BALANCE LITERARIO 2010

El año del Fantástico

 

Balance Libros 2010

 

PREÁMBULO

 

            Antes de entrar en detalles, considero necesario señalar que mis lecturas, entiendo que como las de casi todo el mundo, no tienen demasiado que ver con la marcha del mercado editorial. Dicho en otras palabras, que no me rijo por el hecho de que un determinado libro esté de actualidad o acabe de ser publicado.

            En ocasiones coincidirá que me sienta atraído por una lectura a causa de la buena impresión que su lanzamiento haya ejercido sobre algún conocido de mi confianza o que me llame la atención al leer la sinopsis en la revista del Círculo de Lectores, del cual soy socio, pero lo más probable es que me dedique sencillamente a ir cumpliendo compromisos adquiridos con mi propia biblioteca, con lo cual puedo pasar del siglo XIX a finales del año 2010 sin solución de continuidad.

            Hecha esta aclaración, comento también que he decidido dividir el casi medio centenar de libros leídos durante este año en cuatro grandes bloques:

            • Zona Gélida, a la cual irán aquellas lecturas que o bien no me han aportado nada o bien me han desagradado especialmente. Por fortuna, son los menos.

            • Zona “Ni frío ni calor”, en la que terminarán aquellas obras de las que, sin llegar a desagradarme, podría haber prescindido perfectamente.

            • Zona Caldeada, en la cual se ubica la mayoría y que corresponde a los libros cuya lectura me ha parecido interesante y/o placentera y en los que merece la pena invertir el tiempo.

            • Zona “Al rojo vivo”, que vendría a estar constituida por “Mis recomendaciones”.

            No oculto el hecho de que dicha clasificación está algo más que inspirada en la que utilizaba la revista “Fotogramas” (ignoro si sigue haciéndolo) para resumir la actualidad de los estrenos cinematográficos.

Por otra parte, he incluido un quinto apartado, cuyos títulos también recomiendo encarecidamente pero que no está formado por nuevas lecturas sino por obras que he leído por segunda o tercera vez.

 

ZONA GÉLIDA

 

            La palma, entre mis lecturas poco afortunadas del 2010, se la lleva El libro de los muertos, una de las últimas entregas de la saga de la Doctora Scarpetta, a cargo de una escasamente inspirada Patricia D. Cornwell. Lúgubre y aburrida historia en torno al asesinato en Roma de una bella joven estadounidense –concretamente, una estrella mundial del tenis- a manos de un psicópata.

            No le anda muy lejos Los archivos de Salem, tedioso y vacuo intento de Robin Cook de explicar científicamente desde la época actual los sucesos relacionados con la quema de brujas a finales del siglo XVII, a través de la protagonista, descendiente de una de ellas. Lentísima y con unos diálogos que producen vergüenza ajena, la parte final de la novela acumula en pocas páginas toda la acción que le falta al resto, en un intento baldío de emular los discretos aciertos de “Cromosoma 6” y algún otro título de este autor.

            Y qué decir de Luna nueva, la segunda parte de la saga “Crepúsculo”. Dado que no me había entusiasmado precisamente la primera entrega, hubiera hecho bien en no insistir con Stephenie Meyer pero mi insensatez me hizo darme de bruces con una historia intragable de ñoñería exasperante.

            También me aburrió soberanamente El secreto egipcio de Napoleón, de Javier Sierra. Digamos que unos cuantos apuntes interesantes no justifican el tostón en que se convierte la novelización de la supuesta experiencia mística de Bonaparte en Egipto, incluyendo su noche a solas en la profundidad de la Gran Pirámide de Keops.

            Al calor de los éxitos póstumos de Stieg Larsson, me decidí a leer a la también sueca Asa Larsson. Sobre todo porque había escuchado que su Aurora boreal había presidido alguna de las noches de insomnio de Stieg. Francamente, después de leerlo no me explico la razón salvo que fuese por lo terriblemente mala que es. En su historia de una abogada que ha de regresar a su ciudad natal para investigar el asesinato de uno de los líderes de la congregación de la que formó parte en “una vida anterior”, la Larsson alterna muy pocos aciertos con un exceso de bilis antirreligiosa generalizada que tampoco le conduce demasiado lejos. Al menos hubiera podido ser ingeniosa al enfocar la cuestión pero sus personajes son planos y escasamente creíbles.

            Debo incluir en este apartado de malas decisiones una sexta lectura: la de Rescate en el tiempo a cargo de Michael Crichton. Los viajes en el tiempo son un subgénero que me atrae especialmente pero eso no significa que me trague cualquier cosa. Aquí, tras un planteamiento atractivo y una teoría bastante aceptable acerca de la forma de atravesar el tiempo hacia atrás, el señor Crichton se despacha con un desarrollo tópico y manido hasta la saciedad (amén de tedioso) de las presuntas aventuras de un grupo de estudiantes que regresan al siglo XIV para rescatar a su profesor. La novela está por debajo incluso de algunas obras que ya me habían dejado un tanto indiferente como la saga “Forastera” de Diana Gabaldon (sin acento en la o porque la señora es yankee).

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

            Poco menos que indiferente me dejaron lecturas como la de Los cipreses de Córdoba, un intento no del todo logrado de Yael Guiladi por introducirnos a la Córdoba erudita y guerrera del medievo, siguiendo los avatares de una saga familiar de médicos judíos.

            En la misma línea aunque algo más inspirada se inscribe Los guardianes del libro, de Geraldine Brooks. Tiene sus momentos pero adolece de una cierta irregularidad en su remembranza de las vicisitudes reales que sufrió la Haggadah de Sarajevo, un emblemático libro hebreo cuyo origen acaba encontrándose en la Sevilla de 1480.

            No me enganchó tampoco aunque no llego al extremo de desaconsejar su lectura Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrent. En sus memorias autobiográficas acerca de la difícil relación con su padre, recientemente fallecido, el autor usa y abusa de algunas técnicas narrativas que me resultan demasiado obvias y resulta algo reiterativo amén de excesivamente autocomplaciente tanto en forma como en fondo.

            Otro título que no me entusiasmó, pese a no desagradarme, es Bartleby y compañía”, de Enrique Vila-Matas. Con la excusa de presentarnos al taciturno personaje de su libro, un oscuro oficinista jorobado, el autor hace un recorrido relativamente interesante pero muy denso de algunos de los escritores “del No”, es decir, los creadores que renunciaron a la literatura, en muchos casos tras un debut deslumbrante (desde Juan Rulfo hasta Rimbaud pasando por un largo etcétera).

            “Nocturna, el debut literario del director mexicano de cine Guillermo del Toro (junto a Chuck Hogan) me defraudó un tanto. Plantea una historia contemporánea de vampiros que arranca bien –con un avión que “muere” sospechosamente en las pistas del JFK de Nueva York poco después de haber tomado tierra sin incidentes- y luego deviene una historia más bien tópica y propia de zombies antes que de vampiros.

            “El infierno digital me trajo, por su parte, a un Philip Kerr menor y no muy original pero aun así bastante disfrutable si se afronta sin grandes expectativas. El suyo es un techno-thriller a lo Preston & Child, ambientado en un ultramoderno edificio erigido en Los Angeles por un gurú de la arquitectura. Por supuesto, la tecnología siempre presenta sus riesgos…

 

ZONA CALDEADA

 

            Continuando con la saga Millennium del ya citado Stieg Larsson, este año he leído las dos últimas partes de la trilogía: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Sin duda distan de ser el súmmum de la literatura universal pero personalmente me resultaron muy entretenidas, gustándome tanto su ambientación como la acertada caracterización de sus atípicos protagonistas.

            “La hermandad, de mi denostado John Grisham, fue una lectura casual que me dejó buen sabor de boca por lo inesperado. Un trío de jueces que tiene montado un tinglado muy lucrativo en una prisión federal de régimen especial en Florida tropieza con un obstáculo inesperado que puede costarles la vida o solucionársela para siempre. Debo decir que la novela es bastante más ingeniosa de lo que suelen serlo la mayoría de los trabajos de este poco apreciado (por mí) autor. Aunque siempre añada como coletilla: «excepto su magnífica “La tapadera”».

            “Plan quinquenal, del ya citado Philip Kerr, resultó ser una novela muy disfrutable aunque intrascendente a caballo entre el thriller, la novela negra y la de aventuras. Su protagonista es un hombre, estadounidense pero con raíces rusas, que acaba de salir de la cárcel tras cumplir condena por negarse a declarar en relación con un asesinato perpetrado por un mafioso. Su idea es proponer un gran negocio al hombre al que encubrió.

            En cuanto a El último Catón, de mi admirada Matilde Asensi, echa a perder una primera mitad primorosa perdiéndose en un final totalmente delirante. Una verdadera lástima porque arruina unas posibilidades fabulosas en su erudita novela de aventuras que toma como hilo conductor “La Divina Comedia” de Dante.

            La que sí es delirante, pero de forma plenamente consciente y deliberada, es El egiptólogo, del irreverente Arthur Philllips. Aunque no es apto para todos los paladares, me sorprendió de forma agradable debido a su capacidad provocadora y su desvergüenza al mostrarnos las aventuras y desventuras de un arqueólogo que busca, cerca del Valle de los Reyes, la tumba del apócrifo faraón Atum-hadu (que significa literalmente “Atum está excitado”).

            Dos de las ocho entregas -las iniciales- del ambicioso proyecto La torre oscura de Stephen King he leído este año. En concreto: “El pistolero” y “La La llegada de los tres”. Se trata de una aventura fantástica a caballo entre dos mundos o dimensiones que permiten abrir puertas en el tiempo para sacar de allí a los compañeros que acompañarán al mítico “Pistolero” Ronaldo. Éste busca incansablemente la siniestra torre que da nombre a la saga. Basada en el poema épico "Childe Roland to the Dark Tower Came" de Robert Browning, la primera entrega combina el horror con una suerte de poesía emocional y ambiental mientras que la siguiente abandona la lírica en favor de la acción, siempre mezclando la fantasía y de nuevo (no olvidemos quién es el autor) el puro horror.

            "El bosque de los zorros, del finlandés Arto Paasilinna me pareció un cuento simpático y divertido, escrito con cierta picardía y ubicado en la gélida Laponia. El protagonista es todo un antihéroe, un ladrón de guante blanco que prefiere que sean otros los que se ensucien las manos. Pero nos descubrirá que también él tiene su corazoncito. A propósito, a tenor de lo que he leido el tal Paasilinna parece tener cierta fijación por las “ancianas perseguidas”.

            Caldeada en muchos sentidos me resultó la polémica Plataforma del francés Michel Houellebecq, una novela que bucea en el turismo sexual de su protagonista con un tono desenfadado y amoral (además de totalmente explícito) que algunos interpretaron como una apología de dichas prácticas. Francamente, no lo interpreté yo de ese modo pero eso sería materia de otro artículo.

            “La torre de Babel, del australiano Morris West, me retrotrajo a los años sesenta, con las tribulaciones de un espía del servicio secreto israelí camuflado en pleno Damasco y la comezón moral de su superior jerárquico, enamorado de la esposa del agente mientras su propia mujer está internada en un sanatorio psiquiátrico. No es una de las mejores novelas de West pero, sin duda, tiene su sello y siempre me gustó que alternara escenarios tan diferentes entre sí.

            De Arturo Pérez Reverte, amén de seguir deleitándome de cuando en cuando con unos cuantos de los artículos recogidos en los recopilatorios No me cogeréis vivo o la reciente Cuando éramos honrados mercenarios, este año asumí al fin la lectura de El Club Dumas (llevado posteriormente al cine por Polanski bajo el título de “La novena puerta) y lo cierto es que me encantó esa mezcla de temas tan dispares como la novela folletinesca, la confección y falsificación de libros o el culto al diablo. Siempre tras los pasos de Lucas Corso, un novelesco “detective de libros”. De lo mejor de Don Arturo.

            El clásico de Philip K. Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?,  fascinante relato inspirador del film “Blade runner”, me reconcilió con la ciencia-ficción “clásica”, ya que mis últimas aproximaciones a Heinlein o el mismísimo Asimov habían resultado más bien frustrantes. Dick centra su historia en un cazador de bonificaciones que habita en un San Francisco devastado por el polvo radioactivo tras la Guerra Mundial Terminal. Su trabajo consiste en localizar andrillos (androides llegados ilegalmente desde Marte) y “retirarlos” convenientemente. Resulta desasosegante y muy intenso pese a su brevedad.

            Entre el género de aventura más clásica y el techno thriller que suelen abanderar, el dúo que forman Douglas Preston y Lincoln Child me entretuvo sobremanera con su interesante Más allá del hielo. La historia comienza cuando un geólogo planetario estadounidense pierde la vida misteriosamente en la isla Desolación, cerca de la Antártida. Sus restos son encontrados por un indio yagan y llegan hasta Palmer Lloyd, un multimillonario que está construyendo un museo que empequeñecerá al de Historia Natural de Nueva York. Lloyd ambiciona el hallazgo del geólogo fallecido que no diré en qué consiste. Considero que esta novela constituye, junto a “La ciudad sagrada”, lo mejor de la producción literaria de esta pareja.

            De Javier Sierra me gustó bastante La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia o, lo que es lo mismo, una revisión muy ligera, en clave de ensayo pero teñido de las experiencias personales del autor, de algunos de los mayores enigmas de la Historia –la Dama Azul y sus viajes en éxtasis durante el reinado de Felipe IV, los precolombinos y “blancos” Viracocha, el código astronómico de la Ilíada de Homero, la búsqueda del Grial, los monumentos megalíticos de Malta, la búsqueda de la tumba de Alejandro Magno, la antigüedad de las pirámides egipcias-, los cuales suelen estar en la base de sus novelas.

            Una lectura poco convencional y bastante agradecida fue la de Todos los nombres del portugués José Saramago. Algo difícil, incluso árida, tuvo sin embargo la virtud de resultarme intrigante y sugerente en su retrato de ese extraño funcionario de la Conservaduría General del Registro Civil que realiza estrambóticas investigaciones por su cuenta.

            Hablando de investigaciones, debo señalar el hecho de que al fin me enfrenté a mi “primer Carvalho”. En este caso, El laberinto griego, un divertimento de Manuel Vázquez Montalbán, pleno de ingenio y de malicia y situado en la Barcelona preolímpica, en la cual dos “novelescos” franceses le encargan la búsqueda de un modelo griego. Esta lectura me llevará de inmediato a continuar con la saga del famoso detective.

            A vueltas con la ciencia-ficción, me acerqué este año al breve relato de Pierre Boulle “El planeta de los simios, con su singular historia acerca de una humanidad subyugada por una civilización de simios sumamente inteligentes que nos desplazan en la cadena evolutiva. Son tantas las diferencias respecto a las películas a las que ha dado lugar que me sorprendió mucho.

            Algo similar me aconteció con La fuga de Logan de William F. Nolan: el guión cinematográfico que yo conocía era tan distinto a la novela original que ésta me resultó sumamente entretenida y atractiva pese a su relativa sencillez.

            Unos cuantos años después de haber oído hablar de esta novela por primera vez, conseguí también en 2010 acceder a Los renglones torcidos de Dios, una singular aventura melodramática que tiene lugar en un manicomio zamorano donde una detective ingresa por propia voluntad, como al parecer también hizo el propio Torcuato Luca de Tena a fin de poder ser fiel a la novela que pretendía escribir. Tras de sí deja toda una saga de inolvidables personajes que ya abordaré en otro momento en un análisis más exhaustivo.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

            Comienzo mis recomendaciones del año con Hermanos de sangre, la novela de Stephen E. Ambrose que me permitió constatar la fidelidad de la excelente serie de televisión producida por Steven Spielberg y Tom Hanks. Resulta un documento magistral –y además basado en los testimonios veraces de quienes estuvieron allí- de la experiencia única vivida por los paracaidistas de la Compañía Easy en el frente europeo de la Segunda Guerra Mundial: desde los meses anteriores al Desembarco de Normandía hasta la completa rendición del Tercer Reich.

            La edición de la sexta parte de las aventuras de Bevilacqua y Chamorro, la pareja de guardias civiles creada por el simpar Lorenzo Silva,  me empujó a leer también las cinco anteriores. De dicha lectura colijo que las tres primeras entregas de la saga –El lejano país de los estanques, El alquimista impaciente y La niebla y la doncella- están al mismo nivel que esa espléndida La estrategia del agua”, que supone una excepcional muestra del mejor género policíaco escrito en nuestro país.

            En cambio, la quinta parte de la saga –“La reina sin espejo”- es claramente inferior al resto, en tanto que los relatos breves incluidos en la cuarta entrega con el nombre de “Nadie es mejor que otro” son claramente prescindibles.

            Siguiendo con los hallazgos del año debo destacar mi gozoso descubrimiento de un auténtico genio del género fantástico, el insigne y ampliamente galardonado Tim Powers.

            Comencé por su obra más emblemática, la fascinante Las puertas de Anubis, una sorprendente mezcla de recreación histórica y fantasía, aderezada con viajes en el tiempo, magia, literatura, egiptología, el Londres del XIX, la acción más emocionante y hasta el terror en algunos momentos.

            Luego continué con la no menos fascinante Cena en el Palacio de la Discordia, en la que Powers nos presenta un futuro terrible con mutantes y terribles sectas entre las cuales el protagonista tendrá que sobrevivir para “redimir” al amor de su juventud.

            El flamante Premio Nobel de Literatura Don Mario Vargas Llosa –de quien jamás oculto que es mi escritor predilecto-, que estrenó libro en 2010 aunque todavía no he tenido ocasión de leerlo, me sedujo por vigésima ocasión con su impresionante La guerra del fin del mundo.

            Una novela ésta que en su día sufrió alguna acusación de plagio y que, no obstante, constituye un monumental fresco acerca de uno de los acontecimientos más sorprendentes, estremecedores y menos difundidos de toda la Historia de Latinoamérica: el alzamiento, en el Brasil de finales del XIX, de miles de desheredados bajo el mando de un predicador, “el Consejero”. Éste será capaz de ganar para su causa a los más carniceros y despiadados bandidos del país y sembrará la esperanza en miles de seres que carecían de ninguna. Una de las novelas más espectaculares y emotivas que he leído jamás.

            Decididamente, éste ha sido para mí el “Año de la Ciencia-Ficción y el Fantástico”, ya que también he tenido ocasión de leer un delicioso –e inquietante- cuento futurista titulado El dador de recuerdos (The Giver). En él, la hawaiana Lois Lowry nos plantea un futuro que tiene mucho del 1984 de Orwell por debajo de su edulcorada apariencia.

            En cambio, entre el thriller más trepidante y el terror sin ambages se sitúa Esclavos de la oscuridad, una obra maestra sin paliativos a cargo de un Jean-Christophe Grangé que supera sus ya magníficos “Los ríos de color púrpura” y “El imperio de los lobos” con una novela que la prensa gala ha aclamado casi por unanimidad. El intento de suicidio de un policía francés que ostenta un catolicismo fundamentalista sume a su amigo y colega (tan católico como él) en una trama terrorífica y espeluznante tras la cual parece estar el mismísimo Diablo.

 

RELECTURAS DE POSTÍN

 

            Para finalizar, cierro mi balance con dos novelas superlativas con las que he disfrutado incluso más que la primera vez que las abordé.

            Es el caso de “L.A. Confidential”, la magistral novela negra de James Ellroy, ambientada en el convulso Los Angeles de los años cincuenta que muestra el feroz enfrentamiento entre el hampa y las fuerzas policiales así como la profunda corrupción que asola a estas últimas.

            Y también es el caso de la inmortal novela de Bram Stoker “Drácula”, la cual adquirí en su magnífica edición profusamente anotada por Óscar Palmer Yáñez. Con un final alternativo, una interesantísima y amplia semblanza de Stoker y su época y una minuciosa anotación de cuantos detalles puedan resultar relevantes para la lectura; desde acontecimientos históricos de la época hasta peculiaridades dialectales de los personajes, pasando por apuntes culturales del máximo interés.

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