BALANCE LITERARIO 2013

El año de Charlie Parker

 

Balance Libros 2013

 

 

PREÁMBULO

 

            Recuerdo, como cada año por estas fechas, mis criterios de selección de las lecturas realizadas durante el ejercicio.

            Y, como siempre, reitero que las mismas sólo guardan una pequeña relación con las novedades aparecidas en 2013, ya que mi ritmo lector guarda más relación con mi estado de ánimo o las recomendaciones que recibo que de cualquier otra cosa. Aunque, por supuesto, siempre haya excepciones.

            De modo que para refrescar la memoria o para encauzar a quienes vayan a leer directamente esta reseña sin consultar las previas, vuelvo a indicar los grupos en que subdivido las distintas lecturas anuales:           

• Zona Gélida, a la cual irán aquellas lecturas que o bien no me han aportado nada o bien me han desagradado especialmente.

• Zona “Ni frío ni calor”, en la que terminarán aquellas obras de las que, sin llegar a desagradarme, podría haber prescindido perfectamente.

• Zona Caldeada, en la cual se ubica la mayoría y que corresponde a los libros cuya lectura me ha parecido interesante y/o placentera y en los que merece la pena invertir el tiempo.

• Zona “Al rojo vivo”, en la que las lecturas elegidas aparecerán como sinónimo de “Mis recomendaciones”.

            Lo que sí debo señalar es que, por unas razones o por otras, éste ha sido mi año menos lector en la última década aunque no con una diferencia excesiva. En cualquier caso, ello parece haber redundado en una mejor selección de mis lecturas, que han sido en su inmensa mayoría altamente satisfactorias.

 

ZONA GÉLIDA

 

            Me congratula ver que únicamente dos libros han merecido el dudoso honor de aparecer en esta sección “maldita”.

Esa es la buena noticia. La mala estriba en el hecho de que ambos autores quedan en situación crítica dentro de mis prioridades futuras de lectura.

            De una parte, mi segunda oportunidad (tras “El chino”) al novelista sueco Henning Mankell, se ha saldado con otro sonoro fracaso merced a Antes de que hiele, lo que, por otra parte, me deja la conciencia tranquila pues la afronté con una voluntad diáfana de ecuanimidad, otorgándole el beneficio de la duda tras mi primer encontronazo con su narrativa.

            La novela presenta a Linda, la hija del agente Kurt Wallander (protagonista de toda una saga), mientras apura sus últimos días antes de incorporarse a la comisaría de su padre como policía en prácticas. La joven aprovecha su regreso al pueblo para retomar su relación con sus dos mejores amigas del colegio pero la desaparición de una de ellas coincide con una escalada de violencia que comienza con unos animales quemados vivos.

            Más que la temática, el problema reside en mi opinión en una torpeza manifiesta a la hora de dibujar a los personajes. O bien estos son escandalosamente planos o el sobrevalorado Mankell tiene menos capacidad introspectiva que el cangrejo de la Sirenita. Y tampoco es que la trama dé mucho de sí, ya que, tras un planteamiento aceptable, va perdiendo interés de forma progresiva.

            Resumiendo: la vida es demasiado corta para leerlo todo y el señor Mankell ha quemado todas sus opciones. Al menos conmigo.

            La otra gran decepción del año viene de la mano de Javier Sierra, otro autor al que ya conocía y con el que mantenía un balance futbolístico de empate a uno; me había gustado bastante “La ruta prohibida y otros enigmas de la Historia” y, en cambio, bastante poco “El secreto egipcio de Napoleón”. Por desgracia, La Dama Azul, desequilibra la balanza en sentido negativo.

            En el Nuevo México de 1650 los franciscanos descubren que los indios han sido evangelizados antes de su llegada. Detrás de todo parecen estar las apariciones de cierta “Dama Azul a la que, en principio, identifican con la Virgen pero que resulta ser una monja española llamada sor María Jesús de Ágreda. Trescientos cuarenta y un años después, el periodista Carlos Albert se topa de nuevo con el caso de la Dama Azul mientras en el Vaticano trabaja, con ayuda estadounidense, en la Cronovisión, un intento de reproducir a voluntad las bilocaciones de la monja.

            El caso es que la novela puede resultar aceptablemente amena pero, al igual que me aconteciera años ha con “Caballo de Troya” de J.J. Benítez, el exceso de elucubración fantástica apagó muy pronto mi discreto interés hasta dejarlo en casi nada.

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

            La constatación definitiva de mi falta de sintonía con la novela negra sueca (excepción hecha de la trilogía “Millennium” del desaparecido Stieg Larsson) vino de la mano de Camilla Lackberg, con el agravante de que su opera prima, “La princesa de hielo” me había dejado muy buen sabor de boca.

            Con la segunda parte (que en mi opinión no precisaba), “Los gritos del pasado, la escritora sueca se queda bastante lejos

            El cadáver torturado de una muchacha alemana aparece en Fjällbacka, un pueblo de la costa sueca. La policía encuentra en el mismo lugar los esqueletos de otras dos mujeres desaparecidas veinticuatro años antes. Las sospechas se concentran alrededor de la familia Hult ya que, un cuarto de siglo antes, Gabriel había denunciado haber visto a su hermano Johannes (ambos célebres sanadores junto a su padre Ephrain, el Predicador) en compañía de una de las chicas desaparecidas.

            Erica y Patrik siguen siendo los protagonistas como en la primera entrega pero sus personajes han perdido fuerza dramática hasta desinflarse por completo, lo que ya de por sí imposibilita el funcionamiento de una trama que tampoco acaba de encajar.

            El tiempo no pasa en balde pero unas obras envejecen mejor que otras; “Bóvedas de acero”, de Isaac Asimov, cuenta con el evidente mérito de haber sido escrita cuando la ciencia-ficción andaba todavía en mantillas pero a día de hoy, el romanticismo que envuelve a algunas de sus sagas, como la de los robots, que daba inicio con este relato, parece responder más a motivos sentimentales-generacionales que a criterios estrictamente literarios.

            Con cierta agilidad pero también con dosis enormes de ingenuidad y unos diálogos demasiado endebles para mi gusto, Asimov plantea su historia en un futuro lejano, en el que la Tierra está agrupada en gigantescas bóvedas de acero –las ciudades- mientras en los Mundos Exteriores los espacianos viven al aire libre y han conseguido alargar sus vidas durante centenares de años, al controlar las enfermedades. En este contexto, Lije Bale recibe del comisionado de Policía de la ciudad de Nueva York, Julius Enderby, el encargo de investigar el asesinato de un espaciano presuntamente a manos de un terrícola. Por si no fuera suficiente, deberá ser acompañado por Daneel Olivaw, un robot humanoide que los espacianos han designado y que es réplica exacta de su creador: la víctima.

            Devoradores de cadáveres, de Michael Crichton, tampoco me entusiasmó precisamente y no deja de ser curiosa mi perseverancia con un autor que rara vez me convence pese a sus planteamientos, generalmente originales.

            En este caso, Crichton centra la acción en el siglo X cuando Ahmad Ibn-Fadlan es enviado por el califa de Bagdad como embajador ante el rey de los búlgaros. Tras atravesar tierra de turcos, la caravana alcanza los márgenes del Volga, donde traban contacto con los nórdicos. El jefe Wyglif agoniza mientras el resto disfruta de una gran fiesta en la que no faltan el alcohol y la lujuria. A su muerte, Wyglif es sucedido por Buliwyf, que pronto ha de partir al norte para ayudar al rey Rothgar, cuyas tierras están siendo azotadas por un terror indescriptible. A fin de completar el número de trece hombres, Ibn-Fadlm es obligado a acompañarles.

            Y, por si os lo estabais preguntando, en efecto esta novela es la base del guión de la película “El guerrero número 13” que protagonizaba nuestro Antonio Banderas y que tampoco es que sea santo de mi devoción precisamente.

            En cuanto a la novela, está basada en presuntos manuscritos históricos que se toman como excusa para recrear la vida de los vikingos vista a través de los ojos de un árabe pero también especula con la posibilidad de existencia de una tribu superviviente de Neanderthales en plena Escandinavia. ¿Excesivo? Probablemente sí.

            Con La locura de Dios completé mi primera lectura de una novela escrita en solitario por mi paisano Juan Miguel Aguilera, muy proclive a las colaboraciones literarias con otros autores. Y ya de entrada debo afirmar algo que es evidente por el apartado en que englobo esta crítica y es que me gusta más cuando escribe en compañía.

            La locura de Dios es un pequeño delirio que comienza cuando en 1348 un dominico visita a su agonizante maestro, quien le entrega unos secretos documentos. En ellos leerá que treinta y seis años antes, el fraile recibió el encargo de investigar al “Doctor Iluminado” Ramón Llull para la Santa Inquisición. Así conocerá el relato de su increíble viaje.

            Y tan increíble, diría yo. No es que no resulte entretenida pero la mezcla de aventura, novela histórica y ciencia-ficción acaba en poco menos que un dislate absoluto, demasiado pasado de vueltas.

 

ZONA CALDEADA

 

            Comienzo la zona de las lecturas gratificantes con Los tejedores de cabellos, de Andreas Eschbach, una sugestiva colección de relatos que conforman una historia a caballo entre “Las mil y una noches” y las novelas fundacionales de Asimov.

            Todo gira en torno a la figura de unos hombres –los tejedores de cabellos- que, desde tiempo inmemorial, consagran su vida a la confección de una única alfombra para el palacio del Emperador. Utilizan para ello los cabellos de sus esposas, concubinas e hijas y se dejan en el empeño la salud y la vista. Cuando uno de los mercaderes de alfombras llega hasta la ciudad, muy de tarde en tarde, las alfombras son tasadas y pagadas y el dinero obtenido ha de sufragar los gastos del único hijo varón del tejedor hasta que, al final de su vida, éste finalice su propia alfombra y traslade su deuda, a su vez, a su hijo.

            También de Juan Miguel Aguilera pero al unísono con Eduardo Vaquerizo es otra novela de ciencia-ficción Stranded. Llevada al cine con el mismo nombre en una modesta producción española protagonizada por los portugueses Joaquim de Almeida y María de Medeiros, lo cierto es que lo mejor de la novela es justo lo que precede al comienzo del guión. La prehistoria de la película, por así decirlo.

            El espiritual Herbert Sagan, el familiar Fidel Rodrigo, la independiente Jenny Johnson, el petulante Luca Baglioni, la tenaz Susana Sánchez y el flemático Lowell componen la tripulación que, bajo el mando del comandante André Vishniae, llevará la nave Ares hasta Marte en el primer viaje tripulado al planeta rojo.

            No es un guión novedoso pero me gustó especialmente el análisis psicológico de los personajes y su interacción mutua aunque es cierto que la historia patina en su parte final. Una mala resolución que, por desgracia, también reproduce el film.

            Siguiendo con la ciencia-ficción en un año en el que dicho género ha predominado en mis lecturas llegamos a Ciudad Permutación, una historia cuyos aciertos y defectos responden ambos a la condición de informático de su autor, el australiano Greg Egan. La novela goza de momentos de indudable brillantez pero acaba resultando demasiado densa para quienes no dispongan de conocimientos informáticos considerables.

            La historia se centra en Pat Durham, quien realiza interminables pruebas con sucesivas copias de sí mismo como parte de un megaproyecto que promete la inmortalidad a quienes le acompañen. Con la ayuda de Maria Deluca, que ha logrado resultados sorprendentes en el Autoverso, Durham crea un mundo virtual que sirva de hogar eterno para las “copias” que decidan viajar con él

            “Tiranosario, de Douglas Preston, se inicia con el asesinato a tiros de un anciano en mitad del desierto de Nuevo México. La víctima acababa de realizar un descubrimiento paleontológico de primerísimo nivel. Sin embargo, antes de que su asesino descienda para robarle su cuaderno de notas, el veterinario Tom Broadbent encuentra al moribundo y le promete entregar dicho cuaderno a su hija Robbie. Chasqueado, el asesino secuestrará a la esposa de Tom.

            Se trata de una lectura entretenida y sin pretensiones que mantiene las constantes de aventura, tecnología e intriga que popularizaron a Preston, en esta ocasión sin su inseparable Lincoln Child al lado. Lo peor de la novela es su previsibilidad.

            Por su parte, El ojo de samurai, de Morris West, un autor que es toda una garantía, constituyó una lectura agradable a la par que interesante. Navegando en las aguas de la intriga sociopolítica, que tan bien manejaba el escritor australiano, la novela es un compendio de lo mejor de su producción literaria: personajes sugestivos, excelentes diálogos y una trama interesante y amena.

            El protagonista, Gil Langton, es un editor políglota que habla “veinticinco idiomas con fluidez y, en diferentes grados, entre quince y veinte más”. Amparado por el prestigio de su honestidad y competencia, Gil recibe el ofrecimiento de su amigo Kenji Tanaka para actuar como mediador entre una delegación soviética y un sindicato de inversores y contratistas alemanes y japoneses que van a reunirse en Bangkok. El objetivo es alcanzar un acuerdo que evite la hambruna en una Unión Soviética –la de Gorbachov- en plena desintegración.

            “Un traidor como los nuestros, de John Le Carré, se mueve en un terreno cercano aunque distinto: Perry Makepiece, profesor de literatura inglesa en un colegio universitario de Oxford, pasa sus vacaciones en la isla caribeña de Antigua junto a su bellísima novia Gail Perkins. Allí son presentados a Dima, un mafioso ruso superviviente de un gulag y experto en el blanqueo de capitales. Tras retarle a un partido de tenis, Dima le confiesa sus actividades y le pide que le ponga en contacto con el servicio secreto británico, ya que pretende desertar tras haber sido asesinado su discípulo y la esposa de éste.

            Se trata de otra gran novela de este maestro del espionaje que siempre sorprende por sus ambientes y personajes sin repetirse jamás. También guarda alguna sorpresa para los amantes del tenis, por cierto.

            “El síndrome E, de Franck Thilliez, es una de mis concesiones al mercado literario y parecía un acierto extraordinario aunque, por desgracia, su absorbente y adictiva novela, que en algunos momentos recuerda al mismísimo Jean-Christophe Grangé, está tan mal resuelta que desmerece su alambicado desarrollo, dejando un mal sabor de boca

Narra su novela cómo cinco cadáveres aparecen enterrados cerca de Notre Dame de Gravenchon. Sus cráneos han sido serrados y sus cerebros y ojos extirpados. Más al norte, en Lille, un cinéfilo queda ciego al visionar la bobina de una película recién adquirida. Cuando este último pide ayuda a Lucie Henebelle, una policía con quien tuvo un romance tras conocerla a través de Meetic, ella se involucra en el caso. La investigación de Lucie, madre soltera de dos niñas gemelas, se cruza con la del comisario Sharko, esquizofrénico tras las muertes de su esposa e hija.

            También de la máxima actualidad es la premiada La verdad sobre el caso Harry Quebert del suizo Joël Dicker.

            Lo primero que sorprende de su obra es que no haya sido escrita por un estadounidense. Nada en su estilo ni en su recreación ambiental permite identificar a un europeo tras una novela tan americana. Una novela que, lamentablemente, cuenta con un comienzo adictivo y arrollador pero acaba sucumbiendo en un torrente de efectismos que no salvan ni las tramposas sorpresas del final.

            El argumento gira en torno a la desaparición, en 1975, de una quinceañera llamada Nola Kellergan, en Aurora, New Hampshire. En 2008, Marcus Goldman, un joven escritor en plena “crisis de la página en blanco”, visita a su mentor Harry Quebert. Éste, su profesor de literatura en la universidad, es uno de los hombres más leídos y respetados de América tras haber escrito “Los orígenes del mal”. El descubrimiento por parte de Marcus de unas fotografías y unas cartas que muestran a Harry en pleno romance con una chica jovencísima obligan a Quebert a contarle su historia.

          De vuelta a la ciencia-ficción, me topé con Alfred Bester y Las estrellas, mi destino”. 

 En el siglo XXV, el mecánico Gully Foyle permanece durante medio año entre los restos de la nave Nomad, que deriva entre Marte y Júpiter tras ser atacada. Avistado por la nave Vorga, propiedad también de la familia Presteing de la Tierra, su petición de auxilio es deliberadamente ignorada. Su abandono le determina a sobrevivir y vengarse. Rescatado por el Pueblo Científico que habita el Asteroide Sargazo, se le tatúa quirúrgicamente un rostro de tigre y se le empareja con una muchacha pero Foyle huye. Con su capacidad de autotransportarse (“jauntear”) se convierte en un criminal que saquea para proveerse de fondos con los que financiar su anunciada venganza.

            La de Bester es una novela entretenida cuyo protagonista resulta ser más complejo de lo que el planteamiento parecía apuntar. Y sus aventuras en el extraño futuro en que le toca vivir son, cuanto menos, sorprendentes.

            La cuarta parte de la saga “La torre oscura”, de Stephen King, titulada “La bola de cristal”, marca un cambio de dirección en la misma, adoptando un tono más intimista e incluso un ritmo diferente, más en la línea de “El nombre del viento”, de Patrick Rothfuss. Eso es algo que caracteriza positivamente a esta saga: cada entrega tiene su propio estilo sin traicionar en ningún momento la atmósfera sugestiva del relato.

            Tras sobrevivir a su diabólico viaje a bordo del infernal tren Blaine y mientras cruzan el desierto en lo que parece la intersección entre varios mundos, Rolando decide al fin contar al resto de su Ka-tet cómo a los catorce años fue enviado a Hambria por su padre en compañía de sus amigos Cuthberto y Alain. Allí descubriron una conspiración contra la Afiliación y a favor de John Farson y también allí Rolando conocería el amor con la bella Susan Delgado.

            “El silencio del bosque”, de Tana French, cuenta cómo en el verano de 1984 tres niños de doce años desaparecieron en el bosque cercano a la urbanización Knocknaree, cercana a Dublín. Sólo Adam Ryan fue encontrado, manchado de sangre y en estado catatónico. Veinte años después, Adam se ha convertido en Rob, el inspector de policía que investiga, junto a su fiel compañera Cassie y al voluntarioso Sam, el asesinato de Katy Devlin, un aniña de doce años cuyo cadáver ha aparecido en una excavación arqueológica en Knocknaree.

            Aunque la novela decae de forma considerable después de un inicio muy adictivo (una circunstancia tristemente repetida en un sinfín de obras), el poco autocomplaciente final de la misma la hace remontar de forma meritoria, si bien deja algún que otro cabo suelto y no responde a todas las preguntas.

            Dentro de un género –el de los relatos breves- que no goza de mi bendición, he de destacar por una vez la magnífica recopilación llevada a cabo por el editor Robert Silverberg bajo el nombre de Leyendas negras II, compuesta por cinco entretenidos e inéditos relatos de otras tantas sagas (“La torre oscura”, “La espada de la verdad”, “Alvin Maker”, “Pern” y “La rueda del tiempo”), con estilos, ambientes y tonos muy dispares a cargo de Stephen King, Terry Goodkind, Orson Scott Card, Anne McCaffrey y Robert Jordan.

            En “Las hermanitas de Eluria”, King nos presenta a Rolando, el último pistolero, llegando a un pueblo abandonado en el que es gravemente herido por un grupo de “mutantes lentos”. Entre él y la muerte se interpondrán unas siniestras “hermanas”.

            “Deuda de huesos” muestra a Abby llegando hasta la populosa Aydindril para reclamar al Prmer Mago, Zedd, una deuda familiar.

            “El hombre que enseñaba los dientes” comienza cuando Alvin Maker y su pupilo Arturo Estuardo encuentran a un hombre que reta a un oso.

            En “Una corredora de Pern”, Tenna es arrollada en una pista exclusiva para corredores que llevan el correo por una bestia montada por el imprudente Haligon, que ni siquiera se detiene.

            Por último, “Primavera” presenta a Lan, heredero de un reino muerto, cuando pierde a sus acompañantes a causa de una Aes Jedai traidora a la Torre.

            Se cierra esta selección de lecturas gratificantes con la saga dedicada al detective Charlie “Bird” Parker por parte del escritor irlandés John Connolly.

            “Todo lo que muere”, “El poder de las tinieblas” y “Perfil asesino” son los tres primeros títulos de esta larga e intensa serie de novelas protagonizada por un alcoholizado inspector de policía cuya mujer e hija son brutalmente torturadas y asesinadas. Exonerado del doble crimen, se impondrá la sobriedad como penitencia y abandonará la policía, pasando a ser detective privado.

            Su primer caso es el de una joven desaparecida cuyo rastro le lleva a descubrir que la chica ha sido asesinada, al igual que un buen número de niños. Resuelto el caso de forma contundente, Bird perseguirá al misterioso y terrorífico asesino de su propia familia con ayuda de sus turbios amigos Angel y Louis y la de la atractiva psiquiatra Rachel. Esta primera novela es tan apasionante como desasosegante y truculenta; un intenso cruce entre las novelas de Raymond Chandler y las de Jean-Christophe Grangé.

            En la segunda asistimos a dos acontecimientos iniciales que se producen casi simultáneamente en una zona boscosa de Maine: por una parte, un grupo camboyanos es acribillado cuando se dispone a pagar el rescate de una compatriota secuestrada y por otra una anciana escapa de la residencia en la que se haya ingresada y, alcanzada por las fuerzas del orden, decide suicidarse antes que caer en las manos de cierto Caleb Kyle de quien nadie ha oído hablar. Tan trepidante y truculenta como la primera entrega, en ésta se pierde el factor sorpresa a cambio de contar con un mayor conocimiento de los personajes, muchos de los cuales repiten.

            En la tercera y última de las novelas de la saga que he tenido ocasión de leer, el asesinato de una doctora abortista de Minneapolis -que es realizado utilizando una legión de arañas- coincide con el descubrimiento casual en Maine de un gran número de cadáveres enterrados por alguien décadas atrás. Y también con el aparente suicidio de Grace Peliter, una antigua novia del detective Charlie Parker, a quien el poderoso Jack Mercier encargará la investigación del caso por sospechar que se trata de un asesinato. Algo más previsible que sus dos predecesoras, conserva el pulso firme de la narración, a caballo entre la ironía, el suspense y el horror.

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

Doy inicio a mis recomendaciones del año con uno de los mejores Carvalhos pergeñados por Manuel Vázquez Montalbán: Los pájaros de Bangkok”.

 El detective catalán, desocupado en esos momentos, se ofrece a los sospechosos del crimen de la rubia, bella y distinguida Celia Mataix, para investigar el crimen. La dama ha sido asesinada de un golpe con una botella de champagne y los posibles asesinos rechazan de plano la ayuda de Carvalho menos Marta Miguel, despechada por el rechazo de la víctima. Sin embargo, en este caso es Pepe quien no acepta y, en cambio, se dispone a iniciar un absurdo viaje a Bangkok, donde su amiga Teresa Marsé se ha metido en un lío tras escapar con Archit, un prostituto tailandés que ha asesinado al hijo del gangster Jungle Kid.

            Apasionante es el término que mejor cuadra a esta novela pese a su peculiar planteamiento argumental. Cuenta, eso sí, con dos partes muy diferenciadas entre sí. De un lado, la que transcurre en la Barcelona típica y tópica de las novelas de Vázquez Montalbán y de otra la acción que tiene lugar en la exótica Tailandia, donde el detective protagonista recordará sus tiempos en la CIA.

            Ubik, de Philip K. Dick, está protagonizada por Greg Runciter, quien dirige en Nueva York una compañía dedicada a contrarrestar la acción de telépatas y precognitores. Cuando varios de sus empleados (inerciales) desaparecen, Runciter viaja al Moratorio de los Amadísimos Hermanos en Zurich, donde reposa en semivida su esposa Ellen, a la que pide consejo. El también semivivo Jory boicotea el contacto, provocando la ira de Greg. Poco después, éste acepta un trabajo en Luna para todos sus inerciales disponibles en lo que resulta ser una trampa que hace estallar una bomba matando al propio Runciter. El técnico Joe Chips asume el mando sin sospechar las sobrecogedoras experiencias que todos están a punto de padecer.

            El mejor título de ciencia-ficción leído en el año corre a cargo del genial autor de “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” con un psicodélico y morboso relato futurista –en un 1992 que Dick imaginaba muy distinto al real- que resulta sórdidamente atractivo y emocionante, jugando de forma inquietante con conceptos como la vida tras la muerte.

            En un año prolijo por lo que a lecturas de Juan Miguel Aguilera se refiere, tuve ocasión de leer su colaboración con Javier Negrete titulada La zona, una interesante novela de acción y aventuras que combina con habilidad y un ritmo muy ágil las historias de pandemias con las de zombies.

            El doctor Eugenio Aguirre trabaja en Nigeria para la multinacional farmacéutica Janus. Tras la muerte de varios niños tratados con un medicamento experimental, Janus decide cancelar los experimentos de Aguirre. Diecisiete años después se decreta una emergencia biológica en la zona de invernaderos de Matavientos, en Almería. La OPBW, Organización para el Control de Armas Biológicas con sede en La Haya, envía a la doctora Laura Fuster con un ayudante a fin de evaluar la situación. Allí se encuentra Aguirre, ahora médico del hospital provincial de Almería.

            “Declara, de Tim Powers, es una novela desconcertante durante varios centenares de páginas de rígido hermetismo. Sin embargo, acaba desembocando en un tramo final sencillamente deslumbrante, de los que incrementan la admiración en un autor siempre sorprendente e incapaz de escribir dos historias con la menor semejanza entre sí. Fantástico de muchos kilates.

            Todo comienza en 1948 cuando el capitán Andrew Hale del SAS británico huye de la cima del monte Ararat, donde sus hombres han sido masacrados por algo sobrenatural. Siete años antes, Hale había sido infiltrado en la Razvedupr soviética. En el París ocupado por los nazis trabajaría codo a codo con la española Elena, de la que acabaría enamorándose. Descubiertos, huyeron por caminos separados aunque volverían a encontrarse en 1945 en el Berlín recién derrotado y allí escaparían por poco de Machija Nash, un ángel caído atrapado por los rusos en Ararat a finales del siglo XIX.

            Con “El origen perdido”, la alicantina Matilde Asensi nos ofrece una buena ración de aventuras en estado puro al servicio de unos personajes interesantes y –por qué no decirlo- francamente divertidos. Un entorno sugestivo y una buena resolución final firman uno de los trabajos más atractivos de esta novelista a la que siempre leo con agrado.

            Todo comienza cuando Daniel Queralt cae víctima de una extraña enfermedad que le hace creer que está muerto –“una mezcla imposible de agnosia e ilusión de Cotard”- y su hermano Arnau (“Root”), que dirige Ker Central, una potente empresa informática, indaga en sus papeles junto a sus amigos y empleados Jabba y Proxi. Sus investigaciones indican que tras la enfermedad puede haber una maldición aymara, lo que encauzará sus pasos hasta Bolivia.

            “Un millón de muertos” y “Ha estallado la paz, las dos últimas partes de la trilogía de José María Gironella sobre la Guerra Civil española inciden en la contienda bélica y en el período inicial de la posguerra, respectivamente. Siempre centrada en los Alvear, una familia afincada en Gerona desde que el padre, empleado de telégrafos, es destinado allí desde su Madrid natal.

            La segunda parte da inicio cuando Ignacio Alvear comprueba horrorizado que su hermano y seminarista César es una de las muchas víctimas de las primeras horas de la Guerra Civil. El resentimiento rompe su amistad con David y Olga, los maestros socialistas que, pese a todo, esconden a Marta, novia de Ignacio e hija del comandante Martínez de Soria, fusilado tras fracasar su alzamiento en Gerona. El falangista Mateo, amigo de Ignacio y novio de su hermana Pilar, huye a la zona nacional a través de Francia como muchos otros. La guerra se recrudece y el hambre hace estragos en la zona roja mientras Ignacio se plantea pasarse a la zona nacional.

            La última entrega de la trilogía muestra a una Gerona que intenta recuperarse del horror de la guerra mientras aparecen nuevos personajes como el inflexible y anticatalán general Sánchez Bravo, el obispo aragonés doctor Gregorio Lascasas, obsesionado por el decoro y el recto, el Gobernador de origen cántabro Juan Antonio Dávila y los doctores Chaos y Andújar; homosexual el primero aunque intachable profesional y piadoso padre de familia el segundo, que intenta “curarle de su mal” (sic).

            No es momento de abordar esta última cuestión, consecuencia directa de los tiempos oscuros en los que transcurre la acción y me limitaré a alabar el impresionante fresco que suponen los tres libros de Gironella en su ambicioso plan de abarcar la mayor parte de las tendencias políticas e ideológicas de sus muchísimos personajes.

            Aunque a nadie se le escapa el talante conservador de un escritor que nunca ha ocultado su catolicismo militante, cabe reconocerle, amén de una singular habilidad narrativa y una penetración aguda en la psicología de sus personajes, el que supone un honesto intento por no tomar partido por ninguno de los bandos, sin ahorrar mezquindades ni horrores protagonizados por todos los participantes (desde sacerdotes hasta anarquistas) en uno de los acontecimientos más tenebrosos de la Historia española.

Con “La chica del tambor” vuelve el mejor John Le Carré en una novela de los ochenta que comienza con un atentado en Alemania contra diplomáticos israelíes. La inteligencia de este país se propone entonces eliminar a Khalil, el terrorista palestino responsable de esa y otras muchas operaciones. Para ello secuestran a su hermano menor Salim (“Michel”) y captan con malas artes a una humilde actriz de teatro inglesa llamada Charlie, que será el centro de un maquiavélico plan.

Emoción y acción, una trama ágil y elaborada y personajes sumamente atractivos presiden este adictivo relato, tan vigente como cuando se escribió en 1983, en la que Le Carré deja claro que, en su opinión, palestinos e israelíes utilizan tácticas similares aunque difieran en los medios de que disponen. A propósito, un año después de ser escrito, el texto vio una versión cinematográfica protagonizada por la mismísima Diane Keaton.

El alienista”, de Caleb Carr, es una atractiva y tenebrosa novela que recupera el espíritu de las historias de Jack el Destripador (el cual aparece mencionado en más de una ocasión). La acción, sin embargo, tiene lugar en una Nueva York de finales del XIX que guarda no pocas similitudes con el tenebroso Londres victoriano.

En 1919 y con motivo del funeral de Theodore Roosevelt, sus aigos John Moore y Laszlo Kreizler cenan juntos en su honor y rememoran la primavera de 1896. En aquel año un asesino en serie asesinaba salvajemente a jovencitos de los que se prostituían en los clubs homosexuales de Nueva York.

            Por último, “Hija de la fortuna”, de la siempre brillante Isabel Allende, cuenta la historia de Eliza, una niña que es adoptada en su Chile natal por una solterona inglesa, miss Rose Sommers, tras ser depositada ante su puerta siendo una recién nacida. Criada por miss Rose como la hija que nunca tendría y por la india Mama Fresia que llena su cabeza de supersticiones y leyendas locales, Eliza evidencia una enorme imaginación y un gran talento culinario. Enamorada fulminantemente de un joven idealista pero inconstante llamado Joaquín Andieta, como le ocurriera décadas antes a su madre adoptiva con un tenor vienés, Eliza dejará el mundo conocido –y seguro- en pos de ese amor.

            Fascinante e imprevisible aventura que combina ambientes diversos y personajes entrañables, acaba componiendo una historia admirable e inolvidable.

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