UN LUGAR SECRETO

 

Lo mejor de Tana French

  

 Un lugar secreto

 

 

TANA FRENCH SUBE LA APUESTA

 

Mi buena costumbre de otorgar al menos dos oportunidades a cada autor con el que me topo me ha deparado en esta ocasión una agradable sorpresa en forma de pequeña joya literaria.

Mi primera experiencia con la señora French vino de la mano de la desigual aunque galardonada “El silencio del bosque”, que comenzaba siendo un relato sugerente y prometedor para acabar convirtiéndose en una historia tan sórdida como poco convincente.

En ella se relataba cómo en el verano de 1984 tres niños de doce años desaparecieron en el bosque cercano a la urbanización Knocknaree, cercana a Dublín. Sólo Adam Ryan fue encontrado, manchado de sangre y en estado catatónico. Veinte años después, Adam se ha convertido en Rob, el inspector de policía que investiga, junto a su fiel compañera Cassie y al voluntarioso Sam, el asesinato de Katy Devlin, una niña de doce años cuyo cadáver ha aparecido en una excavación arqueológica precisamente en Knocknaree.

Dada la agridulce sensación que me dejó la novela, no es que me quedaran demasiadas ganas de repetir con miss French pero lo cierto es que algún potencial sí se advertía en esos primeros capítulos de su fallida opera prima.

Y hete aquí que siete años después -y sin que un servidor hubiese leído sus tres obras intermedias- ve la luz “Un lugar secreto”, una novela que combina con manifiesta habilidad la trama policíaca con la ambientación clásica de un internado para señoritas aunque en este caso tenga lugar en el Dublín actual.

En cuanto a la autora es interesante señalar que, aunque nacida en Vermont (Estados Unidos), lleva más de veinte años residiendo en la capital irlandesa y, de hecho, Dublín y sus alrededores constituyen el escenario habitual de sus novelas.

 

LÍNEA ARGUMENTAL

 

El detective Stephen Moran trabaja en el departamento de “Casos Abiertos” de la policía de Dublín pero su sueño consiste en llegar a formar parte de la brigada de Homicidios.

Su oportunidad se presenta cuando Holly Mackey, la adolescente hija del policía que le recomendó para ocupar su actual puesto, hace su aparición para entregarle una tarjeta.

Alguien –le cuenta la joven- la ha sujetado con una chincheta en el “Rincón de los Secretos”, un tablón de mensajes anónimos del elitista internado femenino de Saint Kilda’s, en el que estudia la chica.

En la tarjeta aparece la fotografía de Chris Harper, un chico de dieciséis años asesinado un año atrás y cuyo crimen quedó sin resolver. Junto a la imagen de la víctima aparecen, con letras recortadas de un libro, las palabras “Sé quién lo mató”.

Holly no es ninguna desconocida para el detective pues, con apenas diez años, ya fue el testigo clave en un caso en el que Stephen estuvo envuelto y en el que, saltándose la cadena de mando, acabó realizando personalmente la detención del criminal. Ello le catapultó a Casos Abiertos pero le cerró -posiblemente para siempre- la puerta de Homicidios, un departamento poco proclive a permitir ese tipo de individualismo.

Puesto en contacto con la detective de Homicidios Antoinette Conway, Moran descubre que el caso sigue siendo una espina clavada para la dura y poco popular policía.

A regañadientes y con escasa fe, Conway acepta que el ambicioso Moran la acompañe hasta el Saint Kilda’s, donde son recibidos fríamente por la directora.

Muy pronto queda claro que sólo ocho jóvenes tuvieron ocasión de colgar la tarjeta, aprovechando el permiso recibido la tarde anterior para realizar un trabajo en equipo.

Se trata, por una parte, del grupo de las “pijas”, formado por la despótica Joanne y sus amigas-esclavas Orla, Alison y Gemma y, por otra, del de las “raras”, que integran la propia Holly y sus inseparables Julia, Becca y Selena.

Las verdades a medias y las mentiras completas se alternarán durante los interrogatorios individuales a los que las ocho se ven sometidas por los dos policías mientras las adolescentes intentan sabotear la investigación con manipulaciones no siempre sutiles y acusaciones siempre interesadas.

 

 

LOS CHICOS

 

La víctima, Christopher Harper, era el chico más popular del Saint Colm’s, el internado para chicos que se encuentra en las proximidades del Saint Kilda’s.

Guapo, superficial y promiscuo, será precisamente su falta de consideración y empatía hacia las muchachas a las que seducía y abandonaba lo que dificulte la identificación de su asesino o asesina.

Paradójicamente, el desencadenante de su asesinato parece ser una supuesta relación sentimental con Selena que sus enemigas “las pijas” airean mientras sus amigas niegan taxativamente.

También para los amigos de Chris es todo un misterio esa relación secreta que contrasta con el modus operandi habitual en los chicos del Colm’s, que acostumbran más bien a publicitar sus conquistas.

Entre esos amigos se encuentran JAMES GILLEN, que se sentirá atraído por la audacia sexual de Julia, ANDREW MOORE, un patán tan arrogante como Chris pero mucho más zafio, o el pelirrojo FINN CARROLL, un chico bastante decente con el que la propia Julia tendrá una relación un tanto especial que acabará de mala manera.

En cualquier caso, los personajes masculinos de la novela gozan de escaso relieve, siempre a remolque de los femeninos, que son quienes llevan el peso de la historia y los que destacan por su mayor complejidad.

 

LAS PIJAS (las “Dalek”)

 

El grupo que encabeza Joanne resulta bastante prototípico para todo el que esté mínimamente familiarizado con las historias de high school estadounidense.

Todos los tópicos –la belleza más artificial, el desdén más absoluto hacia quienes están fuera de su círculo, un enfermizo complejo de superioridad, una patológica necesidad de atención y un total desprecio por los sentimientos y sufrimientos ajenos- confluyen en las cuatro chicas que lo forman.

Su conducta se caracteriza por llamar escandalosamente la atención de los chicos del Colm’s, entablar batallas dialécticas escasamente originales con sus rivales las frikis y, en general, sobreactuar y evidenciar todo tipo de falsos sentimientos.

JOANNE, la líder indiscutible del grupo, que domina con mano de hierro a sus subordinadas, es una arpía en toda regla para la que la única forma posible de amistad es la total sumisión a su persona.

Inteligente aunque previsible, su tortuosa mente es una fábrica de rumores malintencionados y su amoralidad redunda en una completa carencia de escrúpulos.

Bajo su aparente indiferencia, late un corazón tan cobarde y vengativo como mezquino. Los interrogatorios evidenciarán también que, lejos de ser tan independiente e indomable como ella cree, los prejuicios y la estrechez mental encorsetan su vistosa frivolidad.

GEMMA es, además de la más guapa, la más atípica de sus tres compañeras pues, a su interesado servilismo, une una cierta independencia que la impele a traspasar las barreras de la prudencia.

Así, pese a que desde hace años no tiene el menor nexo con ella, no dudará en acudir a Holly, de la que fue muy amiga cuando ambas eran niñas, en el momento en que los intereses de las dos parecen converger en torno a la problemática relación de Chris y Selena.

ORLA, por el contrario, es la más desdichada y servil de las Dalek. Su tragedia reside en el hecho de que Joanne la desprecia de forma ostensible y sólo la tolera como instrumento para sus burlas, que en muchos casos tienen a la propia Orla como objeto.

En cuanto a ALISON, toma claramente a Joanne como modelo pero carece de su mordacidad y, aunque comparte con ella su falta de escrúpulos, su debilidad la lleva a fracasar en su intento de estar a la altura de su “jefa”.

Para colmo de males, su hipocondría va acompañada de ciertos problemas reales que la acomplejan visiblemente.

 

LAS FRIKIS

 

En un grupo carente de liderazgos visibles, JULIA hace las veces de catalizador con sus temibles arranques de malhumor que el resto intenta contrarrestar a base de cariño.

Sexualmente desinhibida y con una lengua tremendamente mordaz, los líos en los que ocasionalmente mete a sus compañeras no le serán tenidos en cuenta debido a la gran cohesión que muestran en una primera fase de su amistad compartida.

Sin embargo, la trágica desaparición de Chris tendrá un efecto devastador sobre dicha unión, que acabará resquebrajándose justo cuando la policía centre sobre ellas sus pesquisas.

HOLLY no es precisamente una joven timorata a la que puedan dársele órdenes impunemente pero tampoco asume la ingrata responsabilidad de liderar a sus amigas aunque su desparpajo y su aplomo le otorgan una sólida imagen dentro del grupo.

Aunque consciente de su atractivo, el mayor contraste con sus “enemigas” las Dalek reside en su falta de coquetería con los chicos del vecino internado aunque sí hará uso de sus incipientes armas femeninas en su trato privado con el detective Moran.

Con todo, es la más sagaz del grupo y su conocimiento de los procedimientos policiales dará confianza a sus amigas en la misma medida en que incomodará a los detectives.

REBECCA o Becca, como la llaman sus amigas, es la más infantil de las cuatro y también la más obsesionada con la idea de grupo.

Sin embargo, hasta la propia Conway detectará en ella un brusco cambio desde los interrogatorios de un año antes.

La niña asustadiza y reprimida ha florecido y ahora hasta su físico no demasiado agraciado parece beneficiarse de una nueva y desconocida autoconfianza.

En cuanto a la bella SELENA, las dudas acerca de su supuesta relación con el muchacho asesinado centra muchas de las hipótesis de los policías, ya que mientras las integrantes del grupo rival afirman la existencia de esa relación (a la vez que se muestran horrorizadas con la misma), sus amigas otorgan escasa credibilidad a esa versión.

Lo que sí resulta evidente es la creciente desconexión de la muchacha con la realidad. Una desconexión que parece tener su origen precisamente en las mismas fechas en que tuvo lugar la trágica desaparición de Chris.

Una de las circunstancias más perturbadoras que concurren en este grupo es su difusa capacidad mágica, que se desarrolla cuando todas ellas están juntas.

Aunque no se trata de nada demasiado espectacular –pueden calentar objetos o bien encender y apagar bombillas e incluso hacerlas estallar-, ello no pasa desapercibida para sus rivales, con lo cual pasarán de ser consideradas simplemente frikis o raras a alcanzar el más atemorizante status de brujas.

Esa magia, que también se manifiesta en cosas más sutiles como la euforia compartida o su sensación conjunta de invencibilidad cuando abandonan el internado en plena noche, se verá menoscabada cuando las circunstancias las hagan distanciarse.

 

MORAN vs CONWAY

 

Algunos de los momentos más interesantes de la novela se articulan en torno a la tensa relación establecida, a lo largo de un único e intenso día, entre los dos detectives, cuyos caracteres no pueden ser más dispares a pesar de compartir un humilde origen.

Mientras a Stephen la ambición no le impide ser una persona empática, educada y susceptible de valorar aquello que no posee, Antoinette es agresiva, avasalladora y desdeñosa con cuanto le es ajeno.

El mayor temor de Moran consiste en dar un paso en falso que le indisponga con la detective de Homicidios, la cual tiene en cualquier momento la potestad de dejarlo fuera del caso.

Ello obliga a Stephen a esmerarse en los interrogatorios, en los que no duda a la hora de manipular a las chicas, mostrándose como un perrito faldero cuando ello le facilita su cooperación.

El análisis psicológico que hace de cada una de ellas y que luego comparte con Conway constituye, de hecho, uno de los puntos fuertes del relato y el que concita el mayor interés, por encima incluso del esclarecimiento del crimen.

Y es que para llegar a esto primero debe determinarse quién puso la nota en el tablón y con qué finalidad lo hizo, dos aspectos nada sencillos de dilucidar.

Conway no tendrá reparo en reconocer la sinuosa habilidad de Moran para metamorfosearse en un adolescente más pero también le hará pagar por ello, volcando sobre el joven toda su capacidad sarcástica, muy desarrollada a raíz de las críticas que ella misma recibe en Homicidios, donde el departamento al completo la mantiene aislada.

Ésta es otra circunstancia espinosa con la que ha de lidiar Stephen, dado que su ambición por abrirse las puertas (cerradas a cal y canto para él) del departamento de su colega puede verse definitivamente aplastada bien por un fracaso en la investigación, bien por un tropiezo con la difícil Antoinette, que claramente le utiliza para otorgarse una segunda oportunidad en un caso que se le atragantó un año atrás y que ha congelado su carrera.

Por otra parte, asociarse con una detective a quien todos hacen el vacío constituye una táctica enormemente arriesgada, como le hará ver Frank Mackey, el curtido policía “de la Secreta” y padre de Holly que acabará por aparecer, tensando todavía más el ya de por sí claustrofóbico ambiente.

 

CON “EL SECRETO” EN EL RECUERDO

 

El contexto no sólo físico sino también ambiental es, junto con la introspección psicológica y la trama policial, lo más atractivo de la quinta novela de Tana French.

En algunos momentos recuerda poderosamente a otro libro del que se ha hablado en este blog –“El secreto”, de Donna Tartt-, lo cual no deja de ser curioso, ya que la acción de esta novela transcurría en Vermont, la tierra natal de French.

De hecho, en ambas novelas asistimos a la formación de un grupo singular cuyos miembros se trascienden a través de la comunión de todos ellos.

También en los dos casos la acción se sitúa en un entorno académico cerrado y exclusivo, en el que predominan los estudiantes de clase acomodada y en el que todos ellos se encuentran separados de sus núcleos familiares.

E igualmente ambas historias contienen una muerte violenta, que será la causa de la degradación del grupo.

Por último, cabe hablar de un halo de misterio, de magia, que envuelve algunos instantes de las dos novelas, justo cuando sus personajes principales alcanzan la plenitud como conjunto.

Puede incluso que algunas de las escenas que transcurren en las noches brumosas de Vermont y de Dublín puedan acercarlas pero otros momentos de la novela de French como las conversaciones íntimas de las amigas, los interrogatorios de los policías o la controversia que acompaña a las deliberaciones de éstos abren una línea totalmente diferente que conduce a una conclusión distinta.

Por otra parte, la edad de los protagonistas de “El secreto” es algo mayor mientras que “Un lugar secreto” se centra más bien en la adolescencia y en la femenina además.

Resulta, en ese sentido, esclarecedora y sumamente hábil la penetración de la autora en las mentes volubles y vulnerables de las chicas, cuyos sueños, temores y humores son descritos con gran precisión.

Además, la dialéctica establecida entre los dos detectives protagonistas de la novela de French contribuye a disipar cualquier sensación de déjà vu.

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