BALANCE LITERARIO 2016

Adiós al Círculo

 

 

 

Balance Libros 2016

 

 

 

PREÁMBULO

 

 

 

Mi desvinculación del Círculo de Lectores, acaecida durante este 2016, acrecienta definitivamente la distancia entre el mundo editorial y mis lecturas, algo que posiblemente se pondrá de manifiesto en posteriores ediciones de estos Balances Literarios.

 

Esta decisión, un tanto drástica, obedece casi exclusivamente a la progresiva separación de Círculo de la mayor parte de mis autores predilectos –Don Winslow, Jean-Christophe Grangé, Philip Kerr o Michael Connelly-, quedando Mario Vargas Llosa como casi único abanderado de dichas preferencias.

 

Así las cosas y dado que mi relación con la empresa editorial se debía a la gran calidad de sus ediciones, considero que no tiene sentido mantenerla cuando me veo obligado a buscar en otra parte aquello que más me interesa.

 

En cualquier caso y sin ánimo de extenderme más sobre el particular, procedo una vez más a recordar las premisas que presiden desde un principio estos personalísimos análisis literarios:

 

  • Zona Gélida, a la cual van aquellas lecturas que o bien no me han aportado nada o bien me han desagradado especialmente.

 

 

  • Zona “Ni frío ni calor”, en la que terminan aquellas obras de las que, sin llegar a desagradarme, podría haber prescindido perfectamente.

 

  • Zona Caldeada, en la cual se ubica la mayoría y que corresponde a los libros cuya lectura me ha parecido interesante y/o placentera y en los que merece la pena invertir el tiempo.

 

  • Zona “Al rojo vivo”, en la que aparecen las lecturas elegidas más destacadas y recomendables del año.

 

 

ZONA GÉLIDA

 

 

Como de costumbre, la intuición del lector y la búsqueda de autores afines facilita mucho la labor a la hora de acertar con los títulos, lo que redunda en un alto porcentaje de acierto.

 

Ello explica de forma convincente la escasa afluencia de lecturas que acaban siendo catalogadas como desafortunadas. Aún así y por mucho que uno afine la puntería, siempre acaba filtrándose algún fiasco, bien porque incluso los mejores escribanos hacen algún que otro borrón, bien porque las críticas ajenas no siempre le son útiles a uno. Algo que deberá tener muy en cuenta quien lea estos Balances, por cierto.

 

De este modo, la mayor decepción del ejercicio la protagoniza Stanislaw Lem con su distopía El congreso de Futurología”.

 

La acción se sitúa durante el octavo Congreso Internacional Futurológico que se celebra en Costarricania. Ijon Tichy, uno de los participantes, se aloja en el Hilton en plena ola de violencia en el país y, de hecho, tras sufrir un agudo episodio alucinatorio debido a la sustancia que el gobierno costarricano ha filtrado en el agua del grifo, Tichy tendrá que huir justo después de la primera jornada del Congreso, que acaba abruptamente.

 

El bombardeo masivo de bempas, “Bombas de Amor” al prójimo que reproducen la fórmula del agua bebida por Tichy, no logrará suavizar el conflicto, que seguirá in crescendo. Refugiado en las cloacas junto al profesor Trotteireiner, el conferenciante morirá, siendo conservado en hielo y resucitado mucho después para asistir a un mundo irreal en el que todos los sentidos son masivamente engañados por un sinfín de fármacos.

 

En realidad, este aburridísimo y estrambótico relato viene a ser más bien un catálogo tanto de ocurrencias (ideas e inventos a cual más peregrino) como de los absurdos neologismos que los designan pero resultan bastante más confusas que divertidas.

 

La comparación de esta novela con las obras de Philip K. Dick está por tanto y siempre a mi entender, extraordinariamente fuera de lugar.

 

Sólo se pueden poner en relación apelando a la temática y a una cierta atmósfera pero la agilidad narrativa de Dick y la frescura de su ingenio está a varios años-luz del de Lem, con quien me costará bastante reincidir.

 

Menos sorprendente, en cambio, resulta la aparición del visionario pero algo anacrónico Isaac Asimov en este apartado, como autor de Segunda Fundación”, la tercera y última parte de la llamada “Trilogía de Tántor”, dentro de la saga de las Fundaciones.

 

El Mulo, un poderoso mutante que pretende adelantar en 700 años el advenimiento del Segundo Imperio augurado por Hari Seldon, abandona momentáneamente sus planes expansionistas a fin de encauzar sus esfuerzos por localizar la Segunda Fundación, una vez conquistada militarmente la Primera.

 

El converso general Han Pritcher y el petulante y no convertido Bail Channis llegan así a Rossem, vasallo de Tazenda, que parece ser el escondite. Sin embargo, todo resulta ser una trampa del Primer Orador de la Segunda Fundación, que acaba controlando la mente del Mulo.

 

La saga fundacional continúa perdiendo interés hasta su casi irrelevante conclusión, evidenciando una vez más el notable envejecimiento de las obras de Asimov.

 

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

 

Fundación e Imperio”, del propio Isaac Asimov, resiste a duras penas la comparación con “Fundación”, la novela inicial de la saga, conservando siquiera un poco de su atmósfera de aventura interestelar, si bien no deja de observarse en ella una exagerada tendencia hacia el circunloquio autocomplaciente.

 

Bel Riose, general del Imperio Galáctico (personaje inspirado en Flavio Belisario, el brillante e incomprendido general del emperador romano Justiniano), busca en Siwenna el rastro de “los magos” de la Fundación y allí será recibido por el patricio Ducem Barr, quien le cuenta cómo su padre recibió a un mercader equipado con un campo de fuerza individual.

 

Riose no creerá una palabra, como tampoco cree la historia del Plan de Seldon, lo que de todos modos no interrumpirá su búsqueda.

 

En una paradoja del destino, el general será capturado precisamente por la Fundación aunque luego puesto en libertad. Ello sólo constituirá un acicate para que Riose solicite del Emperador su apoyo para derrotarla.

 

Mucho menos dinámica e interesante que su novela predecesora, esta segunda entrega de la saga de las Fundaciones se pierde en ciertas disquisiciones redundantes que lastran las secuencias de mayor acción.

 

La segunda parte de la biografía novelada de Alejandro Magno escrita por el alemán Gisbert Haefs, “Alejandro, el conquistador de un imperio: Asia”, también parece quedarse a mitad de camino de su predecesora.

 

El ejército macedonio desembarca en Asia bajo la forma de una expedición punitiva panhelénica contra los persas, a las órdenes de Alejandro y de Parmenión. Tras derrotarles en dos ocasiones y obligarles a retirarse allende sus fronteras, Alejandro arrebata Egipto a los persas y es nombrado Faraón e hijo de Amón.

 

Ello acaba con el precario equilibrio interno del macedonio, cuya megalomanía se desborda. Desdeñando la generosa oferta de paz del Gran Rey, Alejandro toma el mando de sus tropas y penetra con ellas hasta el mismo corazón de Persia, arrasando Persépolis. Desde ese momento, endiosado y paranoico, empezará a librarse de cuantos amigos y colaboradores pongan trabas a sus planes.

 

Posiblemente sean más las virtudes de la primera parte de “Alejandro” que los defectos de esta segunda o quizás se deba a que ésta condensa demasiados acontecimientos en un espacio algo justo pero lo cierto es que la conclusión de la obra resulta un tanto agridulce en su recreación de la breve pero intensa vida de un portentoso estratega militar a quien sólo derrotó su propia locura.

 

En cuanto a “Jerusalén de los Evangelios”, del gerundense José María Gironella se inscribe dentro de una colección dedicada a retratar a algunas de las ciudades más emblemáticas del mundo en sus momentos de máximo esplendor.

Gironella asume el reto de hacerlo sobre la israelí Jerusalén pero, aunque el autor visitó realmente la ciudad en diversas ocasiones antes de proceder a escribir sobre ella, la Jerusalén de la que habla es más bien la que conoció el Nuevo Testamento.

 

De este modo, más que describir sus tesoros arquitectónicos o su trazado urbanístico, se dedicará a recordar algunos de los pasajes más trascendentes de la Biblia, analizando las circunstancias socioculturales de la época hasta los tiempos de los Evangelistas.

El escritor bucea pues en la historia del pueblo judío, de sus tradiciones y creencias, de sus reyes y profetas, haciendo hincapié en la figura de Jesucristo.

 

Sin embargo, esta alternancia entre los análisis y reflexiones de Gironella y los pasajes bíblicos que recrea no acaba de funcionar, aparte de que incide mucho más en la figura de Jesús que a los paisajes de la ciudad que presuntamente quiere retratar.

 

 

ZONA CALDEADA

 

 

El hombre demolido”, del escritor de ciencia ficción Alfred Bester, se mueve en similares parámetros a “Las estrellas: mi destino” que ya había leído con anterioridad.

 

Recrea un futuro en el que los telépatas –los ésper- son capaces de escudriñar cada pensamiento de los seres humanos “normales”.

 

En este contexto se nos muestra al magnate Ben Reich, quien vive obsesionado con D’Courtney, su feroz competidor en los negocios. Cuando éste rechaza su petición de fusionar sus imperios económicos, Reich planea asesinarle, pese a que nadie ha podido premeditar con éxito un crimen en los últimos 79 años.

 

Aliado con Tate, un ésper de primera clase, acaba consumando el asesinato pero la hija del anciano D’Courtney, Barbara, es testigo del mismo y se da a la fuga. Reich intentará dar con ella y otro tanto hará Powell, el prefecto de policía, quien la busca para inculpar al propio Reich pues, en su calidad de telépata, ya sabe que se trata del asesino.

 

Ciencia ficción con trasfondo filosófico, la novela no renuncia en ningún momento a la acción, con resultados globales más que interesantes.

 

Del interesante autor de “El quinto día”, el alemán Frank Schätzing, es la novela “En silencio”, que no alcanza esas cimas pero sí podría acomodarse fácilmente en una clase media literaria.

 

La novela da inicio con la reunión, en un apartado monasterio, de un poderoso anciano y un agente llamado Mirko, a quien aquél encarga la misión de constituir un comando serbio que asesine a Bill Clinton, a quien culpan de los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado.

 

Mirko ha elegido para dirigirlo a una terrorista de origen serbio que se hace llamar Jana y está considerada la mejor asesina a sueldo del mundo. Ella les pedirá 11 millones de dólares y la consecución de un YAG, un enorme artilugio que, combinado con una serie de espejos, permitirá el asesinato con una simple cámara de fotos trucada.

 

Para desgracia del comando, en las fechas señaladas llega a Colonia para promocionar su último best seller el irlandés Liam O’Connor, un atípico físico nominado al Premio Nobel.

 

Atractiva novela de acción e intriga, hace uso, como es habitual en Schätzing, de una notable precisión científica.

 

Del escritor valenciano Ángel Martínez Pons es la obra “Vidas cruzadas”, un paréntesis en su trayectoria casi exclusivamente ceñida a la novela histórica.

 

Borja asiste destrozado al entierro de su esposa Laura, apoyándose en Marta, la fiel amiga de ambos. El joven viudo recordará entonces su vida desde que abandonó su pueblo natal para estudiar en Valencia. En la universidad conocerá a Laura, a Marta y también a Juan, formando un grupo que liderará el propio Borja, por quien los tres beben los vientos.

 

El chico residirá en la casa que su tía Amparo comparte con su bruto marido Germán y ayudará al sustento familiar trabajando con éste en un bar los fines de semana.

 

Laura será desde un principio la elegida por Borja y el mutuo y absorbente amor de ambos vencerá los reparos iniciales de la acomodada familia de ella.

 

Se trata de un emotivo retrato costumbrista ambientado en la Valencia de la segunda mitad del siglo XX, que tampoco elude la reflexión acerca de la vida, la muerte, el amor y la propia existencia.

 

Los reyes de lo cool”, del intenso Don Winslow es, en realidad, una precuela de su exitosa “Salvajes”, una novela que incluso fue llevada al cine por Oliver Stone.

 

Se sitúa en la californiana Laguna Beach, que en 1967 constituye un refugio de surfistas y hippies. Es entonces cuando John McAlister, que sólo tiene 14 años, conoce a Doc Holliday, un dios del surf que regala tacos de forma altruista entre la concurrencia.

 

También entonces llega a Laguna una pareja de hippies izquierdosos –Stan y Diane- para montar una modesta librería llamada “Pan y Maravillas”.

 

John se convierte en la mascota de Doc y ambos viven en comuna en una cueva en la que este último se acuesta con Freddie, la estrambótica madre de Emily.

 

Todos comenzarán a prosperar de la mano de la marihuana que, años después, se convertirá en cocaína.

 

En 2005 los protagonistas pasan a ser la rubia O (felia) y sus amigos Ben y Chon, que triunfan con cannabis hidropónico y están siendo extorsionados por una banda llamada “Los Maduros Molan”.

 

Esta apasionante precuela ahonda en el inicio del tráfico de drogas en California y también en el pasado del trío protagonista, revelando su relación con los personajes que, a finales de los sesenta, pusieron los cimientos de lo que es su vida actual.

 

Continuando con el doblemente citado Isaac Asimov, mucho mejor resulta “Fundación”, la novela original de la saga, pese a la dispersión de sus historias, que reduce de forma sensible la efectividad de una propuesta no exenta en absoluto de atractivo.

 

La acción comienza cuando el padre de la Psicohistoria, el eminente Hari Seldon, pronostica el final del Imperio Galáctico para cinco siglos más tarde. Su mayor aspiración consiste en reducir de 30.000 a 1.000 la duración de la anarquía que sobrevendrá inevitablemente.

 

Para lograrlo, decide crear dos Fundaciones, situadas en cada extremo de la galaxia, cuyo propósito estriba en formar la base de un Segundo Imperio mil años después.

 

La novela, que relata la historia de una de esas Fundaciones durante sus dos primeros siglos de vida, sigue teniendo hoy la misma fuerza dramática que cuando fue escrita en 1951 y su influencia se deja notar en muchas y notables novelas posteriores –desde “La mano izquierda de la oscuridad” (Ursula K. Le Guin, 1969) hasta “Los tejedores de cabellos” (Andreas Eschbach, 1995), pasando por “Los viajes de Tuf” (George R. R. Martin, 1986), por poner tan sólo algunos ejemplos.

 

http://rincondesinuhe.com/homepage/337-saga-de-las-fundaciones

 

Quinta entrega de la saga “Charlie Parker”, “El ángel negro”, de John Connolly, sigue incidiendo en los elementos propios del thriller sobrenatural que la caracterizan.

 

 

El preámbulo de la novela tiene lugar en Centroeuropa cuando la excavación en una mina de plata de Bohemia libera a un grupo de ángeles caídos, al mando de los “Ángeles Negros” Ashmael e Immael. Pero este último será sorprendido en plena transformación por Erdric, un monje cisterciense del monasterio de Sedlec. Abatido sobre una cuba de plata candente, el demonio queda así atrapado y es escondido por los monjes.

 

Mucho tiempo después, Ashmael y sus “Creyentes” buscan reunir los fragmentos del mapa que lleva hasta Immael. El cabecilla de la secta, una horrible y antigua criatura llamada Brightwell, es un depósito de almas, arrebatadas a aquellos a los que tortura y asesina.

 

Las truculencias sobrenaturales se suceden en esta nueva entrega, en la que se insinúa la naturaleza angélica de Parker dentro de un relato aderezado con bastante historia apócrifa.

 

La hora de las sombras”, del periodista y escritor sueco Johan Theorin, constituye la primera parte de la tetralogía conocida como “Cuarteto de Öland”.

 

El pequeño Jens Davidson desaparece en una mañana de niebla en la sueca isla de Öland. Veinte años después sigue sin haber respuestas pero la madre del niño, Julia, naufraga entre antidepresivos y alcohol.

 

Una llamada de teléfono de Gerlof, el padre de la propia Julia y abuelo de Jens, la llevará de vuelta a Stenvik. El anciano, que sobrelleva sus achaques en una residencia, ha recibido anónimamente por correo una sandalia del niño y, por un logotipo del sobre, ha descubierto que el remitente es el ahora impedido Martin Malm, capitán de barco retirado como él.

 

Por encima de muchas de las mediocridades que ha deparado el sobrevalorado thriller escandinavo en los últimos años, la novela de Theorin desmiente sus aparentes sencillez y previsibilidad con un efectista final.

 

El escritor y guionista cubano nacionalizado británico Guillermo Cabrera Infante, vio publicada póstumamente una novelización de sus memorias llamada “Cuerpos divinos”.

 

En ellas, un crítico de cine de la revista habanera “Carteles” que se identifica con el propio autor conoce por casualidad a una jovencita todavía virgen llamada Elena, con la que iniciará una relación pese a estar casado con Mirta.

 

Jefe de redacción de la revista y opositor al régimen de Batista, el periodista se deshará de la desequilibrada muchacha antes de conocer a una incipiente actriz a la que bautizará simplemente como “Ella”. Tras una relación tan larga e intermitente como tempestuosa y casi carente de placeres sexuales, también Ella acabará saliendo de la vida del redactor, por la que irán desfilando otra serie de mujeres.

 

La autobiográfica novela, que resulta ciertamente entretenida, recrea los escarceos sexuales del escritor con las mujeres de su vida mientras modula la Historia reciente de Cuba.

 

Mencionado unos párrafos atrás, a resultas de una desafortunada comparación, Philip K. Dick aporta a las lecturas de este año su singular relato breve “Laberinto de muerte”.

 

Ben Tallchief consigue su ansiado traslado tras haber elevado una plegaria al Intercesor. Si hubiera fallado, la hubiese dirigido al Mentufactor pero no había fallado. En un kibutz al otro lado de la galaxia, también el matrimonio formado por Seth y Mary Morley reciben la noticia de su traslado..

 

Los tres viajan en narizón –unas pequeñas naves sólo de ida- hasta una pequeña colonia llamada Delmak-O, donde ya les espera el resto de la improvisada comunidad. Un clima de tensión creciente se establecerá entre ellos desde que se malogra el mensaje del satélite en que debía comunicárseles su misión en la colonia.

 

Lo mejor del relato es su sugestiva puesta en escena, con la somera presentación de sus personajes y su contextualización en una extraña colonia. Luego la historia pierde fuerza aunque cabe reconocerle una remontada considerable a la altura del desenlace.

 

Trece runas”, por su parte, constituye mi segunda oportunidad para el escritor y periodista cinematográfico alemán Michael Peinkofer, que me había desagradado notablemente con “La maldición de Thot”.

 

Sir Walter Scott está escribiendo una de sus novelas, por lo que envía a su ayudante Jonathan a la biblioteca de Kelso, a fin de investigar ciertos datos históricos. El joven aparecerá muerto en extrañas circunstancias y, poco después, Quentin, el sobrino de Sir Walter, está a punto de correr su misma suerte mientras la biblioteca es incendiada.

 

Londres envía al inspector Charles Dellard para ocuparse del asunto pero éste resulta ser un engreído poco eficaz y, para colmo de males, poco después Scott y Quentin sufrirán un intento de atentado en un puente. Sin embargo, la aparición de otro carruaje convertirá a sus ocupantes –lady Mary de Egton y su doncella- en inopinadas víctimas.

 

Entretenida novela ambientada en la Escocia del XIX, Peinkofer tiene el acierto de convertir la atractiva figura del novelista Walter Scott en uno de sus personajes principales.

 

Primera parte de su biografía en dos volúmenes sobre Alejandro Magno, Gisbert Haefs es el firmante de “Alejandro. El unificador de Grecia. La Hélade”.

 

El gran Alejandro Magno ha muerto y su colosal imperio se tambalea. Preocupado por la sucesión, Peukestas va en busca de Aristóteles pero el moribundo filósofo se niega a revelarle el nombre que anhela aunque sí accede a contarle la historia de Alejandro.

 

A través de sus palabras y de las imágenes que hace ver a Peukestas mediante la hipnosis contemplamos a Filipo de Macedonia construyendo una gran nación partiendo de su pequeña y arrasada patria junto con sus leales Antipatro y Parmenión. De la unión del rey con la pérfida Olimpia nacerá Alejandro: sensible, brillante y hermoso, el príncipe será modelado por Aristóteles.

 

Interesante y explícito relato en el que no siempre es Alejandro el protagonista, es de lamentar cierta propensión a la escatología aunque en conjunto la novela no carece de magia.

 

La educación sentimental”, del novelista francés Gustave Flaubert, es una de las lecturas clásicas que me han acompañado durante el ejercicio.

 

La novela narra cómo en 1840 el dieciochoañero Federico Moreau conoce a bordo de un vapor a Jacques Arnoux, el cuarentón propietario de “El Arte Industrial”. En ese mismo instante, el bachiller se enamora de la señora Arnoux.

 

Meses más tarde, Federico regresa a París para estudiar leyes junto a su amigo Deslauriers, lo que le permitirá intimar con Arnoux y acercarse a su esposa. Aprovechando la herencia de un tío, el chico asciende posiciones en la escala social parisina, tonteando con amantes cotizadas –la Mariscala- y alternando con aristócratas como la señora Dambreuse aunque su obsesión por la señora Arnoux no menguará, alcanzando incluso un cierto grado de platonismo compartido con ella.

 

Ambientada apenas unos años más tarde que el “Rojo y negro” de Stendhal, Flaubert compite con él en su inspirado retrato de la sociedad francesa de la época, haciendo de paso una suerte de autobiografía sentimental que también acerca ambas obras.

 

También en cierto modo remite a la Historia de Francia, aunque en un tono bastante más jocoso, “La sombra del águila”, del murciano de Cartagena Arturo Pérez Reverte,.

 

El ejército napoleónico está siendo barrido en la rusa Sbodonovo cuando un misterioso batallón irrumpe en el campo de batalla, desafiando heroicamente a las baterías rusas. En realidad se trata del 326 Batallón de Infantería de Línea, conformado por un grupo de soldados españoles obligados a alistarse en el ejército francés –teóricamente aliado puesto que José I Bonaparte es por entonces rey de España- tras la derrota de éste en Dinamarca.

 

Sin embargo, lejos de buscar la gloria, lo que el 326 persigue es desertar y pasarse al ejército ruso pero Napoleón frustrará sus planes enviando al valiente e ignorante mariscal Murat en su auxilio.

 

Como su propio autor indica en el prólogo, no estamos ante una novela sino ante un breve relato, si bien su lectura resulta muy recomendable al unir humor e historia en torno a un ficticio batallón español.

 

En cuanto a “El afgano”, la novela supone el reencuentro de Frederick Forsyth con los dos hermanos protagonistas de “El puño de Dios”, escrita por él doce años antes.

 

La utilización, por parte de un guardaespaldas del jefe financiero de Al Qaeda, de un móvil “marcado” lleva hasta ellos al Comité de la Lucha contra el Terrorismo de Pakistán y, aunque los agentes no logran impedir el suicidio del terrorista, sí recuperan un portátil con valiosa información.

 

De ella coligen que Al Qaeda está organizando una operación a muy gran escala bajo el nombre clave de “al-Isra”. Temiendo sus dimensiones, los británicos repescan a Mike Martin, coronel retirado del Regimiento de Paracaidistas y del SAS cuyo dominio del árabe, su infancia en Iraq y su propio aspecto físico lo hacen idóneo para ser infiltrado.

 

Con un trasfondo real y persuasivo que recrea el escenario mundial tras los atentados del 11-S, Forsyth traza un relato vigoroso que pone al día el género “de espías” en materia antiterrorista.

 

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

 

Vamos, por último, con los títulos que se han hecho acreedores a una distinción especial entre mis lecturas de 2016:

 

El puño de Dios”, al que aludía hace un momento, es la primera novela de Frederick Forsyth en contar con los hermanos Martin como protagonistas.

 

En 1990 el director iraquí Sadam Hussein ordena a sus tropas la invasión de Kuwait. De inmediato, el SIS británico y la CIA estadounidense comienzan una ardua labor para determinar la capacidad militar de Irak, que por aquel entonces cuenta con el cuarto mayor ejército regular del mundo.

 

El paracaidista y comandante del SAS Mike Martin, criado precisamente en Irak y con rasgos físicos curiosamente árabes, será infilgrado en Kuwait antes de que las tropas estadounidenses y británicas, que se están acumulando en suelo saudí, entren en combate.

 

Apasionante relato de lo que fue la Primera Guerra del Golfo, la historia se centra en un personaje, Mike Martin, que entrará en acción a causa de la indiscreción de su erudito hermano, el doctor arabista Terry Martin.

 

Otro gigante del espionaje literario, John Le Carré, es el firmante de “Asesinato de calidad”.

 

Stella Rode, la esposa de un profesor del prestigioso Carne School, es brutalmente asesinada. Días antes había escrito al a señorita Brimley, secretaria y redactora adjunta de “La Voz Cristiana”, para pedirle ayuda pues sospechaba que su marido quería matarla.

 

Puesta en contacto con George Smiley, a quien conoció durante la guerra, la señorita Brimley le convence para que visite Carne, de donde procedía su aristocrática ex esposa. Allí colaborará con el inspector Rigby y ayudará a éste, penetrando en el hermético mundo del colegio, que al policía le está vedado.

 

Se trata de una de las primeras novelas de Le Carré y cuenta con evidentes influencias de Agatha Christie, que se hacen patentes tanto en su brillante puesta en escena como en la propia atmósfera en la que se mueven los personajes.

 

Cero absoluto” fue el debut como novelista del desaparecido guionista estadounidense Allan Folsom, que deslumbraría a sus 53 años con esta trepidante novela.

 

Un americano, el doctor Osborn, reconoce en un café de París al hombre que asesinó a su padre 28 años antes. Tras agredirle, el hombre huye hacia el metro mientras él es detenido por la policía y luego liberado. Un detective le llevará hasta su objetivo pero ambos son tiroteados por un desconocido y Osborn, herido, es rescatado y ocultado por Vera Monneray, de quien está enamorado.

 

Mientras, Joanna Marsh, una fisioterapeuta estadounidense, acompaña a su paciente Elton Lybarger a su casa en Suiza. Allí será presionada por el doctor Salettl para acelerar los progresos y seducida por su empleado Von Holden.

 

Aunque el arranque de la novela parece algo pillado por los pelos, su interés se va incrementando notablemente hasta constituirse en una historia emocionante y dotada de un ritmo vertiginoso.

 

No podía faltar este año entre mis lecturas una nueva entrega de los casos de Harry Bosch escritos por Michael Connelly. “Pasaje al Paraíso” es, de hecho, la quinta parte de la saga.

 

Bosch ha vuelto al fin a Homicidios, reclamado por la teniente Grace Billets, que lo considera fundamental para remontar la paupérrima estadística de crímenes resueltos por el departamento. Su primer caso será la aparición de un cadáver en el maletero de un Rolls Royce alquilado.

 

La víctima resulta ser Tony Aliso, un adinerado productor de cine que, sin embargo, sólo realizaba mediocridades lindando con el porno. Tras interrogar a la viuda, Veronica, Harry seguirá la pista hasta Las Vegas, donde queda clara la conexión entre Aliso y el blanqueo de dinero de la mafia. Allí Bosch se reencontrará con Eleanor Wish, una vez cumplida la condena por parte de la ex agente del FBI, ahora reconvertida en jugadora profesional de póker.

 

Esta trepidante entrega, en absoluto exenta de sorpresas, nos muestra al detective Harry Bosch en un nuevo escenario: en este caso, Las Vegas y la mafia.

 

Criadas y señoras”, novela escrita por la joven autora estadounidense Kathryn Stockett, constituye uno de los puntos álgidos de mi actividad lectora del año.

 

La historia acaece en el año 1962, en Jackson, Mississippi. La ciudad constituye un tétrico ejemplo del peor racismo imperante en los estados del sur y, en este contexto, Skeeter Phelan se desmarcará de sus amigas Hilly Holbrook y Elizabeth Leefolt en una cruzada secreta encaminada a revelar, a través de un libro de entrevistas, las vejaciones y malos tratos que sufren las criadas negras a manos de sus jefas blancas.

 

Para llevar a cabo su delicada misión, Skeeter contará con la ayuda de Aibileen Clark, la criada que se ocupa de la crianza de Mae Mobley, la hijita de Elizabeth. Y, a instancias de la propia Aibileen, acabarán colaborando con la escritora hasta una docena de criadas, destacando la deslenguada Minny Jackson, a quien su marido maltrata y que trabaja para la lunática Celia Foote tras haberlo hecho antes para la senil madre de Hilly.

 

Deslumbrante opera prima de una autora nacida en el propio Jackson, la novela retrocede medio siglo para mostrar con gracia e ingenio un pasado tan doloroso como dramático.

 

Pero posiblemente el título más brillante de cuantos han caído en mis manos este año es la infravalorada “Los viajes de Tuf”, de un George R. R. Martin al que muchos se limitan a considerar “únicamente” como el autor de la saga “Canción de hielo y fuego”.

 

 

Un mercader moribundo maldice frente a la tumba de su esposa la decisión de ésta de trasladarse al planeta H’Ro Brana, donde una estrella maligna ha descargado una plaga tras otras hasta casi erradicar toda forma de vida.

 

276 años después, una expedición auspiciada por la historiadora Celisse Waan viaja hasta allí a bordo de la nave de Haviland Tuf, convencidos de que la estrella es en realidad una sembradora de guerra biológica del desaparecido Cuerpo de Ingeniería Ecológica.

 

Es ésta una excepcional novela de ciencia ficción con escenarios, personajes y diálogos absolutamente brillantes, que denotan una vez más el extraordinario talento narrativo de Martin.

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