BALANCE VIAJERO 2011

Más cerca pero no menos intenso

 

Viajes 2011

 

 RECORDANDO MIS PLANES

 

Inmersos en plena crisis económica, un servidor tuvo que aplazar momentáneamente algunos proyectos más ambiciosos (léase Nueva York y Costa Oeste, Escandinavia o Argentina) para conformarse con seguir viajando por España y el resto de la Europa más próxima.

No me resisto a rescatar el epílogo de mi Balance Viajero del año pasado, a fin de contrastar cuáles eran mis expectativas antes de comenzar este año y cuántas de ellas se han cumplido:

Decía yo por aquel entonces:

“El primero y más probable sería Bélgica (Bruselas, Brujas, Gantes, Amberes y Lieja) durante el próximo mes de marzo, si la cosa no se tuerce…

Tengo totalmente montado un viaje a la Costa Este de Estados Unidos, incluyendo visitas a Boston, Washington, cataratas del Niágara, Philadelphia y una semana en Nueva York pero mucho me temo que la situación económica obligue a posponerlo un año más.

Más probable, en cambio, resulta que acabemos recalando en el Tirol austríaco (con excursión incluida a la bávara Munich) o en Croacia este verano.

Como también que hagamos uso de algún puente (“natural” o creado por nosotros mismos) y pasemos unos días en París, Roma o Londres.

Lo que sí parece claro es que difícilmente saldremos este año de Europa si no cambian mucho las cosas.

En cuanto al turismo interior, parecen muy probables sendas repeticiones al Valle de Arán (mi último viaje fue en 2008) y a Cádiz (2002).”

 

SE HIZO LO QUE SE PUDO

 

En efecto, la opción norteamericana resultó totalmente fuera de las posibilidades de este año, sobre todo teniendo en cuenta que no quería limitarme a Nueva York sino más bien ampliar la visita a una parte considerable de la Costa Este estadounidense.

Sí cumplí las expectativas de Bélgica que, por aquel entonces, ya me apetecía bastante después de varias décadas sin dejarme caer por allí. Y, aunque no visité Lieja, sí tuve ocasión de conocer Lovaina y Amberes.

En agua de borrajas quedaron, en cambio, el Tirol o Croacia.

Por otra parte, pude pasar cuatro o cinco días en Londres, como era mi deseo, aprovechando que me había quedado con muchas ganas de repetir y con la doble excusa de ver “El rey león” y de participar siquiera un rato de la premiere mundial de la última parte de “Harry Potter” en pleno Trafalgar Square.

No se pudo hacer lo del Valle de Arán pero, como compensación, sí realicé un viaje muy completo a Cádiz.

Y, por último, visité Morella dentro de un breve periplo por el Maestrazgo tanto castellonense como turolense.

Así pues, debo admitir que no iba demasiado desencaminado a finales del 2010 y, de hecho, el guión de 2011 se ha ajustado bastante a mis proyectos de entonces aunque fuese a costa de suprimir alguna que otra opción.

El único hándicap es el hecho de no haber visitado apenas nada nuevo este año, ya que prácticamente todo han sido repeticiones de viajes ya efectuados con anterioridad aunque, eso sí, viendo algunos rincones que desconocía porque no todo va a ser saborear de nuevo lo ya conocido.

De todo ello paso a hablaros a continuación de forma cronológica.

 

Amberes   Castillo de La Roca

 

1) BÉLGICA, RECORDANDO LOS VIEJOS TIEMPOS

Tenía algo olvidado (o mucho, en realidad) este pequeño país en el que se ubica la capitalidad europea y que está dividido en dos grandes regiones: Flandes (de habla flamenca) y Valonia (de habla francesa).

            Apenas recordaba algún detalle de Bruselas y Brujas y sobre todo conservaba la sensación de haber pasado gratos momentos en esta tierra tan húmeda y fría. Especialmente cuando se visita, como un servidor, a principios de marzo.

Situando la base de operaciones en el mismo centro de Bruselas, concretamente en el hotel “Radisson” a pocos metros de la Grand Place, el proyecto incluía excursiones a Lovaina, Amberes (ambas desconocidas para mí hasta ese momento), Gante y Brujas.

Después de pensarlo cuidadosamente decidí renunciar a Valonia, ya que el hecho de tratarse de localidades tan distantes entre sí (pese a las reducidas dimensiones del país) amenazaba con hipotecar el poco tiempo de que disponía.

Alquilé pues un coche, a través de la empresa autoeurope y, dado que éramos cuatro y que difícilmente íbamos a poder trasladarnos todos con las maletas, contratamos también un transfer para dos personas desde el aeropuerto al hotel (y viaje de vuelta para el último día), de modo que pudiéramos movernos libremente sin equipaje en las excursiones.

Paso a señalar algunos de los mejores momentos del periplo flamenco que os aconsejo compartir:

- En BRUSELAS, resultó un placer volver a sumergirme en la atiborrada Grand Place y pasear por las calles contiguas.

- No desaproveché la ocasión para entrar en una tienda Godiva y dedicarme a gastar una pasta en bombones y trufas escogidos.

- Además de una visita obligada al insignificante Maneken Pis, siempre es un gusto recorrer las plazas del Grand y del Petit Sablon, visitar la catedral de Bruselas, el Parque Warande o las Galerías St. Hubert.

- Tampoco dejé pasar la oportunidad de ver el Museo Belga del Cómic (presidido por el omnipresente Tintín) ni el Institut Royal des Sciences Naturelles, que contiene la mayor colección de dinosaurios del mundo además de una no menos impresionante colección de esqueletos de ballenas.

- En LOVAINA, además de deleitarse con el impresionante conjunto que forman el Ayuntamiento y la Iglesia de San Pedro, hay que pasear por la Grand Beguinague, un entramado de callejuelas formado por 72 típicas casas de ladrillo del siglo XIII, destinadas a residencia estudiantil y que son Patrimonio de la Humanidad.

- En la misma ciudad, uno puede sumergirse en el intenso ambiente universitario y visitar la Biblioteca de la propia universidad.

- En AMBERES es imprescindible visitar su impresionante catedral.

- Me encantó la curiosa y barroca iglesia de San Carlos Borromeo y también el castillo de Het Steen (“La piedra”).

- En GANTE, por encima de todo, me moría de ganas de volver a contemplar el políptico del “Cordero Místico” de los hermanos Van Eyck, que se encuentra dentro de la catedral de San Bavón.

- Por supuesto, no dejé pasar la oportunidad de ver las “tres Torres” que dan nombre a la ciudad ni de pasear junto a sus canales.

- En BRUJAS recordé viejos tiempos entre sus casas de cuento y sus atestadas calles. Ni la lluvia ni el intenso frío deslucieron la visita.

- Una parada en un saloncito para tomar un café y unas pastas y de nuevo a perdernos por la ciudad, sin dejar de entrar en el parque Minnewater (si habéis visto la película de Colin Farrell “Perdidos en Brujas” lo recordaréis sin duda).

LO MEJOR

- El detallazo de Herz (aunque la reserva la habíamos hecho con autoeurope, ésta nos había derivado a su vez) de ofrecernos un flamante BMW por el mismo precio por el que habíamos alquilado un Ford Focus.

- Degustar un gofre mientras paseábamos tranquilamente por el centro de Bruselas.

- Comer una buena carbonade flamenca en Amberes acompañada de un cubo de patatas fritas (estas últimas pasan por ser también un invento belga).

- Pasear por los parques de Bruselas al atardecer y merendar en cualquier pastelería-cafetería.

- Hacernos una foto en el Museo del Cómic junto al cohete en el que Tintín viajó a la luna.

LO PEOR

- La otra cara de la moneda fue la compañía con la que contratamos el transfer (www.airportways.com ). Sus empleados no se tomaron la molestia de rotular en un cartón ni mi nombre ni el de su propia empresa, lo que nos obligó, a nuestra llegada, a buscar al conductor incluso por el exterior de la terminal. A la vuelta, para redondear la faena, llegaron treinta minutos tarde.

- La mala educación en algunas (muy pocas) tiendas de Brujas de las que tuvimos que marcharnos a los diez minutos sin que se dignaran preguntarnos qué queríamos pese a ser los únicos clientes en el local (esto último no me extraña).

- El retraso de Vueling (8 horitas de nada) en el viaje de vuelta. Retraso que, además, no daba lugar a ningún tipo de indemnización.

- El frío atroz que hacía especialmente en Amberes (intentad ir en primavera o verano si podéis elegir).

- Llegar al Museo de Historia Natural de Bruselas apenas veinte minutos antes de que cerrasen, lo que tuvo la ventaja de poder verlo nosotros solos pero el inconveniente de tener que ir a galope tendido por sus pasillos.

- Llegar tarde al Atomium y no poder subir, perdiéndonos la impresionante vista que hay desde lo alto.

- No poder visitar el Museo Magritte por falta de tiempo… y de adeptos aparte de un servidor.

- El grado de mendicidad en Bruselas; muy superior al que recordaba.

 

Arcos de la Frontera panoramica

 

2) CÁDIZ Y GIBRALTAR, AMPLIANDO HORIZONTES POR EL SUR

Estuve en 2005 en Cádiz y recordaba con nitidez y agrado tanto la capital como algunas de las localidades más renombradas de la provincia -Arcos de la Frontera o Sanlúcar de Barrameda, sin ir más lejos- pero, amén de repetir, me apetecía ampliar mis horizontes por esta zona del sur de nuestro país.

A tal efecto, volé hasta Sevilla y allí cogí un coche de alquiler con el que trasladarme a la urbanización Novo Sancti Petri de la gaditana localidad de Chiclana de la Frontera, donde su ubica el Hotel “Valentín”, en el que me alojaba.

Un hotelazo debo decir, enclavado en una zona exclusiva y todavía tranquila en el mes de mayo (otra cosa será durante los meses estivales), a pocos metros de la preciosa playa de La Barrosa y junto a una cómoda zona de ocio y restauración.

La idea incluía acercarme hasta Gibraltar, visitar el Peñón, volver atravesando Alcalá de los Gazules y hacer lo posible también por aprovechar estos días para visitar alguno de los “pueblos blancos” como Ubrique o Grazalema.

Vamos con algunos momentos mágicos del viaje:

- El descubrimiento de la preciosa VEJER DE LA FRONTERA, que no conocía, fue deslumbrante. Pasé largas horas recorriendo sus calles.

- Me encantó volver a la bonita MEDINA SIDONIA y hacer acopio de alfajores y amarguillos.

- Resultó un tanto exótico (sin entrar en consideraciones políticas pues no estamos aquí para esto) visitar el PEÑÓN DE GIBRALTAR, una mezcla extraña de ambientes coloniales, tiendas sin fin y una mezcolanza de inglés y castellano a cargo de los “llanitos” del lugar.

- CÁDIZ me pareció tan señorial como en mi visita anterior y dediqué un buen rato a recorrer su paseo marítimo (que en la película de James Bond “Muere otro día”, protagonizada por Pierce Brosnan, hicieron pasar por el Malecón de La Habana).

- ALCALÁ DE LOS GAZULES me demostró que no es sólo su excelente queso lo que le da fama (¿habéis oído hablar de la Quesería El Gazul?) sino también la belleza de sus empinadísimas cuestas.

- No perdí la ocasión de regresar a ARCOS DE LA FRONTERA, para mí el pueblo más bello de España (por encima incluso de otras maravillas como Santillana del Mar, Albarracín, Castrillo de los Polvazares o Bocairent) y de sumergirnos en sus callejuelas presididas por preciosos templos y muros junto al precipicio.

- No pude comer en “El Mesón” de Arcos pero ello me dio ocasión de descubrir el magnífico “Cádiz el Chico” de la bella localidad blanca de GRAZALEMA, de encaladas casas e iglesia majestuosa.

LO MEJOR

- Degustar unos langostinos, un plato de cazón y sobre todo una copa de deliciosa manzanilla en “La Barbiana” (Sanlúcar de Barrameda). Y eso que no me gusta el fino pero, como dicen los lugareños con aplastante lógica: “el fino es el fino y la manzanilla es la manzanilla”.

- Reencontrarme con el Atlántico gaditano, presidido por enormes playas de arena blanca.

- Ver al fin la desembocadura del Guadalquivir cuando se funde con el propio océano.

- La magnífica gastronomía gaditana y su espléndida temperatura en primavera.

- La belleza de los pueblos blancos y lo sorprendente de la hermosa Vejer.

- Pasear por las calles del Puerto de Santa María, de Ubrique o de la modesta Chiclana, a la que dan fama sus vinos.

- El hotelazo en que nos alojamos y sus fastuosos desayunos-buffet, a la altura de los mejores que he probado.

- La amabilidad de los soldados británicos (“al César lo que es del César”) que te reciben en la aduana gibraltareña.

LO PEOR

- Los pésimos modales del maître del afamado restaurante “La isla” en Cádiz.

- El viento huracanado que sopla en Tarifa y que resulta ideal para los surfistas pero un verdadero incordio para los demás.

- La política de la empresa de alquiler de coches Goldcar, que te cobra un precio muy atractivo por el vehículo pero luego te carga en la tarjeta 90 euros de combustible por un depósito de gasolina que no cuesta eso ni en broma. Si podéis elegir (a nosotros no nos dieron la opción) comprometeos a devolverlo con el depósito lleno.

- La interminable espera frente al Peñón para poder acceder al mismo, ya que hay que cruzar por las pistas de aterrizaje de su aeropuerto y además superar dos barreras aduaneras; la española y la británica.

 

Oxford 3

 

3) LONDRES… Y ALGO MÁS

Con la excusa de poder acudir a ver el musical “El rey león”, ya que el año anterior había sido imposible conseguir entradas, organicé un nuevo viaje a la capital británica pero consideré que era una buena oportunidad para ver algún otro paraje de Inglaterra.

Barajé varias opciones –Bath, Cambridge, Stonehenge, Oxford- e incluso diversas formas de llevar a cabo las excursiones, entre ellas la posibilidad de movernos utilizando el tren.

Sin embargo, al final como casi siempre se impuso el factor tiempo y opté por contratar una excursión de un día con la empresa https://www.evanevanstours.co.uk.

Dicha visita incluía:

- Castillo de Warwick

- Casa natal de William Shakespeare en Stratford Upon Avon

- Oxford, incluyendo la visita al Christ Church College (inspirador del comedor de Hogwarts para la saga cinematográfica de Harry Potter)

- Los Cotswolds (aunque estos únicamente se atraviesan en autobús)

Debo decir que el Warwick Castle resultó ser de lo más espectacular del viaje, con sus altas torres, sus almenas maravillosamente conservados y la animación que prestan al conjunto los actores que se “esconden” entre las figuras de cera.

La casa natal de Shakespeare me decepcionó un tanto, si he de decir la verdad. El pueblo ha cambiado mucho desde entonces y, aunque no faltan en él algunos edificios con encanto, no deja de ser un lugar de “turisteo” sin otro interés que haber sido cuna del gran dramaturgo.

En cuanto a la propia casa, todo es una mera recreación pues, aunque permanece el lugar, la estructura de la vivienda y no digamos los muebles y enseres, han sido puestos allí con posterioridad a fin de facilitar la recreación del que debió ser el hogar de Shakespeare… y también para facilitar una buena entrada de libras esterlinas, claro.

La visita a Oxford no defraudó mis altas expectativas. Más todavía, después de visitar el Christ Church College (incluyendo su gran comedor, que inspiró a los creadores de la saga Harry Potter para construir el de Hogwarts) y la impresionante Biblioteca Bodleiana me quedó claro que he de volver para pasar al menos un par de días en esta mágica localidad.

En cuanto a los Cotswolds y sus casas con techos de paja, hubiera agradecido que el autobús se detuviera al menos un instante frente a alguna de ellas pero ni una fotografía en condiciones logré hacer porque “se nos hacía tarde para regresar”.

En LONDRES destacaría los siguientes momentos:

- Al fin di con la iglesia de Temple, que me encantó no sólo por su historia cinematográfica sino también por sus bellas proporciones, su curiosa ubicación entre bloques de pisos y su planta circular.

- “El rey león” resultó, sencillamente, espectacular. Amortizamos de sobra los 80 eurazos por barba que nos había costado cada entrada.

- Volví a deambular junto al Parlamento y su Big Ben y esta vez entré en la Abadía de Westminster, que me sorprendió por sus enormes dimensiones y sus hermosos claustros.

- También tuve ocasión esta vez de entrar a la catedral de Sant Paul o los almacenes Harrods, ambos cerrados cuando visité la ciudad en la Semana Santa del año anterior.

- La gratuidad de las visitas y las maravillas que esconden me empujaron de nuevo tanto al British Museum (la Piedra Roseta, las momias faraónicas, la cariátide del Partenón y el moai de la Isla de Pascua me saludaron de nuevo) como a la National Gallery (ir a Londres y no deleitarme con “La Venus del espejo” de Velázquez me parecía un sacrilegio).

- Pasear por los parques de Saint James o Hyde Park fue una auténtica delicia, sin que la llovizna me importara más que a las ardillas que pueblan el primero de ellos. Esta vez, además, me acerqué a los jardines de Kensington donde se ubica el Palacio de Lady Di.

- Volví a recorrer el Regent's Canal pero en esta ocasión no llegué hasta Little Venice. Aun así, resultó una gozada.

- Tampoco el Tower Bridge y la Torre de Londres escaparon a mi segunda visita.

LO MEJOR

- Volver a Camden Town, disfrutar de su profusión de colores y olores, de las espectaculares fachadas de sus casas y de su inmensa variedad de tiendas y de gastronomías de todas las partes del orbe.

- Este regreso me dio la oportunidad de comprarme la camiseta que no me decidí a comprar el año anterior, con la elocuente leyenda “No, I am not on the fucking Facebook”.

- En la cafetería del Warwick Castle probé el roast beef más delicioso que he comido.

- Al fin pude ver los grandes almacenes Harrods y tomar una carísima merienda en la cafetería de alto standing que hay frente a la puerta de los mismos y en la que predominan las señoritas árabes de alto/altísimo poder adquisitivo.

- Me sigue sorprendiendo el modélico funcionamiento del metro de Londres; cuando llegas al andén tienes al tren esperando o llegando. Y, si acaba de marcharse, de inmediato llega otro.

- Disfrutar de nuevo de una hamburguesa de falafel en el pub “Friend at hand” próximo a la Russell Square.

- El personal del hotel –repetimos en el “Imperial” de dicha plaza- era en esta ocasión sensiblemente más agradable que un año antes.

- Fundirnos con la multitud (muchos de ellos disfrazados) que atestaba Trafalgar Square durante la premiere mundial de la última entrega de Harry Potter, con los actores pululando por allí y los invitados llegando desde los cuatro puntos cardinales por las alfombras rojas dispuestas a tal efecto sobre las calles adyacentes.

LO PEOR

- Constatar que había desaparecido el restaurante argentino de Camden en el que tan bien había comido tan sólo un año antes.

- Los modales de la guía con la que hicimos la excursión.

- El considerable retraso en el comienzo de la misma que no evitó las prisas para regresar por la tarde.

- No poder visitar, tampoco en esta ocasión, el Museo de Sherlock Holmes en Baker Street.

- La casa de Shakespeare pues no deja de ser una mera recreación.

- En esta ocasión no tuve tiempo de volver a subir al London Eye.

 

Cantavieja   panoramica

 

4) EL MAESTRAZGO TUROLENSE Y CASTELLONENSE

Ya más cerca de casa, constituía una deuda que había que saldar el conocimiento del Maestrazgo.

Ya conocía Morella pero se hacía imperativo ampliar nuestro conocimiento de esta zona montañosa y bellísima de la geografía nacional.

Así, decidí situar mi centro de operaciones en la preciosa Hospedería de La Iglesuela del Cid (un hotel de categoría 4 estrellas), ya en tierras de Teruel, y moverme desde allí.

Sin dejar la provincia aragonesa visité Cantavieja y Mirambel y, ya en Castellón y además de la obligada Morella, me detuve también en Forcall y Sant Mateu.

De LA IGLESUELA DEL CID me gustó todo, empezando por la propia Hospedería y la amabilidad de la señorita de recepción y acabando por el municipio en su conjunto, en el que menudean las casas blasonadas de piedra.

Existe la posibilidad de contratar allí mismo una visita guiada al pueblo que aconsejo encarecidamente pues, por 3 euros, tenéis posibilidad tanto de visitar la Hospedería (aunque en nuestro caso estuviéramos alojados en ella) como una casa solariega del lugar o la iglesia del municipio (aunque su interior, salvo la bonita capilla, resulte más bien decepcionante).

En CANTAVIEJA, además de visitar el casco antiguo del pueblo, resulta interesante comer en el restaurante “4 vientos”, cuya carta y precios quizás os sorprendan gratamente.

Mucho más silencioso pero bellísimo con sus calles y sus casas de piedra es MIRAMBEL, un remanso de paz del que costó arrancarme.

De FORCALL destacaría su bonita plaza y el antiguo Palacio de los Osset-Miró, reconvertido en hotel aunque daba la impresión de no estar abierto.

En MORELLA admiré una vez más sus murallas, sus enormes puertas de acceso y sus calles empedradas. Es todo un espectáculo para los sentidos visitarla durante sus fiestas “del Sexenio” pero, claro, como su propio nombre indica, son sólo una vez cada seis años y éste no tocaba.

También abundan las tiendas de artesanía y productos típicos de la zona (vino, aceite, miel, embutidos) pero algunas, aunque con una solera a prueba de bomba, tienen precios prohibitivos.

De SANT MATEU me sorprendió su enorme iglesia, que parece más bien catedral, sus palacios y su muralla, de la que queda una buena parte.

LO MEJOR

- Las acogedoras habitaciones de la Hospedería, su poco variado pero no obstante selecto desayuno y el encanto que destilan sus zonas comunes. En especial, la buhardilla con sofás y lámparas donde tuvimos ocasión de leer durante un par de ratos.

LO PEOR

- La decepción con la cena de la Hospedería, ya que debido a la escasez de clientela, nos sentamos a la mesa “a ciegas” (no había carta visible alguna) y nos encontramos con dos primeros platos más o menos interesantes pero con dos platos principales que se limitaban a bacalao o conejo. Ups.

- Los precios de algunos comercios de Morella.

- El frío intenso ya a las seis de la tarde, siendo noche cerrada, que te obligaba a refugiarte en algún lugar.

 

Y EL AÑO QUE VIENE, DIOS DIRÁ

 

No da en absoluto la impresión de que el año que viene vaya a ser más benévolo en lo económico. Más bien al contrario.

De todos modos, como cada cual dilapida el poco dinero de que dispone del modo que más le apetece, algunos planes sí hay para el próximo 2012. A saber:

- Renunciando por cuarta vez consecutiva a las Fallas, que ya empiezan a olvidárseme, este año quiero, por fin, ir a Lisboa, que ya me ha dejado por dos veces con la miel en los labios.

- En verano este año toca revisitar Suiza, uno de los destinos europeos que más olvidados tengo.

- Parece que este año sí le tocará el turno al Valle de Arán, con la bella y fría Vielha a la cabeza.

Y, si se da el caso, tengo toda la intención del mundo de hacer una escapada de tres o cuatro días a París, Roma o Berlín.

Ya comentaré, a finales del año próximo, cuáles de estos objetivos se han cumplido. O, si felizmente me tocara algo el día 22, hasta podría ser mayor el periplo viajero de 2012.

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