BALANCE VIAJERO 2012

Otras tres capitales europeas al zurrón

 

Viajes 2012

 

CUMPLIENDO ESTRICTAMENTE LOS PRONÓSTICOS

 

Mis pronósticos fueron, por una vez, certeros. .

Si, por una parte, el año resultó económicamente tan nefasto como todos preveíamos, no fue menos cierto que el poco dinero disponible se invirtió allí donde parecía a la vez factible y apetecible.

Siguiendo una trayectoria que, a lo largo de los últimos años, me ha llevado a visitar un número significativo de capitales de la Europa Occidental, este año he podido añadir otras tres banderas invisibles en el mapa continental.

Si hasta este momento, en dicho mapa imaginario aparecían como “conquistadas”, además de Madrid, Roma (en cuatro ocasiones), Londres (en dos), Bruselas (otras dos), Berna (a la que volví también en este 2012), Atenas, Edimburgo, La Valetta, Viena, Amsterdam y hasta Bonn (cuando la visité era todavía la capital de la RFA), este año se le han unido –y ya iba siendo hora- tres nombres ineludibles: Lisboa, Berlín y París.

            Así pues, Portugal (en marzo), Suiza (julio), Alemania (agosto) y Francia (octubre) fueron los cuatro países visitados en un año que apenas si dejó tiempo para algo más.

Analizando de forma más o menos somera pero siempre cronológicamente:

 

Torre de Belem

 

1) LISBOA Y SINTRA, EL ENCANTO DE LA DECADENCIA

Hasta en dos ocasiones había estado a punto de visitar la capital lisboeta, que parecía gafada para mí. Una de esas veces incluso me tuve que comer con patatas el billete de avión ya pagado.

A la tercera, por fin, fue la vencida y el viaje transcurrió sin contratiempos y de la forma más placentera posible. Incluso me permití el lujo, ya puestos, de hacer una excursión de un día a la bonita Sintra.

Los aspectos más destacados de estas visitas fueron los siguientes:

- En LISBOA, nada comparable con subir a lo alto del Castelo de Sao Jorge para contemplar toda la ciudad lamida por el Tajo.

- No debéis perderos al menos un viaje en el tranvía (“Eléctrico”) número 28, que desde las inmediaciones de la Plaza del Comercio os conducirá ora al barrio de Alfama (y al citado castillo), ora al Chiado y al Barrio Alto.

- Imposible no acordarse del protagonista de la “Lisboa Story” de Wim Wenders encaramado a este mismo tranvía y haciendo acrobacias con su cámara.

- Hasta para un carnívoro de pro resulta inexcusable probar alguna de las 365 formas diferentes en que los lisboetas afirman preparar el bacalao.

- Si sois, como yo, de los frikis que buscan un “Hard Rock Café” en cada ciudad que visita aunque no para comer en ellos sino únicamente para fotografiarlos, el de Lisboa se encuentra en el número 2 de la céntrica avenida de la Liberdade.

- Me gustó mucho la catedral, ubicada en plena subida desde la Plaza del Comercio hasta el Castillo y, por tanto, en mitad de la ruta del tranvía 28. Me llamaron la atención el gran rosetón de su fachada y también los graciosos azulejos de su interior.

- Es espectacular contemplar el Elevador de Santa Justa, un artilugio metálico diseñado por uno de los discípulos de Gustave Eiffel.

- Magníficas son también las pastelerías que se pueden encontrar alrededor de la Plaza del Rossío.

- Gracias a un excelente consejo, aproveché el ascensor de los Grandes Almacenes Chiado para moverme en apenas unos segundos entre la Baixa (el “Barrio Bajo” pero sólo en lo que respecta a su altitud, que conste) y el propio Chiado y viceversa. Un trayecto que también se puede hacer en tranvía o a pie pero tardando bastante más.

- No debéis perderos el barrio de Belém pues, aunque queda bastante a desmano, sólo por la visita al grandioso Monasterio de los Jerónimos y a la emblemática Torre de Belém merece sobradísimamente la pena. Podéis aprovechar para comer estupendamente en “A Carvoeira” o alguna otra terraza de las que se ubican en la calle paralela a la de la célebre “Casa dos Pastéis de Belém”.

- Y, puestos a darse un homenaje, me encantó la centenaria Cervecería “A Trindade”, en el arranque del Barrio Alto. Pulpo, gambas y almejas para quitar el sentío y en un ambiente incomparable. Lo recomiendo absolutamente, tal como otros hicieron conmigo antes.

- En SINTRA, a la que se llega fácilmente (y por un módico precio) con un tren que se toma en la estación de la Plaza del Rossío, no debéis perderos la ascensión en autobús hasta el Palacio da Pena, que no da ninguna lástima, os lo aseguro. Al contrario, es de visita obligada. Y su interior, por cierto, mucho más interesante que el de Neuschwanstein, el palacio del “rey loco” Luis II de Baviera con el que se le compara.

- Una vez el autobús te deposita al pie del palacio, puedes optar entre subir el último tramo andando o hacerlo en un antiguo tranvía. Ahí ya depende de las condiciones físicas o la vagancia de cada cual.

LO MEJOR

- Hacerse una foto junto a la estatua en bronce del mítico Fernando Pessoa ¡¡¡frente a la mismísima fachada del no menos mítico “Café A Brasileira” del Chiado.

- Comprar la tarjeta “7 Colinas” que da derecho a utilizar todo tipo de transporte en la ciudad, incluso el Elevador de Santa Justa.

- Degustar un “pastel de Belém” en la pastelería del mismo nombre. Con franqueza, no es que ese popular dulce me parezca nada del otro jueves pero, sin duda, tiene un sabor especial tomarlo allí.

- La discreción y educación de la práctica totalidad de lisboetas con los que tuve ocasión de tratar durante el viaje. Deberíamos tomar nota por estos pagos.

- Tomar una foto desde el Mirador de Santa Lucía y perderse por las calles del barrio de Alfama.

- Patearse el Castelo dos Mouros (“Castillo de los Moros”) en Sintra después de haber visitado el Palacio da Pena. Vistas ciertamente impresionantes desde sus almenas.

LO PEOR

- Lo largo que se hace el trayecto en tranvía (además es uno nuevo, no como los románticos “eléctricos”) hasta el apartado barrio de Belém. Sobre todo si te cruzas con una interminable procesión.

- Que hayan tenido que poner unos carteles dentro de los tranvías que advierten a los incautos de la presencia habitual de carteristas.

- Que el trayecto que hicimos para marcharnos, inverso del que hicimos en taxi a la ida desde el aeropuerto hasta el hotel por 24 euros, nos costara 8… lo que significa que en el trayecto inicial, a nuestra llegada, nos habían “tangado” con más estilo que el propio Gardel.

- Subir al Elevador de Santa Justa sin saber que, una vez arriba, has de bajar de nuevo al punto de partida pues, aunque te encuentres al nivel del Barrio Alto, no existe salida al mismo.

- Me lo habían advertido pero aun así me chocó, en una noche en que me había separado mínimamente de la gente con la que iba, que me abordaran automáticamente en plena plaza del Rossio para ofrecerme hachís y cocaína. Eso sí, se tomaron con absoluta deportividad mi negativa.

- El hotel “Sofitel”, en la avenida de la Liberdade, me resultó escandalosamente caro en una ciudad que no lo es en absoluto. Y, aparte de sus fastuosos desayunos, tampoco es que fuera para tanto.

 

Zurich torres gemelas

 

2) SUIZA, TODA UNA MARATÓN EN MENOS DE UNA SEMANA

Hacía demasiado tiempo de mi primera visita a Suiza y era hora de desempolvar viejos recuerdos, por lo que este año decidí que ya tocaba. Lo que ignoraba era hasta qué punto iba a desempolvarse también mi cartera aun a sabiendas de que se trata de un país caro.

Mis expectativas se quedaron muy cortas. Baste un ejemplo: mientras planificaba este viaje para julio estaba haciendo lo propio con otro a Alemania para agosto. En un momento dado se me ocurrió comparar el precio del alquiler de un mismo coche de la misma empresa y para las mismas fechas en ambos países. Mientras en Alemania la cosa salía por unos 450 euros, en Suiza ¡¡¡¡se iba a los 1.300!!! Para no creerlo.

En cualquier caso, planteé este viaje con un alto nivel de exigencia físico porque disponía de tan sólo seis días para ver un buen número de lugares.

He aquí lo más significativo que dio de sí:

- Para empezar, me gustó ZURICH mucho más de lo esperado. Es una coqueta ciudad cruzada por un río y con una imponente iglesia que presenta sus propias “torres gemelas” en la Grossmünster (“Gran Catedral”).

- Justo enfrente de la misma pero del otro lado del río se halla la iglesia de la Abadía de Fraumünster, muy sobria pero con unas vidrieras impresionantes de Marc Chagall.

- Impresionantes las cascadas de LAUTERBRUNNEN, que descargan sus aguas sorprendentemente en mitad del pueblo.

- Muy próximo a esta población se encuentra el primer teleférico de los cuatro que conducen hasta el restaurante giratorioPIZ GLORIA”, en lo alto del monte Schilthorn. En él se rodó buena parte de la película “007 al Servicio Secreto de Su Majestad” y un servidor tenía especial interés en visitarlo. Pues bien, una densísima niebla que impedía ver a distancia superior a un metro impidió también ver otra cosa que el interior del restaurante. Ni se molestaron en ponerlo a girar, dadas las circunstancias. Por el camino quedaron los 90 euros por barba que costaban los ocho teleféricos (cuatro de subida y otros tantos de bajada).

- Apenas una hora después me desquité con las impresionantes TRUMMELBACHFÄLLE, unas espectaculares cascadas subterráneas que se contemplan a lo largo de un camino digno de una película de “Indiana Jones”, sinuoso, húmedo y resbaladizo.

- En la elegante LUCERNA no pude dejar de extasiarme ante su bonito Kapellbrücke (“Puente de la Capilla”), posiblemente la imagen más fotografiada de toda Suiza.

- Sigue impactando bastante la entrada a la capital BERNA, con una pronunciada curva en descenso que deja a la izquierda el foso de los osos que dan fama a la ciudad y nos enfrenta sin previo aviso a una espectacular panorámica de esta por otra parte pequeña y tranquila ciudad. Nada que ver con las más populosas Zurich o Ginebra.

- Merece la pena detenerse en lugares como el desconocido y amurallado MURTEN, cuyas casas “de cuento” se arraciman junto a un lago.

- El pueblo medieval de GRUYÈRES es una de esas cosas que no deberíais perderos si visitáis Suiza. Hay que cruzar la pequeñísima localidad para llegar a su castillo y, entre medias, detenerse en los museos contiguos de H.R. Giger y del Tíbet.

- Mientras estaba en LAUSANA y me dirigía hacia la sede del COI, fue una interesante coincidencia ver cómo algunos fans de Roger Federer ondeaban banderas suizas por las ventanillas de sus coches y tocaban el claxon para celebrar el sexto Wimbledon que minutos antes acababa de lograr su ídolo.

LO MEJOR

- Sentir el peso de la Historia contemplando el “dolorido” León de Lucerna, labrado en una roca de arenisca en mitad de un parque, que conmemora la muerte de 700 mercenarios de la Guardia Suiza durante la Revolución francesa cuando defendían el asalto de los revolucionarios al Palacio de las Tullerías en París.

- Los modernos trenes de dos pisos que te trasladan rápidamente desde la periferia de Zurich a su centro.

- Visitar el fascinante Museo de H.R. Giger en la preciosa Gruyères; sus bocetos y dibujos, sus surrealistas muebles y, por encima de todo, sus esculturas de “Alien”.

- Los arrebatadores paisajes suizos de alta montaña, los pueblos que uno se encuentra por el camino, con iglesias de alargadas torres y casas espectaculares de madera.

- Volver a ver el géiser artificial del lago de GINEBRA o el bonito castillo de CHILLON en Veytaux.

- Entrar un momento en VEVEY para ver en el barrio Gilamont las fachadas decoradas con murales gigantes de Charlot; un homenaje a Charles Chaplin, que durante un tiempo vivió en la ciudad.

- Acercarse a la francesa CHAMONIX para coger un “tren de cremallera” hasta un glaciar.

LO PEOR

- La pésima educación de un germanófilo en el aeropuerto de Zurich, que se tomó a la tremenda que no habláramos alemán sino “sólo” inglés, francés y español. “Están ustedes en la Suiza Alemana” nos escupió con desprecio en dos ocasiones. Y eso que sólo le habíamos preguntado dónde estaba la oficina de Correos del aeropuerto. Si le llegamos a pedir la hora…

- La zona “blanca” de aparcamiento de Lucerna, que sólo funcionaba hasta las 19:00 h. Lo que ignorábamos era que, una vez pasada esa hora, no se pagaba pero seguía limitado el estacionamiento a dos horas. Cuando volvimos a por el coche tras la cena nos encontramos una multa de 40 euros en el parabrisas.

- La imposibilidad de aparcar en las proximidades del hotel de Zurich (el “Swissotel”) salvo en zona azul, con limitación horaria y previo pago. Por desgracia, el precio del parking del hotel era de 38 euretes de nada por noche.

- No poder fotografiar las vidrieras de Chagall por estar prohibido.

- No llegué a tiempo para subir a la torre de la catedral de San Nicolás en Friburgo.

- La imposibilidad de encontrar una mesa libre o a alguien dispuesto a atendernos en el restaurante de Gruyères en el que pretendimos infructuosamente comer.

- Sin ser feo, NEUCHATEL no justificó el desvío efectuado para conocerlo.

 

Munich ayuntamiento

 

3) ALEMANIA; DE BERLÍN A MUNICH

Disponiendo de dos semanas, planteé el viaje de modo que, tras cinco días en la capital germana, iniciáramos un periplo por carretera hasta Munich, pasando por Dresde, Erfurt y Nuremberg.

Todo ello dio como resultado un sinfín de experiencias enriquecedoras que se podrían resumir del modo siguiente:

- En BERLÍN, pone la carne de gallina cruzar bajo el cartel que indica que se está penetrando en el “Sector Soviético” junto al Check Point Charly. Este último es una recreación hecha para los turistas en la que puedes fotografiarte junto a actores disfrazados de militares estadounidenses.

- Lo mismo ocurre cuando se atisban los fragmentos de “Muro” que todavía quedan desperdigados por la ciudad y no digamos en el Monumento del Holocausto, dedicado a los millones de judíos asesinados por los nazis.

- Mucho más agradable resulta contemplar la celebérrima Puerta de Brandenburgo en la Plaza de París. Curiosa paradoja el nombre de la misma, ya que Napoleón le sustrajo la Cuádriga y la trasladó a París para mostrarla como símbolo de sus victorias aunque fue derrocado antes de poder hacerlo. Más de un siglo después resultaría muy dañada durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que tuvo que ser restaurada.

- Fue toda una sorpresa el bucólico barrio de San Nicolás, sin relación aparente con el resto de la ciudad.

- No se puede dejar de pasear por la Gendarmenmarkt Platz y sus iglesias gemelas, así como atravesar la cercana Bebelplatz donde Hitler dirigió la vergonzosa “quema de libros”.

- Debe solicitarse con un par de días de antelación la visita al Reichstag, sede del Parlamento Alemán y magníficamente reconstruido por Norman Foster. Además de que el edificio agradará a cualquier amante de la arquitectura moderna, las vistas desde lo alto son estupendas.

- Cuatro años después de mi visita a Turquía, cuando en Pérgamo eché en falta el fastuoso Templo de Zeus, tuve ahora ocasión de verlo –y de extasiarme- en el berlinés Museo de Pérgamo. De visita imprescindible el museo porque también contiene las espectaculares Puerta del Mercado de Mileto y la Antepuerta de Ishtar.

- También disfruté mucho de la ascensión a la Columna de la Victoria en medio de un exigente paseo por el enorme parque Tiergarten.

- Si se dispone de tiempo suficiente, siempre es buena idea acercarse a POTSDAM y dedicar una jornada a sus jardines, lagos y palacios.

- En DRESDE hay que patearse el precioso centro histórico y no perderse, bajo ningún concepto, la “Bóveda Verde”, el Museo que contiene la mayor colección de joyas de Europa. Las medidas de seguridad, debo advertiros, son exhaustivas: ni mochilas ni chaquetas ni cámaras de fotos.

- Me gustó mucho ERFURT, destacando el conjunto único que forman la catedral de Santa María y la iglesia de San Severo, ambas representativas del mejor gótico alemán.

- Una cosa que no esperaba de NUREMBERG es su actual aspecto, en el que sobreviven algunos fragmentos de su época medieval.

- En MUNICH impresiona la monumental torre de su Ayuntamiento y también la Theatinerkirche, junto a la Logia llamada Felderrnhalle.

- En la capital bávara tuvimos ocasión de degustar su excelente cerveza en una cervecería al aire libre donde nos sentaron junto a otras personas que nos llevaban bastante ventaja etílica.

- Lo que sí es una gozada es disfrutar de los colores y olores del mercado Viktualienmarkt, el “estómago de Munich”.

- Se puede aprovechar la relativa proximidad a NEUSCHWANSTEIN para visitar el famoso castillo del “Rey Loco” aunque sólo sea por ver in situ la espectacular silueta del mismo y los sobrecogedores paisajes que lo circundan.

LO MEJOR

- La mejor forma de conocer Berlín fue requerir los servicios de SANDEMANs NEW Europe, una empresa que pone en contacto a los turistas con guías de su misma nacionalidad. El tour, que se realiza a pie por espacio de varias horas, carece de un precio fijado, por lo que cada cual ofrece al guía al final de la larga visita lo que considera oportuno, en función de sus posibilidades y grado de satisfacción. Mucha nos supuso la magnífica y amena labor de Jorge, el guía bilbaíno que nos correspondió.

- Contemplar el impresionante acuario cilíndrico y de enorme tamaño que preside el hall del hotel “Radisson Blue” de Berlín y que se puede fotografiar sin que nadie ponga reparos.

- Pasear frente al hotel Adlon, en el que el detective Bernie Gunther (protagonista de las novelas de Philip Kerr en la saga “Berlin noir”) trabajó durante un tiempo y más tristemente famoso en la vida real por cierta escena protagonizada por el ya desaparecido Michael Jackson, quien casi dejó caer a su hijo por la ventana.

- Recorrer la planta de los grandes almacenes berlineses Ka De We dedicada a la gastronomía internacional. Como el “Club del Gourmet” de El Corte Inglés pero a lo bestia.

- Subir a lo alto de la Kollhoff-Tower y tomarse algo en la cafetería mientras se contempla desde allí la zona de la Potsdamer Platz.

- Contemplar el centro histórico de Dresde en vista panorámica desde la orilla contraria del Elba.

- Alucinar en el Deutsches Museum de Munich con la enorme cantidad de aviones de todas las épocas, avionetas, barcos, submarinos y helicópteros que contiene.

- Disfrutar de la famosa “Ola”, viendo surfear en mitad de una ciudad tan alejada del mar como es la capital bávara.

LO PEOR

- Que Bao Bao, el oso panda gigante del zoo de Berlín, a quien yo había puesto “a caldo” porque no se movía ni a tiros y no había forma de hacerle una foto, muriese apenas una semana después de mi regreso a casa. Me sentí muy culpable, la verdad. Ignoraba que estuviera enfermo como también que se trataba del panda macho más viejo del mundo a sus 34 años. Al parecer, la esperanza de vida de estos animales en libertad es sólo de 14 años pero Bao Bao llevaba en el zoo de Berlín desde 1980, cuando llegó contando tan sólo dos.

- Aunque parezca una opinión retrógrada, me fastidió encontrar la iglesia Kaiser Wilhelm en plenas obras de restauración, ya que su peculiaridad residía precisamente en no haber sido reconstruida tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, lo que resultaba turbador y espectacular. Tantas décadas insistiendo en dejarla como estaba y justo les da por restaurarla cuando un servidor se deja caer por allí.

- La mera existencia de un lugar tan horrible como Buchenwald, el campo de concentración próximo a Weimar que visitamos durante el viaje y del que nadie lamenta que no quede apenas nada.

- Visitar el Centro de Documentación de Nuremberg y la Sala 600 en la que tuvieron lugar los famosos Juicios resulta tan interesante como perturbador.

- No me convenció la famosa cervecería muniquesa HB; demasiada gente, demasiado ruido, demasiado cara.

- Ciertamente la comida alemana no es ni muy variada ni tampoco muy aconsejable para mantener una línea armónica.

 

Sacre Coeur

 

4) PARÍS, MÁS VALE TARDE QUE NUNCA

A mí mismo me sorprende haber tardado tanto en visitar la “Ciudad de la Luz”, teniendo en cuenta las veces que he viajado a Francia, incluso recorriéndola en autobús de sur a norte y de norte a sur. Pero sobre todo porque siempre ha sido un objetivo tan teóricamente asequible que una vez tras otra ha ido siendo pospuesta en beneficio de otras alternativas.

Y, siendo un objetivo como lo venía siendo desde hace mucho tiempo, la decisión de visitarla surgió casi sin pensarlo, en un arrebato típicamente valenciano (“pensat i fet”, pensado y hecho).

Un hotel en el extrarradio de París (Boulogne-Billancourt), muy cerca de las pistas de Roland Garros, un coche de alquiler y la afortunada y agradable presencia de una buena amiga en la capital parisina posibilitaron un estupendo y muy intenso viaje de cuatro días del que no sobró absolutamente nada.

Entre los aspectos que destacaría:

- Por tópico que resulte, ver la Tour Eiffel iluminada por la noche mientras se contempla bajo la lluvia desde el otro lado del Sena tiene mucho de mágico.

- Impresionante contemplar le Sacré Coeur al pie de sus majestuosas (y cansadísimas de subir) escaleras.

- También resulta de lo más intenso perderse entre las gárgolas de la catedral como si uno fuese un personaje más de “El jorobado de Notre Dame”.

- Tras la finalización de las obras, la contemplación de la espectacular Sainte Chapelle es de todo punto inexcusable.

- Más por su contundencia que por su estética, también me impactó la visita a la enorme tumba de Napoléon en la iglesia de Les Invalides. Ciertamente, el general galo nunca destacó por su modestia.

- Obligatorio pasar unas cuantas horas recorriendo las innumerables salas del Louvre, atestadas de obras de arte incomparables; desde esculturas como la “Venus de Milo” o la “Victoria de Samotracia” hasta pinturas como “La Libertad guiando al Pueblo”, de Delacroix o “La Gioconda” de Leonardo da Vinci.

- Pasear, con lluvia o sin ella, por los glamurosos Champs-Elysées constituye una experiencia única.

- Fue muy estimulante la visita a FONTAINEBLEAU, a casi sesenta kilómetros de París. El pueblo es agradable y tranquilo pero la razón de la visita no es otra que penetrar los misterios de su elegante Palacio Real, circundado de jardines.

- Visitar el cercano palacio de VERSAILLES es algo que no deberíais dejar de hacer aunque tan sólo fuera por admirar su “Salón de los espejos” y pasear por sus aristocráticos jardines.

LO MEJOR

- A pesar de la mala fama de la que disfrutan, fuese por suerte o por azar, sólo topé con gente amable y educada en mi visita a la capital francesa.

- La comida en París, incluso la más modesta, es algo que pueden envidiar con razón alemanes, belgas u holandeses. Sabrosa, variada y, si uno se mueve por el Barrio Latino o Montmartre y se toma la molestia de mirar los carteles antes de entrar a los restaurantes y cafeterías, incluso barato.

- Entrar a saco cámara en ristre en el “Café des 2 Moulins”, la cafetería en la que trabaja Amélie Poulain en la deliciosa película protagonizada por Audrey Tautou e inmortalizar el momento.

- Hablando de molinos, también tiene su aquel pasar por delante del “Moulin rouge”, en el barrio de Pigalle, aunque, con franqueza, sin la menor tentación de franquear su umbral.

LO PEOR

- Dar una vuelta en coche alrededor del Arco de Triunfo en lo que es la Rotonda de l’Étoil, una zona que, por increíble que parezca, está excluida de todas las pólizas de seguro automovilístico del país vecino. Con que deis una sola vuelta en la misma lo entenderéis perfectamente. El tráfico enloquecido, a gran velocidad y con cruces continuos de vehículos que llevan trayectorias contrarias entre sí pone a prueba cualquier marcapasos.

- En octubre el frío puede llegar a ser muy intenso y la lluvia persistente.

- Francamente, ascender a la Tour Eiffel es una pesadez. Una interminable cola para acceder al primer ascensor y otra igual o peor para hacer lo propio con el segundo, que llega hasta lo alto. Las vistas son majestuosas, sí, pero también lo son desde lo alto de Notre Dame o del Sacré Coeur.

- Entrar en el Panteón me resultó más lúgubre que interesante.

 

¿PLANES PARA 2013?

 

            Más que nunca, los viajes para el próximo año son una auténtica incógnita, por lo que por una vez no me atrevo a aventurar pronósticos fuera de exponer un abanico de opciones (todas ellas europeas, salvo sorpresa) entre las que habrá que escoger, en función de las fechas, el dinero y la compañía disponible. A saber:

- Isla de Madeira

- Toscana italiana

- Croacia

- Holanda

Veremos en qué queda la cosa y aquí estaremos para contarlo.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar