BALANCE LITERARIO 2012

El año de los Siete Reinos

 

Balance Libros 2012

 

 

PREÁMBULO

 

            Tomo, como de costumbre, la precaución de indicar mis criterios de selección, a fin de que nadie –en especial quienes accedan a este artículo sin haber consultado ningún otro Balance con anterioridad- se pierdan con este peculiar sistema de clasificación (inspirado en el que seguía antiguamente la revista “Fotogramas”, por cierto).

              Sería algo así:         

• Zona Gélida, a la cual irán aquellas lecturas que o bien no me han aportado nada o bien me han desagradado especialmente.

• Zona “Ni frío ni calor”, en la que terminarán aquellas obras de las que, sin llegar a desagradarme, podría haber prescindido perfectamente.

• Zona Caldeada, en la cual se ubica la mayoría y que corresponde a los libros cuya lectura me ha parecido interesante y/o placentera y en los que merece la pena invertir el tiempo.

• Zona “Al rojo vivo”, en la que las lecturas elegidas aparecerán como sinónimo de “Mis recomendaciones”.

            Lo que sí debo señalar es que, por unas razones o por otras, éste ha sido mi año menos lector en la última década. Y con bastante diferencia además. Ello parece haber redundado en una mejor selección de mis lecturas, que han sido en su inmensa mayoría altamente satisfactorias.

 

ZONA GÉLIDA

 

            “La danza del cementerio”, de la pareja Douglas Preston, y Lincoln Child tiene el honor un tanto dudoso de convertirse no sólo en mi peor lectura del año sino, muy probablemente, en una de las peores de los últimos tiempos.

Toda una sorpresa –muy desagradable, por supuesto-, ya que forma parte de una saga dotada de un enorme atractivo y, sin embargo, aquí el dúo de escritores de techno-thriller se despacha con una novela pésima, presidida por una acción que sólo puedo calificar de chapucera y con unos personajes que son meras caricaturas. Como si alguien hubiese impostado su obra, vaya.

            El engendro ya comenzaba mal con la primera escena, pues uno de sus personajes habituales –el periodista Smithback- es asesinado en su apartamento por Colin Fearing, un vecino, actor de segunda fila, que lleva muerto dos semanas. Ello hace surgir la idea de que el tal Fearing es un zombi creado por la secta de la Villa, al norte de Manhattan. Mientras Pendergast y D’Agosta investigan, la policía da palos de ciego. Por su parte, Nora Kelly, la viuda de Smithback, escapa con heridas a varios ataques de Fearing y la opinión pública se encona contra la Villa, sobre la que pesan denuncias por torturas a animales.

            No suelo ser muy duro con los libros que leo y rara vez les otorgo la calificación más baja. En esta ocasión no va a ser una excepción, de modo que sólo incluyo una segunda obra en este apartado poco deseable. No es tan nefasta como la ya comentada pero tampoco La maldición de Thot, de Michale Peinkofer, está a la altura de las circunstancias.

            La historia comienza cuando la arqueóloga Sarah Kincaid es sacada por su tío, el médico real Mortimer Laydon, de su retiro voluntario en la campiña inglesa tras la muerte de su padre en Alejandría. La reina precisa de sus servicios por el asesinato ritual de varias prostitutas en las callejuelas londinenses de Whitechappel. Cuando el propio Laydon es secuestrado, todo indica que la clave se halla en Egipto, por lo que Sarah se embarca en una expedición que será de todo menos plácida.

            A pesar de mi acusado gusto por todo lo egipcio, que evidencia incluso el seudónimo con que se me conoce en este blog, no puedo por menos que reconocer que la de Peinkofer es una pueril novela de aventuras que desaprovecha buenos escenarios a base de poblarlos con personajes esperpénticos y situaciones más que manidas. En la línea de los peores Christian Jacq o Anne Rice, cuyos éxitos siempre han constituido un enigma para mí, por cierto.

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

            El capítulo final de la trilogía de Manel Loureiro, titulado “Apocalipsis Z: la ira de los justos, constituyó una pequeña decepción. Tras sus dos magníficas primeras entregas –en especial la primera-, la fórmula parece ya agotada y el periodista y escritor gallego la clausura prescindiendo prácticamente por completo de la “españolidad” que le otorgaba carta de naturaleza. Sin ella, se vuelve convencional y gris, sin nada que la distinga significativamente de otros muchos seudoproductos literarios. Sin que ello signifique que la novela es aburrida porque no lo es.

            Aquí, el grupo formado por el protagonista, su mujer Lucía, el ucraniano Viktor y el gato Lúculo es rescatado del mar por un petrolero. Sus tripulantes forman parte de una devota secta en la que sólo los blancos son considerados ciudadanos mientras el resto malvive como ilotas, esclavos a su servicio, contagiados por el TSJ, al que mantienen a raya gracias al Cladoxpan, una milagrosa sustancia obtenida a partir de un hongo.

            Erica y Patrik siguen siendo los protagonistas como en la primera entrega pero sus personajes han perdido fuerza dramática hasta desinflarse por completo, lo que ya de por sí imposibilita el funcionamiento de una trama que tampoco acaba de encajar.

            Un autor admirado que tampoco me convenció en esta ocasión fue Torcuato Luca de Tena con La mujer de otro, cuyos diálogos adolecen de una excesiva ingenuidad que nos lleva al sonrojo, a la vez que todo el texto evidencia un mal envejecimiento.

            Cuenta la historia de Ana María Moscoso, quien perdió a su padre, comandante del Ejército español, cuando éste renunció a su familia y al propio uniforme para marcharse al África ecuatorial. Más tarde, Ana perdió también a su madre, quedando a cargo de su retorcida abuela Matilde. Ahora, a sus treinta y tres años, Ana María está casada y tiene dos hijos. Pero, tras reencontrarse con Andrés, un amor de juventud que triunfa como pintor, inicia con él una relación adúltera.

            Con Confesiones de un artista de mierda, Philip K. Dick realizaba una incursión en toda regla dentro de la literatura “seria” y muy lejos del género que le otorgó la inmortalidad: la ciencia-ficción. Y aunque su trabajo resulta aceptable y los personajes planteados cuentan con una considerable capacidad para desasosegar al lector, no acabó de encajarme del todo.

            El protagonista de la novela es Jack Isidore, un chiflado a quien su hermana, la atractiva y ególatra Fay, rescata de la miseria para llevarle a su mansión del campo. Casada con Charley Hume, próspero empresario sin ninguna cultura, Fay tiene también dos hijos pero se encapricha de un recién llegado llamado Nathan Anteil. Cuando Charley sufre un ataque de corazón y es ingresado en un hospital, Fay seduce a Nathan, a quien su mujer abandona tan pronto tiene conocimiento de ello. Entonces será cuando entre en acción Jack, poniendo a su cuñado Charley al corriente del adulterio de Fay, recurriendo a sus “artísticas” notas.

 

ZONA CALDEADA

 

            La trilogía todavía incompleta que se inicia con El nombre del viento” y continúa conEl temor de un hombre sabio”, de Patrick Rothfuss, inaugura este apartado.

            Hasta la modesta posada Roca de Guía llega un hombre herido. Su agresora ha sido una araña “negra como el carbón y del tamaño de una rueda de carro”. El pelirrojo posadero ha oído hablar de esos seres –los escrales- porque en realidad es el mítico Kvothe. Cuando más tarde hace su aparición un cronista, éste será depositario por primera vez de su historia. Después de que la troupe de su familia fuera masacrada por los terribles Chandrian, el joven Kvothe tuvo que sobrevivir solo en la terrible ciudad de Tarbean. Años más tarde se convertiría en el alumno más joven de la universidad en la que forjaría su leyenda.

            En la segunda parte, Kvothe sigue desgranando su historia para Cronista bajo la atenta mirada de Bast. Cuenta así como fue envenenado por Ambrose justo antes del proceso de Admisiones y cómo sus amigos tuvieron que dormir por turnos durante días para evitar que, bajo los efectos del envenenamiento, cometiera alguna locura. Tras otro grave incidente con Ambrose, Kvothe es invitado a abandonar temporalmente la universidad. Entra entonces al servicio del maer de la lejana Vintas, donde vivirá asombrosas aventuras.

            El principal lastre de esta trilogía que todavía tiene pendiente su última entrega estriba en su notoria irregularidad y es que, junto a pasajes sumamente atractivos, las novelas alternan otros ingenuamente tópicos e incluso caen en ocasiones en lo rutinario, en una tendencia excesiva hacia la mezcolanza que provoca la carencia de una personalidad definida.

            El canario Alberto Vázquez-Figueroa volvió a cautivarme con nada menos que tres de sus novelas.

De una parte su notable África llora”, en la que el dramatismo y la aventura se toman de la mano en lo que es un relato triste y tierno pero se cuida muy mucho de caer nunca en la sordidez.

            La novela narra cómo media docena de soldados aparecen muertos en el río junto a una diminuta aldea etíope. Los lugareños, en lugar de deshacerse prudentemente de los cuerpos, deciden honrarlos pero son masacrados por los compañeros de las víctimas. Sólo las señoritas Margaret y Abiba y un puñado de sus jovencísimos alumnos logran huir. Siguen el curso del río y salvan sus tremendos saltos pero no llegan al mar, como pretendían, sino a un desierto de fango

            También con El inca, en la que el capitán Rusti Cayamba persigue con un grupo de hombres al rebelde montañés Ticki Mancka cuando éste huye con los restos de su ejército tras la batalla de Aguas Rojas. El ingenio de Rusti le permite apresarle pese a que los secuaces del rebelde cortan el sagrado puente de Pallaca. El capitán lleva pues a Ticki Mancka ante el Emperador de los Incas que, en agradecimiento, le nombra general. Es entonces cuando la princesa Sangay Chimé posa sus ojos en Rusti a pesar de su condición de plebeyo.

            Nos hallamos aquí ante un relato muy entretenido y de carácter marcadamente didáctico a la vez, que nos ilustra acerca de las peculiaridades y costumbres de una de las grandes civilizaciones precolombinas.

            Por último, con “Viracocha”, Vázquez-Figueroa incide en el mundo inca, ubicando su sugestivo y ameno relato en los últimos días de su Imperio vistos a través de los ojos de un español.

            El español no es otro que el capitán Alonso de Molina, quien un año después de que Pizarro exhortase a sus huestes a seguir el ejemplo conquistador de Hernán Cortés, se ha quedado sólo en tierras incaicas. El curaco Chabcha Pusí es el elegido para conducir a ese descendiente del dios Viracocha, el gigantesco y barbudo Molina, a presencia del inca Huáscar en el lejano Cuzco. Logran llegar allí tras cruzar montañas escarpadas y escapar de los hombres del traidor Atahualpa.

            “Pantano de sangre, de Douglas Preston y Lincoln Child, a quienes vilipendiaba al principio de este balance, sirve para reivindicarles. Se trata de la novela siguiente en la que podríamos denominar “saga de Pendergast” y en ella se aborda una parte esencial y desconocida del pasado del albino detective de Nueva Orleans.

            Doce años después de que su esposa Helen muriese devorada por un león, Pendergast descubre que alguien había sustituido los cartuchos de la escopeta de la dama por otros de fogueo. El detective acude entonces al teniente D’Agosta y le pide que abandone momentáneamente su trabajo en la policía de Nueva York para ayudarle en su investigación.

            Tras la pifia ya citada de “La danza del cementerio”, Preston y Child recuperan el pulso habitual y vuelven a entretenernos con una historia bien dotada de intriga, acción y buenas escenas.

            Antes de estas dos novelas y de otra más de la que hablaré más adelante, Douglas Preston y Lincoln Child habían escrito “Naturaleza muerta” y “La mano del diablo”, que se enmarcan también dentro de la citada saga de Pendergast.

            En la primera, un relato menor con buenos personajes secundarios y una efectiva trama ambientada en la “América profunda”, asistimos a la aparición, entre los maizales de Medicine Creek, Kansas, del cadáver de una delincuente de poca monta asesinada de forma ritual mientras excavaba en unos túmulos indios. Ello reaviva la leyenda de “los Cuarenta y cinco”, una banda de criminales veteranos de la guerra de Secesión que fueron masacrados por ciertos “Guerreros Fantasmas” indios en 1875. Hasta allí se desplazará durante sus vacaciones el agente del FBI Aloysius Pendergast para investigar por su cuenta.

            En la segunda, Pendergast y D’Agosta, convertido ahora en simple sargento tras haber regresado a la policía después de una frustrada aventura literaria y matrimonial en Canadá, coinciden en una investigación. La del truculento asesinato de un crítico artístico, Jeremy Gfove, que parece haber sido quemado vivo por el mismísimo Diablo.

            Aunque me decepcionó el desenlace, demasiado mundano para las expectativas generadas por el planteamiento inicial, el relato resulta ágil y atractivo, en la línea de lo que sus dos autores nos tienen acostumbrados.

            En un año prolijo en lecturas del dúo Douglas Preston-Lincoln Child, leí también su muy anterior, El relicario”, continuación de su exitosa “El ídolo perdido” (que fuera llevada al cine con el título de “The Relic”) más irregular y mucho menos redonda a pesar de no carecer de interés.

 

Año y medio después de la desaparición de Mbwun, la terrible bestia que sembró el terror en el Museo de Historia Natural de Nueva York, la ciudad se ve azotada por otra ola de inexplicables crímenes. La identidad de una de las víctimas decapitadas, hija única de la poderosa y millonaria señora Wisher, saca a la luz la desaparición de un alto número de “topos” en los subterráneos de Manhattan.

            En un estilo radicalmente diferente,Cometas en el cielo, del escritor afgano Khaled Hosseini resultó una agradable sorpresa. Su opera prima, aunque ciertamente triste, resulta emotiva y de gran brillantez, amén de constituir un documento histórico de enorme valor coyuntural.

            La acción se sitúa en 1975 mientras en Kabul se celebra el concurso de cometas. Para Amir, ganarlo significaría lograr el reconocimiento de Baba, su fuerte e influyente padre, quien parece no perdonarle la muerte de su esposa en el parto. Amir gana y su inseparable Hassan –criado de Baba, como su padre Alí- redondea su victoria capturando la cometa finalista pero el cruel Assef lo acorrala y viola mientras Amir, horrorizado, lo ve todo desde su escondite. Cobardemente, se separará cada vez más de Hassan hasta forzar su marcha y la de Alí. Cuando los soviéticos invaden Afganistán, Baba y Amir huyen a América.

            Por su parte,El quinto día, del alemán Frank Schätzing, pese a su mejorable final, es una más que estimable novela que aúna el tecnothriller, la aventura y la divulgación científica.

            Varios acontecimientos relacionados con el mar empiezan a sucederse en todo el planeta. Desaparecen pequeñas embarcaciones en Chile, las ballenas atacan a los seres humanos en Canadá, aparecen unos extraños gusanos en el talud noruego como antesala de un tsunami y una plaga de cangrejos desembarca en Estados Unidos una mortífera epidemia. Para ocurrir qué diablos está sucediendo, se fleta una nave dirigida por la general estadounidense Judith Li en la que brillantes científicos de todo el mundo llegarán a una asombrosa conclusión.

Remontándonos casi dos décadas en el tiempo, con Lo raro es vivir, de la magnífica escritora salmantina Carmen Martín Gaite, asistimos a la vida de Águeda, quien acaba de perder a su madre, una reconocida pintora con quien siempre mantuvo una difícil relación y a la que se asemeja física y espiritualmente. Tanto que el médico que trata a su abuelo le propone que la suplante, ya que el anciano ignora la desaparición de su hija. Mientras medita sobre ello en unos días en que su esposo Tomás permanece lejos de Madrid a causa de su trabajo de arquitecto, Águeda bucea en su vida y en la de su madre.

            Pese a no contarse entre lo mejor de la producción literaria de su autora, la novela presenta ramalazos de entrañable genialidad, lo que hace imprescindible su lectura.

            Con un tono bastante más desenfadado Eduardo Mendoza me hizo sonreír con La aventura del tocador de señoras,una hilarante y a veces excesiva sátira en torno a las andanzas de un patético personaje metido a detective que ya protagonizó “El misterio de la cripta embrujada” y “El laberinto de las aceitunas”.

            La aventura en cuestión da comienzo cuando, a fin de especular con sus terrenos, el manicomio dirigido por el trasnochado doctor Sugrañes echa el cierre y deja en la calle a los pacientes. Uno de ellos encuentra en Barcelona a su hermana Cándida, antigua prostituta casada ahora con Viriato, un homosexual dueño de la peluquería “El tocador de señoras”, de la que pronto encarga a su recién aparecido cuñado. En el destartalado local nuestro héroe recibe la visita de la despampanante Ivet, quien le encarga el robo de unos documentos en el despacho del empresario Pardalot, que es asesinado esa misma noche.

            En Asesinato en el Comité Central, Manuel Vázquez Montalbán aborda un nuevo caso de su detective-fetiche Pepe Carvalho.

            En plena transición democrática, el Secretario General del Partido Comunista de España, Fernando Garrido, es asesinado durante una reunión del Comité Central del mismo. La ejecutiva del partido, encabezada por Santos Pacheco, viaja a Barcelona para encargar el caso a pepe Carvalho debido al pasado comunista del detective. Trasladado a Madrid, Carvalho mantendrá un difícil equilibrio con el responsable de la investigación oficial, el comisario Fonseca. Tristemente célebre por sus torturas a militantes comunistas durante la dictadura franquista, el propio detective fue víctima de sus métodos.

            Se trata de un interesante cambio de decoración (de Barcelona a Madrid) para un Carvalho que mezcla con acierto deducción, erotismo, gastronomía, acción y política.

            Con “Ciudad”, de Michael Marshall Smith, el brillante escritor de ciencia-ficción autor de “Clones” y sobre todo “Sueños”, alcancé uno de los puntos álgidos del género durante el año (aunque por debajo de la gran sorpresa del mismo, de la que luego hablaré). Se trata de un sugestivo, aunque irregular, relato que combina con singular acierto ciencia-ficción y fantástico.

            El protagonista del mismo, Stark, se dedica a resolver asuntos poco convencionales en una ciudad futurista en la que coexisten barrios como Color (donde las calles se adaptan al atuendo del peatón), Gato (poblado únicamente por mininos), Estable (cuyos vecinos ignoran la existencia del resto de la ciudad), el sangriento Rojo, el silencioso Sonido, el elitista Brandfield o el burocrático Centor. La desaparición de un actuante de este último llamado Alkland provoca que Stark sea llamado para descubrir a los secuestradores.

            Para cerrar este bloque, he de referirme a dos relatos breves de George R. R. Martin cuya acción se sitúa noventa años antes de que comience “Canción de hielo y fuego”, saga que ha sido para mí la gran revelación del curso hasta el punto de marcarlo de forma indeleble.

            En “El caballero errante” y “La espada leal” se nos cuenta la historia de Dunk en una época en que los Siete Reinos están todavía gobernados por los Targaryen.

            Cuando muere el anciano Ser Arlan, el caballero errante al que servía, su altísimo escudero se dirige a Vado Ceniza, donde van a celebrarse unas justas. Por el camino, Dunk se cruza con Egg, un mozalbete que se empeña en ser su escudero. Pero ya en Vado Ceniza y antes de entrar en liza, Dunk –o Ser Duncan el Alto, como se hace llamar- es requerido por Egg para auxiliar a una bonita marionetista dorniense que está siendo brutalmente maltratada por Aerion Targaryen, nieto del rey Daeron II.

            En “La espada leal”, continuación natural de “El caballero errante”, Ser Duncan el Alto y su escudero Egg abandonan Dorne tras pasar allí un año entero y entran al servicio de Ser Eustaqce Osgrey, un anciano que malvive en su maltrecho torreón recordando las glorias del pasado. Su enfrentamiento con la Viuda Escarlata, que ha construido un dique en el arroyo que separa y riega las tierras de ambos, provoca que el indigno y maloliente Ser Bennis hiera a uno de los trabajadores de la dama. Ser Duncan es enviado entonces a parlamentar con la Viuda en previsión de daños mayores.

            Aventura en estado puro con el mismo tipo de ambientación medieval que caracteriza a la saga citada, resulta curioso afrontar la lectura de esta doble precuela después de haber leído alguna de las novelas de “Canción de hielo y fuego”. Sobre todo por el contraste que supone contemplar la diferente situación estratégica de las familias importantes de los Siete Reinos antes del advenimiento de Robert “el Usurpador”.

            Por lo demás, estos dos relatos ya destilan la impresionante calidad de Martin como narrador. Su estilo personal, vigoroso y depurado, que no escatima detalles morbosos o violentos, también se caracteriza por una impecable caracterización de sus personajes y un exquisito cuidado de los diálogos que nunca va en detrimento de la acción directa.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

Y, como no puede ser de otra manera, con el propio George R. R. Martin dan comienzo mis recomendaciones del año. Concretamente con las cinco primeras novelas de su saga fantástica “Canción de hielo y fuego” que muchos sitúan ya a la misma altura que “El Señor de los Anillos” de Tolkien.

 

La primera novela, “Juego de Tronos”, nos ubica en un mundo donde las estaciones pueden durar decenios y en el que un inmenso Muro separa los Siete Reinos conocidos de unas tierras extrañas pobladas por seres aterradores. Robert Baratheon reina tras haber aniquilado a los Targaryen. Cuando la Mano del Rey muere en extrañas circunstancias, Robert viaja a Invernalia para pedir a su amigo Lord Eddard Stark que ocupe el puesto.

            La segunda parte, “Choque de Reyes” narra el crudo enfrentamiento entre los dos hermanos del desaparecido Robert Baratheon, Stannis y Renly. Mientras, en Desembarco del Rey, Tyrion Lannister, “el Gnomo”, refuerza las defensas para sostener a su sádico sobrino Joffrey. Al mismo tiempo, el “Rey en el Norte” Robb Stark acumula victorias menores sin osar enfrentarse por el momento a Lord Tywin Lannister y, más al norte todavía, la Guardia de la Noche protagoniza una gran marcha en busca del desaparecido Benjen Stark.

            En la tercera parte, “Tormenta de Espadas”, tiene lugar la boda de desagravio entre Edmund Tully, tío de Robb Stark, y una de las hijas del indignado e irascible Walder Frey, señor de los Gemelos, un enlace que no por casualidad pasará a la Historia como “la Boda Roja”. En cuanto al Matarreyes, logra llegar a Desembarco del Rey pero no indemne.

            Los Hombres del Hierro se lanzan a una gran ofensiva en la cuarta parte, “Festín de Cuervos”, de la cual son víctimas el Dominio y el Rejo. Mientras, en el sureño Dorne, las hijas del príncipe Oberyn claman venganza por la muerte de su padre en Desembarco del Rey pero su tío, más prudente, las hace encerrar aunque sufre la traición de su propia hija Arianne, aliada con uno de los miembros de la Guardia Real.

            Por último (de momento), en “Danza con dragones”, el nuevo Lord Comandante de la Guardia de la Noche logra una sorprendente alianza contra los Hombres del Hierro, que también encontrarán otros enemigos. Mientras, Tyrion Lannister intriga en las ciudades libres junto a un personaje a quien todos creen muerto pero cuya mera existencia puede cambiar el futuro de los Siete Reinos.

            En definitiva, una saga sugestiva, potente, magníficamente escrita, con personajes sólidos y magníficamente trazados y con un elemento que la hace casi única: el hecho de que ningún personaje tiene garantizada ni la supervivencia ni el éxito, con independencia de su peso en la historia o su relevancia en la trama. Algo que mantiene en tensión permanente al hechizado lector.

            Esta saga pretende ser una heptalogía, por lo que todavía quedan muchas emociones fuertes por experimentar y muchas sorpresas por descubrir. De hecho, me las he visto y me las he deseado para no revelar gran cosa en los breves resúmenes de las cinco primeras entregas.

            El invierno de Frankie Machine, por su parte, es la primera de las tres novelas de Don Winslow con las que he disfrutado (y sufrido) este año. Ninguna de ellas está al superlativo nivel de “El poder del perro” pero todas ellas mantienen un altísimo listón.

Frank Machianno es todo un personaje en la zona de San Diego. Vende carnada para pesca y suministra pescado y ropa blanca a los restaurantes. También es la autoridad extraoficial de la zona, sigue surfeando a la “hora de los caballeros”, tiene una ex mujer, una hija que estudia para médico y una amante elegante, Donna. Sin embargo, en el pasado Frank era “Frankie Machine”, un asesino a sueldo de la mafia californiana, temible y letal pero hombre de honor. Un pasado que vuelve cuando menos lo espera…

Magistral novela negra, brillante, inspirada, trepidante… y emocionante hasta el final. Otra magnífica característica de las novelas de Winslow: nunca puedes dar nada por sentado hasta la última palabra de la última frase.

            “Muerte y vida de Bobby Z” es el segundo de los títulos de este escritor neoyorkino afincado en California que tuve ocasión de leer durante el año.

            Tim Kearrey cumple condena en una cárcel californiana cuando asesina “preventivamente” a Stinkdog, un enorme ángel del infierno que iba a por él. Justo entonces, cuando parece hombre muerto, la DEA le propone un trato. Aprovechando el asombroso parecido de Tim con Bobby Z, el mítico traficante, le piden que se haga pasar por él en un intercambio con el señor de la droga mexicano don Huertero que, a cambio de Z, liberaría a un agente de la propia DEA.

            Electrizante e irónica, la novela se mueve entre drogas, surf, tiros, sexo y humor, conformando un cóctel ciertamente estimulante. La novela cuenta con una modesta versión cinematográfica protagonizada por el recientemente desaparecido Paul (“Fast and furious”) Walker.

            Por último,Salvajes es tan o más adictiva que la anterior pero aplica una vuelta de tuerca más a las escenas de acción y también de horror, sin renunciar nunca al humor, en lo que es la fórmula secreta de este auténtico genio llamado Don Winslow.

            El tierno Ben y el violento Chon regentan en San Diego un multimillonario negocio de cultivo y venta de marihuana hidropónica. Cuando su próspera actividad despierta la codicia del mexicano cártel de Baja, dirigido por “la Reina” Elena Sánchez, reciben un video amenazador en el que varios hombres son decapitados con sierras eléctricas. Su negativa a trabajar para el cártel provoca el secuestro de Ophelia (“0”, de orgasmo), la chica que ambos comparten y a la que pronto ven en otro video junto al bestial “Lado” armado con una sierra eléctrica.

            Poco tardó Oliver Stone en llevar al cine esta novela, a la que guarda una asombrosa fidelidad… hasta llegar al desenlace, que calificaría como mínimo de discutible.

            “Los cipreses creen en Dios inaugura la trilogía de José María Gironella sobre la Guerra Civil española. En esta primera entrega se nos presenta a los Alvear, quienes a principios de los años treinta se afincan en Gerona. Matías, madrileño, trabaja en Telégrafos; su mujer es la vasca y piadosa Carmen Elgazu. De su matrimonio han nacido tres hijos. Ignacio, el mayor, abandona el seminario por falta de vocación, ingresa en un banco y estudia Derecho. César, el mediano, toma el relevo de su hermano en el seminario. Pilar, la pequeña, se enamora de Mateo, otro madrileño enviado a Gerona para formar una célula de Falange.

            Mosaico fascinante que ayuda a comprender las tensiones latentes y cada vez más a flor de piel que acabaron desembocando en un conflicto bélico cruel y sanguinario que arrasó nuestro país y del que todavía quedan no pocas secuelas. Los Alvear constituyen el hilo conductor y Gerona el paisaje central de la historia pero Gironella lo puebla aquí y allá de personajes con relieve y de acontecimientos reales que contribuyen a dotar de absoluta verosimilitud este relato coral y brillante.

Entre “La mano del diablo” y “El libro de los muertos” se sitúa “La danza de la muerte” de los omnipresentes Douglas Preston y Lincoln Child que, en este año, aparecen prácticamente en todos los apartados.

            En esta ocasión con una novela excelente, de pulso firme, que enfrenta a dos personajes de auténtica talla. Emociones fuertes y sobresaltos quedan garantizados junto a alguna que otra sorpresa.

Aloysius Pendergast, a quien D’Agosta creía muerto, hace al fin su reaparición. Necesita su ayuda para detener a su hermano Diógenes, un psicópata de inteligencia y recursos descomunales. D’Agosta abandona a Laura sin revelarle nada para protegerla, ya que Diógenes está asesinando a amigos y conocidos de Aloysius uno detrás de otro: un profesor en Nueva Orleans, un agente del FBI en Maryland, la mismísima Margo Green en el Museo de Historia Natural de Nueva York...

            Por último, “Lágrimas en la lluvia”, de Rosa Montero, constituye para mí una de las mayores (y agradabilísimas) sorpresas del año. Una autora que nunca había hecho incursión alguna en el género de la ciencia-ficción (en el que tampoco es que abunden los nombres femeninos y todavía menos si hablamos de escritoras españolas) se destapa con un auto-regalo en forma de homenaje a “Blade Runner”. El regalo, puedo asegurarlo, es para todos pues su relato resulta fascinante en todo momento, mostrando una personalidad totalmente propia a la vez que un enorme atractivo narrativo, conceptual y ambiental. Obra maestra imprescindible pese a no contar con el beneplácito de muchos de sus lectores habituales, acostumbrados a otros registros de la escritora madrileña.

            En el Madrid de 2109, Bruna Husky es una replicante de combate que trabaja como detective. Poco después de que su aparentemente inofensiva vecina Cata Caín intente asesinarla y se suicide al fracasar, Myriam Chi, la líder del Movimiento Radical Replicante, la contrata. Al parecer, Cata no es la primera replicante (o “tecno”) en morir de ese modo bajo la influencia de lo que parece ser una memoria manipulada.

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