BALANCE DE CINE 2017

 

Marcado por “La La Land”

 

 

Balance Cine 2017 La La Land

 

 

El estreno, en los primeros días del año, de “La La Land (La ciudad de las estrellas)”, que en Estados Unidos tuvo lugar todavía en 2016, marcó un listón imposible de superar en todo el ejercicio.

 

De todos modos, sólo una veintena larga de visitas al cine a lo largo de todo el año evidencian una acusada tendencia por mi parte a consumir más dvd y blu-ray en claro detrimento de la pantalla grande, que pocas sorpresas significativas me está deparando en los últimos meses.

 

 

CINE EN PANTALLA GRANDE

 

 

Como podrá observarse fácilmente, prosigue el aluvión de remakes, reboots, secuelas, precuelas y toda clase de inventos dirigidos a explotar lo ya inventado, sin tener que devanarse demasiado los sesos y obteniendo, a cambio, pingües beneficios económicos.

 

Por otra parte, el subgénero del cine de superhéroes (que amenaza con fagocitar todo el fantástico) crece de forma exponencial, al albur de los espectaculares avances tecnológicos que ya hacen creíble casi cualquier cosa.

 

Entre tanto, el cine español presenta algún que otro titubeo tras varios años de presentar algunos trabajos magníficos, sobre todo dentro del thriller. La crisis económica no es ajena a ello pero también la crisis de ideas.

 

A pesar de ello, el año sí depararía un par de títulos lo suficientemente brillantes como para no perder completamente la esperanza de una resurrección cinematográfica, dentro y fuera de nuestras fronteras.

 

 

ZONA GÉLIDA

 

 

Sin duda, la mayor decepción del año y la peor película con la que me he encontrado en los últimos doce meses ha sido “Piratas del Caribe: la venganza de Salazar”, quinta y horripilante entrega de la saga protagonizada por el capitán Jack Sparrow.

 

http://rincondesinuhe.com/homepage-3/425-piratas-del-caribe-5

 

Ya dejé clara mi postura hacia ella en el último capítulo de los artículos dedicados en el blog a la saga pirata pero no está de más repetir que resulta muy lamentable emborronar una modélica serie de divertidas películas de aventuras con un producto infumable, aburrido, torpe y hasta de mal gusto.

 

Un sentido del humor más que rancio y un carácter autoparódico sin la menor gracia denotan no tano que la fórmula se haya agotado como que la misma se ha corrompido, obviando los ingredientes principales y optando, en su lugar, por sucedáneos de la más baja ralea.

Pocos actores con papel significativo, algunos de los peores efectos mostrados a lo largo de la saga (la escena del hallazgo del Tridente de Poseidón se lleva la palma en ese sentido), un compositor de segunda fila –Geoff Zanelli- para limitarse a repetir los principales acordes creados por Hans Zimmer, la sustitución del director de fotografía (el polaco Dariusz Wolski dará paso al canadiense Paul Cameron, que no se luce precisamente en el film) o un guión de saldo, que ya no firman Elliot y Rossio, masacran el aceptable prólogo del film.

 

Aunque de calidad fílmica notablemente superior a la anterior, tampoco “Logan” respondió ni remotamente a mis expectativas, tras haber sido un fiel seguidor tanto de la saga “X-Men” como de sus numerosas ramificaciones.

 

Si “X-Men Orígenes: Lobezno” y “Lobezno inmortal” ya se situaban claramente por debajo de la trilogía original e incluso de sus posteriores precuelas, en este caso asistimos a una traición en toda regla a los valores que siempre han alumbrado esta brillante saga fantástica.

 

Y es que, por muy interesante que a muchos les pueda parecer, no es de recibo plantear una película de superhéroes en la que el protagonista es un enfermo terminal y en el que la sordidez y el existencialismo más sofocantes constituyen la atmósfera de la historia.

 

Francamente, eso no es mestizaje de géneros ni experimentación cinematográfica. Ni siquiera transgresión. Es simplemente traición y, como tal, la añado a otras películas que he borrado de forma definitiva de mi recuerdo -casos de “Terminator: Salvation” o “Indiana Jones y la calavera de cristal”.

 

La Momia”, con el incombustible Tom Cruise a la cabeza, constituyó otro de los pufos de la campaña, bien a mi pesar.

 

Si Stephen Sommers había demostrado con “La momia” y “El regreso de la momia” que no era necesario aspirar a la grandeza cuando se trata tan sólo de entretener y divertir a la platea, ofreciéndole únicamente aventura, el pretencioso Alex Kurtzman, en cambio, nos administra una dosis indigesta de infografía mal utilizada, echando a perder una idea no del todo mala.

 

Mucho más en la línea de las funestas “La liga de los hombres extraordinarios” o “Van Helsing” que en la de los citados films protagonizados por Brendan Fraser, la cinta no sólo no homenajea de forma honesta al clásico de la Hammer sino que la convierte casi en una parodia. Una lástima.

 

 

ZONA “NI FRÍO NI CALOR”

 

 

Comenzando con la lista de las películas olvidables del año, “Los misteriosos asesinatos de Limehouse”, dirigida por el español Juan Carlos Medina, malogra una magnífica ambientación victoriana para despacharse con un híbrido imposible y torpe de “Shakespeare in love” y “Asesinato por Decreto”, dando como resultado un film básicamente aburrido.

 

Ni siquiera el magnífico Bill Nighy logra insuflar algo de vida a una historia que languidece progresivamente hasta desembocar en una absoluta indiferencia hacia la historia narrada o el devenir de sus protagonistas.

 

Es de lamentar, en ese sentido, el considerable esfuerzo artístico –vestuario, escenografía, diseño de producción- empleado en su realización y tan lastimosamente desaprovechado.

 

En cuanto a “Life”, pertenece a ese subgrupo de películas de ciencia ficción que se limita a recorrer caminos ya trillados, inspirándose en demasiadas fuentes como para conseguir un estilo propio.

 

Fea e innecesariamente explícita en muchos momentos, tiene el notable desacierto de tomar lo peor de los títulos de los que toma referencia, siendo muy inferior a cualquiera de ellos, se trate de la saga “Alien”, de “Gravity”, de “Horizonte final” o de un puñado más de films ciertamente mejores.

 

Kong: la isla Calavera” es otra de las películas más o menos fallidas de este 2017 pese a las modestas expectativas generadas.

 

En la línea del “Godzilla” que iniciaba el macroproyecto Legendary/Warner, el film ofrece efectos audiovisuales grandilocuentes –cuando no directamente desmesurados, empezando por el exagerado tamaño del gorila protagonista- al servicio de un guión algo plano y de una serie de personajes de escaso atractivo.

 

Algo parecido a lo que acontece en “Alien Covenant”, por poco que pudiera esperarse después de la descorazonadora “Prometheus” de la que es secuela.

 

Aunque no falten los xenomorfos, las incubaciones forzadas o la lluvia de sangre, lo cierto es que la atmósfera de la película solo recuerda –y vagamente además- a la mítica saga “Alien” cuando se decide a copiar simple y llanamente.

 

Pocos personajes memorables –tan solo salvaría la doble interpretación de Michael Fassbender- y una serie de situaciones que no llegan a sorprender jalonan este film que pasó con más pena que gloria por nuestras pantallas, confirmando las horas bajas de Ridley Scott.

 

 

ZONA CALDEADA

 

 

Sin demasiadas alharacas, lo cierto es que “Blade Runner 2049” sí logra interesar, planteando una historia de redención y de búsqueda de identidad en un contexto curiosamente más parecido al de la novela de Dick -“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”- que el del “Blade Runner” de 1982.

 

En todo caso y, aun reconociéndome admirador del director canadiense Denis Villeneuve, ello no quita para que la cinta original sea infinitamente superior a su secuela en sugestión, magia, glamour y emoción.

 

Nadie recordará en cambio a los personajes de esta secuela –salvando quizás al Joi de una inspirada y sensual Ana de Armas- ni conservará en su memoria otras imágenes que las de los desolados vertederos, siendo lo más emotivo la recreación de esa delicada replicante que fue Rachael y a la que la tecnología actual logra traer de vuelta.

 

Con todo, sería injusto no reconocer que la película funciona, la historia logra implicar al espectador y hay también algún que otro gran acierto argumental, sin olvidar el buen trabajo ofrecido por Ryan Gosling y el veteranísimo Harrison Ford.

 

Remake en toda regla es el “Asesinato en el Orient Express” que el británico Kenneth Branagh puso de nuevo en las pantallas en su doble faceta de director y protagonista.

 

Su Poirot es posiblemente uno de los mejores que se hayan interpretado hasta la fecha y tampoco el elenco conformado es susceptible de decepcionar a nadie –Michelle Pfeiffer, Johnny Depp, Willem Dafoe, Judi Dench, Derek Jacobi, Penélope Cruz- pero, aparte de que la constelación de estrellas del original es sencillamente inalcanzable (Sean Connery, Ingrid Bergman, Lauren Bacall, Anthony Perkins, Richard Widmark, Jacqueline Bisset, Michael York), la película no logra evitar la sensación de ser innecesaria.

 

Y ello a pesar de darnos la oportunidad de volver a deleitarnos con una más que correcta historia de cine clásico de las que ya no se ruedan.

 

El guardián invisible, por su parte, traslada a la gran pantalla la primera novela de la “trilogía del Baztán”, escrita por la alavesa Dolores Redondo, en la que una inspectora de traumática infancia y formación estadounidense seguirá la pista a un asesino en serie que mata niñas.

 

Y lo hace de la mano de una contenida Marta Etura, sobre la cual recae gran parte del peso de la trama.

 

Una fotografía excelsa a cargo de Flavio Martínez Labiano -que saca partido a la sombría belleza de los parajes navarros- y una puesta en escena digna de elogio tienen como contrapartida negativa una cierta sequedad en la forma de exponer la historia y de tratar a sus personajes, en la mayoría de los casos meros estereotipos necesitados de una mayor profundidad.

 

Pese a ello, estamos ante una meritoria producción nacional a la que perjudicó de forma notable en taquilla la torpeza de Miren Gaztañaga (actriz que, en el film, interpreta a la desequilibrada madre de la inspectora protagonista), con su participación en un programa de humor en que calificaría jocosamente a los españoles de “culturalmente atrasados y catetos”, probablemente sin verdadera intención ofensiva.

 

Z: la ciudad perdida” es, por el contrario, un film algo difícil de clasificar.

 

Parece prometer aventuras de corte clásico –una civilización perdida en medio de la jungla, los restos de alguna ciudad desconocida, quizás la presencia de alguna tribu anacrónica, una epopeya personal en suma- para acabar derivando en una historia más intimista e introvertida de lo previsto, lo que sin duda le aporta más profundidad pero en detrimento de una espectacularidad que se echa en falta en todo momento.

 

Más divertida pero sin exagerar resulta Barry Seal: el traficante”, en la que un Tom Cruise con un look algo distinto al habitual encarna a un piloto estadounidense sin escrúpulos que se verá atrapado entre los narcotraficantes colombianos y las organizaciones gubernamentales de su propio país.

 

El guión es ingenioso y no demasiado inverosímil y Cruise se mueve hábilmente por él, si bien la trama adolece en muchos momentos de un calado suficiente, llegando a adoptar una excesiva simpleza.

 

Guardianes de la galaxia Volumen 2” nos trae de nuevo al peculiar Star-Lord y sus variopintos amigos en otra entrega que ofrece los mismos ingredientes –y prácticamente en las mismas proporciones- que su predecesora.

 

Pero lo cierto es que sus bromas y chistes siguen funcionando, las escenas de acción resultan de lo más efectista e incluso la relativa carencia de auténticas sorpresas argumentales se sobrelleva con facilidad debido a la simpatía del producto y a su falta de pretensiones de ningún tipo. Sin trampa ni cartón pues.

 

Algo de lo que parecen haber tomado nota en Marvel y que explica la remontada de “Thor: Ragnarok, que hace suyo el tono de gracejo descarado de “los guardianes” para modular una historia bastante más entretenida que las dos primeras protagonizadas por el héroe del martillo (encarnado por el australiano Chris Hemsworth, marido de Elsa Pataky para más señas).

 

La película se beneficia también de la presencia de un Loki (excelente Tom Hiddleston) siempre mucho más interesante e ingenioso que su superhermano y que, de hecho, eclipsa el teórico protagonismo de esta tercera entrega, que debía recaer sobre la pérfida hermana de ambos, Hela (a la que interpreta nada menos que Cate Blanchett).

 

Siguiendo con el subgénero superhéroes, “Wonder woman” presenta en sociedad a un nuevo personaje que pronto la franquicia DC Comics (la gran rival de Marvel) comenzará a rentabilizar: el de la bella princesa amazona Diana.

 

Un prólogo poco trillado, que incluye a una Robin Wright más belicosa y menos femenina que nunca, dará paso a una aventura hasta cierto punto convencional pero ciertamente atractiva que alternará el Londres de principios del siglo XX con los escenarios de la Primera Guerra Mundial.

 

Volveremos a encontrar a la super-amazona en “Liga de la Justicia”, una de las sorpresas agradables de la temporada, lo que no parecía augurar la vulgaridad de la tediosa “Batman v Superman: el amanecer de la justicia”, vista un año antes.

 

Una trama esta vez sí interesante y atractiva, que dosifica con inteligencia la presencia en pantalla del “hombre de acero” nos traerá, amén del omnipresente Batman, a una nueva pléyade de superhéroes como la propia Wonder Woman, el atlante Aquaman (a los seguidores de la serie “El séquito” les costará reconciliar la imagen del esbelto Vince Chase que interpretaba a este personaje con la montaña de músculos del actor hawaiano Jason Momoa), The Flash o Cyborg.

 

El remake “Jumanji: bienvenidos a la jungla”, por su parte, sorprende por su frescura y por su desenfadado tono, que homenajea sin parodiar al título original protagonizado por Robin Williams.

 

Más contenido que “Pixels”, que también exploraba en la intersección de los videojuegos con la realidad, el film de Jake Kasdan funciona perfectamente debido, sobre todo, a la simpatía que destila Dwayne “The Rock” Johnson y a la sorprendente interpretación de Jack Black, que encarna a una joven transmutada en el avatar de un “gordo y viejo pellejo”.

 

Gags graciosos que divierten sin necesidad de inventar la pólvora y una producción atractiva pero sin grandes excesos proporcionan un divertimento para toda la familia que no se olvida de dedicar un guiño al desaparecido Alan Parrish.

 

En cuanto a “Star Wars Episodio VIII: Los últimos Jedi”, pocos pueden sorprenderse a estas alturas de lo que ofrece pues no deja de ser más de lo mismo aunque quizás pudiera exigirse un mínimo de originalidad en los nombres de las sucesivas entregas, cada vez más difíciles de distinguir entre sí.

 

Algunos escenarios bellísimos –como el de la isla irlandesa de Skellig Michael-, la consabida lucha de naves en el espacio, el trabajo casi póstumo de Carrie Fischer (cuya familia prohibió expresamente la utilización de planos digitales no rodados por la actriz, que moriría mientras la película se hallaba en fase de montaje) y el pulso interpretativo y no exento de tensión sexual que mantienen los jóvenes Daisy Ridley (“Rey”) y Adam Driver (“Kylo Ren”) centran la atención del público en medio de esta cada vez “más eterna” lucha entre el bien y el mal.

 

 

ZONA AL ROJO VIVO

 

 

Spider-man: Homecoming

 

 

Otra película de superhéroes –una más- se cuela entre lo mejor del año en opinión de este humilde bloguero.

 

Se trata del enésimo reboot de mi poco apreciado Spider-man y el hecho de que, en esta ocasión, no coseche el habitual suspenso o aprobado por los pelos responde a una serie de inesperados aciertos.

 

En primer lugar, la elección de Tom Holland (“Lo imposible”, En el corazón del mar”) para encarnar al hombre-araña, personaje al cual aportará un encanto del que claramente adolecían Tobey Maguire o Andrew Garfield.

 

En segundo lugar la no menos acertada decisión de poner en las manos del competente Michael Keaton el papel del involuntario villano de la función: Adrian Toomes, “Vulture”.

 

Y en tercer y último lugar, la inclusión del siempre dinámico Tony Stark y su alter ego Iron man en la ecuación de una historia que, en este caso, acentúa cómicamente la condición escolar y casi infantil de Peter Parker, atenuando en la misma medida la carga dramática de enfoques anteriores.

 

Algunas sorpresas argumentales ciertamente ingeniosas y la simpatía y espontaneidad de que hace gala el film desde el principio le valen este puesto de privilegio no por inopinado menos merecido.

 

 

It (2017)

 

 

Otro reboot pero de muy distinta naturaleza -la cinta de terror “It”- se sitúa entre lo mejor del año debido en parte a un nuevo montaje que separa de forma drástica los hechos acaecidos durante la infancia de los protagonistas –ésta será la época a la que se circunscriba el film- de los que tendrán lugar en su edad adulta y que serán objeto de un film posterior.

 

Por otra parte, la actualización de la trama provoca que esas dos épocas, que en la novela eran las décadas de los cincuenta y los ochenta, respectivamente, pasen a ser los ochenta para la etapa infantil de los personajes y la época actual para su etapa adulta, lo que no deja de resultar atractivo.

 

No es el único acierto de la cinta obviamente. Antes al contrario, su excelente labor de casting depara un grupo de jóvenes protagonistas tan brillante e irrepetible como los de las míticas “Los Goonies”, “Cuenta conmigo” o “Stranger things”.

 

Integrante de este último reparto, el joven actor canadiense Finn Wolfhard (Richie en el film) se revelará aquí como un magnífico comediante aunque el peso de la acción recaiga sobre algunos de sus compañeros de reparto: Jaeden Lieberher (que encarna al tartamudo Bill) y Sophia Lillis (que hace lo propio con Beverly, la única chica de la pandilla).

 

No deja de ser una obra necesariamente coral en la que se mezcla con maestría (tal como hacía Stephen King en la novela) el viaje iniciático de un grupo de niños a los que salvará su fe y su lealtad mutua con el terror y el horror, más explícito en esta ocasión que en la miniserie de los años noventa.

 

 

Dunkerque

 

 

El último trabajo del nunca suficientemente alabado Christopher Nolan se convirtió igualmente en uno de los platos fuertes del curso.

 

Con una recreación aterradora e hipnóticamente realista de una famosa batalla de la Segunda Guerra Mundial, la historia sumerge al espectador en la acción, convirtiéndole en involuntario partícipe del drama y acentuando las sensaciones que provoca la inmersión en un escenario bélico.

 

Algo así como lo que lograba Steven Spielberg en la primera media hora de su fallida “Salvar al soldado Ryan” pero sin echar por la borda, como haría él, el resto del metraje y ahondando más bien en los sentimientos inherentes a toda gran tragedia; desde la generosidad más abnegada a la mezquindad más abyecta.

 

En suma, un drama bélico al que no podrán sustraerse ni los enemigos más acérrimos del genéro, entre los que siempre me he contado.

 

 

La La Land (La Ciudad de las Estrellas)

 

 

Eso mismo, corregido y aumentado, sirve para la película de la que hablábamos en la introducción a este artículo pues “La La Land” es un musical que reconcilia con el género incluso a aquéllos poco proclives a apreciarlo.

 

Este brillante homenaje al Hollywood del star-system y al musical clásico destila belleza e inteligencia a partes iguales.

 

La historia de amor nada empalagoso entre una camarera aspirante a actriz (Emma Stone) y un músico (Ryan Gosling) que malvive tocando por encargo mientras alimenta el sueño de sacar al jazz de su decadencia, está jalonada de diálogos ingeniosos y de excelentes números musicales.

 

Los protagonistas, sin ir más lejos, cantan más que decentemente, especialmente la Stone, que se alzaría con el Oscar del año a la mejor actriz protagonista.

 

Mención aparte merece el esperpento de la ceremonia de entrega de los premios, en los que un error llevó a anunciar al film de Damien Chazelle como el mejor del año cuando lo cierto es que el galardón había sido otorgado al drama “Moonlight”.

 

 

ANEXO: Cine en televisión, Dvd y Blu-Ray

 

 

Atendiendo a los mismos criterios vistos para el cine en pantalla grande, desgloso el material visionado en pantalla pequeña:

 

Zona Gélida (peligro, no tocar):Spartan” (penoso thriller, ambientado en el mundo de los marines, que dirige David Mamet y protagoniza un perdido Val Kilmer), “Resacón 2, ahora en Tailandia” (comedia soez donde las haya y a la que ni siquiera le queda una pizca de la gracia que a veces tenía la primera parte), “Conan el bárbaro” (un aburrido remake encabezado por Jason Momoa, alias Khal Drogo), “El invierno en Lisboa” (subtitulada “de cómo José A. Zorrilla destroza la estupenda novela de Antonio Muñoz Molina”), “La conspiración del poder” (pretencioso y anodino thriller de acción), “Persecución extrema 4” (aunque sea, posiblemente, la más distraída de las entregas de esta endeble saga de acción), “La isla del Dr. Moreau” (una pena lo rematadamente mal que ha envejecido esta cinta de aventuras con Burt Lancaster, Michael York y Barbara Carrera), “Jason Bourne” (desafortunada continuación de una excelsa saga, aquí no se salva ni Matt Damon), “Irrational man” (uno de los peores trabajos de Woody Allen de las dos últimas décadas pese a la presencia de Joaquin Phoenix y Emma Stone), “Hablamos esta noche” (un indigesto drama dirigido en su día por Pilar Miró), “Una mala influencia” (infumable drama carcelario), “Novia por contrato” (Matthew McConaughey, Sarah Jessica Parker, Kathy Bates y Bradley Cooper en una comedia romántica sumamente previsible), “San Andrés” (catastrófico y aburrido cine de catástrofes) o “Todo lo demás” (otra película poco afortunada del maestro Woody Allen, en la que Christina Ricci y Jason Biggs llevan el peso de un drama más bien incómodo).

 

Zona “Ni frío ni calor” (vosotros mismos):Morirás en Chafarinas” (un thriller español cuyo mayor mérito estriba en mostrarnos la ciudad de Melilla), “El elegido” (un thriller fantástico en el que la bella Monica Bellucci naufraga con uno de los peores guiones del por otra parte genial Jean-Christophe Grangé), “Hola, ¿estás sola?” (tragedia y comedia con Silke y Candela Peña dirigidas por Icíar Bollaín), “Pares y nones” (comedia ochentera en torno a las relaciones de pareja a cargo de un José Luis Cuerda poco inspirado), “Proyecto Lázaro” (el tercer largometraje dirigido por Mateo Gil y el peor de todos ellos, con un drama futurista sobre la criogenia), “Contratiempo” (un thriller español lejos de los mejores registros pese a contar con Mario Casas, Ana Wagener, Bárbara Lennie y José Coronado), “Sin piedad” (western televisivo protagonizado por John Cusak), “El hombre de la máscara de hierro” (aventuras clásicas algo descafeinadas, con Leonardo DiCaprio, Gabriel Byrne, Jeremy Irons, John Malkovich, Gérard Depardieu y hasta Hugh Laurie), “La aventura del Poseidón” (aventuras dramáticas en un transatlántico siniestrado que no han envejecido del todo bien), “Jarhead, el infierno espera” (Jake Gyllenhaal protagoniza este drama bélico tan sórdido como fallido), “Pixels” (una comedia de acción que nos trae de vuelta a los videojuegos de los ochenta aunque no lo haga con demasiada brillantez), “El tren de las 3:10” (remake de un western dramático que ahora protagonizan Russell Crowe y Christian Bale), “El juez” (endeble drama carcelario que no atrapa pese a contar con Robert Duvall y Robert Downey Jr.), “El sueño de mi vida” (otro remake, en este caso de una comedia romántica, que encabezan Jennifer Garner y Mark Ruffalo) o “Un traidor como los nuestros” (otra medianía que, como de costumbre, adapta de forma escasamente convincente una buena novela de John Le Carré).

 

Zona Caldeada (recomendables):La esfinge” (con Leslie Anne Down protagonizando una vibrante aventura en el Egipto de los años ochenta), “Café Society” (una comedia de Woody Allen que recuerda sorprendentemente a “La La Land”), “Nirvana” (ciencia ficción italiana con Christopher Lambert de protagonista), “Que Dios nos perdone” (un buen thriller español aunque extremadamente perturbador e incómodo) “La fuente de las mujeres” (coproducción franco-belga-italiana que trata la situación de las mujeres en Oriente Medio en un tono a medio camino entre la comedia y el drama), “Un lugar donde quedarse” (Paolo Sorrentino dirige este inclasificable film protagonizado por un Sean Penn que recuerda aquí al líder de The Cure), “Alice” (comedia divertida pero no hilarante que dirige Woody Allen e interpreta Mia Farrow), “Puro vicio” (thriller alternativo, en clave de comedia, a cargo del director de “Boogie nights” y “Magnolia”), “Más vale sola que mal acompañada” (road movie protagonizada por Renee Zellweger), “Big eyes” (curioso drama que dirige Tim Burton y está basado en hechos reales), “Magia a la luz de la luna” (más comedia ligera a cargo de Woody Allen, con Colin Firth y Emma Stone), “Animales nocturnos” (melodrama negro con Amy Adams y Jake Gyllenhaal), “Amor sin control” (comedia y drama en torno a una serie de personajes que ingresan en una clínica de desintoxicación para adictos al sexo) o “Comanchería” (thriller en clave de western en la que dos hermanos se dedican a robar bancos mientras un veterano Ranger de Texas se dedica a perseguirles a ellos).

 

Zona “Al rojo vivo” (coleccionables):Meru: Odisea en el Himalaya” (documental sobre montañismo que relata una entrañable historia de amistad y cuenta con imágenes asombrosamente espectaculares), “Boogie nights“ (magnífico drama sobre la iniciación en el porno y las drogas de un joven de los ochenta al que interpreta Mark Wahlberg) “Camino a la Perdición” (Tom Hanks y Paul Newman en un espléndida cinta de cine negro), “Del revés“ (deliciosa animación perfectamente apta para los adultos), “Nightcrawler” (Jake Gyllenhaal protagoniza un ácido thriller en torno a la falta de ética de los medios de comunicación), “El 7º día” (excelente drama de Carlos Saura inspirado en el crimen de Puerto Urraco) y las series de televisión “Marte” (falso documental sobre la colonización del Planeta Rojo), “Stranger Things” (aventuras fantásticas recreando las atmósferas de los ochenta), “WestWorld” (sobrecogedora actualización del “Almas de metal” de Michael Crichton), “True detective Temporada 1” (crimen y misterio en los pantanos de Luisiana), “Perdidos” (historia viva de la televisión centrada en un nutrido grupo de náufragos en un entorno sobrenatural), “Homeland” (las vicisitudes de una brillante pero desequilibrada agente de la CIA que lucha denodadamente contra el terrorismo internacional), “Narcos” (sobre la lucha contra los cárteles colombianos de la droga), “Downton Abbey” (excepcional retrato de la sociedad inglesa de principios del siglo XX), “Taboo” (una mezcla improbable pero efectiva de Dickens y Jack el Destripador), “Magic City” (fascinante retrato del Miami de los años sesenta con su imprescindible acento cubano), “Juego de Tronos” (sin duda, la serie más espectacular de nuestros días) o “The Good Wife” (tramas inteligentes y personajes atractivos en torno a la figura de una brillante abogada cuyo político esposo cumple condena por corrupción).

 

REVISITACIONES CLÁSICAS (carne de coleccionismo): los mejores spaguetti westerns de Sergio Leone como “La muerte tenía un precio” o “El bueno, el feo y el malo” (ambas protagonizadas por Clint Eastwood), cine bélico como “Apocalypse Now”, cine negro americano con Robert Mitchum y Jane Russell como “Una aventurera en Macao”, aventuras selváticas como “Las minas del rey Salomón” (con Stewart Granger y Deborah Kerr) y “Hatari!” (con John Wayne a la cabeza), thrillers de corte clásico como “Cónsul honorario” o dramas tan brillantes como “Mystic River”, dirigido por Clint Eastwood.

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