JEAN-CHRISTOPHE GRANGÉ

 

El rey del “polar” nutre al cine francés 

 Jean Christophe Grangé 1

 

 

GRANGÉ, EL REY DEL POLAR

 

Podrá acusarse (con razón) a Jean Christophe Grangé de ser un escritor truculento y retorcido pero lo que jamás podrá achacársele es que no se trate de un autor dotado de un talento extraordinario para la intriga y el suspense, aderezado en ocasiones con verdadero terror.

En efecto, Grangé es un narrador brillante, con un dominio sorprendente del ritmo narrativo y con una capacidad descomunal para urdir tramas complejas y apasionantes.

El autor parisino (en realidad nació en Boulogne-Billancourt, casi un barrio periférico de la capital), que se inició dentro de la literatura juvenil con “El vuelo de las cigüeñas”, ya deslumbró a la crítica gala con su segundo libro, “Los ríos de color púrpura”, llevado con gran éxito al cine por Mathieu Kasovitz y con Jean Reno y Vincent Cassell como primeros espadas.

En la novela, un controvertido comisario francés –Paul Niemens- es enviado al norte de Francia para investigar un brutal asesinato al que luego sucederán otros. Su camino se cruzará con el de un colega que investiga una profanación.

A continuación vendría “El imperio de los lobos”, con el que Grangé se consagraría como el rey del thriller francés, género que en el país vecino adquiere el nombre de polar.

Siguiendo de nuevo una doble trama, asistiremos aquí a la investigación de una serie de asesinatos en París en los que las víctimas son trabajadoras turcas ilegales mientras que la esposa de un alto funcionario francés sufre una serie de trastornos mentales que también confluirán con el caso.

La línea negra”, aún siendo una novela no carente de interés, supuso un pequeño paso atrás después de sus dos impactantes novelas anteriores.

 

La linea negra

 

Cuenta cómo Jacques Reverdi, un antiguo campeón de inmersión en apnea, es detenido en Malaisia, acusado de torturar salvajemente y asesinar a la joven con quien lo encuentran. Marc Dupeyrat, periodista también francés, intenta descubrir la verdad del que intuye es un asesino en serie, para lo cual adopta el papel de una joven que escribe a Reverdi a la cárcel, logrando interesarle.

A renglón seguido llegaría “Esclavos de la oscuridad”, aclamada por la crítica francesa como una auténtica obra maestra. Podríamos de hecho considerarla como la cima de su, por otra parte, brillantísima trayectoria literaria.

A continuación llegarían, de forma sucesiva, “El origen del mal”, “La selva de las almas” y “El pasajero”, de las que cabe reconocer que no han alcanzado los niveles fulgurantes de sus inicios aunque tampoco desmerecen del mejor polar francés actual.

 

Novelas de Grange

 

De hecho, cuesta creer que nombres más recientes como los de la escritora Fred Vargas o su compatriota Franck Thilliez se antepongan en algunos foros de opinión al de Grangé pues lo cierto es que, sin menospreciar sus obras, se hallan bastante por debajo a cualquier nivel: en ritmo, argumento, intensidad e incluso en estilo literario.

Centraré, en cualquier caso, este breve análisis en la que para mí constituye la trilogía imprescindible de este maestro del suspense truculento.

 

 

LOS RÍOS DE COLOR PÚRPURA

 

Los rios de color purpura

 

UN PRÓLOGO SORPRENDENTE

 

Lo primero que llama la atención si se lee la novela después de haber visto la adaptación cinematográfica y no al revés es precisamente el sorprendente prólogo.

En él, Grangé nos presenta al que será protagonista de la historia –el comisario Pierre Niémans- intentando mantener el orden durante la celebración de la Final de la Recopa de fútbol de 1996 entre el Real Zaragoza (que, a propósito, la ganó con un gol desde medio campo de Nayim, en el último minuto de la prórroga) y el Arsenal de Londres.

Los violentos acontecimientos que tienen lugar después de dicho partido son totalmente ficticios y fruto de la imaginación del autor.

Así, una serie de hooligans del Chelsea se infiltran en el campo para enfrentarse de forma violenta a sus rivales londinenses del Arsenal.

Uno de ellos asesina cobardemente a un joven aficionado de la afición contraria y la rabia lleva al comisario al extremo de estar a punto de disparar sobre el criminal mientras éste se halla inconsciente.

La difusión pública de este incidente provoca que Niémans sea apartado de París, no tanto por tratarse del indicado para resolver el extraño caso que se le adjudica como por el propósito de mantenerle lejos de la capital mientras persiste el huracán en los despachos.

A partir de este punto novela y guión siguen un camino bastante parecido aunque hay sensibles diferencias entre ambos, además de que el final algo atropellado del film arruina parcialmente algunos de los grandes aciertos del texto de Grangé.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

El comisario Pierre Niémans asiste impotente a la quiebra total de las medidas de seguridad tomadas en París con ocasión de un partido de fútbol entre el Zaragoza y el Arsenal.

Como consecuencia de dicho fracaso y de las repercusiones internacionales del mismo, el comisario es alejado de París con la excusa de encomendarle la investigación de un caso acaecido en la lejana Guernon.

En esta pequeña ciudad universitaria, enclavada en un próspero valle entre altas montañas nevadas, ha sido hallado el cadáver salvamente torturado y mutilado de un joven bibliotecario apellidado Caillois, el cual trabajaba en la universidad.

Puesto en contacto con Fanny Ferreira, la bella y fuerte geóloga que descubrió el cuerpo, Niémans escala junto a ella las cumbres circundantes.

Su búsqueda se centra en los hielos vírgenes que conservan la lluvia ácida de los años setenta, ya que una muestra de la misma ha sido encontrada durante la autopsia en el cuerpo de la víctima.

Allá arriba descubrirán un segundo cadáver mutilado: en esta ocasión el de un auxiliar clínico apellidado Sertys.

Otra investigación mantenida a más de 300 km de allí por el policía de origen magrebí Karim Abdouf se centra en la profanación de la tumba de un niño cuyos rastros parecen haber sido minuciosamente borrados.

Finalmente, Niémans y Karim unen sus fuerzas cuando el doctor Chernecé se convierte en la tercera víctima y las líneas de investigación de ambos investigadores convergen, abriendo nuevas posibilidades.

 

UNA BRILLANTE ADAPTACIÓN CINEMATOGRÁFICA

 

Fue precisamente la brillantez de la adaptación cinematográfica -cuya perfección técnica no tiene nada que envidiar a la de los mejores thrillers estadounidenses, aportando además una frescura poco habitual por esos pagos- la que me puso tras la pista de la novela y de su autor, al que todavía no conocía por aquel entonces.

Aunque la película dirigida por Mathieu Kassovitz cuenta con el guión adaptado por el propio Grangé, la novela resulta muy superior pues proporciona mucha información de la que la película prescinde, dificultando la comprensión de toda la trama. Por supuesto, el texto literario deja atados todos los cabos.

En ese sentido, es importante señalar que la versión británica del dvd -que contrariamente a la española, consta de dos discos- cuenta con una más que recomendable entrevista con Jean-Christophe en la que éste desmenuza convenientemente el argumento de la película, aportando datos de la mayor relevancia. El documental, como todo el material extra del dvd editado en el Reino Unido, está subtitulado en español.

Dejando al margen la curiosa anécdota futbolística del prólogo, lo cierto es que nos encontramos ante un asfixiante y magistral thriller que presenta dos tramas paralelas en otros tantos lugares de Francia –y con ramificaciones en otras partes del país-, con dos protagonistas diametralmente opuestos que acabarán teniendo que colaborar entre sí.

El argumento es manifiestamente compleo y la investigación acabará centrándose sobre una universidad autárquica que controla por completo la vida de los habitantes de un aislado valle francés, con la eugenesia como telón de fondo.

En la película, Jean Réno interpreta a Niémans mientras que Vincent Cassell hace lo propio con su colega, que en el film se llama Max Kerkerian y es descendiente de armenios, en lugar de ser el Karim con rastas y ascendencia argelina de la novela.

En el texto de Grangé, que como he comentado adaptaría él mismo como guión, la severidad de las lesiones sufridas por las víctimas se muestra sin concesiones y otro tanto acontece (aunque con las limitaciones propias de un género que observa con aprensión los metrajes de más de dos horas) en el film. Este nivel de truculencia irá in crescendo en las siguientes novelas del autor.

Por otra parte, los personajes están magníficamente perfilados, en especial el de Karim, en cuyos orígenes se bucea convenientemente en la novela mientras que el personaje desaparece por completo en la película, conservándose únicamente su rol pero convertido en una persona totalmente diferente y de la que se nos escamotean sus antecedentes.

Nos encontramos, en cualquier caso, ante un thriller de alto voltaje, que combina la introspección deductiva con el trabajo de campo y mezcla elementos del más puro terror con la acción más desbordante. Aquí el autor francés comenzaba a pisar fuerte en la escena literaria gala.

Y tanto novela como película dejan para la Historia algunas secuencias de esas de las que cuesta librarse: el voto de tinieblas de la monja, los archivos de atropellos en la autopista, la triste fotografía en la tumba profanada, las impresionantes simas que se ocultan en las altas cimas nevadas…

La novela carece de segunda parte pero no así la película, que daría como origen una secuela –“Los ríos de color púrpura 2”-, con guión de Luc Besson sobre personajes creados por el propio Grangé. Éste presenta una trama apocalíptica en la que aparecen drogas capaces de proporcionar espectaculares resultados físicos, un siniestro convento, ciertos personajes que son reminiscencia del mismísimo Tercer Reich y víctimas que se relacionan de algún modo con los participantes en la Última Cena de Cristo.

En esta segunda entrega, que no guarda otra relación con la anterior que el hecho de tratarse de otra investigación del comisario Niémans, sigue participando Jean Reno pero con distinto partenaire y también tiene una estelar aparición en el film el elegante Christopher Lee.

 

 

EL IMPERIO DE LOS LOBOS

 

el imperio de los lobos

 

GRANGÉ DA OTRA VUELTA DE TUERCA

 

Más larga y densa que “Los ríos de color púrpura”, su nivel de interés resulta muy alto desde el inicio y no decrece ni por un instante, demostrando una vez más el increíble nervio narrativo del genio galo.

También fue llevada al cine con reseñable éxito, aceptando Jean Réno interpretarla aunque en un papel bastante alejado de los que acostumbra a protagonizar aunque no alcanzó la repercusión de la anterior pese a su mayor distribución.

Supongo que ello se debe, entre otros motivos, a lo que a veces comento acerca del peligro de los trabajos de confirmación y de las expectativas creadas pues, si bien no era en rigor la segunda novela de Grangé, sí que sucedía a su primer éxito internacional.

Lo paradójico del caso es que “El imperio de los lobos” es muy probablemente mejor novela y también más compacta que su predecesora.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

Anna Hermes, esposa de un alto funcionario francés, está atravesando un auténtico infierno personal.

Cautiva de su propia mente, que la sumerge en un mundo de alucinaciones y cuadros de amnesia, Anna se niega a someterse a una biopsia cerebral pese al empeño del doctor Ackerman y de su propio esposo.

Asustada tanto por sus síntomas como por la perspectiva de tener que acabar aceptando pasar esa delicada prueba, acaba buscando a una psiquiatra por su cuenta y así es como da con la doctora Matilde Wilcrau, de la que inmediatamente se convertirá en paciente.

Mientras tanto, en el barrio parisino de la Pequeña Turquía, hasta tres inmigrantes turcas han sido bestialmente asesinadas para desazón del joven capitán Paul Nerteaux, que investiga los crímenes sin gran éxito.

El asesino, que mutila el rostro y el cuerpo de sus víctimas, parece modelarlas para reproducir una y otra vez un mismo esquema corporal.

Harto de fracasar en sus pesquisas, Nerteaux se alía con el diablo, acudiendo en busca de ayuda al retirado y siniestro Schiffer, a quien en el Cuerpo llamaban “El Cifras” pero que entre los turcos parisinos es más conocido por el inquietante sobrenombre de “El Hierro”.

Tras un par de incursiones en el gueto -en las que Schiffer se muestra como un auténtico salvaje, por lo que recibe de su nuevo compañero una contundente reconvención primero y un furioso puñetazo después-, ambos llegan a la conclusión de que son los Lobos Grises, miembros de una organización terrorista otomana, quienes están detrás de los asesinatos de sus compatriotas y no se trata, por tanto, de la acción solitaria de un asesino en serie.

Todo parece indicar que los Lobos están en París y el hecho de que las víctimas guarden un asombroso parecido físico entre sí (incluso antes de sufrir la traumática transformación a la que las someten post mortem) parece indicar que andan buscando a alguien en concreto… y que ya se han equivocado en tres ocasiones.

 

DE NUEVO EN LA GRAN PANTALLA

 

Truculenta y sádica por momentos pero también fascinante y sugestiva, la historia que Grangé propone nos introduce en un mundo cerrado y asfixiante: el del gueto turco de París, en el que las leyes que rigen son las del silencio y el miedo (al menos en esta ficción novelada).

Zonas oscuras en el límite de la realidad, claustrofóbicos y recónditos lugares en los que las trabajadoras ilegales desarrollan su labor como esclavas, terribles personajes que manejan su barrio con mano de acero… y la irrupción del horror, que agudiza la angustia entre los más desfavorecidos de un mundo ya de por sí subterráneo.

Paralelamente, la trama sigue a la protagonista, una elegante mujer que empieza a ver monstruos tras los rostros de las personas que la rodean y que termina por no reconocer a su propio esposo, lo cual le causa una ansiedad inimaginable.

La intervención de la psiquiatra a la que Anna se confía introducirá la luz en las tinieblas de su mente perturbada, ofreciendo a la vista un panorama asombroso pero no menos estremecedor.

Los personajes de la historia están muy bien perfilados y su solidez acrecienta la de la historia: tenemos así a la insegura pero atractiva Anna, al íntegro Nerteaux, al brutal Schiffer, a la eficiente y comprometida doctora Wilcrau (que en el film cambia sorprendentemente su apellido por Urano) pero también al resto de personajes periféricos que irán apareciendo en la historia: el esposo de Anna, el doctor Ackerman, los caciques del barrio turco, el asesino despiadado...

Una atmósfera progresivamente opresiva, unos personajes que funcionan muy por encima de los roles que desempeñan y una trama compleja y bien urdida nos acompañarán en una travesía en medio del horror y la incertidumbre. Y ni siquiera la brutalidad y la sordidez nos apartarán del deseo y la necesidad de llegar a la conclusión.

Una conclusión que no resulta nada complaciente sino, por el contrario, expeditiva y sin concesiones, casi al estilo de George R. R. Martin en su saga “Canción de hielo y fuego”, en la que ningún personaje está a salvo de ser suprimido a pesar de su importancia en la historia.

No ocurrió lo mismo con el guión de la adaptación cinematográfica, también firmado por Grangé bajo la dirección de Chris Nahon, que opta por un final si no edulcorado sí al menos convenientemente suavizado en aras a lograr mayor benevolencia del espectador. Un error a mi entender.

En dicha adaptación destaca no sólo la progresiva separación de la novela que desemboca en un desenlace esencialmente distinto sino la interpretación de un elenco interesante en el que brillan con luz propia (además del citado Réno) dos mujeres.

En primer lugar, la semidesconocida Arly Jover en el papel de Anna. La actriz se dio a conocer en "Blade" y luego pasó al cine independiente europeo pero lo que la mayoría ignora es que la chica nació… ¡en Melilla!.

Y en segundo Laura Morante, una inclasificable actriz italiana a quien también vimos en la interesante “Pasos de baile”, dirigida por John Malkovich y con Javier Bardem como protagonista, o en "La habitación del hijo" de Nanni Moretti. En el film dirigido por Nahon que da vida a la psiquiatra Matilde Urano.

A destacar las impresionantes localizaciones en París y Estambul pero muy especialmente en la Capadocia turca, donde tiene lugar la resolución de la historia.

Y también los acordes del tema “Kill everything” que suenan en algunos momentos particularmente intensos del film.

Como significativa prueba de la menor repercusión del film respecto a “Los ríos de color púrpura”, debo apuntar que la edición del film en dvd fue muy sencilla incluso en Gran Bretaña, echándose en falta un documental similar al incluido en aquélla y que nos hubiera permitido conocer la opinión de Grangé acerca de diversas cuestiones como el cambio de final, por ejemplo.

 

 

ESCLAVOS DE LA OSCURIDAD

 

Esclavos de la oscuridad 2

 

TODO UN RETO PARA EL CINE

 

No deja de resultar curioso que la que es probablemente la mejor novela del autor galo no haya sido llevada al cine al menos por el momento pese a que sí lo han sido algunos guiones suyos de desigual factura como los de “Vidocq” o “Le Concile de Pierre” (titulada en España con el manido nombre de “El elegido”).

Puede que se deba al hecho de que aquí se cruza la línea que separa el suspense del puro terror, un género mucho más complicado de abordar y con menos mercado, a excepción del terror tontaina que prima entre el público adolescente.

Y es que no abundan precisamente obras maestras como “El exorcista”, “La profecía” o incluso “El resplandor”, pese a que Stephen King abjurara de la adaptación de su novela.

También cabe reconocer una notable dificultad a la hora de plasmar en imágenes convincentes el tétrico universo que Grangé despliega en esta novela no apta para todos los paladares.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

Mathieu Durey, inspector de la Brigada Criminal de París, investiga el intento de suicidio de Luc Subeyras, su mejor amigo y, como él, policía y ferviente católico.

El cuerpo aparece en un río de las inmediaciones de su casa de campo, con lastre suficiente como para no poder salir por sus propios medios.

Nada en la naturaleza de Luc, en sus circunstancias vitales (casado y con dos niñas pequeñas) o en la profundidad de su fe –que en él casi alcanzaba el grado de fanatismo- parece compatible con la mera idea del suicidio, por lo que Mathieu decide averiguar en qué casos estaba trabajando su amigo pues no le cabe duda de que ahí debe estar la respuesta si es que la hay.

Siguiendo el rastro de su último caso, para lo cual desafía incluso la autoridad de sus superiores (en realidad, Luc forma parte de la Brigada de Estupefacientes, con lo que su campo de acción es sensiblemente distinto), Mathieu llega hasta la región del Jura, donde se topa con un monstruoso asesinato de tintes satánicos que, de inmediato, identifica como el origen del problema.

La víctima del atroz crimen, Sylvie Simonis, había sido años antes sospechosa del asesinato de su propia hijita, Manon, de la cual fue absuelta por falta de pruebas.

Sin embargo, la policía de la zona no sólo no parece dispuesta a colaborar con el agente llegado de la capital sino que le conminan a marcharse, al entender que carece de jurisdicción en la zona aunque, para el investigador, se haga evidente que las autoridades tratan de ocultar las verdaderas circunstancias del asesinato.

Mathieu sólo encontrará ayuda en un redactor local, tan empeñado como él en averiguar la verdad. El resto del apoyo lo obtendrá, de forma extraoficial, de sus compañeros en el cuerpo y de un amigo forense con el que está en contacto intermitente.

En cualquier caso, el descubrimiento de otros crímenes con idénticas señales (incluyendo la aparición de una serie de insectos que se corresponden con diversas fases de la corrupción corporal y que sólo pueden haber sido colocados en los cadáveres de forma deliberada) en Italia y Finlandia, amplía el círculo de la investigación.

Cuando se dirige a Italia para interrogar a la asesina confesa de una de las víctimas, sufre un intento de asesinato a cargo de dos hombres que le persiguen a bordo de un coche.

 

UNA NOVELA SUPERLATIVA

 

Decir que esta novela engancha, es quedarse muy corto. Es tanto el calado de la historia y tan vigorosa la forma de contarla que te atrapa de forma irremisible.

Si ya con “Los ríos de color púrpura” y “El imperio de los lobos” (las novelas), uno quedaba prisionero de las hipnóticas historias en que nos sumergía Grangé, aquí la tensión sube no uno sino varios puntos.

A partir del planteamiento -en el que un policía investiga las causas del improbable intento de suicidio de un colega y amigo-, el protagonista se topa con una historia sobrecogedora de crímenes rituales y espantosos tras los cuales parece estar el mismísimo Diablo.

Mat, el protagonista, rememora los tiempos en que conoció a Luc, las inquietudes que ambos compartieron y cómo sus caminos se separaron pero siguiendo trayectorias hasta cierto punto paralelas (mientras el primero vivió en primera persona el horror de Ruanda, Luc hizo lo propio en la Guerra de los Balcanes) hasta que el destino los volvió a reunir.

Siguiendo el rastro deliberadamente dejado por su amigo, el inspector Durey encuentra prácticas satánicas, horribles asesinatos cometidos en varios países a lo largo de Europa, extrañas drogas africanas y un fenómeno inquietante que se repite entre los asesinos identificados hasta el momento: todos ellos experimentaron un regreso de la muerte, tras caer en un coma en principio irreversible y, ayudados por médicos de extraordinaria preparación científica, superaron la experiencia de la “muerte inminente”.

Pero lejos de encontrarse con la luz blanca, estas personas tuvieron una experiencia totalmente diferente y de características diabólicas que les cambiaron por completo: vieron las tinieblas. Es –concluirá, aterrado, el investigador- como si el mismísimo Diablo hubiera sido el artífice del milagro que hizo volver del coma a esas personas. Y lo peor es que ello parece obedecer a una finalidad monstruosa cuyo alcance no escapa ni al mismísimo Vaticano.

Debo hacer esta advertencia: si os turbaron las descripciones de los crímenes en las dos novelas citadas de Grangé o en la menos conocida “La línea negra”, tal vez deberíais absteneros de leer “Los esclavos de la oscuridad” porque aquí el autor va todavía más lejos y el relato alcanza momentos ciertamente tenebrosos y desasosegantes.

Es curioso y no deja de sorprenderme el grado de claustrofobia que puede llegar a imprimir Grangé a una historia que, lejos de circunscribirse a un contexto único o cerrado, se expande a lo largo de varios países a través de una trama en continuo movimiento.

Pero esa sensación de que algo omnipresente y ubicuo (además de maligno) preside las acciones tanto del protagonista como de cuantos se mueven en un amplio radio a su alrededor, proporciona una atmósfera que podría llegar a la angustia de no ser porque el autor controla con maestría el ritmo del relato, combinando el carisma de su protagonista con el goteo constante de información que éste nos suministra acerca de la marcha de sus investigaciones.

Francamente, creo no exagerar ni un ápice si califico de obra maestra del género esta novela de un autor al que ya profesaba una patente admiración. En cualquier caso, no soy un devoto aislado, como queda demostrado con la pleitesía generalizada que la crítica especializada francesa ha dispensado a la novela y a su autor.

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