BALANCE VIAJERO 2017

Un año de transición

 

Viajes 2017

 

En un año caracterizado por la frugalidad, tal como anunciaba al final del ejercicio anterior, solo puedo dejar constancia de cuatro viajes, dos de los cuales atravesaron nuestras fronteras pero sin abandonar el continente europeo.

Según lo previsto, las islas de Malta y Gozo constituyeron la primera parada de 2017, siendo mi tercer viaje al archipiélago aunque ello me permitiría saldar algunas deudas pendientes de las dos primeras visitas.

El Valle de Arán y el Pirineo francés se convertirían también en objetivo, permitiéndome conocer algunas pequeñas poblaciones que desconocía de la bella comarca ilerdense.

La única visita inédita del año la constituiría mi escapada a Irlanda, no sólo para conocer Dublín sino también para ver los célebres Acantilados de Moher.

Aproveché la circunstancia para visitar igualmente la Calzada del Gigante en la costa norte de Irlanda del Norte.

Por último, Sevilla y Cádiz, con incursiones en Arcos de la Frontera y Carmona, cerraron el curso viajero, con la guinda de mi primera visita a las ruinas de Itálica.

 

2017 Mdina

 

1) MALTA y GOZO

Mi tercera incursión en el archipiélago maltés volvió a centrarse en la isla principal, Malta, lo que me facilitó el poder realizar algunas visitas que quedaron pendientes en las anteriores ocasiones.

Tuvo también la peculiaridad de ser la primera vez en que conseguía viajar sin escalas y sin tener que pasar por Madrid o Milán.

Destacaron, entre todas las actividades realizadas, las siguientes:

- Dar un paseo en barca por la Blue Grotto.

- Visitar al fin el Hipogeo Hal Saflieni, en Paola, que permanecía cerrado, en fase de restauración, desde hace muchos años.

- Recorrer las catacumbas de San Pablo en Rabat (hasta el momento sólo conocía las de Santa Ágata que, por cierto, son mucho más interesantes).

- Ver el mercado de pescado de Marsaxlokk.

Por supuesto, no dudé en repetir algunas de las experiencias “obligadas” cuando se pasa por Malta:

- Pasear por las fortificaciones de La Valetta, incluyendo el Fuerte de San Telmo.

- Entrar a su catedral de San Juan aunque, en esta ocasión, las obras de restauración me impidieran contemplar su Caravaggio.

- Recorrer las silenciosas calles de M’dina y comer tarta de chocolate en el salón de té Fontanella.

- Contemplar a los bañistas desde el paseo marítimo que une Sliema con St. Julians.

- Comer en el paseo de Marsaskala.

Y, por lo que respecta a Gozo, todavía impactado por la traumática desaparición de la Azure Window, víctima de una violenta tormenta apenas unos meses antes, también tuve ocasión de visitar de nuevo su capital, Victoria (también conocida como Rabat):

- Un agradable trayecto en el tren turístico me ahorró la ascensión hasta la Ciudadela.

- Tuve ocasión de volver a ver las mazmorras de la fortaleza y de disfrutar de las bellas vistas de la isla que ofrece la Ciudadela desde lo alto.

- Una deliciosa comida (la mejor que tomé en mi periplo maltés), en el “Cup Cake Coffee & More”, rubricó la agradable visita.

LO MEJOR

- El cómodo trayecto en ferry desde Malta hasta Gozo.

- Llegar a Malta en plenas fiestas de San Pablo y disfrutar del ambiente festivo, el colorido y los fuegos artificiales.

- Lograr realizar, en mi tercer intento, algunas de las actividades que quedaron pendientes en mis viajes anteriores (Hipogeo, Blue Grotto).

- Satisfacer mi curiosidad al respecto del mercado de pescado de Marsaxlokk.

- Disfrutar de las playas de Gozo aunque sean tan pedregosas como las de Malta.

LO PEOR

- Las obras que se están realizando en el centro de la isla de Malta y que suponen un permanente incordio de tráfico a la hora de desplazarse, como si no fuera suficiente con tener que conducir por el lado izquierdo.

- Las tremendas dificultades para aparcar en Gzira, donde me alojaba, en plenas fiestas de San Pablo.

- Salvo en los casos de Gozo (Victoria) y de Marsaskala, no se puede decir que las experiencias gastronómicas fuesen muy gratificantes.

- Constatar que la tradicional hospitalidad maltesa se ha enfriado notablemente a lo largo de la última década.

 

Salardu iglesia fachada

 

2) VALLE DE ARÁN (PIRINEO FRANCÉS)

En 2017 visité, también por tercera vez, el ilerdense Valle de Arán, situando mi centro de operaciones en el “Tryp Baqueira Vielha” de su capital.

Ello me dio ocasión de recorrer los cuatro puntos cardinales del valle:

- En Vielha paseé por su Carrer Major junto al río Nere y visité la Torre del General Martinhon -que alberga el Museu dera Val d’Aran- y también la bella iglesia de San Miguel (Sant Miquèu).

- En Betren hice lo propio con la iglesia de San Esteban (Sant Estèue) y el campanario de la desaparecida iglesia de San Saturnino (San Sernilh).

- En Escunhau contemplé la belleza de su iglesia románica de San Pedro (St. Pier).

- En Arties pude pasear junto al Garona antes de acercarme a su también románica iglesia de Santa María y de sorprenderme con los sillares de la hermosa casona llamada Çò de Paulet.

- En la antigua villa fortificada de Salardú disfruté de una visita completa a la imponente iglesia de Sant Andreu, amén de contemplar Unha desde allí.

- Una vez en lo alto de Unha, también pude disfrutar de las hermosas panorámicas sobre Salardú antes de ir en busca de su bonita Casa Fuerte.

- En Bossòst penetré en la magia de su bellísima iglesia dera Mair de Diu dera Purificacion (Santa María de la Purificación) y paseé por su bonito paseo arbolado junto al río Garona.

- También ascendí a los altísimos pueblos de Bargergue, Bausen y Canejan.

Por último, cruzando la frontera, visitaría igualmente:

- Saint Bertrand de Comminges, con la catedral de Sainte Marie, que domina la ciudadela desde lo alto, y las ruinas de la antigua ciudad Lugdunum Convenarum, con su templo, su foro, sus termas y el antiguo anfiteatro romano.

- Bagnères de Luchon, la Reina de los Pirineos”, con su estampa digna de la Belle Epoque.

LO MEJOR

- Disfrutar de la rica gastronomía del valle en el restaurante “Casa Estampa” de Escunhau.

- Encontrar la espectacular cascada d’Arbaet en la ruta desde Canejan hacia el caserío de St. Joan de Torán.

- La sorpresa inesperada que es el atractivo “Aran Park”, en pleno Puerto del Portilhon y en dirección a la francesa Bagnères de Luchon.

- Pasear por las elegantes alamedas de Etigny, en Luchon, bautizadas así en honor del barón que promocionó la ciudad en los años sesenta.

- Ahorrarme la subida a la ciudadela de Saint Bertrand, haciendo uso de su simpático tren turístico.

LO PEOR

- Coincidir con un equipo de futbol en el hotel de Vielha y padecer, por tanto, los inconvenientes de tener como vecinos a varias decenas de chavales con ganas de juerga.

- Sufrir algún que otro sobresalto ascendiendo en coche las empinadas carreteras que conducen a Bausen y Canejan.

- No disponer de tiempo para hacerle los honores al vaporarium de Luchon, que consiste en un inmenso hammam natural.

- Contar con esa misma limitación horaria que me impidió subir en el teleférico hasta la estación de Superbagnères.

 

Calzada 9

 

3) IRLANDA (IRLANDA DEL NORTE)

En el apartado de “inéditos”, la gran aportación del año fue mi viaje a la Isla Esmeralda, donde recorrí tanto cuanto pude de la vieja Irlanda pero haciendo una breve incursión en Irlanda del Norte, lo que deja a Gales como el único país del Reino Unido que no he visitado todavía.

Entre lo más atractivo que tuve ocasión de conocer en mi viaje debo destacar:

- Dublín, con sus catedrales (curiosamente) anglicanas de Christ Church y St. Patrick, el castillo de la ciudad, el Trinity College con su espectacular Biblioteca y el norte del río Liffey, con su histórico Edificio de Correos y el moderno The Spire.

- Galway, con la anglicana catedral de San Nicolás, la mucho más moderna catedral católica de Nuestra Señora de la Asunción y San Nicolás (sufragada por los emigrantes católicos irlandeses en EEUU, incluyendo a JFK), su paseo junto al río Corrib y el Latin Quarter que concentra la vida nocturna y cultura de la ciudad.

- El Dunguaire Castle, erigido sobre una playa de la Bahía de Galway, que recuerda poderosamente a los castillos escoceses.

- “Cliffs of Moher”, los famosos Acantilados que fueron una de las escasas candidaturas europeas a las “7 Maravillas Naturales del Mundo”.

- La Calzada del Gigante, en Irlanda del Norte, con su no menos espectacular camino de losas hexagonales y pentagonales.

- También en el Reino Unido, el castillo Dunluce, tomado como inspiración por la serie televisiva “Juego de Tronos” en la que, convenientemente infografiado, hace las veces de Pyke, capital de las islas del Hierro..

LO MEJOR

- Vagabundear por Dublín alrededor de la zona de Temple Bar y disfrutar en lo posible de alguna que otra comida con música en directo.

- Conocer el lugar donde comenzó la leyenda del grupo musical U2.

- Degustar, en el acogedor saloncito del hotel “Giant’s Causeway”, junto a la Calzada del Gigante, un estofado de carne a la norirlandesa.

- Disfrutar de la agradable atmósfera vital de Dublín y descubrir los tesoros ocultos de la menos conocida Galway.

- Visitar un par de castillos –el de Dunguaire en Irlanda y el de Dunluce en Irlanda del Norte-, rememorando con ello las rutas que en su día hice por Escocia.

LO PEOR

- Quedarme sin tiempo para detenerme en Belfast, que solo pude ver a través de la ventanilla del coche.

- Cierta decepción al contemplar el Spanish Arch de Galway, sin demasiado interés artístico, fuera de su manifiesta antigüedad pues procede del siglo XVI.

- Lo largas que resultan las rutas desde Dublín tanto hasta la Calzada del Gigante en el norte como hacia los Acantilados de Moher en el oeste. Sobre todo conduciendo por la izquierda.

- El endemoniado tráfico de la capital dublinesa por las mañanas, con una pésima sincronización de semáforos y las bicicletas sembrando el caos.

- Lo endeble de la gastronomía irlandesa, en la misma (triste) línea de la inglesa.

 

Carmona Alcazar Pta Sevilla

 

4) SEVILLA y CÁDIZ

Siguiendo con las repeticiones viajeras, que suelo prodigar, el año se cerró con mi cuarta visita a Sevilla y Cádiz.

Dedicaría la mayor parte de mi viaje a recorrer una vez más la capital hispalense (me alojé en los apartamentos “Torre de la Plata”, a escasos metros de la Torre del Oro), reservando un día a la Tacita de Plata y haciendo un par de excursiones a localidades de ambas provincias.

- En Sevilla repetiría la obligada subida a la Giralda, así como las visitas a la catedral, la Plaza de España, el Parque de María Luisa y los Reales Alcázares.

- En Cádiz, amén de rendir la tradicional visita a Ayuntamiento, catedral de Santa Cruz y playa de La Caleta, aproveché para perderme por sus callejuelas, entré por una vez al Castillo de Santa Catalina y me detuve en la zona de la Plaza de España (con su Monumento a la Constitución de 1812) y de las murallas de San Carlos, Casa de las Cuatro Torres incluida.

- En Santiponce, visité al fin las impresionantes ruinas de Itálica, con sus sorprendentes mosaicos y su espectacular anfiteatro.

- En Arcos de la Frontera; subiendo Calle Corredera arriba, llegaría como siempre hasta la espectacular Basílica de Santa María de la Asunción, que por una vez hallaría abierta. Tras asomarme al Mirador de la Peña Nueva, me sumergiría en el laberinto de callejuelas que discurren hasta el Mirador Peña Vieja.

- En Carmona, el Alcázar de la Puerta de Sevilla y el Parador de Turismo jalonaron un delicioso paseo sin rumbo determinado.

LO MEJOR

- Visitar el Cuarto Real Alto en los Reales Alcázares de Sevilla, que la falta de previsión me había impedido ver en ocasiones anteriores.

- Lo delicioso que es pasear por la noche contemplando Triana desde el otro lado del río o bien perderse en pleno barrio de Santa Cruz.

- Encontrar por sorpresa una exposición sobre Harry Potter (“La magia de Hogwarts”) a orillas del Guadalquivir.

- Descubrimientos gastronómicos más que interesantes en Sevilla: “Entrepuertas”, “El Mirador de San Fernando” y “Baratillo”.

- También en la capital andaluza, recorrer los puestecillos que venden belenes en vísperas de Navidad o encontrar un puesto de dulces turcos en la moderna “Plaza de las Setas”.

- Comerse unas tortillas de camarones y una ración de cazón en adobo en plena Playa de la Caleta de la capital gaditana.

LO PEOR

- Las aglomeraciones en la capital andaluza en pleno puente de diciembre.

- No poder acceder a la Cámara Oscura de la Torre Tavira gaditana por no haber hecho reserva previa.

- Que mis compañeros de viaje no apreciaran en su justa medida la belleza de Arcos de la Frontera, que a un servidor le cautiva.

- Encontrar cerrado el teatro romano de Santiponce, que no se abre al público en general.

 

PLANES PARA 2018

 

Contrariamente a lo que acontecía hace tan solo un año, las perspectivas viajeras para el futuro inmediato son más que halagüeñas.

Cerrados están ya los viajes a Roma (en la que será mi séptima visita a la Ciudad Eterna) y a la inédita India para el primer tercio de 2018, siendo este último mi cuarta incursión en Asia para visitar mi séptimo país en dicho continente.

Quedan por determinar los viajes para el verano y la última parte del año, “sonando” a ese respecto destinos tan atractivos como Australia, el Sudeste Asiático o Islandia.

En unos meses saldremos todos de dudas.

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