TARZÁN

 

Una colección rescatada del olvido por Edhasa

 

Tarzan Edhasa

 

EDGAR RICE BURROUGHS, PAISANO DE RAYMOND CHANDLER

 

Investigando la coincidencia de paisanaje entre Raymond Chandler, creador de la saga de novelas protagonizadas por el detective Philip Marlowe, y Edgar Rice Burroughs. autor de la saga de Tarzán, he tenido ocasión de descubrir muchos puntos en común entre ambos que me han resultado llamativos.

A saber:

-  Los dos nacieron en Chicago.

- Ambos lo hicieron en el último tercio del siglo XIX: Burroghs en 1875 y Chandler apenas trece años después.

- Los dos pasaron por un sinfín de empleos (si Chandler había sido empleado de banca, ejecutivo de una empresa petrolífera, funcionario del gobierno británico o periodista, Burroughs fue cowboy, tendero, policía ferroviario, contable y hasta buscador de oro) antes de dedicarse de forma profesional y exclusiva a la literatura.

- Ambos tuvieron una significativa experiencia militar: si Chandler tomó parte en la Primera Guerra Mundial con las Fuerzas Expedicionarias Canadienses, Burroughs se alistó en el mismísimo Séptimo de Caballería estadounidense.

- Los dos sufrieron múltiples traslados con sus familias pero acabaron afincándose en Califonia, donde fallecerían.

- La obra de ambos ha sido prolijamente llevada a la gran pantalla.

 

EL LEGADO DE BURROUGHS (QUE NO DE BOURNE)

 

Su obra parece aglutinarse en torno a sus dos personajes más emblemáticos:

- John Carter.- Popular e invencible héroe de una serie de 11 libros de ciencia-ficción que se inició con el relato “Bajo las lunas de Marte” (con el seudónimo de Norman Bean por parte del autor), convertida años después en la primera novela de la saga con el nombre de “Una princesa de Marte”.

            En dicha serie se presentaba a Carter, transportado a un Marte ficticio (que en las novelas es llamado Barsoom) aparentemente mediante proyección astral después de una batalla con los apaches en Arizona.

- Tarzán.- Dio origen a un total de 25 novelas, de las cuales la exitosa “Tarzán de los Monos” fue la primera y presentaba a un niño abandonado en la selva, que se veía obligado a sobrevivir entre los grandes antropoides que le acogían hasta convertirse en un héroe admirable.

Pero, aparte de estas dos sagas, hubo otras series de Burroughs que gozaron de una significativa popularidad:

- Venus, en la que se narraban las aventuras espaciales de Carson Napier.

- Pellucidar, cuyas andanzas transcurrían en el interior de la Tierra.

- la trilogía La tierra olvidada por el tiempo.

En total, su producción literaria alcanza casi los noventa volúmenes, incluyendo también novelas del oeste y novelas históricas.

 

TARZÁN DE LOS MONOS

 

El aristócrata inglés John Clayton recibe una misión oficial que ha de llevarle al África occidental para investigar las injerencias de otra potencia europea sobre los indígenas.

            Reacia a dejarlo partir solo, su esposa lady Alice, con quien apenas lleva tres meses casado, decide acompañarle.

            Durante el viaje, la tripulación sufre las brutalidades del capitán, que está a punto de asesinar de forma gratuita a uno de los marineros, un hombretón llamado Michael el Negro.

            Sólo la resuelta actuación de Clayton, que desvía la mano del capitán, convierte en mera herida en la pierna lo que hubiera sido sumaria ejecución.

            Esta acción les salvará la vida a los Clayton cuando la tripulación se amotina y, en agradecimiento, su nuevo capitán –que no es otro que Michael el Negro- acepta el riesgo de ser delatado por ellos en el futuro y los abandona con vida en una salvaje playa africana.

            La dama inglesa, que por entonces está encinta, pierde la razón cuando, meses más tarde, es atacada por un gorila y se ve obligada a disparar sobre él, provocando que el corpachón sin vida caiga sobre ella.

            Aislada en un mundo imaginario que al menos le proporciona cierto tipo de felicidad, Alice da a luz esa misma noche. No obstante, apenas sobrevivirá un año al nacimiento de su único hijo, expirando una noche mientras duerme, para consuelo y desesperación a la vez de su valeroso marido.

            Éste no le sobrevive mucho, ya que una horda de antropoides irrumpe en la cabaña aprovechando un descuido del atribulado lord (que ha dejado entreabierta la puerta) y Kerchak, el macho dominante de la manada, termina brutalmente con su sufrimiento.

            En la abandonada cuna se escucha el llanto de un bebé humano, lo que provoca que Kala, una enorme simia de la misma tribu de Kerchak –los Mangani-, abandone en ella el cuerpo sin vida de su propia cría –muerta al caer desde una alta rama- y tome en brazos al bebé. Desde ese día, a pesar de las críticas de sus congéneres, ella será su madre a todos los efectos.

            Así, Tarzán crece entre los grandes antropoides, desarrollando una extraordinaria fuerza física impropia tanto de su edad como de su especie a la vez que un agudo ingenio que le separa de sus compañeros de manada.

            También aprende a leer y escribir, utilizando los libros infantiles hallados en la cabaña y que le permiten asociar los dibujos de los mismos con los grupos de letras (“pequeños insectos”) que definen los conceptos dibujados (niño, león, puerta).

            Un guerrero negro, procedente de un lejano poblado caníbal, mata a Kala de un lanzazo, enseñando a Tarzán la lección más dura de la existencia: la muerte de los seres queridos.

            También provoca en él ansias de venganza, de la que tomará cumplida cuenta. No sólo en la figura del asesino sino en la de todo el poblado caníbal, al que aterrorizará hasta el punto de provocar espontáneas ofrendas por su parte hacia el invisible dios al que presuntamente han ofendido.

            Años más tarde, otro motín deja a un grupo de blancos en la playa y Tarzán se convierte en su misterioso protector, evitando que un león acabe con un profesor despistado y con su colega o salvando incluso a la bonita Jane Porter cuando ella es raptada por un gran simio.

            Los dos jóvenes quedan hechizados el uno por el otro a pesar de sus evidentes diferencias y de la imposibilidad de comunicarse mediante palabras, lo cual impide que Tarzán sea identificado como el autor de la nota escrita que los náufragos encuentran en la puerta de la cabaña y que reza:

            “Ésta es la casa de Tarzán. El que ha matado fieras y muchos hombres negros. No se os ocurra estropear las cosas que son de Tarzán”.

            La mutua fascinación de Jane y de Tarzán es interrumpida por la llegada de unos soldados franceses que buscan a Jane y que se topan con los guerreros del poblado caníbal.

            Tarzán logra salvar de las garras de estos al valeroso teniente D’Arnot pero las crueles heridas de éste lo retienen a su lado. Para cuando logran regresar a la playa, todos han partido ya, dándoles por muertos, lo que sume a ambos en la desesperación, cada uno por sus propios motivos.

 

UNA INTRODUCCIÓN ARTIFICIOSA

         

             El presunto narrador de los hechos cuenta cómo tuvo conocimiento de esta singular historia a través de un desconocido que no tenía por qué contársela y que probablemente lo hizo a causa de los efectos del alcohol.

            Ante su escepticismo, el desconocido decide acompañar su historia de un mohoso escrito antiguo –el diario de un hombre fallecido muchos años atrás-, así como de ciertos expedientes de la Oficina Colonial Británica.

            Al parecer, dicha oficina habría encomendado a cierto joven aristócrata inglés “a quien llamaremos lord Greystoke, John Clayton” la tarea de investigar la situación de una colonia británica del África occidental. En ella, otra potencia europea podría estar reclutando soldados para su propio ejército colonial y empleándolos luego para la recolección forzosa de caucho y marfil.

            Este artificio, que pretende otorgar una mayor verosimilitud a la historia, sirve también como elemento introductorio de la misma pero luego Burroughs se olvida por completo de ella e inicia el relato de sus siguientes novelas, una tras otra, sin volver a mencionarlo.

            Cuanto menos se trata de un error de bulto ya que, como historia contada a lo largo de una sola noche, veinticuatro novelas parecen demasiadas, por mucho alcohol que consumiera el narrador.

 

UN DESCUBRIMIENTO DE MI INFANCIA

    

            Personalmente descubrí la figura literaria de Tarzán cuando yo era todavía muy joven. Los cuatro primeros volúmenes de sus aventuras formaban parte de la modesta pero selecta biblioteca de mis padres, en la que también descubrí otras joyas como “Gora”, de Rabindranath Tagore, “Sinuhé el Egipcio” de Mika Walari, “Cuerpos y almas” de Maxence Van der Meersch, “El filo de la navaja” de Somerset Maugham o las obras completas de Vicente Blasco Ibáñez y Edgar Allan Poe.

            Las novelas de Tarzán tuvieron en mí, desde el principio, un efecto hipnótico y las releí en diversas ocasiones, lamentando durante años no poder seguir más allá de ese reducido universo de cuatro volúmenes que se me antojaba no podían acabar de esa manera.

            El caso es que se trataba de una antigua edición argentina y, en la contraportada del último volumen, no se indicaba que la colección continuara más allá de esa cuarta entrega.

            Tuvo que ser Edhasa, muchos años después, quien sacara a la luz esta colección que suponía la comercialización en España de la saga completa de las aventuras de Tarzán. Al fin, lejos ya de la niñez, iba a poder trasponer la mítica cuarta barrera.

            Qué puedo deciros… La lectura de “Tarzán de los monos” me reafirmó punto por punto en el hecho de que se trata de una magnífica novela de aventuras que soporta bien los embates del tiempo. Sin embargo, las secuelas son otra historia, como veremos.

            Una lectura “adulta” de la novela, en cualquier caso, nos obliga a convertirnos en cómplices de una historia que echa mano de la imaginación al menos tanto como las aventuras espaciales de John Carter, el otro héroe de Burroughs.

            Sólo así podemos aceptar la idea de un hombre que, sin haberse cruzado en su infancia con ser humano alguno, sea capaz de comportarse, tras una simple capa de barniz culturizador, casi como el lord inglés que estaba llamado a ser desde la cuna.

            No cuesta imaginarse a un hombre blanco, alto, fuerte y atlético e incluso bien parecido comportándose como un simio, andando a cuatro patas en lugar de erguido o golpeándose la cabeza con la palma de su mano.

            Tampoco podría extrañar que, cuando se topa con Jane, el cuerpo del muchacho estuviese rematadamente sucio y con un pelo y unos dientes que una muchacha americana de buena familia difícilmente podría soportar.

            Cuesta bastante más, en cambio, imaginar a ese mismo salvaje adoptando poses más propias del amor cortés (aun prescindiendo del habla) y mostrándose no sólo generoso con la muchacha en cuestión y con sus allegados sino decididamente caballeroso y gentil.

 

¿ES “TARZÁN DE LOS MONOS” LITERATURA APTA PARA NIÑOS?

   

            En cualquier caso, la cuestión que parece subyacer es si “Tarzán” constituye o no una lectura infantil (por aquello de que fue en esa época de mi vida en que particularmente lo descubrí y también por el género al que pertenece la novela). Pues bien, si nos circunscribimos a la novela inicial, la respuesta es un rotundo NO.

            No sólo porque el relato dista de ser pueril (pese a su inverosimilitud) sino también por la crudeza de algunas imágenes y también por los sentimientos que subyacen, latentes e implícitos, en muchas secuencias de la misma.

            Como muestra, reproduzco un breve fragmento que describe las heridas que sufre el muchacho cuando, siendo apenas un adolescente, se ve obligado a enfrentarse a un poderoso gorila (Bolgani en el idioma de la selva), con un triste cuchillo y la fuerza de sus músculos por toda arma (por muy desarrollados que estuvieran, a años-luz de la brutal musculatura de un gorila adulto):

            “Tenía desgarrada una parte del pecho, abierta la caja torácica hasta el punto de dejar a la vista las costillas, tres de las cuales habían roto los bestiales golpes del gorila. Los gigantescos colmillos de la fiera casi le habían arrancado un brazo y en el cuello faltaba un buen pedazo de carne, lo que dejaba al descubierto la yugular”.

            Ahondando en el tema de la verosimilitud, uno concluye que Tarzán debía ser, desde luego, un fenómeno de la naturaleza para sobrevivir a unas heridas como esas y recuperar su antiguo vigor sin contar con antisépticos ni antibióticos, sólo con el agua y la comida que le proporciona “su madre”, quien apenas puede hacer otra cosa que “ahuyentar los insectos y lamer las llagas para evitar infecciones”.

            La novela está jalonada de crueles enfrentamientos que no eluden ni el asesinato por venganza a cargo del propio protagonista (la primera vez en que no mata ni por hambre ni en legítima defensa lo hace para acabar con la vida del hombre que ha segado la de Kala) ni las descripciones más o menos pormenorizadas de los quebrantos y heridas sufridas por los combatientes. Por no hablar del folklore del poblado indígena, teniendo en cuenta sus hábitos gastronómicos.

            También el despertar a la sexualidad de Tarzán, pese a abordarse de forma decorosamente eufemística, arroja pocas dudas respecto a sus inclinaciones.

 

UN CIERTO DIDACTISMO

       

             La intención didáctica de la novela queda patente no sólo en los inicios de los Clayton en su destierro africano -con el lord inglés aplicándose, como el “Robinson Crusoe” de Defoe, en proporcionarse un mínimo de comodidades, apelando a su ingenio- sino sobre todo en la minuciosa forma en que Burroughs intenta convencernos de la posibilidad de que el joven Tarzán aprenda a leer y escribir por sí solo.

            Una vez la novela ha demostrado la capacidad del joven para aprender, ya sea nadando por obligación (en adelante lo hará por placer) o averiguando mediante la práctica la utilidad de un buen cuchillo, el relato da un paso más allá, detallándonos el proceso de su aprendizaje lector.

            Vendría ser algo así:

            - El niño encuentra, en un armario repleto de libros, un volumen con imágenes de alegres colores que le llaman la atención. Éste resulta ser un alfabeto ilustrado.

            - En los dibujos, Tarzán ve que hay muchos “monos” con caras semejantes a la suya (previamente se ha visto reflejado en las aguas de la laguna, por lo que es consciente de sus diferencias morfológicas respecto de los individuos de su entorno) y también leones, serpientes y hasta micos pero no caras semejantes a las de Kala, Kerchak y el resto de los Mangani.

            - Después de intentar arrancar de las hojas aquellas figuritas, llega a comprender que no son reales aunque lo que más llama su atención son los extraños insectos que se sitúan bajo los dibujos de colores.

            - Con los años aprenderá, partiendo de los bichitos que forman la palabra NIÑO y que siempre aparecen bajo las figuras de los monos que son “como él” que dichos insectos son relativamente pocos, suelen ir juntos y se repiten muchas veces. Una tarea –indica el narrador- que a nosotros nos parecería imposible. Pues bastante, la verdad.

            Para colmo, cuando D’Arnot se decida a enseñarle a hablar años después, lo hará lógicamente en francés, con lo cual tendremos a un desorientado Tarzán que lee y escribe en inglés pero habla en francés. Un poco “demasié”…

 

APELANDO A LA HERENCIA GENÉTICA

  

          El autor carga también las tintas sobre el bagaje hereditario de su héroe. Y es que Tarzán une a su sangre aristocrática un cuerpo perfecto, una mente autodidacta, un valor extremo y un alto sentido ético.

            Si, a un nivel muy elemental, la Psicología ha conocido una de sus divisiones históricas entre quienes propugnan que el ser humano llega a este mundo dotado de unos principios apriorísticos innatos (constructivistas) y quienes opinan que somos hojas en blanco que imprimirá la experiencia (conductistas), es evidente del lado de quiénes se decanta Burroughs. Al menos en esta novela.

            Así, desde el principio el héroe evidencia signos de su ilustre herencia genética, que se van imponiendo de forma inverosímil (y con ello no quiero decir que me adscriba personalmente al conductismo) a las circunstancias de su “silvestre” crecimiento.

            Pongo varios ejemplos:

            - Aunque Tarzán se venga del asesino de su madre adoptiva, es incapaz de devorar la pieza cobrada pese a tratarse del primer ser humano con el que tropieza, lo que hace difícilmente creíble su repugnancia hacia la antropofagia. Se entiende mejor su rechazo una vez constatadas las terribles costumbres que imperan en el poblado de los caníbales pero no antes.

            - Sus aproximaciones a Jane son tan altruistas como galantes, algo complicado de entender habida cuenta la única realidad conocida por el joven en lo que a los ayuntamientos macho-hembra se refiere. Su timidez o la caballerosidad se explican en la novela, una vez más, a través de la herencia genética, que sería la única responsable de esa delicadeza innata.

            - Tarzán constituye un modelo extremo de autodidactismo, ya que no sólo aprende a leer solo sino que lo hace desde la más pura ignorancia de la existencia de un lenguaje humano escrito. Los niños “civilizados” saben que sus compañeros de edad más avanzada son capaces de interpretar y decodificar el lenguaje. Ellos ven dicho lenguaje -aunque no lo comprenden- en los bocadillos de un cómic o en las áridas páginas de un periódico o de un libro sin ilustraciones. Sin embargo, Tarzán aprende a hacer algo de lo cual ni siquiera posee el concepto. No es sólo que vacas o trenes (que también aparecen en el alfabeto ilustrado) carezcan de sentido para él sino que no ha visto a animal alguno trazando ningún tipo de signo y mucho menos para comunicarse a través del mismo.

 

LAS SECUELAS

  

          Debo resaltar el hecho de que la calidad literaria y argumental respecto a la novela original desciende de forma alarmante ya desde la segunda parte de la saga, “El regreso de Tarzán”.

            Se conserva, no obstante, una implícita intención de preservar el carácter y la filosofía del personaje pero la brillantez del discurso desaparece como por ensalmo, sustituida por una suerte de “atmósfera de cómic” de la que adolecía la obra original pese a sus licencias de verosimilitud.

            En todo caso, una cierta decepción sí experimenté al leer, tantos años después, las siguientes novelas. No digo, de todos modos, que no merezca la pena leerlas como mero divertimento porque distraídas sí son y nunca falta en ellas la acción pero, con franqueza, esas sí me parecen más adecuadas para un público juvenil, que podrá disfrutarlas sin plantearse grandes cuestiones.

            Y es que, a lo largo de una casi interminable saga, el personaje de Tarzán se irá transformando, perdiendo no sólo su carta de naturaleza sino también la más mínima verosimilitud, cayendo en una espiral hiperbólica.

            No es extraño pues que el interés por las obras de Burroughs acabara casi por extinguirse tras la muerte de su autor, en parte también por las críticas -muchas veces fundadas- de simplista, populista y chauvinista de que fueron objeto.

            En cuanto a la trayectoria del personaje, con la ayuda de los animales – en especial, elefantes y gorilas - Tarzán no sólo se convertirá en el REY indiscutible de la jungla sino que incluso obtendrá la inmortalidad mediante la fórmula secreta de un brujo.

            Durante su dilatada vida en la jungla, encontrará sus raíces aristocráticas, se casará y tendrá un hijo con Jane Porter (Korak) y se enfrentará a los alemanes, a los japoneses y a los comunistas. Como suena.

            También, entre sus muchas aventuras, descenderá al centro de la tierra, logrará la amistad de un león (su rival natural como aspirante al cetro selvático) y encontrará tribus prehistóricas teóricamente extintas. Ahi es nada.

 

LA COLECCIÓN DE EDHASA

    

            Ésta es la lista de los títulos de Tarzán que ofrece la editorial Edhasa con un formato en rústica con solapas, fondo verde y un look más bien juvenil.

            El diseño de la cubierta corresponde a Julio Vivas, si bien en el resto de volúmenes de la colección, junto al de éste aparece el nombre de Vicente Ballestar en calidad de ilustrador.

            De dichos títulos comentaré únicamente los nueve que hasta el momento he leído:

1) Tarzán de los monos (Edhasa, 1995 aunque la primera edición de la novela vio la luz en 1912).- Única, irrepetible, romántica, vibrante y redonda. El resto no son sino pálidos reflejos suyos, consecuencias más mercantilistas que inspiradas. Narra, como queda dicho, el crecimiento de un niño humano en mitad de la jungla, criado por fieras y convertido en una más de ellas salvo por su poderoso intelecto. La llegada de una hembra de su verdadera especie lo cambiará todo.

2) El regreso de Tarzán.- Después de un período en París, al cual no acaba de acostumbrarse, Tarzán recibe una misión por parte del servicio secreto francés, la cual le lleva a Argelia donde vivirá emocionantes aventuras. Navegando más tarde hacia Sudáfrica, es atacado y lanzado al mar por un traidor ruso, Rokoff, y un sicario de éste, Paulvitch. Nadando, llegará a duras penas hasta la costa… que resultará ser (oh, casualidad) la suya.

3) Las fieras de Tarzán.- Rokoff se evade de la prisión y, en compañía de su inseparable Paulvitch, se venga de Tarzán secuestrando a la que ya es su esposa Jane y a su hijo Jack, y abandonándole a él en una isla desierta. Para desgracia de los rusos, el hombre-mono persuadirá a la pantera Sheeta y al poderoso gorila Akut de que se unan a él para alcanzar el continente. Allí recupera el rastro de sus enemigos y emprende la búsqueda de su familia.

4) El hijo de Tarzán.- Paulvitch, el secuaz del difunto Rokoff, es rescatado tras diez infernales años en la selva y trasladado a Londres en el mismo barco que un gorila que resulta ser Akut. Éste da con Tarzán, de quien Paulvitch intenta vengarse asesinando a su hijo Jack pero será Akut quien acaba con el malhechor. Agradecido, Jack se traslada a África sin avisar a sus padres, a fin de devolver al gorila a su tierra pero se ve atrapado allí sin dinero y se interna en la selva con Akut, convirtiéndose finalmente en Korak, una copia de su propio padre.

5) Tarzán y las joyas de Opar.- Un oficial belga renegado, Albert Werper, huye tras asesinar a su superior y es reclutado por un árabe sanguinario, Ahmet Zek, quien le instiga a hacerse pasar por un cazador francés y buscar la hospitalidad de Tarzán, cuya granja pretende asaltar. Siguiendo en secreto a su noble anfitrión, el renegado llega hasta la Ciudad de Opar, de donde el hombre-mono obtiene su oro. A consecuencia de un terremoto, Tarzán recibe un golpe en la cabeza que le hace perder la memoria mientras Jane es secuestrada por Ahmet Zek, que además destruye la granja.

6) Historias de la jungla.- Colección de anécdotas breves que reflejan algunos pasajes de la infancia selvática de Tarzán: su relación con su madre adoptiva Kala, sus primeras aventuras peligrosas, sus descubrimientos, su búsqueda estéril de cariño entre unos animales que no logran entenderle, su avidez de conocimiento y sus enfrentamientos con las fieras de la jungla. Dada mi escasa afición por los relatos breves, este volumen fue, de lejos, el que menos me interesó.

7) Tarzán el indómito.- La Primera Guerra Mundial se extiende a África, de manera que cuando Tarzán regresa a su hacienda, la encuentra arrasada (¡¡una vez más!!), a su esposa Jane carbonizada y al protector de ésta crucificado por una avanzadilla alemana. Su sed de venganza le lleva a exterminar a todos los oficiales alemanes responsables, trabando contacto con Bertha Kircher, una bella espía teutona a quien se ve incapaz de matar. Con todo, la imagen de Tarzán saltando entre trincheras germanas no creo que deje indiferente a nadie.

8) Tarzán el terrible.- En su búsqueda de Jane (la mujer carbonizada resultará no ser ella), Tarzán llega a Paul-ul-don, una extraña tierra prehistórica en la que traba amistad con dos pitecántropos, Ta-den y Om-at, pertenecientes a dos tribus enfrentadas entre sí: los blancos y lampiños ho-don y los negros y peludos waz-don. El singular trío contribuye al derrocamiento del brutal rey waz-don, sustituido por el propio Om-at, aunque éste no logra dar a tiempo con su prometida, convertida en esclava de los ho-don. Capturado Tarzán por una tercera tribu, logra escapar a lomos de un terrorífico triceratops.

9) Tarzán y el león de oro.- Tarzán rescata de una muerte segura a un cachorro de león que acaba de perder a su madre. Ante el escepticismo de su hijo Korak, logra adiestrar al animal, que se convierte en una fiera formidable. Años después, una expedición de europeos capitaneada por Flora Hawkes, antigua doncella de Jane, llega a la región. Con la ayuda de un fornido actor ¡¡¡español!!! llamado Esteban Miranda, cuya misión es suplantar a Tarzán, al que se parece asombrosamente, el grupo se dirige a Opar para robar parte de su oro. La casualidad quiere que el hombre-mono se cruce en su camino.

10) Tarzán y los hombres hormiga

11) Tarzán, señor de la jungla

12) Tarzán y el imperio perdido

13) Tarzán en el centro de la tierra

14) Tarzán el invencible

15) Tarzán triunfante

16) Tarzán y la ciudad de oro

17) Tarzán y el hombre león

18) Tarzán y los hombres leopardo

19) La búsqueda de Tarzán

20) Tarzán y la ciudad prohibida

21) Tarzán el magnífico

22) Tarzán y la Legión Extranjera

23) Tarzán y el loco

24) Tarzán y los náufragos (relato inédito en nuestro idioma hasta que Edhasa lo “rescató”)

 

EN DEFINITIVA

     

            A pesar de lo irónico de algunos de mis comentarios y ciñéndome a la novela original, todavía hoy sigo considerando que “Tarzán de los monos” es un clásico por derecho propio.

            Divertida, con un ritmo narrativo casi cinematográfico, una temática interesante y emotiva, combina con precisión magistral la acción con la antropología (aunque sea antropología-ficción), el romance con la más pura aventura.

            Para tratarse de un autor que nunca gozó de una alta consideración entre los sesudos críticos literarios, considero que no es poca cosa.

            Sus personajes, con excepción del de Tarzán, muy rico en matices, no llegan a ser meros estereotipos aunque es cierto que no se profundiza mucho en ellos.

            Sin embargo, algo tendrán el agradecido y caballeroso D’Arnot o la femenina y apasionada Jane (pese a ser, como su selvático amado, rehén de sus convicciones morales) para haber sobrevivido un siglo entero sin desaparecer de la memoria colectiva.

            El resto, sí, son meras piezas de un rompecabezas atractivo como pocos y que os desafío a afrontar con la certeza del que sabe que da un buen consejo.

            Por las páginas de la novela pululan fieras de todo tipo (algunas de ellas, supuestamente humanas), paisajes frondosos que casi podemos ver, olores y colores que el autor logra transmitirnos, sensaciones diversas e intensas (desde el frío hasta el temor) y también diálogos bastante inspirados que ilustran los momentos clave del relato, definiendo a Tarzán y a sus interlocutores más inmediatos.

 

TARZÁN EN EL CINE

    

           Sin ánimo de extenderme demasiado, ya que esto pretende ser el análisis de una de mis novelas de aventuras predilectas y no su transformación en guión de cine, me gustaría comentar alguna cuestión de forma somera:

            - La primera película sobre Tarzán fue producida en 1918, dirigida por Scott Sidney, protagonizada por Elmo Lincoln y filmada ¡¡¡en los pantanos de Louisiana!!!

            - Cuando el campeón olímpico de natación Johnny Weissmuller protagonizó el primer film de la saga en que se acabaría convirtiéndose (“Tarzán de los monos”, 1930), actor y personaje se convirtieron en extraordinariamente populares.

            - Hasta doce películas protagonizó Weissmuller interpretando a Tarzán, acompañado de la mona Chita(invento totalmente cinematográfico que no guarda relación alguna con las novelas de Burroughs) y de una Jane que empezó posando semidesnuda y acabó púdicamente cubierta con un trajecillo indescriptible.

            - Si la elección de Johnny Weismuller resultó más o menos atinada en su aspecto atlético, su bajo perfil intelectual lo aleja de forma definitiva del Tarzán literario.

            - La primera aproximación seria –que no fiel- al personaje de Tarzán llegó con “Greystoke”, film sobre el cual disponéis de un artículo en este mismo blog.

            - También Disney se apuntó su propia versión animada de “Tarzán” en una cinta bastante agradable de ver y que contó con Phil Collins en la banda sonora.

            - La larga lista de actores (20) que han interpretado en algún momento al personaje creado por Burroughs está integrada por Gordon Griffith, Elmo Lincoln, Johnny Weissmuller, Buster Crabbe, Bruce Bennett, Glen Morris, Lex Barker (ex de “nuestra” Tita Cervera), Peng Fei, Tamar Balci, Clint Walker, Gordon Scott, Denny Miller, Jock Mahone, ron Ely, Mike Henry, Steve Hawkes, David Carpenter, Miles O’Keeffe, Christopher Lambert y Casper Van Dien. Y eso sin contar con las versiones X, que haberlas haylas.

            - Entre los muchos subproductos de todo tipo a los que Tarzán ha dado origen destacan la película juvenil “El hijo de la jungla”, la decididamente infantil “George de la Jungla” o la serie germano-italiana de televisión “Orzowei”.

            - A pesar de contar casi con un centenar de películas documentadas, estamos lejos de contar con una versión cinematográfica definitiva de la historia de Tarzán y es una pena que grandes cineastas como, por ejemplo, Coppola (con su magistral “Dracula de Bram Stokker”) o Peter Jackson (con su mastodóntica y brillante trilogía sobre “El Señor de los Anillos”) no se hayan interesado por ella. Quizás algún día…

 

 

 

 

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