BALANCE VIAJERO 2014

Al fin América

 

Viajes 2014

 

           Después de aplazarlo en un par de ocasiones, a causa de su elevado precio, el viejo proyecto de visitar la Coste Este norteamericana se hizo al fin realidad en 2014.

            Como consecuencia de la considerable inversión, el resto de desplazamientos del año tuvieron lugar dentro de la geografía nacional aunque, en un par de ocasiones, se trató de viajes insulares.

            En cualquier caso, fueron bastantes los viajes realizados a lo largo del curso, destacando, además del transoceánico -que me llevó por tierras de Canadá y Estados Unidos- el de Mallorca -que me permitió conocer al fin Palma y algunas de las zonas de la isla que todavía desconocía-, el de las Merindades -que completó a la perfección el realizado un verano antes- y el del centro y este de Jaén, con incursiones en las renacentistas Úbeda y Baeza y escapadas a la frondosa Sierra de Cazorla.

            Lo que parece evidente es que, una vez dado el salto fuera de Europa, y pese a que me encanta viajar por el Viejo Continente, se abre la veda para visitar tierras más lejanas sin descuidar por ello las cercanas. Ya se verá, en todo caso, en 2015.

 

Palma   Paseo Maritimo

 

1)  MALLORCA

            Aunque se trataba de mi cuarta visita a la isla, las tres anteriores no me habían permitido acercarme a su capital, Palma, como tampoco a la mayor parte de las principales localidades de la más grande de las Baleares.

            En esta ocasión me saqué sobradamente la espina, estableciendo como base de operaciones el hotel “Costa Azul”, del Paseo Marítimo de Palma.

            En la capital disfruté enormemente de la elegancia de su Passeig des Born (Paseo del Borne), de la monumental zona de la Lonja y la Almudaina y de la majestuosidad de la Catedral de Santa María.

            También me sumergí en el antiguo barrio pescador de Es Jonquet presidido por sus molinos de viento, me perdí por las juderías y me extasié ante los edificios art décò de la Plaza del Mercado.

            Y, como no podía ser de otro modo, no pude por menos que visitar su curioso Castillo de Bellver, de planta circular.

            Desde allí y cual pirata berberisco, hice incursiones por otras zonas de la isla como:

- Valldemossa, con su Real Cartuja inmortalizada por la estancia de Chopin.

- Deià, con su cementerio dominando el pueblo en el que fijó su residencia el ya fallecido autor de “Yo Claudio”.

- El Port de Sòller, con su bonito paseo marítimo que cruzan los tranvías.

- El Santuario de la Virgen del Lluc, con su Basílica y su hospedería.

- Pollença, que cuenta con un bello puerto y un falso Puente Romano que data del XIX.

- Formentor, la playa por antonomasia en el norte de la isla.

- Alcúdia y sus murallas medievales.

- Capdepera con la cercana Cala Rajada, rebosante de buenos restaurantes.

- LasCuevas del Drach y de Artà, con su profusión de estalactitas y estalagmitas.

            Quedó pendiente para una futura visita la parte sur de la isla, con Llucmajor, Felanitx o Santanyí.

LO MEJOR:

- Poder visitar al fin la capital de la isla tras varios viajes a Mallorca en los que no fue posible.

- Contemplar la magnífica armonía entre los paisajes y la arquitectura.

- El agua transparente y límpida de la que gozan por estas latitudes.

- Disfrutar de la gastronomía balear, que no goza del debido reconocimiento debido a la a veces deficiente calidad de la comida servida en ciertos hoteles.

LO PEOR:

- La ligera decepción que supuso Formentor pues el largo y sinuoso camino no se compensa del todo con la solitaria y desangelada cala.

- La falta de limpieza en lo alto de las murallas de Alcúdia.

- La falta de cultura de algunos turistas, que llega al extremo de preguntar si el intérprete del concierto de turno en el Palacio del Rey Sancho, frente a la Cartuja de Valldemossa, es el verdadero Chopin.

- La lentitud del servicio en el restaurante de Deià.

- No disponer de tiempo para comer en el restaurante panorámico de Sa Foradada.

 

La Orotava   iglesia

 

2)  TENERIFE

            Como en mi visita de 2010, escogí alojarme en el Hotel “Semiramis” del Puerto de la Cruz. Algo venido a menos desde entonces -en especial el buffet del desayuno y de la cena- pero sigue siendo una opción muy interesante desde un punto de vista económico y geográfico.

            El caso es que repetí gustosamente en este segundo viaje algunas de las experiencias del primero como:

- En el caso del Puerto de la Cruz, pasar unas horas en el “Loro Parque” para alucinar de nuevo con el espectáculo de las orcas.

- Pasear por la playa de arena negra que hay cerca de las Pirámides de Martiánez.

- En Icod de los Vinos, contemplar su majestuoso Drago milenario.

- En Garachico contemplé una vez más sus espectaculares piscinas naturales que han sido acondicionadas para recorrerlas sin peligro.

- En el Parque Natural del Teide volví a fotografiarme ante el Roque de García, con el Teide al fondo pero, en esta ocasión, las fuertes lluvias caídas unas horas antes me evitaron las multitudes que pululan a diario por las inmediaciones.

            En cuanto a las nuevas experiencias, destacaría:

- La visita a La Orotava, una preciosa ciudad conocida por su “Casa de los Balcones” y que, entre otras bellezas, alberga la barroca iglesia de Nuestra Señora de la Concepción.

- En esta ocasión comí en el Parador de las Cañadas del Teide, una experiencia gastronómica que aconsejo vivamente.

- Si en mi primer viaje a la isla embarqué en la Playa de los Cristianos para avistar ballenas, en esta ocasión hice lo propio en Los Gigantes para ver delfines en libertad.

- En Icod de los Vinos visité el pequeño Jardín Botánico que alberga el Drago milenario y que permite realizar espectaculares fotografías con el Teide al fondo.

LO MEJOR:

- Descubrir una localidad ciertamente bellísima como La Orotava.

- Disfrutar del precio de los carburantes, muy inferior al de la Península.

- Poder bañarte tranquilamente en la piscina semidescubierta del hotel en pleno mes de abril merced al clima subtropical de la isla.

- Probar –esta vez sí- los diferentes mojos tinerfeños, incluyendo por supuesto el picón.

LO PEOR:

- Constatar la desaparición de la terraza en la playa del Puerto de la Cruz donde en mi visita anterior se podía tomar una piña colada por la noche mientras se escuchaba el rumor de las olas.

- No poder, por mor de las circunstancias, echar otro vistazo al Barranco de Masca ni jugarme la vida visitando Punta Teno como en el anterior viaje.

- Descubrir que, por diversos problemas con el ayuntamiento de Icod de los Vinos, ha cerrado parece que de forma definitiva el célebre Mariposario que tampoco tuve ocasión de visitar la vez anterior.

- Quedarme una vez más con las ganas de subir al teleférico que asciende el Teide pues, de nuevo, estaba fuera de servicio.

 

Ermita 4

 

3)  MERINDADES y CANTABRIA

            Por segundo año consecutivo decidí darme un garbeo por la recién descubierta (por mí) comarca burgalesa de Las Merindades como antesala de una nueva visita (la enésima) a Cantabria.

            En esta ocasión escogí para pernoctar un hotel rural de Villarcayo con el que hubo sus más y sus menos aunque la localidad me cautivara.

            La Plaza Mayor, con el ayuntamiento y el quiosco de música, es realmente bonita y constituye el centro de esta pequeña ciudad, capital de las Merindades, en la que también destacan las Torres del Reloj y del Corregimiento además de una agradable zona para pasear junto al río.

            En esta segunda visita a las Merindades, además de su capital, visité:

- Valdenoceda; una minúscula localidad presidida por la Torre de los Fernández de Velasco y la románica iglesia de San Miguel.

- Puentedey, un pintoresco pueblo nacido al abrigo de un impresionante puente natural sobre las aguas del río Nela.

- La ermita rupestre de San Tirso y San Bernabé, que forma parte del complejo cavernario conocido como Ojo Guareña.

            Ya en Cantabria y después de pasar una noche en el “Gran Hotel Balneario” de la coqueta Puente Viesgo, me instalé unos días en el Hotel “Milagros Golf” del término municipal de Mogro, frente al Parque Natural de las Dunas de Liencres.

            Desde allí, como suelo hacer, realicé las preceptivas excursiones a:

- Santander, incluyendo un relajante paseo en tren turístico por la península de la Magdalena.

- Potes, preciosa villa que hacía años no visitaba y en la que pueden encontrarse tesoros como la Torre del Infantado o la iglesia gótica de San Vicente.

- Fuente Dé, en los Picos de Europa, que tuve ocasión de contemplar desde lo alto utilizando su célebre teleférico.

- Santillana del Mar, de cuyas calles medievales no me canso y a la que en esta ocasión sí llegué a horas razonables para visitar el Pantocrátor de piedra policromada que alberga la iglesia de su Colegiata.

- Suances, cuyas playas visité detenidamente y en las cuales me topé con el mismísimo Poti.

LO MEJOR:

- Seguir descubriendo esa mágica comarca semidesconocida pero deslumbrante que se esconde en Burgos.

- Descubrir, de camino, mágicas localidades como la madrileña Buitrago del Lozoya o la también burgalesa (aunque no perteneciente a Las Merindades) Orbaneja del Castillo.

- Hollar las empedradas calles de la medieval Santillana del Mar, flanqueadas de casonas blasonadas, es una experiencia mágica por muchas veces que se repita.

- Comer en el restaurante “El Oso”, próximo a la cántabra Fuente De. Todo un espectáculo para los sentidos por las presentaciones y sabores de sus sabrosos platos.

- Instalarme, siquiera una noche, en el hotel de Puente Viesgo en que tantas veces lo han hecho las selecciones españolas de fútbol y baloncesto y pasar un buen rato viendo las consiguientes fotografías dedicadas colgadas de las paredes del hall.

LO PEOR:

- La falta de profesionalidad de los dueños del hotel rural “Santa Cruz”, cerca de Villarcayo.

- La comida que nos dispensó el “experto en arroces” del Arnia Lounge Bar próximo a Liencres y que me disuadió de volver a pedir arroz cuando salga de Valencia.

- Las esperas para subir al teleférico de Fuente Dé, que son larguísimas a pesar de que el trayecto apenas dura 4 minutos.

- La lluvia torrencial que me despidió en Cantabria mientras llevaba las maletas al coche.

 

Panoramica desde Empire   Chrysler

 

4)  CANADÁ y ESTADOS UNIDOS

            Por fin logré “cruzar el charco” y añadir con ello un nuevo continente a mi lista. En este caso, América del Norte.

            Comencé con Canadá y en concreto en Toronto, alojándome en el “Hilton Toronto”, cuyo mayor atractivo reside en su piscina climatizada y semidescubierta.

            Entre los principales atractivos turísticos de la ciudad destacaría los siguientes:

- La CN Tower; auténtico icono de Toronto con sus 533 m de altura y a la cual se asciende en ascensor para disfrutar de inigualables panorámicas.

- La Casa Loma, erigida por un excéntrico millonario y que, a su espectacular exterior, une sus bellos muebles y cuadros, además de contar con algún que otro pasadizo secreto.

- El fuerte York, un fragmento de historia rodeado de rascacielos.

- El bohemio barrio de Kensington, de tendencias caribeñas.

- La Centre Island, justo enfrente de la ciudad y que ofrece una bonita panorámica del skyline de Toronto.

            También en Canadá tuve ocasión de visitar las Cataratas del Niágara y de disfrutar tanto de la excursión en barco (que se detiene a escasos metros de las columnas de agua) como del recorrido de los hermosos parajes naturales de la zona y hasta de la pequeña Las Vegas que han montado en las inmediaciones.

            Ya en los Estados Unidos, mi objetivo fueron las tres grandes urbes de la Costa Este.

            Empezando por Boston, ciudad en la que es aconsejable:

- Tomarse una cerveza en “Cheer’s”, donde todo el mundo sabe tu nombre (o, al menos, eso decían en la serie).

- Subir al USS Constitution, el navío de guerra estadounidense más antiguo de los que todavía navegan.

- Ascender el monolito llamado Bunker Hill Monument (una copia en pequeño del de Washington).

- Entrar a la Biblioteca Pública y disfrutar de la belleza de sus salas y de su patio interior.

- Pasear por las elegantes Newbury Street y Mount Vernon Street.

- Acercarse a la Universidad de Harvard y al MIT.

            En la capital Washington, me dediqué a ver:

- El Museo de los Indios Americanos

- El cementerio de Arlington, en el que destacan el pebetero dedicado a JFK y el impresionante memorial de Iwo Jima.

- La piscina reflectante y el Monumento a Lincoln.

- El Capitolio y la Casa Blanca (sin visita guiada, por desgracia).

            Pero la palma se la lleva Nueva York, a la que dediqué casi una semana, realizando entre otras actividades.

- Visitas al Museo Americano de Historia Natural, al MoMA, al Met (Metropolitan), al Intrepid Sea, Air & Space (que alberga, a bordo de un portaaviones, un Concorde y un transbordador espacial) y hasta al Museo de Cera Madame Tussaud.

- Ascensiones al Empire State Building y al Top of de Rock (en el Rockefeller Center).

- Visitas a las tiendas de Tiffany’s, Fao Schwarz y Apple (sin comprar).

- Comer una deliciosa hamburguesa de bisonte en “Bareburger Organic” (volví una segunda vez para darme el gusto de pedir lo mismo de nuevo).

- Tomar el ferry hasta la Estatua de la Libertad.

- Realizar una visita guiada a Queens, Brooklyn y el temible Bronx.

- Recorrer la Zona Cero y echar un vistazo al nuevo rascacielos que releva a las Torres Gemelas.

LO MEJOR:

- Nadar en la piscina semidescubierta del Hilton Toronto, en plena noche, rodeado de rascacielos iluminados.

- Coincidir con el tenista Marcel Granollers en el Starbucks de dicho hotel y charlar con él (un chico muy agradable) justo antes de que debutara en el Open de Canadá de tenis.

- El agradable mini-crucero entre Toronto y Centre Island, observando los rascacielos de la primera y la exuberante vegetación de la segunda.

- Disfrutar como un crío a bordo del Maid of the Mist mientras el agua de las cataratas del Niágara me empapaba la cara, a escasos metros de la rompiente.

- Saborear una cerveza en el bostoniano “Cheer’s” mientras recordaba a los protagonistas de la serie.

- Contemplar a los amish en su vida cotidiana a mi paso por el Condado de Lancaster.

- Ver Nueva York de noche desde lo alto del Top of the Rock.

- Cumplir uno de mis grandes deseos: entrar al Museo Americano de Historia Natural, con sus dinosaurios y sus meteoritos, donde tiene lugar la acción de un sinfín de novelas y películas.

- Hacerme una foto con mi gente en la mítica Times Square.

- Ver en persona lugares inmortalizados por el cine como la estación Grand Central, el edificio Dakota, el Lincoln Tunnel, la Biblioteca Pública de Nueva York y un largo etcétera.

LO PEOR:

- El vuelo de París a Toronto, que a sus ocho horas habituales (a las que hay que sumar otra más, ya que te embarcan una hora antes) sumó otras tres debido a la mala climatología que nos obligó a desviarnos hasta Niágara y aguardar allí hasta que mejorara el tiempo.

- El no menos interminable viaje en coche desde Boston a Washington que nos llevó todo un día de atasco en atasco.

- Haber subido al Top of the Rock de noche y al Empire de día cuando hubiera sido mejor hacerlo a la inversa para poder contemplar debidamente Central Park.

- Las interminables colas para subir al Empire State.

- No disponer de tiempo para ver The Cloister, la sección medieval del Metropolitan que alberga claustros españoles y franceses.

- Que la Catedral de San Patricio estuviera en obras por dentro y por fuera, arruinando totalmente la visita.

- Que mi visita al Museo de Cera coincidiera con el suicidio de ese gran actor que fue Robin Williams.

 

Madrid   Puerta del Sol

 

5)  MADRID

            En esta ocasión se trató de un viaje relámpago a la capital de España, en la que en el pasado reciente tuve ocasión de disfrutar de estancias más largas y placenteras.

            Apurando el tiempo con el que contaba, todavía tuve ocasión de echarle un vistazo a:

- La Catedral de la Almudena y el Palacio Real (eso sí, sin penetrar en sus recintos, que contaban con colas superlativas)

- La Plaza Mayor

- El Mercado de la Cebada, en el que me sorprendió ver tantos puestos desocupados.

- La Basílica de San Francisco el Grande y la Colegiata de San Isidro.

- Los Jardines de Sabatini.

- El Templo de Debod, que ya había visitado hace muchos años pero que ahora me recordó al de Dendur, que acababa de ver en el Metropolitan de Nueva York.

- La Puerta del Sol con su “Kilómetro Cero” aunque faltasen más de dos meses para Año Nuevo.

LO MEJOR:

- Siempre es una gozada pasear por la Gran Vía madrileña aunque esté atiborrada de gente.

- Extasiarme, una vez más, en el Madrid de los Austrias.

- Disfrutar de la magnífica y rápida comunicación que tiene Valencia con Madrid desde la puesta en funcionamiento del AVE.

- Lo bien que funciona el metro, que permite ver una ciudad inmensa en apenas unas horas.

- La monumentalidad de esta gran ciudad.

LO PEOR:

- Que la Plaza Mayor estuviese en obras.

- No poder presentar mis respetos, por falta de tiempo, al Palacio de Cristal del Retiro.

- Tener que renunciar a ver algún Musical de los que llenan la competitiva cartelera madrileña.

- La presencia cada vez mayor de la indigencia en la ciudad.

 

Portada

 

6)  TIERRAS DE JAÉN

            En un año caracterizado tanto por mis múltiples escapadas por España como por mi deseo de ir saldando viejas deudas, visitar Cazorla se encuadraba dentro de ambos objetivos.

            Tomando como base la ciudad de Úbeda, en la que decidí alojarme en el Hotel “Nueve Leyendas”, pude dedicarme a recorrer detenidamente esta bellísima ciudad renacentista en la que destacan:

- La impresionante Plaza Vázquez de Molina, sin comparación con ninguna otra que yo haya visto en nuestro país, en la que coexisten la Sacra Capilla del Salvador, el Palacio del Deán Ortega (actual Parador Nacional), el Palacio de Cadenas (actual Ayuntamiento) y la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares.

- El grandioso Hospital de Santiago.

- Su evocadora Sinagoga del Agua.

- El Coso de San Nicasio, en el que tomó la alternativa “Lagartijo” allá por 1865.

- El barrio de los Alfareros.

- El Oratorio de San Juan de la Cruz, quien murió en este mismo lugar.

- La elegante Plaza 1º de Mayo (o “del Mercado”).

- Los numerosos bares y restaurantes en los que se come extraordinaria-mente bien.

            Menos tiempo tuve para visitar desde allí otras localidades pero no me privé de hacerlo, realizando escapadas a:

- Baeza, la otra gran ciudad renacentista de Andalucía, en la que destacan su Plaza de los Leones, el Café Mercantil (en el que Machado escribió “Campos de Castilla”), la Torre de los Aliatares, el Palacio de Jabalquinto y la gigantesca Catedral.

- Cazorla, una bellísima localidad que da nombre a toda la Sierra y que cuenta con su bonita Plaza de la Corredera (o “del Huevo”), su espectacular Mirador de la calle del pintor Zabaleta y la Plaza de Santa María con los restos de su malograda iglesia renacentista. Todo ello dominado desde lo alto por su impresionante castillo musulmán de la Yedra.

- La Iruela, que destaca por la presencia, en una alta peña, de un castillo templario, cuya Torre del Homenaje es visible desde lejos.

- Sierra de Cazorla, un paraje natural deslumbrante en el que no cuesta el menor esfuerzo toparse con algún ciervo. Sobre todo si se toma la sinuosa y estrecha carretera que conduce al Parador de Cazorla. Una visita más que recomendable para descansar y comer estupendamente.

LO MEJOR:

- Descubrir pequeñas poblaciones llenas de encanto como Quesada.

- Constatar la justicia de la buena fama ganada por algunos establecimientos como el restaurante “Al Andalus” o el hotel “Nueve Leyendas”, ambos en Úbeda.

- Pasear por la noche por la inmensa Plaza Vázquez de Molina de Úbeda, una de las más hermosas que he tenido ocasión de contemplar:

- Hacerle una fotografía, antes de que desapareciera montaña arriba, a un joven cervato con el que me crucé mientras paseaba por la carretera, a pocos centenares de metros del Parador de Cazorla.

- Las bellezas renacentistas de Úbeda y Baeza, inencontrables fuera de Italia.

LO PEOR:

- No haber reservado más tiempo para practicar el senderismo en la Sierra de Cazorla.

- El mucho tiempo que se pierde en la carretera que lleva de Úbeda a Cazorla, que todavía es mayor desde esta población hasta el Parador.

- Las interminables curvas de muchas de las carreteras de la zona.

- No poder hacer fotografías en la ubetense Sinagoga del Agua por estar prohibido.

- Quedarme con las ganas de probar el salmorejo de aguacate en “La Imprenta” de Úbeda.

 

Portada

 

7)  TOLEDO

            El último viaje del año fue a la capital de Castilla-La Mancha, que no visitaba desde hacía una década. Tres noches en la “Ciudad de las Tres Culturas” me sirvieron para recorrerla a placer e incluso para hacer alguna rápida escapada a las madrileñas Aranjuez (tenía una cita con su Palacio Real) y Chinchón (lo mismo pero con su preciosa Plaza Mayor).

            En la capital toledana resulta sumamente aconsejable:

- Subir hasta la “Campana Gorda” de la Catedral Primada.

- Contemplar la preciosa panorámica que ofrece la torre de la iglesia jesuita de San Ildefonso.

- Ascender a la ciudad desde la Puerta de Bisagra.

- Contemplar el “Entierro del Señor de Orgaz”, la obra definitiva de El Greco, en la iglesia de Santo Tomé.

- Perderse entre la gente en la muy concurrida Plaza de Zocodover.

- Visitar la minúscula Mezquita del Cristo de la Luz y las sinagogas del Tránsito y de Santa María la Blanca, a escasos metros del impresionante Monasterio de San Juan de los Reyes.

- Subir (preferiblemente en coche porque hay una buena tirada) hasta el Parador para obtener magníficas panorámicas de la ciudad.

- Visitar el Museo de Santa Cruz y, si se es amante del tema militar (que no es mi caso), también el museo habilitado en el interior del enorme Alcázar.

LO MEJOR:

- Dar por casualidad con la tumba de El Greco en el modesto Convento de Santo Domingo el Antiguo.

- Tener idéntica fortuna para encontrar, sin buscarlo, el interesantísimo Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda.

- Probar las deliciosas carcamusas de cerdo y las anguilas de mazapán

- Descubrir a tiempo que se pueden encargar, con al menos un día de antelación, las anguilas de mazapán rellenas únicamente de yema y no de yema y cabello de ángel mezclados.

- Pasear por la noche por la Plaza del Consistorio y aledaños, contemplando la iluminada catedral.

LO PEOR:

- El frío que hace en diciembre por esos lares.

- Que en el hotel “Pintor El Greco” el nada simpático recepcionista se abstuviera de comentarnos que teníamos una visita nocturna gratis pero sólo las noches de viernes y sábado, lo que provocó que la perdiéramos.

- Los precios en restaurantes y comercios, poco sensibles a la crisis del país.

- La prohibición de hacer fotografías en varios de los monumentos visitados, una molesta costumbre que va arraigando.

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