BALANCE VIAJERO 2016

Fijación con Asia

 

 

Viajes 2016

 

 

Siguiendo las previsiones, Japón se convirtió en el segundo destino asiático de mi trayectoria viajera (dejando al margen mi incursión en la Costa del Egeo turca de hace unos años).

El viaje respondió a las expectativas creadas aunque debo reconocer que la impresión es menos profunda si uno ha visitado previamente China.

También se siguió el guión previsto viajando por sexta vez a Roma, donde tuve ocasión de visitar las catacumbas de San Calixto y la Pirámide de Caio Cestio, a las que no honraba con mi presencia desde los lejanos años ochenta.

Haciendo alarde de una gran previsibilidad, la Provenza fue en efecto el objeto de mi tercer viaje del año, tratándose de una región de Francia que desconocía por compleeto. Orange, Aviñón, Aix-en-Provence y las pequeñas poblaciones de Cavaillon, Gordes, Roussillon o Sault fueron mis objetivos concretos.

El viaje (por carretera todo él) se completó con una incursión en la Costa Brava gerundense, lo que me dio ocasión de conocer Peralada, Port de la Selva, Port Lligat, Cadaqués y el monasterio de Sant Pere de Rodes.

Lo que no estaba en el guión inicial era realizar un segundo viaje a Asia este mismo año, escogiendo además para ello un grupo de países ubicados todos ellos en el lejano Sudeste.

Tailandia, Camboya, Malasia y la isla indonesia de Java conformaron pues un tercer viaje al Extremo Oriente en apenas un año.

Para finalizar 2016, una nueva visita a mi adorada Granada redondeó un año ciertamente destacado en la faceta viajera.

 

Castillo Matsumoto y nieve

 

1) JAPÓN

Aprovechando las festividades de Pascua para descubrir el archipiélago nipón en plena Sakura (floración del cerezo), la experiencia se reveló como altamente gratificante.

Un larguísimo vuelo hasta Tokio y el posterior viaje por carretera en coche de alquiler me permitió recorrer una parte significativa de la isla de Honshu.

Destacaron, entre todas las maravillas contempladas, las siguientes:

- Nikko, con el centenar de edificios y estructuras que conforman los santuarios sintoístas de Tosho-gu y Futarasan y el templo budista de Rinno-ji.

- Matsumoto, con su espectacular Castillo Samurái, al que llaman “Castillo Cuervo” por su característico color negro.

- Takayama, en los Alpes japoneses, donde disfruté de sus impecables mercados callejeros, de su pintoresco barrio de Sanmachi Suji (con casas bajas de madera negra y puertas correderas) y de su deliciosa ternera de Hida.

- Shirakawago, una de las aldeas históricas formada por casas tradicionales de madera con tejados triangulares de paja.

- Kioto, en la que todavía sobrevive la esencia de lo japonés. Sus innumerables tesoros quedan evidenciados por este dato: hasta 17 de sus Monumentos están declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO pese a que la ciudad apenas cuenta con millón y medio de habitantes.

- Tokio, en cambio, no goza de estas distinciones pese a su gigantesco tamaño pero sí presenta edificios espectaculares en el barrio de Shinjuku y lugares tan especiales como el Santuario Meiji y, sobre todo, el espectacular barrio de Asakusa, con el templo Sensoji y su bonita pagoda.

LO MEJOR

- La educación exquisita de los japoneses y su pulcritud.

- La belleza deslumbrante de los paisajes nipones en plena Sakura.

- Los ciervos que corren sueltos por Nara y a los que se puede alimentar simplemente con las hojas de los árboles circundantes.

- La extrema amabilidad de los habitantes de Tokio, jóvenes y mayores, acompañándote de forma altruista cuando buscas una dirección o ayudándote a paliar los errores cometidos en las inmensas estaciones de metro.

- Un recuerdo especial para las encantadoras jovencitas a las que conocimos en el metro y que eran admiradoras del patinador madrileño Javier Fernández.

- Poder comer en los mercados al aire libre de Takayama sin preocupación alguna debido a la limpieza imperante.

- Todo KIOTO, con el inolvidable Fushimi Inari y sus cientos de puertas Torii, el Pabellón Dorado, el Pabellón de plata, el castillo samurái de Nijo o el bosque de bambú.

- Rememorar “Memorias de una geisha” en la propia Fushimi Inari y en el barrio de Gion.

LO PEOR

- Los precios en todo el país pero, sobre todo, en la carísima Tokio.

- Las indicaciones y señales están casi siempre exclusivamente en japonés.

- Comparado con otros países, resulta difícil moverse por las estaciones de metro de Tokio.

- La pésima actitud y falta de empatía de los empleados (en recepción y restaurante) del hotel JR Kyushu de la capital nipona.

- Las largas distancias dentro de Tokio y entre la ciudad y el aeropuerto.

- Marcharse de Japón sin conseguir ver el Monte Fuji por culpa de la densa niebla.

 

Arco de Constantino

 

2) ROMA, SEXTA VISITA A LA CAPITAL ITALIANA

A medida que las visitas se suceden una tras otra, el viajero tiende a buscar en los destinos ya conocidos aquello que le queda más lejano en el tiempo aunque siempre nos quede algún rincón inexplorado (cada vez menos, claro).

Entre las repeticiones más evocadoras destacaría las siguientes:

- Regresar a la Pirámide de Caio Cestio y a la contigua Puerta de San Paolo.

- Un descenso a las Catacumbas de San Calixto treinta años después.

- Darse un garbeo por los Museos Vaticanos para extasiarme una vez más contemplando la Capilla Sixtina.

- Pasear por los Foros Imperiales y entrar de nuevo en el Coliseo.

- Retar a la Bocca della Verità a demostrar nuestra falta de sinceridad mordiéndonos la mano.

- Cruzar el río hasta el Trastévere y ascender el Gianicolo para visitar el templete de San Pedro in Montorio y el célebre Fontanone.

- Cenar junto a la Piazza di Spagna y tomar un helado en la Piazza Navona.

- Entrar un momento al Panteón, contemplar la ciudad desde lo alto del Castell St’Angelo y lanzar la moneda a la Fontana di Trevi para asegurarnos de poder volver a Roma.

LO MEJOR

- Que el traslado en taxi desde la Piazza del Popolo hasta las lejanas catacumbas apenas costara 20 euros.

- El guía español de las catacumbas de San Calixto, pese a su cómica seriedad y también el de la visita a pie de los Foros; un arqueólogo mexicano con mucho gracejo y erudición.

- El acierto absoluto al elegir los distintos restaurantes para comer y cenar, que me permitieron probar casi todo el repertorio a lo largo de cuatro días: pizza, lasaña, espaguetis, escalopines, risotto, tiramisú, panacota…

- Los deliciosos capuchinos, que encandilan incluso a los detractores del café.

- La animada fiesta que, organizada por Coca Cola en plena Piazza del Popolo, dio color a mi estancia en la ciudad, permitiendo horarios más flexibles a los restaurantes de la zona.

- La Suite LHP de la Vía Angelo Brunetti, el mejor apartamento romano en el que me he alojado hasta el momento.

LO PEOR

- Los nervios después de equivocarme con el bolso de mano en los abarrotados controles de acceso a los Museos Vaticanos y los apuros para encontrar a la persona que, también por error, había cogido el mío.

- No poder subir en esta ocasión las Escaleras Españolas, que conducen desde la Plaza de España hasta la Iglesia de Santa Trinitá del Monti, por hallarse en obras.

- Encontrar cerrada la Basílica de San Juan de Letrán, sin posibilidad por tanto de dar un paseo por su bonito y desconocido claustro.

- El calor sofocante que hace en la capital italiana a finales de junio.

 

Lavanda

 

3) PROVENZA (yCOSTA BRAVA)

Asignatura pendiente desde hace muchos años, la Provenza francesa se reveló como una región de esplendorosa belleza paisajística y monumental.

Entre lo más atractivo que tuve ocasión de conocer destaca:

- Orange, con sus impresionantes vestigios romanos: el Arco y, sobre todo, su gran Teatro.

- Cavaillon, con la bonita catedral de Notre Dame et Saint Veran y una bella sinagoga.

- Gordes, colgada literalmente de una ladera (no en vano forma parte de los llamados “villages perchés”) y que recuerda a las transalpinas Volterra y San Gimignano.

- Roussillon, con su “Sendero de los Ocres”, un paseo entre colinas llamativamente rojas, ocres y amarillas.

- Sault, rodeada por campos de lavanda.

- Aix-en-Provence, con su elegante avenida Cours Mirabeau y las no menos bellas plazas del Hôtel de Ville, d’Albertas y de la Rotonda.

- Aviñón, con su impactante Palacio de los Papas (un lugar imprescindible para entender la grandeza de una ciudad capaz de sustituir durante 68 años a la mismísima Roma como sede pontificia.) y el famoso “Puente” de las canciones.

LO MEJOR

- Extasiarse ante los hermosos campos de lavanda.

- Constatar las agradables coincidencias entre esta bonita región francesa y la Toscana italiana.

- Descubrir los espectaculares “pueblos colgados” de Gordes y Rousillon.

- Visitar al fin (era una cuestión más que pendiente) el Palacio de los Papas de Aviñón.

LO PEOR

- No coincidir con el horario de apertura del teatro romano de Orange (imperdonable).

- Comprobar que, salvo en los restaurantes caros-carísimos, la comida francesa no es nada del otro mundo.

- Sufrir un doloroso esguince de tobillo en las empinadas calles de Gordes.

- El pésimo sabor de boca que me dejó el terrible y mortífero atentado de Niza, acaecido menos de una semana después de haber estado en la cercana Aix-en-Provence.

Pero mi viaje a tierras francesas tuvo su epílogo con una estancia de varios días en la gerundense COSTA BRAVA., dándome ocasión de redondear el viaje con algunas visitas inolvidables. Son los casos de:

- Peralada, con su bonito castillo (ahora dedicado a Casino), las interesantes colecciones de vidrio, barricas y ediciones de “El Quijote” ubicadas en el Convento del Carmen y  el claustro románico de Sant Doménec.

- El monasterio benedictino de Sant Pere de Rodes, situado a gran altura y junto a un poblado medieval del que todavía se conserva una iglesia perrománica.

- Port Lligat, con la divertida Casa-Museo de Salvador Dalí.

- Cadaqués, con sus casas blancas junto al mar, coronadas por la iglesia de Santa María.

LO MEJOR

- La deliciosa gastronomía (embutidos, pa amb tomaca, crema catalana, tortilla de patata, gazpacho); no hay como atravesar la frontera española para recordar lo mucho que perdemos en ese sentido cada vez que viajamos al extranjero.

- El impresionante Sant Pere de Rodes, con las ruinas del monasterio en un enclave incomparable.

- La belleza mediterránea de Cadaqués.

- El encanto de Peralada y sus muchos tesoros ocultos.

LO PEOR

-  La invasión de esteladas en Cadaqués (aunque cada cual sea muy libre de expresar sus opiniones, faltaría más).

- El camarero que nos atendió en el restaurante “Casa Pepe” de Hostalets de Llers, en las afueras de Figueres y que se dedicó a desasosegar al personal con chistes fuera de lugar y desafortunados comentarios machistas sobre sus propias esposa y suegra.

- La playa de Llansá fue toda una decepción por la ausencia de arena y la presencia de una molesta gravilla.

 

Portada Camboya 2

 

4) SUDESTE ASIÁTICO

Dos semanas y media no parecen demasiado para visitar la friolera de cuatro países pero sí permiten, como mínimo hacerse una idea aproximada acerca de su fisionomía y del modo en que discurre allí la vida.

De las enriquecedoras experiencias que cada una me aportó me permito mencionar las siguientes:

            En TAILANDIA, donde sólo visité Bangkok:

- Pasear por el Parque Lumpini, auténtico pulmón de la ciudad.

- Disfrutar de la gastronomía en la Casa-Museo de Jim Thompson.

- Apreciar la belleza del Gran Palacio Real, con su gigantesca estupa dorada.

- Admirar el Gran Buda Reclinado, con sus 46 metros de largo y 15 de alto, en el templo de Wat Pho.

- Recorrer algunos templos de la ciudad como Wat Arun, Wat Saket (en la Montaña Dorada), Loha Prasat, Wat Ratchabophit o Wat Suthat (con el contiguo Columpio Gigante).

            En CAMBOYA, un país que desafía la capacidad de asombro de cualquier mortal:

- El indescriptible Angkor Wat, por encima de todo lo demás.

- Ta Prohm, donde se pueden emular las peripecias de Angelina Jolie interpretando a la aventurera doctora Lara Croft (“Tomb Raider”).

- Bayón, el templo de las 54 torres, con cuatro rostros tallados cada una, lo que hace un total de 216 caras..

- Las espectaculares gopuras (torres ornamentales situadas sobre las entradas) de la antigua Angkor Thom.

- El alejado y semiabandonado templo de Beng Mealea, todavía más inmerso en la jungla que las anteriores y sin sombra de restauración.

- Las míticas Terrazas de los Elefantes y del Rey Leproso.

            En MALASIA centré la visita en su capital Kuala Lumpur, destacando:

- Las Torres Petronas, imponentes de día y deslumbrantes de noche.

-  Recorrer Chinatown y Little India, los barrios donde vive la abundante población china e india de la capital malaya.

- Disfrutar de las grandes bellezas arquitectónicas reunidas en torno a la Plaza Merdeka.

- Alucinar viendo a la gigantesca ballena que preside el KCC Park, junto a las Petronas.

- Una excursión a las cercanas Cuevas de Batu, unas cavernas-templo encaramadas a una colina.

            En INDONESIA, donde únicamente visité la región de Yogyakarta, en la isla de JAVA, con especial atención a:

- El templo de Borobudur, considerado junto al ya citado Angkor en Camboya y a Bagan en Mianmar como los tres complejos templarios que justifican una visita al Sudeste Asiático.

- El también espectacular templo de Prambanan, que impresionará especialmente a quien no haya visitado Camboya.

- La propia Yogyakarta, con el Palacio Kraton, Taman Sari (“el Castillo de Agua”) o Sumur Gumuling (la Mezquita Subterránea).

LO MEJOR

En Tailandia:

- El feliz descubrimiento de la Jim Thompson House.

- La majestuosidad del Palacio Real de Bangkok.

- Las impresionantes dimensiones del Buda yacente.

- El divertido y peligroso viaje en Tuc-Tuc con 6 personas hacinadas (y muertas de risa) en el minúsculo vehículo.

En Camboya:

- ¡TODO!

- En ese todo incluyo los impresionantes templos de Angkor, con especial admiración hacia Angkor Wat y las puertas (con sus correspondientes gopuras) de Angkor Thom.

- También la magia de la jungla invadiendo Ta Prohm o Beng Mealea.

- El recomendable hotel “Saem Siem Reap”, lujoso, cómodo y con un personal eficiente y amable, del que cabe destacar a su encantadora jefa de recepción.

- Encontrar una camiseta del Valencia CF en las tiendecillas de Siem Reap (por una décima parte de su precio en España, por supuesto).

En Malasia:

- La amabilidad del funcionario de aduanas que nos atendió en el gigantesco aeropuerto de Kuala Lumpur.

- Las omnipresentes Torres Petronas, realmente esbeltas y elegantes..

- El descubrimiento de las tartas Hokkaido.

En Indonesia (Java):

- La divertida risa y los muchos recursos de nuestro guía Julio.

- La grandiosidad de Prambanan y, sobre todo, Borobudur aunque todavía me habrían impactado mucho más de no haber estado una semana antes en Angkor.

- La sencillez del “Castillo de Agua” aunque la comparación con el Generalife granadino no le haga ningún favor.

LO PEOR

En Tailandia:

- La profusión de andamios que nos impidió disfrutar de varios de los templos.

- La voracidad de los mosquitos en Bangkok.

- Disponer sólo de una hora para visitar el Palacio Real, ya que cierra muy pronto.

En Camboya:

- La poca calidad del único restaurante en que nos aventuramos a comer fuera del hotel.

- Sufrir, en carne propia y sin paraguas ni impermeable, un contundente diluvio monzónico.

En Malasia:

- La vergüenza de comprobar demasiado tarde que nos habíamos metido en un vagón destinado exclusivamente a las mujeres.

- La sensación de patente inseguridad durante el espectáculo de luz y sonido al que asistimos bajo las Petronas apenas 24 horas después del frustrado atentado con misiles en la vecina Singapur.

En Indonesia (Java):

- El desbarajuste en la recepción de nuestro hotel en Yogyakarta aunque se supliera con muy buena voluntad por su parte.

- Los desayunos en el hotel, poco apetecibles al menos para un servidor. Tampoco el bufé del domingo a mediodía resultó de mi agrado.

 

Alcazaba 1

 

5) GRANADA

Aunque la ciudad de La Alhambra es un destino recurrente en mis numerosos viajes, lo cierto es que cada vez que la visito disfruto enormemente de sus bellezas naturales y arquitectónicas, de sus costumbres y también de su gastronomía.

Como consecuencia de tanta reiteración, las únicas variaciones que se producen en mis sucesivas visitas guardan relación con la época del año y los colores que la acompañan y también con la meteorología, las personas con las que realizo el viaje o las obras de mantenimiento que inopinadamente afean algún que otro monumento.

Entre las experiencias que no me cansaré nunca de repetir se encuentran:

- La preceptiva visita a La Alhambra, incluyendo siempre el Generalife y los Palacios Nazaríes pero sin olvidar tampoco la Alcazaba o el denostado Palacio de Carlos V.

- El callejeo por la parte alta del Albaycín, buscando rutas alternativas de ascenso y descenso al Mirador de San Nicolás.

- Disfrutar, desde este último, de la maravillosa estampa de la Alhambra, en esta ocasión enmarcada por las cumbres nevadas.

- Visitar la Catedral, la Capilla Real, la Alcaicería, el Corral del Carbón, el Bañuelo y la Casa de Zafra.

- Una visita poco habitual -la de los jardines del Palacio de los Córdova- se unió, en esta ocasión, al itinerario de costumbre.

- Perderse por el Carmen de los Mártires con más tiempo que en otras ocasiones e investigar, por tanto, sus rincones más desconocidos.

LO MEJOR

- La inusual relajación de las gitanas que ofrecen ramas de romero junto a la catedral.

- Visitar el Bañuelo de forma gratuita por haber llegado en domingo.

- Disfrutar de nuevo de la deliciosa gastronomía de “El Quinteto”.

- Degustar in situ los incomparables piononos del “Rey Fernando”.

- La afabilidad y profesionalidad de la guía que realiza la visita a la Abadía del Sacromonte.

- Estar en Granada durante cuatro días de diciembre y disfrutar de sol y de una temperatura más que moderada.

LO PEOR

- Constatar la desaparición de la tetaría “Tuareg” cuya atmósfera añoraba.

- Encontrar una vez más en obras el Patio de los Leones en los Palacios Nazaríes.

- La absurda prohibición de realizar fotografías en la Capilla Real, que guarda los sepulcros de los Reyes Católicos.

- No encontrar ni un hueco en la terraza del hotel “Alhambra Palace”, por primera vez en mis muchas visitas.

- El precio de los alojamientos en la ciudad cuando de un puente se trata y que no mitiga siquiera la compra anticipada en varios meses.

PLANES PARA 2017

Año de pocas perspectivas por circunstancias que no vienen al caso, el 2017 se perfila menos viajero que sus predecesores.

De hecho, tan sólo parece seguro un viaje a Malta y Gozo, reflejo del ya realizado en 2009.

Aunque quede la posibilidad de hacer alguna escapada a alguna capital europea y quizás al norte de España, lo que parece descartado de antemano es la salida fuera del Viejo Continente.

En cualquier caso, me cito con los lectores dentro de un año para corroborar (o no) las escasas expectativas del año que acaba de 

Comentarios  

0 #2 Super User 08-02-2017 07:51
Cito a Guillermo de Baskerville:
Ayssss, esos mosquitos de "Krungtep" (Bangkok)... Ya sabe que es ciudad erigida sobre canales, y dudo que su drenaje y limpieza sea una de las prioridades gubernamentales. Pero oiga... no subir hasta Ayyuthaya, a tan sólo cincuenta kilómetros la capital, es para castigarle, don Sinuhé. En fin, sé que volverá.

Acepto el castigo, Fray Guillermo, acatando mi propio voto de obediencia pero no olvide que debía embutir en dos semanas y media Tailandia, Camboya, Malasia e Indonesia. Y, sí, tengo toda la intención de regresar.
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0 #1 Guillermo de Baskerville 05-02-2017 11:08
Ayssss, esos mosquitos de "Krungtep" (Bangkok)... Ya sabe que es ciudad erigida sobre canales, y dudo que su drenaje y limpieza sea una de las prioridades gubernamentales. Pero oiga... no subir hasta Ayyuthaya, a tan sólo cincuenta kilómetros la capital, es para castigarle, don Sinuhé. En fin, sé que volverá.
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