BALANCE LITERARIO 2011

El año de Gunther

 

Balance Libros 2011

 

 

PREÁMBULO

 

            Como en 2010 hago la advertencia previa de que mis lecturas, aunque influidas por la marcha editorial (consecuencia directa de mi pertenencia a Círculo de Lectores, por ejemplo), se mueve en ocasiones a base de pulsiones que poco o nada tienen que ver con ella.

            Así, la simple celebración de un Mercado del Libro Antiguo tiene la facultad de empujarme a bucear en autores y obras de otras décadas o incluso de otros siglos, con su consiguiente incidencia en mi “hoja de ruta” literaria.

            Por otra parte, también como hace un año, he decidido seguir dividiendo mis lecturas anuales en cuatro grandes bloques:

            • Zona Gélida, a la cual irán aquellas lecturas que o bien no me han aportado nada o bien me han desagradado especialmente.

            • Zona “Ni frío ni calor”, en la que terminarán aquellas obras de las que, sin llegar a desagradarme, podría haber prescindido perfectamente.

            • Zona Caldeada, en la cual se ubica la mayoría y que corresponde a los libros cuya lectura me ha parecido interesante y/o placentera y en los que merece la pena invertir el tiempo.

            • Zona “Al rojo vivo”, en la que las lecturas elegidas aparecerán como sinónimo de “Mis recomendaciones”.

            En cualquier caso, si de algo me ha servido hacer este Balance, amén de servirme de recordatorio y recrear mis lecturas del año en su conjunto es para constatar que éstas se han visto significativamente reducidas respecto al año anterior, incluyendo la ausencia casi total de relecturas.

 

ZONA GÉLIDA

 

            Porcentualmente hablando, debo admitir que son muy pocas las lecturas prescindibles o directamente decepcionantes con las que me he encontrado a lo largo de este 2011.

            Y, curiosamente, este reducido grupo se abre con un escritor al que admiro y de cuyas obras he disfrutado con frecuencia incluso este mismo año. Me estoy refiriendo a John Le Carré y a su afamado El espía que surgió del frío.

            Ignoro si ello se debe a mis altas expectativas previas o bien a que la obra, una de las primeras del escritor británico, no logra salir de un planteamiento algo tedioso. El abatimiento a tiros de un agente británico cuando intenta abandonar la RDA provoca que el responsable de su comando sea relegado… al menos aparentemente.

            No tuve más fortuna con El chino, mi primer acercamiento al novelista sueco Henning Mankell. La novela empieza de forma harto prometedora -con un pequeño pueblo masacrado de forma misteriosa en plena noche- pero muy pronto se reviste de previsibilidad para acabar siendo un auténtico folletín (o debería decir tostón) sin apenas interés. Tan desafortunada fue esta lectura que se me han quitado las ganas de reincidir con este autor. Al menos por el momento.

            Pero la palma en lo que a aburrimiento se refiere vino de la mano de Fred Vargas, una escritora francesa a la que hacía tiempo que deseaba descubrir. Pues bien, ignoro si El hombre de los círculos azules es una novela representativa de su obra pero debo reconocer que me resultó altamente indigesta.

            Las “movidas mentales” de sus personajes pueden interesar vivamente a un psiquiatra en ejercicio de su profesión pero, francamente, acaban resultando tediosas para los legos en la materia, a la vez que la surrealista trama -en la que un extraño policía investiga la aparición de unos círculos azules en las calles de París que no presagian nada bueno y que, en efecto, desembocan en una serie de asesinatos- se pierde en circunloquios que acaban por desvirtuarla casi por completo.

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

            Siguiendo con lecturas no tan desafortunadas pero sí lejos de mis expectativas debo referirme a mi gran hallazgo de 2010, Tim Powers, del cual dejé varias reseñas, encandilado como estaba con las primeras de sus novelas con que me enfrenté en el pasado ejercicio.

            También me aconteció otro tanto con la primera que leí en 2011 (y de la que hablaré en otro apartado) pero no así con las dos siguientes.

            “La última partida no es en modo alguno una mala obra pese a lo farragosa que resulta pero a mi entender Powers abusa de su amplio conocimiento del póker, con el que no estoy demasiado familiarizado pese a haber jugado alguna que otra mano. Ello hace que la acción se pierda demasiadas veces en un hermetismo que acaba por desconectarte de la trama.

            Por su parte, Esencia oscura, la obra que inició su trayectoria literaria a gran nivel, no deja de ser un ejercicio de estilo que no llega a funcionar. No tanto por la enorme cantidad de elementos que baraja (el Rey Pescador y la leyenda artúrica se mezclan en un indigesto cóctel con vikingos, turcos sedientos de sangre, una Viena apocalíptica y toda suerte de criaturas mágicas y magos de los más distintos pelajes) como por lo anodinos que son sus protagonistas y lo nada fluida que resulta la acción.

            Otro autor que se cuenta entre mis debilidades pero del cual esperaba más en esta ocasión es Manuel Vázquez Montalbán, quien en Los mares del sur naufraga tristemente aunque no demasiado lejos de la orilla. Don Manuel era un maestro a la hora de plasmar ambientes y personajes pero, en esta ocasión, no pasa de convencional después del  arranque underground de la novela, que prometía mayores glorias y menos costumbrismos.

            Persiste su maestría al retratar la sordidez pero en este caso viene acompañada de un exceso de minuciosidad descriptiva que lastra el argumento, en el que el detective Pepe Carvalho investiga la muerte de un empresario y, más concretamente, el año “en blanco” que ha precedido a su asesinato.

            Sin embargo, el gran tropiezo del año corre a cargo de mi idolatrado (y justísimo Nobel de Literatura) Don Mario Vargas Llosa, con El sueño del celta, una estimable novela que pretende reivindicar a un personaje al que su homosexualidad ha apartado injustamente de la Historia.

            Si la autoría se atribuyera a otro autor es muy probable que calificara de  prometedor lo mismo que ahora censuro como paso atrás en una trayectoria sublime.

            La novela no está mal pero no acaba de atrapar y Don Mario, aunque dejando siempre muestras de su magistral sutileza, está muy lejos de sus momentos más inspirados. No logra atraer sobre su protagonista las dosis necesarias de simpatía y su intento, aunque digno, deja un regusto agridulce a frustración.

            Para terminar entre las lecturas que no alcanzan la notabilidad concluyo con un autor novel, el estadounidense Warren Fahy, quien se despacha con un prólogo deslumbrante en su Hendersseguido de un planteamiento francamente atractivo pero acaba con un desenlace que sólo puede calificarse de catastrófico.

            En torno al descubrimiento de una isla perdida en mitad de ninguna parte, cuya fauna no guarda relación alguna con la del resto del planeta y cuya desmedida violencia da lugar a un hábitat enloquecidamente hostil, el autor acaba saliendo por peteneras con un invento infantiloide y manido hasta la saciedad que estropea de forma lamentable toda la novela.

 

ZONA CALDEADA

 

            Como de costumbre, es en este apartado donde se concentra la mayor parte de las lecturas del año. Todas aportan algo y la mayoría cuenta con un atractivo más que suficiente para hacerlas notar.

            Es el caso de El Terror, de Dan Simmons, una epopeya sobre las grandes expediciones polares que interactúa con el género fantástico, dando lugar a una novela extraña pero sugerente pese a su considerable extensión. Quizás se excede un tanto en sus postreras efusiones cosmogónicas.

            O también de Los ojos del dragón, una incursión excepcional de Stephen King en el subgénero fantástico con reminiscencias medievales. Héroes, villanos, reinos perdidos, dragones, complicaciones genealógicas y aventuras conforman un relato realmente entretenido.

            Del propio King leí también la tercera parte de La torre oscura (subtitulada Las tierras baldías), que sigue la línea más que correcta de sus predecesoras y anima a seguir adelante con la saga aunque sea de forma espaciada. Aquí, los protagonistas se tropiezan con robots recubiertos de tejido vivo, aquelarres, aldeas pobladas por ancianos centenarios y, sobre todo, con una amenazante ciudad post-apocalíptica que encierra no pocos horrores.

            Totalmente distinta resulta la lectura de la trilogía egipcia de Wilbur Smith, un autor sudafricano al que no tenía el gusto de conocer pero del que ya he completado dos de las novelas de su ciclo. Que, por otra parte, debería denominarse tetralogía dado que con posterioridad, editó una cuarta novela centrada en sus personajes.

            “Río sagrado nos muestra al esclavo Taita, escritor, dramaturgo, arquitecto, economista y estratega, favoreciendo los amores prohibidos de su ama, la bella Lostris, con Tanus, un valeroso soldado huérfano de un noble caído en desgracia. Todo ello en tiempos del faraón Mamosis. Las aventuras de toda índole que se producirán a partir de esa premisa están narradas con brío, atractivo, ingenio y un ritmo narrativo que resulta inmensamente superior a los mediocres logros de otros autores como el sobrevalorado Christian Jacq.

            Por su parte, la continuación El séptimo papiro constituye toda una sorpresa para el lector si se lee a continuación de la anterior, cosa que recomiendo encarecidamente. Es muy entretenida y ágil pero no tiene nada que ver con lo que cabría esperar de ella tras leer la anterior.

            “Piratas, de Alberto Vázquez-Figueroa, ha sido mi primer encuentro con el afamado escritor canario. Se trata de una novela de aventuras piratas en el Caribe de finales del XVII y que es altamente recomendable. Con un ritmo narrativo impecable, unos personajes magníficamente dibujados y un modo vigoroso de afrontar la acción, me resultó muy estimulante. Más que suficiente para afrontar las dos siguientes partes de lo que también es una trilogía.

            “Shutter Island, de Dennis Lehane, empieza siendo una novela de intriga pero se va adentrando de forma progresiva en terrenos más perturbadores hasta desembocar en un final sorprendente y descarnado. La historia gira en torno a dos agentes federales que son enviados a un centro psiquiátrico para criminales enclavado en una isla. Su misión es investigar la inverosímil fuga de una paciente internada por haber asesinado a sus tres hijos. Existe una versión cinematográfica, protagonizada por Leonardo di Caprio, que vi con posterioridad y que debo reconocer resulta bastante fiel a la atmósfera de la novela.

            “Apocalipsis Z: los días oscuros, es la segunda parte de la excelente novela del abogado gallego Manel Loreiro de la que luego hablaré como uno de los hitos del año. Esta segunda entrega pierde algo de frescura respecto al original y se abre a nuevos paisajes y personajes (siempre rodeados de zombies, claro) pero mantiene la solvencia de su relato-matriz.

            Una mirada retrospectiva a dos de las escasas obras de Agatha Christie que no había tenido oportunidad de leer, la novela Tres ratones ciegos y la adaptación teatral de la misma, La ratonera, vinieron rodadas tras ver una representación de esta última. Todas ellas -los textos y la representación- me resultaron magníficas y totalmente actuales.

            También retrospectiva fue mi lectura de Raymond Chandler y, en concreto, de dos de sus novelas negras más celebradas: El sueño eterno y Adiós, muñeca, ambas llevadas a la gran pantalla y cuyos textos rezuman ironía (cuando no sarcasmo) a la vez que una saludable oscuridad trufada de malvados muy perversos, femmes muy fatales, grandes dosis de acción y complicados análisis mentales y, cómo no, con un Philip Marlowe siempre insobornable y casi infalible. Me reafirmo: para una gran obra no existe el paso tiempo pues son imperecederas.

            “Off-side llenó uno de los huecos que todavía me quedaban de la obra de Gonzalo Torrente Ballester y supone un denso y destacable drama coral en el que se aborda desde el costumbrismo hasta la crítica social. La trama se estructura a partir de un cuadro cuya autoría es incierta, dudándose entre un gran maestro coetáneo de los protagonistas o el mismísimo Goya.

            La divertida e intrascendente Maldito karma también cuenta entre las lecturas agradables del año. En ella, David Safier nos muestra a una presentadora de la televisión alemana de gran éxito y escasos escrúpulos que muere cuando está en la cresta de la ola y se reencarna en hormiga. Frágil cuerpo con el que tendrá que intentar purgar sus faltas. Divertida y sutilmente irreverente.

            “La amenaza de Andrómeda es una atípica novela del irregular Michael Crichton que me gustó más de lo esperado. Sobre todo porque se centra más en la odisea de un grupo de científicos que deben lidiar con un grave problema que puede aniquilar a la Humanidad y menos en la amenaza en sí, lo cual supone un interesante cambio de perspectiva.

            No puedo dejar de reflejar mi conclusión de la saga de JK Rowling pues no leí su Harry Potter y las reliquias de la muerte hasta haber visto las dos mitades de su adaptación en el cine (y haberme dado un baño de multitudes en Trafalgar Square con sus miles de seguidores en la premiere mundial, que todo hay que decirlo). Un final por todo lo alto para la heptalogía de la inspirada escritora inglesa que no defrauda a nadie que haya llegado hasta la séptima entrega. O no debería porque, además del clímax final, se da cumplida respuesta, por fin, a todos los interrogantes planteados a lo largo de la serie.

            Muy superior, en mi modesta opinión, a la obra que abría este balance, Le Carré me convence plenamente en Nuestro juego, una más que atractiva novela en la que un cuarentón, retirado de su labor en la inteligencia británica tras el fin de la guerra fría, se enfrenta a una peculiar y muy peligrosa situación cuando su antiguo protegido, al que él convirtió en un agente doble, irrumpe en su relajada vida actual y se lleva algo que le pertenece.

            Y para finalizar, haciendo honor al título de este balance, llegamos a la saga Berlin noir de Philip Kerr.

            Había oído hablar de esta saga de novelas negras ambientadas en la Alemania nazi  y este año he leído nada menos que las seis primeras de un tirón: Violetas de marzo”, “Pálido criminal”, “Réquiem alemán (reunidas bajo el título común de “Trilogía berlinesa”), Unos por otros”, “Una llama misteriosa y la galardonada Si los muertos no resucitan.

            A lo largo de ellas asistimos a la trayectoria personal y profesional de Bernhard (“Bernie”) Gunther, un personaje de una pieza que se convierte en detective cuando su ideología nada afín al nazismo le saca de la policía de Berlín. Los escenarios se trasladan a lo largo y ancho de Alemania y luego conoce otros horizontes como Viena, la incipiente Israel, la Argentina de los Perón o la Cuba de Batista.

            Hay quien no le encuentra nada de particular a esta saga pero debo admitir que no soy uno de ellos. Junto a un personaje socarrón como pocos y hábil como ninguno a la hora de desentrañar misterios y conspiraciones, se advierte en la obra un ingente trabajo de documentación que afecta no sólo a los usos políticos sino al día a día de un pueblo -el alemán- al que veremos antes del ascenso al poder del nacionalsocialismo y también durante el despótico mandato de los nazis e incluso tras su descalabro en la II Guerra Mundial cuando Alemania lucha por reinventarse y reconstruirse desde las ruinas.

            Todo un espectáculo ambientado en un contexto histórico que convierte necesariamente en diferentes a las novelas negras de Kerr. En ellas menudean las desapariciones de judíos, los campos de concentración, los abusos y violaciones (eso sí, sólo sugeridas) a cargo de los “ivanes” rusos, los decadentes cabarets y hasta gángsters y asesinos en serie, así como pocas concesiones en materia semántica. Si añadimos a ello que las novelas están más que correctamente escritas, se les puede permitir algún exceso como ciertas sobreactuaciones de Gunther y una desmedida e inverosímil tendencia a hallarse siempre en el centro de la acción mundial como el repelente “Joven Indiana Jones” de la fallida serie televisiva.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

            Comienzo mis recomendaciones del año con La verdad sobre el Caso Savolta, de Eduardo Mendoza, una novela sobre la que todavía no había posado mis colmillos y que ha resultado una auténtica delicia por su inteligencia y por el arrebatador retrato que hace de la oscura y convulsa Barcelona de principios del siglo XX. Interrogado veinte años después por un tribunal neoyorkino, Javier Miranda trata de esclarecer los hechos que tuvieron lugar en Barcelona tras la irrupción del elegante Lepprince en plena época de movimientos obreros y atentados anarquistas.

            También debo destacar la ya citada Apocalipsis Z, de Manel Loureiro, un prodigio de relato directo, hábil, entretenido, dinámico y muy adictivo. Concebido casi como un guión cinematográfico pero acotado por los impagables pensamientos de su protagonista, un joven gallego que se ve atrapado por el apocalipsis zombie que se adueña del planeta, se trata de un producto que airea definitivamente un subgénero demasiado saturado de lugares comunes y reiteraciones. O tal vez sea que leer un relato sobre zombies en el que pululan como parte del contexto personajes como Zapatero, Putin, Bono, Rajoy o Matías Prats le da un sesgo totalmente distinto a un tema que uno creía más que agotado. Sencillamente magistral.

            Aunque algo decepcionado por mis dos últimas lecturas de Tim Power, no puedo dejar de incluir entre mis lecturas más estimulantes de 2011 su magistral En costas extrañas, un excitante cóctel con piratas, brujería, vudú y hasta el mismísimo Barbanegra. Germen de lo que luego fueron los videojuegos “Monkey island” y de la idea en que se inspira “Piratas del Caribe”, la última entrega de esta saga cinematográfica resulta un auténtico fiasco que apenas toma un par de detalles de la trama de la novela para quedarse a siglos-luz en cualquiera de sus propuestas. Una lástima.

            “Lobos, de Donato Carrisi, es uno de esos descubrimientos que le reconcilian a uno con el thriller tremendista y algo truculento. Una agente especializada en personas desaparecidas es requerida por una unidad que investiga asesinatos en serie y está al mando de un civil. El grupo se enfrenta a un asesino que ha hecho aparecer los brazos derechos de seis niñas. Desde ese momento, el asesino jugará con los investigadores y el autor con los lectores, proponiendo escenarios que fascinan a la vez que repelen.

            “Una investigación filosófica, considerada la obra cumbre en la trayectoria de Philip Kerr, no sólo no defraudó mis altas expectativas sino que las satisfizo plenamente en su intento de recrear un Londres ligeramente futurista en la que un serial killer con ínfulas filosóficas se enfrenta con una policía que odia a los hombres.

            Dejo para el final las dos lecturas-estrella del año.

            En primer lugar, El señor de las llanuras, de Javier Yanes, una obra brillante, divertida y magníficamente escrita que aúna el libro de viajes con la intriga, el humor y la reconstrucción genealógica. Partiendo del personaje de Curro, ligeramente autobiográfico, que intenta recuperarse de la separación de sus padres, la venta de la casa donde vivió su infancia y un rocambolesco romance con una chica fascinante pero francamente difícil, la historia nos trasporta a las azarosas vidas de sus abuelos y a la honda huella que las mismas han dejado en la vida de Curro. Tanto que éste se verá impelido a buscar a su desaparecido abuelo en plena África negra. Una auténtica delicia de novela.

            Y, por último, tenemos El poder del perro, otra obra maestra a cargo en este caso de Don Winslow.

            Esta lectura me subyugó completamente. Se trata de un trabajo serio, adulto, implacable, sin concesiones pero a la vez atractivo y embaucador como pocos.

            Obra coral de impresionante calidad en torno al narcotráfico entre México y los Estados Unidos, lleva aparejada la consiguiente denuncia por la connivencia de las autoridades de ambos países en dicho tráfico. Y es, además, una mezcla superlativa de noir, thriller y ensayo con personajes inolvidables y secuencias impactantes que dejan (unos y otras) un poso denso y profundo del que cuesta deshacerse... si lo pretendiera, que no es el caso. Más que recomendable pues se trata sin duda de uno de los mejores trabajos leídos en los últimos tiempos con independencia del género al que se adscriba.

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