SAGA HARRY BOSCH

Parte I

 

Saga Harry Bosch

 

 

MICHAEL CONNELLY vs John Connolly

 

            No deja de tener su gracia el hecho de que descubriera simultáneamente la obra de este autor estadounidense de novela negra y la del irlandés John Connolly, que hasta cierto punto comparte género (y apellido salvo por una simple vocal) con él.

            En realidad, las sagas de ambos difieren considerablemente aunque no pueda dejar de reconocerse una cierta relación entre ellas.

            Por dejar claro semblanzas y diferencias que ayuden a distinguirlos en un futuro próximo, avanzo de momento las siguientes puntualizaciones:

- Mientras Michael Connelly procede de Philadelphia, Pensilvania, John Connolly es un irlandés nacido en la mismísima Dublín.

- Ambos son los creadores de otras tantas sagas de novela negra protagonizadas por el detective de policía Harry Bosch en el caso del primero y por el detective privado (aunque comienza siendo también policía) Charlie “Bird” Parker en el del segundo.

- Los progenitores de ambos héroes tuvieron ocurrencias de lo más cultureta al bautizar a sus vástagos. De hecho, lo de hacerse llamar Harry constituye un intento más bien desesperado de evitar que a Hieronymus Bosch le llamen por su nombre real, que es también el del pintor flamenco de los siglos XV-XVI conocido como “El Bosco”. En cambio, a Charlie Parker le colocan el sobrenombre de “Bird” por compartir nombre y apellido con uno de los grandes mitos del jazz.

- Una diferencia esencial entre las sagas creadas por ambos autores estriba en que mientras la de Harry Bosch se enmarca dentro del más puro clasicismo de la novela negra americana (hasta el punto de insinuarse como una actualización de las novelas de Raymond Chandler), la saga de Charlie Parker mezcla con la acción detectivesca otros elementos que podríamos calificar de esotéricos o sobrenaturales.

- También se da un notable contraste entre el tono más bien contenido que preside las aventuras de Bosch incluso cuando se nos ofrecen algunos detalles de los asesinatos que investiga el detective y el sesgo decididamente sangriento y truculento que acompaña siempre a las pesquisas de Parker.

- Si ambos detectives comparten un cierto aire taciturno y un ramalazo de sarcasmo a lo Philip Marlowe (referente obligado cuando hablamos de este género literario), lo cierto es que Bosch tiene un mayor tacto pese a no ser un hombre sutil en tanto que Parker parece decantarse siempre por la opción menos diplomática entre todas las posibles.

- Veterano de Vietnam, Harry es un hombre al que no le asustan la violencia y la acción pero intenta no meterse en guerras que no cree poder ganar; Parker, en cambio, parece estar esperando siempre la ocasión de meterse en líos y recibir una buena paliza o incluso un buen par de tiros aunque con la “sana” intención de devolverlos multiplicados por diez. Su tendencia innata a manifestarse de forma violenta resulta casi patológica.

- Ambos, Bosch y Parker, mantienen una difícil relación con el sexo contrario, lastrados por sus respectivos pasados; el de Bosch por ser hijo de una prostituta y haber crecido en orfanatos y el de Parker por haber perdido a su mujer y a su hija de forma atroz en lo que es prácticamente el prólogo de la primera novela de su saga.

- Paradójicamente, mientras Harry carece de amigos, Parker sí los tiene, de forma incondicional, aunque se trate de dos criminales profesionales que además constituyen una llamativa pareja homosexual.

 

DE CHANDLER Y ELLROY A CONNELLY

 

            Si el ya citado Raymond Chandler situaba las andanzas de su mítico Philip Marlowe –“Adiós muñeca”, “El sueño eterno”- en el Los Ángeles de los años 40 y James Ellroy sus novelas “L.A. Confidential” o “La dalia negra” en la de los 50, con Michael Connelly asistimos a una definitiva actualización de la ciudad.

            Sin embargo, lo que más me fascina de la atmósfera de sus novelas es el hecho de que, coexistiendo con los teléfonos móviles, los “busca” o la industria del video pornográfico, el autor logra mantener ese espíritu turbio y turbulento que la novela negra americana ha adjudicado tradicionalmente a la capital de la Costa Oeste.

            Sin resultar teatral, porque no lo hace, el clasicismo casi académico de Connelly le lleva a transgredir más bien poco los límites del género. De hecho, en sus novelas encontraremos tipos duros, femmes fatales, mucho alcohol, bastante humo de tabaco, políticos corruptos y jefes siempre dispuestos a amargarle la existencia.

            No obstante, en aras de esa actualización a la que aludía, aquí aparecen también elementos distintivos como psiquiatras cuya evaluación resulta imprescindible para no perder la placa, drogas de diseño que sustituyen a los estupefacientes tradicionales, asesinos en serie que no sólo no trabajan para el crimen organizado sino que lo hacen para su propio goce enfermizo o mujeres atractivas en puestos relevantes de la judicatura.

            El Los Angeles de Chandler y Ellroy persiste en el inconsciente colectivo y no importa que en lugar de carreteras de dos carriles ahora la ciudad cuente con autopistas de seis carriles por sentido pero lo que sí ha cambiado de forma harto significativo es la asignación de roles.

            Si en las novelas negras ambientadas en los años 40 y 50 las mujeres se veían relegadas al papel de mujer fatal, de víctima o, como mucho, de “amiga entrometida y más bien sabihonda con ganas de ayudar al protagonista, aquí las veremos como agentes federales, abogadas y fiscales, periodistas, políticas e incluso como criminales.

Huelga decir que también seguiremos viéndolas en sus roles “negros” tradicionales como devorahombres, prostitutas profesionales (ahora se les añaden las estrellas del porno), víctimas propiciatorias y amantes misteriosas.

Y ya que sale a colación el término “negro”, este colectivo que ahora será denominado, de forma políticamente más correcta, como “afroamericano” sale también del encasillamiento clásico, de forma que sus miembros pueden por fin ser policías, jueces, periodistas o políticos, sin tener que circunscribirse necesariamente a los roles habituales de hampón, criminal de poca monta, bailarín o músico.

 

HARRY BOSCH, EL PERSONAJE

 

            Concienzudo y más que comprometido con un trabajo que en su caso se identifica con su vida –apenas si confraterniza con algún que otro compañero de trabajo presente o pasado o con profesionales cuya labor entra en intersección con la suya-, Harry es un policía singular.

            Bebe demasiado, fuma todavía más, siente pasión por el jazz, posee cierta habilidad manual que le permite hacer por sí mismo labores que otros han de encargar a especialistas y, en general, su vida resulta monótona, triste y solitaria incluso cuando, de forma eventual, se une con la de alguna dama.

Si hubiera que dar un perfil psicológico del hombre, éste podría contar con los siguientes rasgos:

- honesto pero no cuadriculado

- ecuánime, de modo que su sentido de lo que es justo no le lleva a pensar mal de forma sistemática de aquellos cuyos intereses se le oponen ni tampoco a simpatizar necesariamente con quienes están de su mismo lado

- endurecido aunque no insensible

- más predispuesto a la introspección que a la confidencia

- protector con las mujeres a las que ama aunque eso le lleve a poner una barrera invisible que las separe de su propio pasado

- obsesivo con los casos en los que se ve mezclado, arrastra también ese defecto en cuanto concierne a sus propios fantasmas personales

 

Parte 1 – EL ECO NEGRO

 

LINEA ARGUMENTAL

 

            El detective Harry Bosch, de la Policía de Hollywood, es avisado del hallazgo de un cadáver en una tubería. Todo apunta a una sobredosis pero la víctima resulta ser William Meadows, con quien Harry coincidió haciendo de “rata de los túneles” en Vietnam.

            Meadows estaba implicado en el robo a una cámara acorazada que investiga el FBI. Por ello a Bosch se le asigna como compañera a una agente del Buró, Eleanor Wish, con evidentes reparos por parte del jefe de ésta, el prepotente Rourke.

            La investigación pronto encuentra trabas debido tanto a las ambiguas declaraciones del único testigo presencial del hallazgo, un delincuente de poca monta, como a la información que de forma evidente para el detective se le está escamoteando por parte del FBI.

 

CON BUEN PIE

 

            Construir un protagonista creíble y que además goce de algún tipo de atractivo e interés para el lector es algo primordial para dar inicio a lo que pretende ser una saga en toda regla y es obvio que Connelly lo consigue.

            Por otra parte, su estilo atrapa debido a su adictiva intriga pero también a la contención literaria y emocional.

            A destacar igualmente la presencia en la trama de personajes que ofrecen una réplica sólida al héroe de la función.

            Eleanor Wish se convierte así en la primera mujer significativa en la vida literaria de Bosch y de sus conversaciones con el detective obtendremos datos más que relevantes acerca de la verdadera personalidad de éste.

 

Parte 2 – HIELO NEGRO

 

LINEA ARGUMENTAL

 

            El sargento de policía Calexico Moore aparece muerto en un sórdido motel de Los Ángeles. La versión oficial tontea con la idea del suicidio pero el detective Harry Bosch, a quien habían dejado al margen del caso, tiene sus dudas. Para quitárselo de encima, el subdirector Irving le envía a darle la noticia a la ex mujer de Moore, Sylvia.

            Entre ambos surgirá una atracción mutua inmediata pese a lo poco propicio de las circunstancias.

            Siguiendo uno de los casos de su alcoholizado compañero Porter –casos que han debido ser redistribuidos entre otros agentes por la incompetencia y las reiteradas ausencias del policía-, Harry identifica un cadáver hallado por Cal Moore justo antes de su muerte y que resulta ser el de un trabajador mexicano.

            En el cuerpo de la víctima aparece una mosca tratada en EnviroBreed, una empresa estadounidense afincada en Mexicali, al otro lado de la frontera mexicana y frente a la estadounidense Calexico, ciudad natal de Moore.

 

CAMBIANDO DE AMBIENTE

 

            Más interesante si cabe que la primera entrega de la saga, el cambio de localización ejerce un efecto más que positivo sobre la trama, que gana en suspense y en incertidumbre.

            El exótico México fronterizo se erige de este modo en uno más de los protagonistas, algo que siempre redunda en beneficio de una buena historia. Y aquí la hay.

            La figura del desaparecido Calexico Moore, un hombre a caballo entre dos mundos contiguos pero profundamente diferentes –México y EEUU pero también la justicia y el delito- capitaliza la acción y favorece la atmósfera, a la que no será ajena Sylvia, la atractiva maestra que lo amó.

            Podría afirmarse que esta segunda parte aporta dosis adicionales de intriga, acción, romance y humor e incluso que literariamente está por encima de su predecesora.

 

Parte 3 – LA RUBIA DE HORMIGÓN

 

LINEA ARGUMENTAL

 

            Cuatro años después de abatir al “Fabricante de muñecas”, en un caso que le supuso ser degradado al departamento de Hollywood, el detective Harry Bosch comparece ante un tribunal de derechos civiles, demandado por la viuda del presunto asesino en serie.

            La hábil y bella Honey “Money” Chandler, abogada de la acusación, presenta la situación como el asesinato de un hombre inocente a quien un policía impetuoso y con ganas de hacerse el héroe abatió sin darle la oportunidad de tener un juicio justo.

            La aparición de una nota que conduce al cadáver de una actriz porno enterrada en hormigón parece corroborar la tesis de la letrada pues la letra de la misiva coincide con la del antiguo asesino en serie y el modus operandi del crimen parece ser el mismo que el del Fabricante de Muñecas pero el cadáver sólo data de dos años atrás.

            ¿Se equivocó de hombre el detective? La duda produce algo más que un escalofrío tanto en el policía que se sienta en el banquillo como en todo el Departamento.

            Bosch, sin embargo, concluye en la existencia de un Discípulo con acceso a los detalles secretos del caso. Alguien a quien pueda haber cabreado su protagonismo con la reapertura del caso del Fabricante de Muñecas.

 

JUGANDO CON EL FLASHBACK

 

            Por primera vez en la saga se juega con la idea de la conspiración, ya que el protagonista se verá envuelto en una red de acusaciones y sospechas que alcanzan a sus propios compañeros.

            Salvo aquellos que participaron personalmente en la operación desarrollada cuatro años atrás, los mismos policías comenzarán a dudar de la honestidad de Bosch, a la luz de los datos sacados a relucir tanto por la abogada de la acusación como por la propia investigación en curso.

            El mismo Harry comienza a ver fantasmas y sospechosos entre sus propios compañeros, en una espiral de desconfianza mutua que amenaza con desestabilizar a todo el Departamento de Policía de Los Ángeles.

            Este nuevo escenario argumental y la curiosa relación acusadora-acusado que se establece en los descansos “para fumar” de las sesiones del juzgado otorgan a esta entrega de la saga una personalidad singular.

            En ella, como seguirá haciendo Connelly a lo largo de cada nueva novela, se siguen desgranando morosamente algunos detalles que atañen tanto al pasado del protagonista como a sus peculiaridades psicológicas.

 

Parte 4 – EL ÚLTIMO COYOTE

 

LINEA ARGUMENTAL

 

            El detective Harry Bosch queda en situación de baja involuntaria tras agredir a su jefe, Harvey Pounds, cuando éste arruina el interrogatorio de un sospechoso.

            Para no permanecer inactivo, Bosch afronta entonces la investigación del asesinato de Marjorie Lowe, su madre, acaecido décadas atrás.

            Las pistas le conducen hasta Miami, donde vive retirado uno de los agentes que llevó el caso.

            También allí conocerá a Jasmine, “Jaza”, una mujer bella y misteriosa.

 

LA INVESTIGACIÓN MÁS PERSONAL DE BOSCH

 

            En esta cuarta entrega asistimos a la investigación del caso más difícil en la carrera del detective.

            Difícil porque se trata de un caso muy antiguo, del que apenas quedan pruebas físicas y en el que muchos de los protagonistas han desaparecido ya pero sobre todo difícil porque afrontarlo supone desenterrar alguno de los episodios más dramáticos y dolorosos de la vida de Harry.

            A lo largo de los flashbacks que protagoniza Bosch, tanto para sí mismo como para la psiquiatra que debe determinar si está o no en condiciones de volver al trabajo, vemos por primera vez la verdadera perspectiva del personaje, lo que le ha llevado a ser quien es.

            Como contrapartida, la aparición de dichos fantasmas del pasado comprometerá seriamente su carrera profesional, llevándole a plantearse la idoneidad de seguir siendo policía o quizás convertirse –como Marlowe, como Spade o como el mismo Parker- en detective privado y trabajar por libre. Una encrucijada pues y un punto de inflexión fundamental en la trayectoria de Bosch,

            Sin embargo, incluso más importante que eso, su vida se verá más seriamente amenazada que en cualquiera de los episodios anteriores debido a la siniestra trama dormida que la “resurrección” del caso de su madre despertará de su letargo. 

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