgadas o novedosas, de las que no ha habido muchas durante el año recién finalizado. Analizaremos, en todo caso, esas escasas excepciones.

 

ZONA GÉLIDA

 

El descenso en la calidad se evidencia en este apartado, que aglutina los peores trabajos del año y que en 2014 ha estado bastante concurrido.

Así, la patética “Hércules. El origen de la leyenda” abre el catálogo de las películas que jamás debieron ser filmadas.

Rescatando un fenómeno del que ya hablaba en la reseña de “Valmont”, el de los “dobles rodajes”, también este año asistimos al estreno de dos films referidos a un mismo personaje; en este caso, el semidiós Hércules. De las dos versiones, la del director finlandés Renny Harlin se lleva claramente la peor parte.

Torpe, sosa y aburrida, está interpretada por adictos al gimnasio sin el menor talento interpretativo pero, con eso y con todo, lo peor es la ínfima calidad del guión, de una puerilidad insultante. Cualquier péplum de tres al cuarto ofrece más entretenimiento y provoca menos vergüenza ajena.

Muchos de esos epítetos (aburrida, sosa, pueril) podrían serle aplicados a “El corredor del laberinto”, que añade además la sensación bastante molesta de déjà vu durante una buena parte de su excesivo metraje.

Al abrigo de exitosos productos para adolescentes como “Los juegos del hambre” o “Divergente”, el director novel Wes Ball perpetra un engendro que sólo cuenta con lo peor de dichas sagas aunque al menos nos ahorre la tópica historia de amor.

La acción se inicia con la ascensión de un montacargas que transporta a un joven. Cuando el ascensor se detiene, el chico aparece en un claro rodeado de altos muros, donde será recibido por otros muchachos menos hostiles de lo que cupiera esperar. Nadie puede salir de ese claro, ya que al otro lado sólo existe un mortal laberinto.

Francamente, me quedo con el de David Bowie y Jennifer Connelly, ese sí dirigido de forma consciente a un público infantil.

Noé”, una costosísima superproducción protagonizada por Russell Crowe, Emma Watson (la Hermione de “Harry Potter”), Anthony Hopkins y la propia Connelly, es otro de los patinazos de la temporada.

Aronofsky me recordaba con ella, una vez más, las muchas razones por las que me desagrada su cine. El director de “Réquiem por un sueño”, “La fuente de la vida” o “Cisne negro” se despacha con otra película extraña, excesiva, dislocada y áspera con la que no disfruté lo más mínimo.

Su Noé es un psicópata metido a redentor divino y su fundamentalismo hubiera sido menos indigesto si al menos la historia hubiese estado aderezada con alguna escena en la que los miles de animales salvados en el Arca hubiesen tenido la más mínima relevancia. Pero no, sólo tenemos a un Noé desquiciado y a su sufrida familia sufriendo sus rayadas y las de Aronofsky.

El pegote de los Entzs de piedra (al menos eso me parecieron) sólo contribuye a dotar de mayor surrealismo una historia que no hay por dónde coger. Un bodrio absoluto sin la menor posibilidad de salvación, con o sin Diluvio.

El problema de “Maléfica”, recreación del personaje de la bruja malvada del clásico de Disney “La bella durmiente”, es justo el contrario. Donde uno esperaba un personaje más o menos retorcido, capaz de descender a los abismos más insondables de la maldad, Angelina Jolie encarna por el contrario a una Teresa de Calcuta con poderes mágicos.

Porque las perrerías que ha de soportar la pobre hada (ni a bruja llega) y la blandura con la que responde a las mismas la hace más acreedora a la santificación que a ninguna otra cosa.

Si la bruja de dibujos animados lograba sobradamente su propósito de asustar a la platea, la Maléfica de carne y hueso suscita más bien una mezcla de conmiseración e incredulidad.

La pretenciosa “Transcendence”, por su parte, comete el imperdonable error de aburrir de forma impenitente.

Johnny Depp encarna a un brillante investigador que pretende combinar las emociones humanas con la inteligencia artificial, lo que le convierte en blanco de los grupos que se oponen al progreso tecnológico.

Al final, muchos chips y muchos bytes pero pocas nueces de verdad. La historia se va haciendo farragosa, los personajes se van desdibujando y perdiendo credibilidad a ojos vista y es una pena ver a la talentosa Rebecca Hall (“Vicky Cristina Barcelona”, “The Town: ciudad de ladrones”) malográndose una vez más con guiones que prometen más de lo que ofrecen.

El bloque que conforma lo peor del año se cierra dolorosamente con un film de mi admirado David Fincher: “Perdida”.

Ampliamente aplaudida por la mayoría de críticos y espectadores en un nuevo episodio de alienación colectiva de los que me asombran invariablemente cada año, se trata sin embargo de una película tramposa, absurda y en muchos momentos incluso tediosa cuyos personajes no atrapan y cuya trama resulta altamente cuestionable.

Todo gira en torno a la desaparición de una atractiva mujer (Rosamund Pike) en el día de su quinto aniversario de boda. Su alucinado marido (Ben Affleck) no hace otra cosa, con su errático comportamiento, que alimentar las dudas que muchos albergan acerca de su implicación en el suceso.

Y el guión, debo decirlo así, se comporta exactamente igual que el personaje de Affleck: es errático, tiene más lagunas que las Tierras Altas escocesas y más parches que las llantas de Carlos Sainz. Mayúscula decepción a cargo del genial realizador de “Seven”, “The Game” o “La red social”.

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

También lejos de mis expectativas pero con algún que otro acierto puntual, “El Gran Hotel Budapest” muestra a un divertido Ralph Fieness en un rol sensiblemente distinto a los que suele protagonizar: el de un excéntrico conserje de altos vuelos obsesionado con las amantes maduras, la elegancia y el lujo.

Sus aventuras por la Europa de principios del siglo XX junto al joven empleado Zero Moustafa tienen algún momento hilarante pero lo cierto es que durante la mayor parte del metraje apenas suscita alguna que otra sonrisa. En mi opinión, es una película fallida, a la que le falta algo de sustancia y a la que no salvan ni el excelso trabajo de Fieness ni los numerosos cameos a cargo de Jeff Goldblum, Adrien Brody, Edward Norton, William Dafoe, Owen Wilson o Harvey Keitel.

300: el origen de un imperio” es la innecesaria y prescindible secuela de la muy superior “300” de Zack Snyder. La estética sigue siendo similar pero se pierde la épica de su predecesora.

Los encantos no exclusivamente cinematográficos que la atractiva Eva Green luce con generosidad en el film no consiguen mitigar ni por un momento la sensación de vacuidad que preside el visionado del mismo. Ni las batallas tienen el brío de las de 300 ni los enfrentamientos físicos provocan la misma desazón ni tampoco contamos con las sorpresas que deparaba aquélla. De hecho, resultaba más atractivo el engañoso tráiler que el film en sí mismo.

 Si en la primera 300 asistíamos a la heroicidad del rey Leónidas y sus espartanos en las Termópilas, aquí es el general Temistocles quien lucha por conseguir la unidad de las polis griegas, liderando las tropas que se enfrentan a los persas de Jerjes y Artemisa, que pretenden aniquilarles.

La nueva versión de “Godzilla”, aunque superior a la filmada por Roland Emmerich en 1998, tampoco acaba de enganchar.

El gigantesco dinosaurio japonés cumple con su cometido de aglutinar la acción pero se ve poco acompañado por parte del elenco humano de la función.

Contrariamente a lo que cupiera esperarse, sobre todo por quienes no estén muy versados en las películas japonesas de Godzilla, éste no se muestra como una bestia asesina sino más bien como una benefactora de la Humanidad, a la que defenderá de amenazas peores que ella misma.

Los efectos visuales están bastante logrados pero la historia resulta un tanto fría pese a la profusión de explosiones.

Tampoco me resultó demasiado estimulante “Tres días para matar”, una película de acción pura y dura cuyo protagonista es el incombustible Kevin Costner, metido en esta ocasión a agente secreto veterano al que se le diagnostica una enfermedad terminal. Intentará reconciliarse entonces con la mujer y la hija a las que abandonó y que no están particularmente entusiasmadas con la idea de volver a verle y mientras tanto luchará por sobrevivir tras verse atrapado en una compleja trama criminal.

Distraída sí es aunque a veces las escenas sentimentales parezcan metidas con calzador y constituyan un paréntesis entre tiroteos y persecuciones, que son lo que realmente pretende la trama. La dirección corre a cargo de McG, también realizador de las mediocres “Los ángeles de Charly” y “Terminator Salvation”.

El amigo Costner aparece igualmente en “Jack Ryan: Operación Sombra”, en la que Chris Pine (el capitán Kirk de las últimas “Star Trek”) se mide también a Kenneth Branagh (director del film), haciendo éste las veces de un mafioso ruso de la peor calaña.

La película, que presenta a un ejecutivo obligado a convertirse en agente de campo para evitar una acción terrorista de dimensiones colosales, resulta interesante sólo a ratos pero se complica mucho la vida a la hora de elaborar una trama que luego parece saltar por los aires y solucionarse con dos volantazos. También cuenta con la participación de Keira Knightley en el papel de compañera sentimental del protagonista.

En cuanto a “Las dos caras de enero” es un thriller ambientado en la Grecia de los años sesenta que adapta la novela homónima de Patricia Highsmith, una autora tremendamente sobrevalorada según mi opinión.

La historia resulta sórdida y elegante a la vez y se desarrolla a raíz del encuentro de una pareja norteamericana con un compatriota que ejerce de guía en la Acrópolis de Atenas. Los turbios manejos del recién llegado acabarán enredando a su nuevo y joven amigo.

Por desgracia, el empeño del debutante Hossein Amini por resultar fiel a las atmósferas de la Highsmith redunda en perjuicio del film, que evidencia una notable falta de “alma”.

Por su parte, “Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte I” sigue dando más de lo mismo en una saga que ya resultaba suficientemente larga como trilogía pero a la que la ambición financiera ha convertido en tetralogía.

Incluso habrá quien considere que ofrece menos que sus predecesoras, en una entrega más bien contenida y en la que la poca acción se concentra muy al final.

Por lo demás, la prota sigue haciéndose adorar por las masas adolescentes con sus poses de revista (en especial cuando luce modelitos), la crueldad de los malos es cada vez mayor y también lo es la heroicidad de los buenos, como cabía esperar. Lo peor es que todavía queda una entrega, uf.

Drácula, la leyenda jamás contada” presenta un nuevo enfoque de un personaje cuyo listón, tras el “Bram Stoker’s” de Coppola, está fuera de alcance. Tiene algún acierto estético y cuenta con una correcta actuación de su protagonista Luke Evans (el Bardo de “El Hobbit”) pero no resulta suficiente.

Basándose como Coppola en la leyenda de Vlad el Empalador, el guión del film dirigido por Gary Shore (otro director filmando su opera prima) lo muestra como un antiguo jenízaro que, ante los abusos que los turcos cometen con su pueblo, decide arriesgarse a trabar contacto con cierto monstruo que habita en la montaña.

Sin llegar a desagradarme, “The Equalizer (El Protector)“ tampoco me convenció aunque en su caso jugaran en contra las expectativas generadas una vez más por un tráiler atractivo pero contraproducente.

Denzel Washington se salva de la quema con su sólida interpretación de un ex agente retirado de la CIA que se juega el tipo para ayudar a una joven explotada sexualmente por una mafia rusa pero la historia va decreciendo hasta convertirse en tópica y carente de sorpresas.

Otra película alabada por crítica y público que a mí me decepcionó notoriamente es “Interstellar”, una superproducción de Christopher Nolan a siglos-luz de su trilogía de “Batman” o de su no menos brillante “Origen”.

Matthew McConaughey sigue reivindicándose con otro gran trabajo tras “El lobo de Wall Street”, donde su papel, aunque secundario, ya conseguía convencerme de que era mejor actor de lo que siempre había sospechado.

Anne Hathaway, por su parte, está deliciosa y creíble en su papel de científica dividida entre el amor y la responsabilidad.

Pero esa historia -en la que la Humanidad se juega su última carta en busca de un planeta que pueda acogernos tras haber agotado definitivamente el nuestro- tiene demasiados hándicaps para funcionar. Una introducción larga y tediosa, muchos minutos de más y, sobre todo, un final tramposo, atropellado e imposible de digerir por su ingenuidad. Por desgracia, todo ello lastra algunas secuencias memorables y magníficas, casi todas en los planetas que los protagonistas recorrerán en su búsqueda.

 

ZONA CALDEADA

 

Comienza el repaso a los títulos más interesantes del año con “Non-Stop (Sin escalas)”, el enésimo film de acción protagonizado por un Liam Neeson que, tras una carrera de lo más variopinta, parece no tener ningún miedo al encasillamiento.

Con el catalán Jaume Collet-Serra en la dirección, el film explota el manido tema de los secuestros aéreos pero introduciendo algunos elementos curiosos en la trama, además de imprimirle un ritmo trepidante que la hace muy disfrutable. O “sufrible” en caso de que se tenga previsto un viaje aéreo pues quita bastante las ganas de embarcarse en un vuelo.

No puedo resistirme a transcribir la crítica que de este film escribió Luis Martínez para el Diario El Mundo: "Un efectivo ejercicio de dirección capaz de solventar con soltura y buen tino un guión tan extravagante y difícil de controlar como un mono loco en celo con dos pistolas. Y borracho."

También resulta entretenida “The Amazing Spider-Man 2: el poder de Electro”, segunda entrega de la nueva trilogía protagonizada por el hombre-araña.

Andrew Garfield (el amigo estafado en “La red social”) sigue encarnando al superhéroe lánguido y atormentado en una entrega que le dará motivos para estarlo aún más. A sus problemas sentimentales y la dificultad para integrar una relación amorosa en su movida existencia se unirá ahora la aparición de un nuevo villano con una peligrosa afición a la electricidad.

Spider-man sigue sin ser uno de mis superhéroes preferidos y nunca lo será por esa mezcla de vulnerabilidad emocional excesiva (hablando en plata, el tipo es un poco llorica) y de escaso carisma de sus contrincantes. Nada que ver con los rivales de Batman o los X-Men, por poner tan sólo un par de ejemplos.

Otra franquicia del cómic volvía este año con “Capitán América: el soldado de invierno, segunda parte también de las aventuras en solitario de su protagonista. Un acierto de Disney-Marvel es el hecho de ir estrenando las películas de cada uno de sus superhéroes con coherencia cronológica respecto de las entregas anteriores que se van intercalando entre ellas.

Así, por ejemplo, la acción del film hace referencia a lo acontecido en “Los Vengadores”, donde el Capitán América (de nuevo Chris Evans) era uno de los implicados. Ahora, mientras intenta adaptarse a la vida del siglo XXI, el ataque sufrido por Nick Fury le hará volver a la acción, para lo cual tendrá la ayuda de la Viuda Negra (Scarlett O’hara).

Es una correcta película de acción y aventuras aunque de ninguna manera la obra maestra del género que algunos pretendieron vender.

X-Men: días del futuro pasado” constituye un paso más en la exitosa franquicia de los mutantes, que ve mezclarse en esta entrega el pasado de los protagonistas con su apurado presente, lo que redunda en un relato a varios niveles.

Como siempre, la estética funciona y el nivel de espectacularidad es el deseado aunque personalmente echara de menos algún elemento de refresco en una fórmula de la que se empieza a abusar un tanto.

También es segunda entrega de su propia franquicia “El amanecer del Planeta de los Simios”, un film que profundiza en el asentamiento de César como líder de los simios evolucionados mentalmente a causa de un experimento humano.

Su estética no es en modo alguno despreciable y la historia funciona más o menos pero uno sigue echando infinitamente de menos “El Planeta de los simios” de Franklin J. Schaffner. Al igual que comentaba en el caso de “Drácula”, cuando hay un film perfecto sobre un tema, cualquier remake, secuela, precuela o refrito palidece cuando es comparado con el referente.

Entre las franquicias que concluyen, “El Hobbit: la Batalla de los Cinco Ejércitos da por clausurado en la gran pantalla, salvo enorme sorpresa, el mundo de Tolkien.

Después de haber visto la trilogía de “El Señor de los Anillos”, a uno le queda la sensación de que otras tres películas para plasmar el breve prólogo literario que en realidad es “El Hobbit” resultan más que excesivas.

Para más inri, la tercera no es siquiera la mejor de las tres partes, claramente superada en mi opinión por la entrega central (“La desolación de Smaug”). El dramatismo del desenlace se ve perjudicado gravemente por la enorme duración de algunos pasajes de lucha que, lejos de incrementar la tensión, no hacen sino mitigarla entre bostezos de cansancio. La película es correcta y académica pero en absoluto brillante ni “mágica”.

Y entre las franquicias (más y más cada vez, como comentaba en el preámbulo) que comienzan, destaca probablemente la de “Divergente”.

Con un cierto sabor a Serie-B de calidad y con ciertas reminiscencias de “1984” o “The Giver” pero con las limitaciones propias de una producción inequívocamente dirigida al público adolescente, la película logra distraer casi contra pronóstico.

La protagonista femenina es una chica más bien normal que huye de los prototipos de modelo-que-hace-de-actriz y eso también dota a la historia de una mayor credibilidad. Habrá que esperar, en cualquier caso, a ver cómo se va desarrollando la historia.

Pero también hablaba al principio de reboots y entre ellos destaca este año “Robocop”.

No es que me emocionara el original y obviamente tampoco lo hace esta nueva versión pero es precisamente eso, la emoción, lo que parece perseguir el film dirigido por el brasileño Joe Padilha. Si a un mayor tratamiento de la personalidad del protagonista unimos unos efectos especiales francamente buenos el resultado resulta al menos digno. Lo que ya es mucho, habida cuenta mi total carencia de expectativas.

Por si os lo estábais preguntando, no fui yo uno de los pocos que dejó de ver la sorprendente (por exitosa) “Ocho apellidos vascos”. De hecho, me pareció francamente gracioso el tráiler cuando lo vi meses antes del estreno y ya entonces estaba predispuesto a ver la película.

Lo curioso es que tardé un tanto en poder hacerlo y, para entonces, el film ya se había convertido para sorpresa de todos en el título español más visto y más taquillero en España en toda la Historia, superando a “Lo imposible” y a “Los otros”. Todo un logro para una comedia divertida e irreverente pero tampoco excesivamente original.

Como también hay tiempo para el cine de animación, dos son los títulos que he tenido ocasión de ver este año y los dos con buen sabor de boca final. El primero de ellos, “Río 2 es, curiosamente, una secuela más que añadir a la interminable lista de la que hablábamos.

No vi en su momento “Río” y quienes sí lo han hecho sostienen que es muy superior a la segunda parte pero, ciñéndome a ésta, la encontré colorista, visualmente muy atractiva y desde luego francamente divertida, con diálogos graciosos y situaciones simpáticas.

Todo gira en torno a las andanzas de una familia de guacamayos azules que, por diversas circunstancias, se verá obligada a viajar desde la cómoda Río de Janeiro al profundo Amazonas y vivir realmente como las aves.

En cualquier caso, es muy superior “Big Hero 6”, todo un ejercicio de diseño gráfico, sobre todo por lo que respecta a la construcción de esa megaciudad ficticia que responde al nombre de San Fransokyo, una fusión entre la californiana San Francisco y la capital japonesa.

En ella vive Hiro Hamada, un chavalín de descomunal talento creativo que únicamente lo aprovecha para ganar apuestas en las luchas ilegales de robots. Alguna  mala experiencia y los sabios consejos de su hermano le harán variar el rumbo.

Lo cierto es que el argumento es curioso, contiene algún giro que sorprende por su dramatismo en un producto dirigido a los niños y, aunque no se resiste a proporcionar una buena dosis de moralejas o moralinas, resulta inteligente y atractiva.

También resulta disfrutable la segunda de las películas inspiradas en “Hércules” que vio la luz durante el año, protagonizada ésta por el ex luchador Dwayne “The Rock” Johnson (el Rey Escorpión de “El regreso da la momia”).

La aparente desmesura de su espectacular prólogo queda luego más o menos desmentida con una trama que pretende mayores dosis de verosimilitud y que ofrece un buen espectáculo de acción y aventura. El centro de la trama corre a cargo de un hombre tremendamente musculoso (si es o no un semidiós es algo que se deja a la imaginación de cada cual) que en realidad se gana la vida como mercenario junto al grupo que lidera.

Sin duda y a pesar de ser vilipendiada en no pocas publicaciones del ramo, es una película más que aceptable y por supuesto muy superior al otro Hércules del año.

De Argentina llegó en 2015 “Relatos salvajes”, una colección de cortos sin ninguna relación entre sí salvo el hecho de que todos y cada uno de ellos refleja un episodio en el que sus protagonistas revelan su lado más salvaje, sádico, retorcido, vengativo o simplemente violento.

No es apto para todos los paladares porque, entre otras cosas, proporciona al espectador momentos de absoluta incomodidad y embarazo, abundando también las pinceladas de humor negro negrísimo. En todo caso, la calidad narrativa y su ingenio –aunque sea salvaje- sí le han valido para alcanzar la candidatura al Oscar a la Mejor Película en Lengua No Inglesa.

Personalmente me quedo con el episodio en el que Ricardo Darín se enfrenta a la empresa de la grúa que se le lleva el coche por considerarlo mal estacionado. Es realista, intensa, muestra al actor en plena forma y además cuenta con un final ingenioso.

Por lo que respecta a “Exodus: dioses y reyes”, que bucea en la historia de Moisés (un príncipe de Egipto que resulta ser un huérfano israelita adoptado en su infancia y que acabará salvando de la esclavitud a su verdadero pueblo), su principal hándicap ha sido la inevitable comparación con “Los Diez Mandamientos” de Cecil B. de Mille protagonizado por Charlton Heston.

Es éste un referente demasiado poderoso como para poder obviarlo y más aún para derrocarlo pero la mera comparación evita que “Exodus” sea juzgada por sí misma, teniendo en cuenta únicamente sus valores cinematográficos.

Y la verdad es que los tiene, comenzando con su novedosa introducción del personaje de Moisés –al cual veremos cumpliendo con sus funciones al servicio del Faraón, con quien mantiene una cálida relación- y de la revelación que éste recibirá acerca de su origen.

También la apertura del mar Rojo recibe un tratamiento estéticamente interesante e incluso llama la atención la actitud que Dios adopta en su relación con Moisés, contrastando su aspecto físico en las apariciones (el de un niño) con su intransigente determinación.

Monuments men”, dirigida y coprotagonizada por George Clooney, me pareció una curiosa película de aventuras en un entorno de guerra del que apenas participa. Es muy entretenida y aunque puede compartir con la genial “Band of brothers” algo de su estética, lo cierto es que su atmósfera es muy distinta porque, como comento, es en definitiva una película de aventuras.

La presencia en ella de un impresionante elenco en el que brillan Matt Damon, Bill Murray, John Goodman o Cate Blanchett también contribuye a dotarla de un cierto glamour.

En los últimos días el film ha vuelto al primer plano de la actualidad porque, entre las revelaciones que se han derivado del ataque informático contra los estudios de cine Sony Pictures, se encuentra una carta en la que Clooney manifiesta su desazón por las críticas desaforadas contra su película y pide ayuda para mitigarlas.

Una vez más –y quizás debería poner bajo cada balance anual la apostilla “el año de las discrepancias”- estoy en total desacuerdo con tan injustificadas críticas que, de hecho, ya se escuchaban antes de que tuviera ocasión de ver la película. Por suerte no soy demasiado permeable a los comentarios ajenos pero muchos espectadores potenciales sí fueron disuadidos de su intención de ver el film debido a esa línea de críticas. Una pena y una injusticia además.

La relación de películas destacadas concluye con “Nueva vida en Nueva York”, la tercera y última entrega de la trilogía iniciada con “Una casa de locos” y continuada con “Las muñecas rusas”.

Como ya apunta el título, Xavier (el protagonista) se traslada en esta etapa de mayor madurez de su vida a la ciudad de Nueva York, en persecución de su ex mujer y con dos hijos a cuestas.

No se trata ciertamente de una película a mayor honra de la Gran Manzana ni en ella se pueden apreciar los indiscutiblemente atractivos rincones de la ciudad sino que más bien asistimos a un nuevo viaje introspectivo a la mente no siempre lúcida de su protagonista.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

Apenas tres títulos entran en esta ocasión en el apartado de los “elegidos” y, de ellos, dos son españoles.

No es ningún secreto mi devoción por el cine patrio pero lo cierto es que los únicos criterios que priman en mí a la hora de elegir a una película como lo mejor del año son su capacidad para sorprenderme y el grado de satisfacción que me produzca su visionado.

Y bajo esa doble premisa, the winners are:

El niño

El efecto Jesús Castro comenzaba a manifestarse con fuerza en este título dirigido por el mallorquín Daniel Monzón (“El corazón del guerrero”, “La caja Kovak”, “Celda 211”) que se centra en el narcotráfico a través del siempre caliente estrecho de Gibraltar.

Pero no se trata tanto de la calidad interpretativa del muchacho (bastante escasa a día de hoy aunque quizás se incremente con los años) como de su pasmoso olfato para involucrarse en producciones de excelsa calidad.

Lo que resulta evidente es que el famoso dicho “la suerte de la fea la guapa la desea” no resulta de aplicación en el caso de Castro porque es precisamente su atractivo físico lo que le ha abierto las puertas del cine. Ahora le toca mejorar la dicción, la entonación y la interpretación.

En cuanto a la película, sólo por su despliegue técnico ya merecería una mención especial. Únicamente el más alto nivel de producción y una mano firme en la realización pueden dar como resultado escenas tan espectaculares como las que protagoniza “el pájaro”, el helicóptero de la Policía Nacional que sobrevuela el estrecho siempre atento a posibles transportes fraudulentos.

También el guión funciona de forma modélica cruzando, tras una introducción que tiene lugar en el Peñón y que recuerda a las novelas de Le Carré, las trayectorias del grupo de agentes asignados a la vigilancia del estrecho (impresionantes Luis Tosar y Eduard Fernández) con las de los jóvenes “Compi” y “el Niño”, dos advenedizos que pretenden hacerse ricos en cuatro días trayendo hachís de Marruecos.

La isla mínima

El único punto en común entre este film y el anterior es la presencia de Jesús Castro aunque en esta segunda su personaje resulte casi episódico, recayendo la acción sobre los hombros de Javier Gutiérrez (irreconocible Sátur de “Águila roja”) y Raúl Arévalo (tampoco nada que ver con sus interpretaciones en “Primos” o “Los amantes pasajeros”), firmando ambos un magnífico trabajo.

La historia tiene lugar a principios de los ochenta, en los inicios de la transición democrática, cuando dos muchachas desaparecen en un pueblo de las marismas del Guadalquivir. Para investigar el caso son enviados desde Madrid dos policías de edades y circunstancias bien distintas cuyas carreras dependerán de lo que sean capaces de averiguar.

La atmósfera claustrofóbica del lugar, que la excelente y perturbadora fotografía de Alex Catalán no hace sino potenciar, se alía con el suspense y con el choque de personalidades en un contexto poco usual que envuelve al espectador, ávido de respuestas.

Al filo del mañana

La cuota americana contribuye a completar lo más excelso de 2015 con este film de ciencia-ficción protagonizado por el siempre infravalorado Tom Cruise, que aquí realiza otro gran trabajo interpretando a William Cage, un cobarde comandante que ha obtenido sus galones muy lejos del campo de batalla.

Y dicha batalla se libra en la Tierra contra alienígenas extremadamente violentos y dotados de armas que por el momento la Humanidad se ve incapaz de contrarrestar.

Cuando es obligado a incorporarse a las tropas que son masacradas por los extraterrestres, Cage descubre que tiene más en común de lo que cupiera pensar con la heroína nacional Rita Vrataski (magnífica Emily Blunt).

Me extendería más en el comentario sobre la interesante trama  del film pero su peculiar estructura provoca que hacerlo equivalga a revelar más de lo que el espectador debería conocer de antemano.

 

ANEXO: Cine en televisión y dvd

 

Atendiendo a los mismos criterios vistos para el cine en pantalla grande, desgloso el material visionado en pantalla pequeña:

Zona Gélida (peligro, no tocar):El hipnotista” (si ya detestaba la novela negra sueca, ahora me ocurre otro tanto con el cine negro de dicha nacionalidad), “El macho” (qué mal envejecen algunas películas y qué ridículos resultan algunos diálogos que hace treinta años parecían graciosísimos), “Tres bodas de más” (lo siento pero el humor casposo y escatológico no me hace ni puñetera gracia y las tonterías gratuitas tampoco), “El paraíso ya no es lo que era” (tetas, culos y españoladas en Túnez), “Sherlock Holmes en Nueva York” (paupérrima y envejecida aventura de un Sherlock interpretado por el 007 Roger Moore), “Invasión” (ni miedo ni sorpresas en un remake deleznable de “La invasión de los ultracuerpos”), “Jumper” (absurdo fantástico en el que lo único sorprendente –por lo malos- son los diálogos) u “Oxford blues” (tontaina comedia universitaria protagonizada por Rob Lowe).

Zona “Ni frío ni calor” (vosotros mismos):Plata quemada” (un aburrido thriller argentino con subtrama homosexual), “Cry wolf” (decepcionante film de terror universitario que comienza de forma prometedora), “Salt” (o, como la tituló Jordi Costa en El País, “Los ovarios de Bourne”, con una Angelina Jolie que es casi lo único bueno de esta absurda película de acción), “No se lo digas a nadie” (un film peruano, con nuestra Lucía Jiménez en el plantel, que se queda a medio camino en su planteamiento del despertar a la homosexualidad), “No se lo digas a nadie” (sí, este film francés comparte título con el anterior aunque es un thiller que no llega a enganchar), “Todo por la pasta” (un Urbizu menor aunque contuviera el embrión de lo que vendría después), “Un asesino algo especial” (una comedia negra bastante boba con John Cusack y Minnie Driver), “Al límite de la verdad” (una película tan extremada como “Un día de furia” pero con menos interés en el que se enfrentan Ben Affleck y Samuel L. Jackson a raíz de un incidente de tráfico), “Collateral” (aunque me suelen gustar las películas de Tom Cruise, ésta en la que encarna a un asesino a sueldo que completa su ronda a costa de un taxista no es una de ellas), “8 citas” (ocho irregulares cortos, en clave española, en torno a las dificultades de las relaciones de pareja), “Infierno blanco” (film de aventuras en Alaska protagonizado por Liam Neeson y que se va desinflando progresivamente) o “Escondido en la memoria” (un thriller más inverosímil que fantástico interpretado por Ray Liotta, Linda Fiorentino y Peter Coyote).

Zona Caldeada (recomendables):El fuego de la venganza” (acción a raudales en esta cinta de Tony Scott protagonizada por Denzel Washington), “Todo es mentira” (comedia juvenil española con unos jovencísimos Coque Malla y Penélope Cruz), “Hijo de Caín” (desasosegante thriller en torno al ajedrez y la adolescencia en la que Julio Manrique logra robarle algún plano al mismísimo José Coronado), “Gisaku” (el barcelonés Baltasar Pedrosa firma el primer manga realizado íntegramente en Europa) “AzulOscuroCasiNegro” (un drama español comprometido y valiente), "Roma" (drama argentino dirigido por el gran Adolfo Aristarain en el que Roma es el nombre de la ya desaparecida madre del protagonista), “Love happens” (curiosa historia de amor entre un autor de libros de autoayuda y una florista desencantada), “El lobo de Wall Street” (magnífico Leo Di Caprio en esta intensa película que cuenta la desenfrenada vida real de un bróker neoyorkino), “La cara oculta” (suspense angustioso en esta película colombiana que protagonizan los españoles Clara Lago y Quim Gutiérrez), “¿Quién paga la cuenta?” (una ingeniosa comedia coral de nacionalidad hondureña), “El crítico” (comedia argentina poco convencional), “Boda en Mendoza” (otra comedia argentina aunque coproducida con Francia que cuenta las divertidas peripecias de dos franceses que van a la boda de un primo en Argentina), “El talento de mr. Ripley” (Anthony Minghella en la dirección y Matt Damon, Gwyneth Paltrow, Jude Law, Cate Blanchett y Philip Seymour Hoffman en la interpretación salvan con suficiencia la mediocridad de la novela de Patricia Highsmith), “Los lioneses” (impresionante Gérard Lanvin en este “polar” francés) o “Up in the air” (con George Clooney espléndido en un no menos magnífico drama con pinceladas de comedia).

Zona “Al rojo vivo” (coleccionables):La vida de los otros” (excelente cine alemán de los 2000 pero con sabor sesentero), “The Artist” (inteligente homenaje al cine clásico en blanco y negro ¡¡¡y mudo!!!), “Antes del anochecer“ (brillante clausura de una trilogía de culto) y “La caja 507” (el mejor suspense español de la mano del dúo Urbizu-Coronado).

REVISITACIONES CLÁSICAS (carne de coleccionismo): Intriga a cargo de “Los niños del Brasil”, policíacos ambientados en Nueva York como “Una extraña entre nosotros” o “Distrito Apache: el Bronx”, ciencia ficción con “E.T. el extraterrestre”, épica como “Braveheart”, western como “Pat Garrett y Billy el Niño” (con Bob Dylan y su inolvidable “Knocking on Heaven’s door”) o dramas románticos como “Robin y Marian”.

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