LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD

Descubriendo otros planetas

 

La mano izquierda de la oscuridad

 

 

URSULA K. LE GUIN

 

Esta californiana, hija de un prestigioso antropólogo y de una escritora de literatura infantil, manifestó desde bien joven un saludable interés por la literatura fantástica.

Su apellido le viene de su marido, al que conoció en Francia mientras estudiaba allí tras haberse graduado en la Universidad de Harvard y haber realizado un postgrado en lenguas románicas en la de Columbia.

De regreso a Estados Unidos, Ursula enseñó francés en varias universidades antes de dedicarse por completo a la literatura. Y sus esfuerzos tuvieron éxito pues a sus 85 años está considerada como uno de los mejores autores vivos del género.

Tan es así que la autora fue galardonada con el título de “Gran Maestra” Damon Knight Memorial de la SFWA (Asociación de escritores de ciencia ficción y fantasía de Estados Unidos), siendo, hasta el momento, la única mujer en alzarse con un premio que ni siquiera se otorga todos los años sino únicamente cuando la Asociación considera que un autor se ha hecho acreedor a él.

Entre la escasa veintena de galardonados con el mismo destacan nombres como los de Ray Bradbury, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Robert Silverberg o el propio Damon Knight, que da nombre al premio y que fue además el fundador de la SFWA.

Por lo que respecta a la producción literaria de la señora Le Guin, en la misma destacan la serie de fantasía “Terramar” y el ciclo de ciencia-ficción “Ekumen”, compuestos ambos por una combinación de novelas e historias cortas. La novela de la que luego hablaremos forma parte de esta segunda saga.

Además de ello, la escritora ha profundizado en la ciencia ficción por medio de otras novelas no inscritas en saga alguna e incluso, quién sabe si homenajeando a su madre, ha hecho sus incursiones en la literatura infantil.

 

MI EXPERIENCIA CON LE GUIN

 

Supe de Ursula por primera vez cuando abordé la lectura de “Leyendas negras”, un recopilatorio de relatos breves e inéditos pertenecientes a diversos autores de literatura fantástica.

El editor del mismo, el ya citado Robert Silverberg, consiguió que autores como Terry Pratchett o el mismísimo George R. R. Martin contribuyeran al proyecto con historias ambientadas en sus respectivas sagas fantásticas.

Y entre las mismas -aunque sin alcanzar la maestría de “El caballero errante. Un relato de los Siete Reinos” con el cual colaboró Martin para agrandar la leyenda de su saga “Canción de hielo y fuego”- también se encontraba “Libélula y dragón”, una novela breve a cargo de Ursula K. Le Guin.

Inscrita en el mundo de su saga “Terramar”, presentaba a la altísima y tosca Libélula llegando a Roken en demanda de un adiestramiento sólo reservado a los varones, lo que le valía ser recibida con manifiesta hostilidad por parte del siniestro Maestro Thorin.

Debo confesar que el relato no me impresionó demasiado y de hecho no realicé el menor esfuerzo por localizar ningún volumen de “Terramar”, que narra la historia de un joven aprendiz de mago que debe aprender a lidiar con sus propios miedos y fantasmas.

Algo hermética, la prosa de Le Guin me pareció moderadamente interesante pero desaprovechada, mal encauzada en pos de una historia sin el atractivo suficiente. Aunque mi tibio juicio también pudo deberse al hecho de tratarse de un argumento condensado en un texto demasiado breve para mi gusto.

En cualquier caso, cuando hace unas semanas cayó en mis manos este “La mano izquierda de la oscuridad”, el nombre de su autora no despertó en mí eco alguno y fue sólo después de entusiasmarme con su lectura que fui capaz de relacionarlo con lo que ya sabía de ella.

Lejos de la frialdad artificial de Arthur C. Clark en “Cita con Rama”, del academicismo algo obsoleto de Isaac Asimov en “Las bóvedas de acero” o de la simple inverosimilitud de Robert A. Heinlein en “Forastero en tierra extraña”, la Le Guin se encuentra aquí mucho más próxima a la maestría de Andreas Echsbach en “Los tejedores de cabellos” o de Michael Marshall Smith en “Ciudad”.

A la luz de este agradable descubrimiento –lo ha sido al menos para mí, ya que la novela cuenta con casi medio siglo de antigüedad- es más que probable una nueva y profunda inmersión por mi parte en su obra.

 

LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD

 

Antes de cualquier análisis, debo avanzar que el título de la novela me parece poco significativo, ya que guarda relación con una balada de Tormer, obviamente un autor ficticio, originario del planeta Gueden.

La luz es la mano izquierda de la oscuridad

y la oscuridad es la mano derecha de la luz.

Las dos son una, vida y muerte,

juntas como amantes en kémmer,

como manos unidas,

como el término y el camino.

Queda clara su intención poética pero esa mención a la oscuridad parece insinuar más bien que se trata de una obra de terror, pudiendo llevar a engaño a algún ingenuo lector.

Escribiré mi informe como si contara una historia, pues me enseñaron siendo niño que la verdad nace de la imaginación”, afirma Genly Ai, el protagonista de la novela, en la introducción de la misma.

Ai se encuentra en Karhide, uno de los países más importantes del planeta Gueden, también llamado “Invierno” por estar en plena era glacial.

Y se halla en ese lugar en calidad de Enviado del Ecumen, una federación galáctica de mundos habitados que toma su nombre del término griego “ecúmene”, referido a la parte habitada de la Tierra.

Paradójicamente, en Gueden no tienen constancia de la existencia de otro mundo aparte del suyo y les resulta poco menos que inconcebible que pueda haber más de un centenar de planetas poblados por seres humanos.

Eso dificulta la labor del Enviado de forma extraordinaria y de hecho, pese a los teóricos esfuerzos del ambiguo Estraven por procurarle una audiencia, son ya seis los meses que Ai lleva esperando para ser recibido por el Rey de Karhide, Argaven.

Cuando Estraven es acusado de traidor por su apoyo a la causa del extranjero, resultado desterrado de Karhide, país que logra abandonar a duras penas mientras intentan asesinarle.

Curiosamente es entonces cuando Genly, cuya pequeña nave está siendo minuciosamente investigada por los científicos de Karhide, acaba siendo recibido por el Rey.

Éste ya conoce de labios de Estraven el ofrecimiento del Enviado, que no es otro que la unión de Gueden al Ecumen, pero el miedo del monarca y su mezquindad le empujan a rechazarlo.

Como ya le avanzara el propio Estraven: “Todo lo que le dije significa para Argaven que su poder está amenazado, que el reino es una mota de polvo en el espacio, y una fruslería para hombres que gobiernan un centenar de mundos”.

En lugar pues de aceptar la adhesión a la liga planetaria, el rey otorga a Genly la “libertad de Karhide”, que le permite moverse libremente por el país o abandonarlo si lo desea.

Será entonces cuando el Enviado inicie un largo viaje hasta las fortalezas de Karhide donde viven los profetas. Más tarde llegará a Orgoreyn, el otro gran país del planeta, vecino y rival del gobernado por Argaven.

 

LA SEXUALIDAD DE LOS GUEDENIANOS

 

Aparte de su aislamiento, lo que caracteriza a los habitantes del planeta Gueden es su androginia.

De este modo, durante tres semanas del mes son sexualmente inactivos y es en la semana restante cuando entran en kémmer (que podríamos traducir como “celo”) y adoptan uno u otro sexo.

En ese caso se transforman en varones o mujeres dependiendo del sexo que adopte el compañero sexual, no estando predeterminado quién será el macho o la hembra ni pudiendo elegirlo salvo mediante el uso de determinadas drogas.

El hermafroditismo supone en la práctica que en una pareja se puede ser tanto padre como dar a luz hijos (ser padres “en la carne”).

Pero el kémmer no siempre es vivido en pareja aunque sí se trate de la costumbre más común.

En las casas de kémmer de las ciudades y pueblos se forman grupos a veces y el acoplamiento sexual puede ser incluso de carácter promiscuo.

El otro extremo de esta práctica es la costumbre del voto de kemmerante, que se hace una sola vez en la vida y viene a ser una especie de matrimonio monógamo sin valor legal aunque determinante de la estructura social y ética de la población.

En la novela se atribuye el hermafroditismo de los guedenianos a una deliberada manipulación genética por parte de los hainitas, habitantes del planeta Hain y primeros humanos que colonizaron los distintos mundos; entre ellos la Tierra.

El propósito de dicho experimento podría ser maximizar el éxito reproductivo en un entorno ambiental tan hostil como el de Gueden aunque no se descarta el mero interés científico pues realmente la ambisexualidad parece tener escaso valor como factor de adaptación.

El interés podría residir por tanto en determinar si una sociedad sin relaciones de dominación sexual podría o no dedicarse a la guerra o sencillamente en observar el comportamiento de los seres humanos desprovistos del sexo único.

En cualquier caso, la sexualidad de Ai le convierte en un “perverso”, ya que está en kémmer permanente y carece de ambisexualidad.

 

CONCEPTOS GUEDENIANOS

 

Hay algunos conceptos relativos a los habitantes de Gueden que es interesante observar.

Por ejemplo, el Shifgredor, término derivado de un viejo vocablo que significaba “sombra”, hace referencia a todo aquello que acompaña al hombre más allá de su aspecto: su buen nombre, su posición, su orgullo personal, su prestigio y, en última instancia, también su honor.

Será uno de los principios en los que se base el comportamiento de los guedenianos y se manifiesta en diversas actitudes consideradas incorrectas:

- Pedir explicaciones a alguien de rango superior.

- Dar consejos a otro ser humano o formular preguntas directas.

- Solicitar esos mismos consejos.

- Romper un pacto explícito.

- Desconfiar de la buena fe de quien te recibe.

Ahí entraría la habilidad de cada cual para sortear las apariencias (formulando meras recomendaciones en lugar de aconsejar, por ejemplo) o para negociar los conflictos mediante circunloquios que no comprometan el propio shifgredor.

La costumbre, convertida en ley, de prestar cobijo y comida al extraño durante tres días, obedecería tanto al shifgredor como a una norma de supervivencia derivada de lo inhóspito de las condiciones climáticas del planeta.

Otra cuestión a tener en cuenta es el tema de las Profecías. Los hombres que las dispensan, a cambio de un precio alto pero justo, sólo pueden responder “sí” o “no” a una cuestión concreta, lo que entraña una enorme dificultad para quien la formula.

Porque lo cierto es que la Profecía se revelará como auténtica pero inútil en la mayor parte de los casos: “la perfeccionamos y la practicamos para mostrar que no sirve de nada tener una respuesta cuando la pregunta está equivocada”.

Tampoco se trata, como el Enviado creerá inicialmente, de que los profetas lean las mentes de quienes pagan por sus servicios, cosa que no harían si realmente encerraran en sí mismos las respuestas que buscan.

En cuanto al fenómeno de Doza, éste consiste en el uso voluntario y controlado de la “fuerza histérica”, que convierte momentáneamente a los guedenianos que son capaces de dominarlo en seres sobrehumanos aunque luego caen en un estado de agotamiento extremo.

También la práctica de la Privación distingue a algunos habitantes del planeta iniciados en tal disciplina. Estraven será un buen ejemplo de estas dos últimas capacidades y su dominio de las mismas resultará crucial en el desarrollo de la historia.

De todos modos, no todos los guedenianos obedecen a un mismo patrón de conducta y, de hecho, el extranjero Ai (“no puede haber nadie más extranjero que yo”) observará una diferencia esencial simplemente atendiendo a la forma en que su presencia es recibida en los dos países antagónicos Karhide y Orgoreyn.

 

TÁCTICAS ECUMÉNICAS

 

El rey Argaven primero y el propio Estraven después se plantearán por qué una alianza de planetas tan poderosa –en Gueden ni siquiera son capaces de construir nada que vuele mientras que todos los planetas del Ecumen cuentan con naves capaces de alcanzar la velocidad de la luz- envía a un solo hombre para intentar “reclutarles” para su causa.

Haciéndolo de este modo no sólo se arriesga el éxito de la misión sino la propia vida del Enviado, le harán ver a Genly. Sin embargo, éste responde que es la costumbre del Ecumen.

Obviamente, la respuesta no es tan simple y existen razones de más peso. No se necesitan mil hombres para abrir una puerta –le dirá al Rey.

De hecho, los ecúmenos prefieren esperar a que sean los nativos de cada planeta –en este caso representados por el propio rey karhider- quienes la abran.

No le exigirán nada y envían a un solo hombre para evitar provocar temor en aquellos a los que visitan por primera vez.

Por desgracia, la debilidad del monarca y su evidente locura no harán sino aumentar dicho temor paranoico, acarreando una concatenación de desgracias.

Una buena forma de sintetizar el modo de pensar ecuménico aparece condensada en esta reflexión del propio Ai: “Cuando la acción deja de servirte, infórmate; cuando la información deja de servirte, duerme”.

Las prohibiciones no parecen formar parte de la esencia del Ecumen aunque sí existe la costumbre de no actuar de determinada forma.

Por ejemplo, no se enseña la lengua paraverbal (la Telepatía) a los nativos de otros planetas hasta que estos no se han unido al Ecumen.

El Enviado ignorará dicha regla cuando transmita sus conocimientos a Estraven, a quien también contará que, salvo en el caso de los sensitivos innatos, la capacidad telepática es psicológica, si bien cuenta con una base fisiológica.

El lector sabrá por boca de Ai que la lengua paraverbal es producto de la cultura, un efecto lateral del empleo de la mente.

Así, los niños pequeños, los “defectuosos” o los miembros de sociedades no desarrolladas o regresivas no pueden hacerlo pues se precisa cierto grado de complejidad mental.

 

LA MUJER

 

Cuando Estraven le pregunta acerca de las mujeres y de sus diferencias con los hombres en una sociedad en la que ambos sexos están divididos, Ai no sabe muy bien qué responder.

Para el desterrado noble, que para entonces ha tenido ocasión de ver fotografías, las mujeres “parecían guedenianos embarazados pero con pechos más grandes”.

Guenly le explicará que el género condiciona expectativas, actividades, actitudes, costumbres y hasta normas.

No parece conocerlas mucho y les atribuye menos rasgos de genialidad que a los hombres, si bien es incapaz de determinar en qué consisten las diferencias psicológicas, por lo que acaba recurriendo a las meramente físicas: tienen menos fuerza, suelen comer menos…

Al final habrá de reconocer que también para él las mujeres son un enigma. “Contigo comparto un sexo al menos”.

 

LOS PERSONAJES

 

- GUENLI AI.- Algo ingenuo y obviamente bienintencionado, su desconocimiento profundo del pensamiento guedeniano le acarrearán problemas que irán desde la incorrección protocolaria hasta el peligro de muerte. Valiente y también paciente, su natural bondad le hace ser tolerante tanto con las aparentes arbitrariedades de la población nativa como con la indolencia de su propio pueblo colonizador.

- ESTRAVEN.- El personaje más ambiguo de la función, su apoyo de la causa de Ai le hace caer en desgracia, perdiendo el favor real y convirtiéndose en un proscrito que ha de luchar por su propia vida. Su condición de alto mandatario le otorga un curioso y poco definido estatus cuando logra pasar al país rival aunque también en Orgoreyn su papel adolecerá de una notable ambigüedad. Con todo, su intervención será capital para el devenir de la suerte del protagonista e incluso para la resolución de la misión diplomática de éste.

- ARGAVEN.- El Rey de Karhide es un personaje francamente inquietante, que de forma caprichosa puede pasar de la amabilidad más educada a la hostilidad más manifiesta. Influenciable y suspicaz, desoye los consejos sabios y presta oídos a los necios, lo cual desembocará en una atmósfera cada vez más enrarecida en el país. La sustitución de Estraven por Tibe pondrá a Gueden en un estado más cercano a la guerra de lo que nunca lo haya estado el por otra parte pacífico planeta. Pero ni siquiera su nuevo consejero estará a salvo de los bruscos cambios de humor que propician el desequilibrado carácter de Argaven, cuya locura se irá haciendo progresivamente más evidente.

- TIBE.- No se le describe mucho pero a partir de su breve conversación con Ai al principio de la novela y sobre todo de las acciones que protagoniza (y cuyos ecos llegan hasta los protagonistas) deducimos sin ningún género de dudas que se trata de un personaje ególatra y peligroso, capaz de llevar a un pueblo pacífico a la confrontación y de sembrar el odio entre seres sencillos y poco dados a las intrigas palaciegas.

 

EL PLANETA GUEDEN

 

Dejando al margen las peculiaridades sexuales y sociales de sus habitantes, Gueden (o Invierno) destaca por el hecho de constituir un planeta habitado en el límite del universo poblado por los seres humanos (el Ekumen o Ecumen).

Otras singularidades del planeta son las siguientes:

- El eje de Gueden, a diferencia del de la Tierra, no está inclinado, pero una excentricidad orbital produce estaciones globales.

- En la época en la que transcurre la novela, el planeta se encuentra en una Era Glacial aunque algunos científicos nativos consideran que se encuentra al final de la misma.

- Los polos y una gran porción de la tierra que los rodea están cubiertos por glaciares de forma permanente pero el clima alcanza temperaturas extremadamente bajas incluso en las áreas habitadas.

- El período de traslación de Gueden alrededor de su única estrella dura 0,96 años terrestres (8.401 horas) mientras que el período de rotación sobre su eje es de 23,08 horas, de modo que un año guedeniano dura 364 días.

- Otra similitud con la Tierra es la existencia de un único satélite en Gueden. Dado que el planeta completa su giro alrededor del mismo en 26 días, ésta es la duración de un mes en el planeta, dividiéndose el año en catorce de esos meses lunares.

- Una de las singularidades más interesantes en el planeta es la datación, ya que los años no se numeran secuencialmente sino que el año en curso es siempre el "año uno", y los demás se cuentan como años antes o después del actual. Los registros históricos emplean hechos conocidos para señalar fechas fijas del pasado.

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