SAGA BERNIE GUNTHER

Parte II

 

Saga Gunther 2

 

 

 

LA SAGA SE EXPANDE

  

 

Como ya apuntaba al hablar de la “Trilogía berlinesa”, aquel tríptico inicial ha acabado derivando en una saga en toda línea que ya va camino de la decena de títulos.

Avisaba también en esa primera entrega de mi ignorancia acerca de las motivaciones de Kerr, quién sabe si predispuesto desde un principio a alargar su saga negra hasta el punto en que ha terminado por hacerlo.

Lo cierto es que de Berlín las acciones de Bernie Gunther se han extendido a muchos otros puntos del planeta en sus novelas posteriores, lo que acaba por fundir sus reminiscencias de Philip Marlowe con algunos otros aspectos más en la línea del mismísimo James Bond aunque siempre con una pátina de sordidez ausente en las novelas de Ian Fleming.

El personaje se transforma a lo largo de ese camino, evidenciando cada vez una mayor dosis de cinismo no desprovisto de oportunismo contumaz. Al fin y al cabo, el berlinés es un auténtico prototipo de “superviviente” y, para llegar a serlo, uno ha de sacrificar por el camino muchos de sus principios.

 

 

Parte 4 – UNOS POR OTROS

 

 

LINEA ARGUMENTAL

 

 

En 1949, Bernie Gunther regenta durante unos meses el hotel Schröderbrau, propiedad de su difunto suegro y ubicado en Dachau, apenas a unos metros de lo que fuera uno de los campos de concentración del gobierno nazi.

Tras una incómoda visita –la de un yankee que lleva a un nazi como prisionero y que pretende encontrar en las inmediaciones del hotel una siniestra caja con piezas dentales de oro arrancadas a víctimas judías-, Gunther decide que ya tiene bastante y cierra definitivamente el hotel, al que por otra parte tampoco acude nunca nadie.

Trasladado a Munich, apenas a una veintena de kilómetros, Bernie visita en un hospital psiquiátrico a Kirsten, su segunda esposa, que parece encontrarse en estado catatónico.

Sin otra alternativa, Gunther decide volver a su recurrente profesión de investigador privado y acepta diversos encargos poco satisfactorios.

Para empezar, un abogado judío le pide que interrogue en la cárcel de Landsberg a un convicto ruso cuyo testimonio puede resultar útil para amnistiar a una serie de criminales de guerra nazis. El detective accede a hablar con el ruso pero únicamente a eso, asqueado ante la posibilidad de que la escoria genocida que se agrupa bajo la expresión “camisas pardas” pueda volver a las calles en lugar de pagar sus crímenes con la vida.

Su segunda misión será encontrar a cierto estudiante a quien un oficial de las SS condenado ahora a cadena perpetua en Landsberg libró de la acusación de esconder judíos en su casa. El objetivo del aristócrata padre del oficial es lograr que el estudiante testifique a favor de su hijo y la misión repugna a Gunther tanto como la anterior, cosa que no se abstiene de demostrar.

Poco después de cerrar con éxito su caso tiene lugar el fallecimiento de Kirsten.

Será entonces cuando aparezca Britta Warzock, una mujer atractiva y misteriosa con una curiosa cicatriz de metralla en la cara. La dama pretende volver a casarse, para lo cual precisa saber si su primer marido sigue vivo o no.

La cuestión es que el encargo de marras resulta ser una trampa, a resultas de la cual Gunther recibe una brutal paliza tras la cual le cortan un dedo meñique debido a sus excesos verbales.

En el hospital en que convalece de sus heridas poco después, conocerá al doctor Henkell, que le ofrece descansar en su casa próxima a Garmisch-Partenkirchen, muy cerca del Tirol austríaco.

Será en este lugar donde conocerá al inválido Eric Gruen y a la atractiva enfermera Engerlbertine, con quien intimará.

 

 

DEL PLAN “JUDÍO ITINERANTE” AL TERRORISMO SIONISTA

 

 

El prólogo de la novela retrocede doce años en el tiempo, hasta 1937.

Una época en la que los nazis “animaban” a los judíos a abandonar Alemania aunque prohibiéndoles llevarse sus cosas consigo.

Ante tal abuso, algunos judíos idearon el subterfugio de meter sus pertenencias en un paquete precintado, catalogarlo como “última voluntad y testamento” de una persona ficticia y depositarlo en un tribunal de justicia alemán antes de salir “de vacaciones” del país.

Entonces el judío “moría” en un país extranjero y los tribunales de Francia o Inglaterra se encargaban de reclamar al tribunal alemán el paquete que contenía la “última voluntad y testamento” del difunto.

Como contrapartida, el Departamento de Asuntos Judíos del Servicio de Seguridad (el SD) ideó una estrategia propia que fue llamada Plan Tocher o “Judío Itinerante”.

Consistía en que el judío en cuestión –generalmente el dueño de un próspero negocio- abandonara Alemania no como emigrante sino de forma “temporal” para trabajar en Palestina como representante de su propia empresa de ventas. Así podía conservar una parte de los beneficios de la misma aunque en realidad la parte del león se la quedaba el oficial del SD autor de la idea.

Pese a lo mucho que repugna a Gunther el asunto cuando le es propuesto, las súplicas del anciano señor Begelmann logran convencerle mucho más que la generosa recompensa que le ofrece el pérfido Franz Six. Al fin y al cabo, es una forma de que el anciano y su familia puedan abandonar el país.

Sin embargo, poco después la Gestapo hará saber al detective que tiene constancia del “chanchullo” de Six con los judíos, de modo que le obligan a vigilar, durante su inminente viaje a Palestina, a los dos hombres con los que viajará: Hagen y Eichmann.

En Palestina, donde el SD hace difíciles equilibrios entre la Haganah sionista y el Alto Comité Árabe, el detective tendrá que hacer los suyos propios entre el SD y la Gestapo.

En cualquier caso, el extenso prólogo ubicado en Oriente Próximo viene motivado por la posterior reaparición, en el último tercio de la novela, de uno de los personajes con los que Gunther realiza este viaje.

Y es que en 1947, como en 1939, el detective volverá a moverse entre aguas turbulentas, topándose en esta ocasión tanto con terroristas judíos que pretenden eliminar a antiguos criminales de guerra nazis como a algunos de dichos criminales empeñándose en protegerse unos a otros mediante la creación de una auténtica red.

 

 

Parte 5 – UNA LLAMA MISTERIOSA

 

 

LINEA ARGUMENTAL

 

 

Gunther llega a Argentina en 1950 bajo una identidad falsa: la del Doctor Carlos Hausner, argentino de origen alemán.

Pronto es recibido por el mismísimo Presidente Perón, quien siente debilidad por Alemania y por los alemanes a los que acoge; en especial por los médicos.

Para evitar males mayores, Gunther decide sincerarse con el general y le confiesa su verdadera identidad, lo que parece aburrir a Perón pero en cambio fascina a su mano derecha, el coronel Montalbán.

Éste, que tras estudiar en la Universidad de Berlín antes de la caída de la República de Weimar cambió su idea inicial de ser abogado por la de convertirse en policía, recuerda todavía con admiración el caso del estrangulador Gormann, cuya captura encumbró al hombre que ahora tiene enfrente.

Algún tiempo después, Montalbán se cita con el detective para enseñarle las fotografías de una adolescente germanoargentina que ha sido cruelmente asesinada en lo que parece ser un crimen lascivo. Ambos hombres son conscientes de las similitudes entre este crimen y el de las dos jóvenes asesinadas en Berlín y en Munich en 1932 y de cuya investigación se encargó Gunther.

Una segunda joven también germanoargentina -Fabianne Von Bader- ha desaparecido y Montalbán sospecha que el asesino pueda ser el mismo, ya que nunca fue atrapado. Y qué mejor sospechoso que un psicópata afiliado a las SS para poder cometer todo tipo de atrocidades en los campos de exterminio nazis.

Dado que muchos de ellos son ahora huéspedes en Argentina, el coronel propone a Gunther que indague entre sus compatriotas con la intención de dar con la muchacha y desenmascarar al criminal.

 

 

LA ARGENTINA DE PERÓN

 

 

El Presidente de Argentina general Juan Domingo Perón y su esposa Evita son personajes “con diálogo” en esta novela que traslada al Hemisferio Sur las aventuras de Bernhard Gunther.

En un nuevo rol que gozará de cierta continuidad en las novelas posteriores, el detective ha de soportar una etiqueta de nazi de la que le será difícil librarse y con la que nunca estará cómodo.

La Argentina de la época es un foco de atracción para los ciudadanos alemanes de todas las condiciones, coexistiendo de forma antinatural los judíos emigrados antes y durante el Holocausto con los oficiales nazis que lo llevaron a cabo.

Kerr no deja duda alguna acerca de las simpatías nazis de un Perón que, no obstante no querer mancharse con los detalles de las tropelías cometidas por sus nuevos “invitados”, no oculta en ningún momento su tendencia germanófila, que algún personaje atribuirá a su condición de militar.

Su mano derecha, el coronel Montalbán, aparece en cambio más matizado, ya que si bien comparte con su jefe cierta atracción hacia lo alemán, no deja de pensar que bajo los uniformes de las SS y la Gestapo debieron cobijarse muchos criminales ávidos de sangre.

Su interés, de todos modos, no es estrictamente humanitario pues lo que suscita que el coronel solicite la ayuda de Gunther es tanto la experiencia de éste y su condición de alemán como el hecho nada casual de que la muchacha desaparecida sea hija de uno de los fideicomisarios de cierta cuenta millonaria que los nazis conservan en Suiza.

En cualquier caso, el cambio de paisaje aporta una bocanada de aire fresco a la saga, sacudiendo un tanto las telarañas que amenazaban con perpetuarse entre las calles desoladas de un Berlín ocupado por los soviéticos.

Como contrapartida, también se acusa una ligera despersonalización del protagonista, siempre fiel a su sarcasmo fácil pero un tanto fuera de contexto en un país tan distinto al suyo aunque en él haya de confraternizar con algunos de sus compatriotas. Especialmente con algunos de los más indeseables.

De todos modos, dado que gran parte de la acción de la novela transcurre en forma de flashback en la Alemania de 1932, el relativo problema queda salvado sin mayor dificultad.

 

 

Parte 6 – SI LOS MUERTOS NO RESUCITAN

 

 

LINEA ARGUMENTAL

 

 

En 1934 Bernhard Gunther conoce en el lujoso hotel Adlon, en el que trabaja como detective, a Noreen Charalambides.

Ella es una preciosa escritora y periodista americana de origen judío y busca un artículo que permita el boicot estadounidense a los Juegos Olímpicos de Berlín, a causa de la discriminación racial.

Ambos se enamoran durante el tiempo que comparten recorriendo la ciudad pero ella debe resignarse a ser deportada sin escribir el artículo a cambio de salvar a Gunther de la cárcel cuando el detective descubre la conexión de las autoridades nazis con un mafioso americano de zafios modales llamado Max Reles, que también se aloja en el Adlon.

Reles intenta acabar con la vida de Gunther pero éste conserva un as en la manga que decide utilizar en el momento oportuno.

Sin embargo, no logra destruir al mafioso porque éste amenaza con matar a Noreen en Estados Unidos si Gunther no calla lo que sabe.

Veinte años más tarde, Gunther, Reles y la propia Noreen coincidirán en la Cuba del general Batista en circunstancias muy poco gratas.

 

 

EL NAZISMO ASOMA LOS CUERNOS

 

 

El prólogo narra cómo al paso de un destacamento militar por las calles de Berlín, un hombre valiente lanza un comentario temerario:

- Ese idiota chiflado de Hitler pretende que volvamos a declarar la guerra a Inglaterra y Francia. ¡Como si en la última no hubiésemos perdido suficientes hombres! Me pone enfermo tanto desfile. Puede que Dios inventase al demonio pero el Guía se lo debemos a Austria.

Un claro se abre a su alrededor como si fuese un apestado, temiendo la llegada de la Gestapo y Gunther es uno de los viandantes que intentan alejarse lo antes posible del lugar pero es interceptado por un policía que le pregunta acerca de la “traición de palabra” cometida por el hombre que Bernie tenía al lado unos momentos antes.

Acorralado por el agente, Gunther se ve obligado a derribarlo de un terrible puñetazo en el estómago antes de darse a la fuga mientras finge ir en busca de una ambulancia para un policía que ha sufrido un desmayo. Más tarde se enterará de que el hombre ha muerto.

Es el año 1934 y Bernie trabaja de detective en el hotel Adlon, del que Frieda Bamberger, otra de las detectives y ocasional amante suya, decide marcharse para reunirse con su marido en Hamburgo, ya que las cosas se están empezando a poner feas en la capital.

Puesto en contacto con Rolf Schucherdt, un antiguo compañero en la Kripo al que en cierta ocasión recomendó para un ascenso y que ahora trabaja en el Negociado de Asuntos Judíos de la Gestapo, éste le informa de que las cosas todavía se van a poner peor.

- Se declarará alemana a toda persona cuyos cuatro abuelos fueran alemanes. Se declarará judía a toda persona descendiente de al menos tres abuelos judíos.

- En el caso de un solo abuelo judío serán personas de sangre mezclada, híbridos.

- Se despojará a los judíos de la ciudadanía alemana y se les prohibirá casarse y mantener relaciones sexuales con alemanes puros.

- Se les vetará el acceso a cualquier empleo público y se les restringirá la propiedad privada.

- Los híbridos tendrán la obligación de solicitar directamente al Guía (o sea, Hitler) la reclasificación a la arianización.

¡Jesús!”, exclama Gunther horrorizado, a lo que su amigo responde jocosamente: “dudo mucho que ni él tuviera la menor oportunidad de obtener la reclasificación, a menos que se demostrase que su padre celestial era alemán”.

Rolf también le informa de la acusación que pesa sobre el propio Bernie, según la cual uno de sus abuelos habría sido judío aunque el aspecto de Gunther no pueda ser más ario.

Después de agradecerle la información y también el consejo para “borrar” tan peligrosos antecedentes familiares, Gunther se ve moralmente obligado a devolverle el saludo hitleriano.

- “Ya eran dos las veces que había tenido que hacerlo en un día. A esa velocidad, antes de que terminase la semana me volvería un nazi cabrón hasta la médula… Bueno, tres cuartas partes de mí solamente…”

Ésta es la podrida Alemania que la bella Noreen encuentra en su visita.

La judía americana se enamorará del rudo e irónico detective alemán pero también se horrorizará ante el denigrante espectáculo que protagonizan los nazis, envalentonados por lo absoluto de su poder en el país.

Hasta tal punto es así que la periodista no tendrá posibilidad de escribir su artículo. Un artículo que podría haber cambiado la Historia.

En cuanto al romance imposible entre Noreen y Bernie, contará con un inopinado epílogo dos décadas más tarde y en un contexto completamente diferente.

 

 

Parte 7 – GRIS DE CAMPAÑA

 

 

LINEA ARGUMENTAL

 

 

Bernie Gunther sigue viviendo holgadamente en La Habana bajo su falsa identidad de Carlos Hausner.

Uno de sus pasatiempos preferidos consiste ahora en solazarse con la bella Ornara, una de las prostitutas de doña Marina, que regenta el mejor prostíbulo de la ciudad.

Sin embargo, cuando la madame pide a Gunther que ayude a salir del país a otra de sus chicas, Melba Marrero, a quien se busca por el asesinato de un capitán de la policía de Batista, el detective intuye que sus problemas están a punto de multiplicarse.

Y es que, una vez más en su vida, Gunther se encuentra en una posición complicada pues en esos momentos está a sueldo del mafioso estadounidense Meyer Lansky pero a la vez sufre el chantaje del teniente Quevedo, que pretende que le espíe.

Obligado a acceder a la petición de doña Marina, Gunther se traslada por carretera junto a Melba hasta Santiago, pasando por Santa Clara y Camagüey.

A lo largo de los más de mil kilómetros que separan la capital cubana de su destino, ambos intiman de forma significativa aunque el alemán no comparte sus inclinaciones políticas pues la chica es revolucionaria.

A su llegada a Santiago, ambos embarcan en La Guajaba, la lancha de Gunther que éste sólo usa de forma esporádica. En ella se dirigen hacia Haití.

- Preferiría que te pusieses más ropa, le dice él.

- ¿No te gusta mi bikini?, pregunta, sorprendida, la chica.

- Me gusta mucho. Pero había muy buenos motivos para que Colón no llevase mujeres a bordo de la Santa María. Cuando se ponen bikinis afectan al pilotaje del barco. Contigo cerca, lo más probable es que hubiesen descubierto Tasmania.

Por desgracia para ambos, su lancha será interceptada por una patrullera estadounidense apenas tres o cuatro horas después de zarpar.

Con la excusa de que dos marineros han robado una embarcación similar, los yanquis suben a bordo de La Guajaba sin que a Gunther se le ocurra impedirlo pero la mala fortuna quiere que uno de los oficiales reconozca a Melba, por lo que ésta le dispara.

Bernie es conducido entonces a Guantánamo y también Melba aunque no vuelve a verla, si bien el detective teme que la chica vaya a ser entregada a las autoridades cubanas, con las terribles consecuencias que eso puede tener para ella.

Sin embargo, el alemán tiene sus propios problemas. Tras horas de interminable interrogatorio, es enviado a Castle Williams en Nueva York y más tarde deportado a Alemania, donde es encarcelado en la prisión bávara de Landsberg.

 

 

DE CÁRCEL EN CÁRCEL Y TIRO PORQUE ME TOCA

 

 

Realmente, esta séptima entrega de la saga de Gunther parece un catálogo de prisiones y campos de concentración por los que el protagonista tuvo el dudoso honor de pasar.

Comienza el relato más o menos plácidamente con el cómodo retiro de Bernie en La Habana de los años cincuenta.

Sorprende un tanto la disipación que se observa en las costumbres de un Gunther que si, en el pasado, tuvo alguna relación con prostitutas fue únicamente para ayudarlas de forma altruista.

El cinismo del detective y su creciente rijosidad ha dado paso pues a un nuevo estado de cosas que se verá cortado de raíz cuando es apresado por la armada estadounidense frente a Guantánamo.

Pronto será transferido a la primera de esa larga serie de prisiones de las que hablaba. En concreto se tratará de Castle Williams, en Gobernors Island, una isla de la bahía de Nueva York.

Originalmente -le contarán a regañadientes, dado que es considerado como un nazi a todos los efectos- la cárcel recibió a prisioneros confederados pero en 1954, cuando transcurre la acción, es sólo una ruina maloliente.

En ella Gunther es “alojado”, ya de inicio, en una celda individual en régimen de aislamiento.

Semanas después y sin ningún tipo de juicio ni asistencia de abogado alguno, el detective es subido a un avión y deportado a Alemania.

Su siguiente destino resulta ser la cárcel de Landsberg, en Bavaria, donde Adolf Hitler estuvo encarcelado en 1923 tras el fracasado golpe de la cervecería y donde escribió el Mein Kampf.

Dos abogados norteamericanos de la Oficina del Fiscal Jefe en Nuremberg, el capitán Jerry Silverman y el sargento Jonathan Earp, se encargarán de interrogar a Gunther a lo largo de varios meses, lo que nos dará ocasión de bucear en el pasado de nuestro héroe (por momentos un antihéroe en toda regla). Tanto del que ya intuíamos merced a los comentarios sucintos dejados aquí y allá en las novelas anteriores como en aquél del que no teníamos la menor idea.

Lo que los yanquis pretenden es averiguar la implicación del detective en los crímenes cometidos por los nazis pese a que él nunca formó parte del partido, cosa que sorprende a los abogados.

- Deben recordar -dirá Gunther a uno de ellos- que los nazis eran hipócritas. Algunas veces les resultaba conveniente utilizar a personas que estuviesen fuera de la estructura del partido.

- Entonces admite que permitió que lo utilizasen?, pregunta Earp.

- Estoy vivo, ¿no? -se encoge de hombros Gunther-. Supongo que eso habla por sí solo.

- La pregunta es hasta qué punto permitió que lo utilizasen, tercia Silverman.

- Es algo que también me preocupa a mí.

También le interrogan acerca de su relación con Heydrich.

- Ohlendorf también era uno de los protegidos de Heydrich, dice Silverman.

- ¿Significa eso que cree que yo lo era?, pregunta el detective.

- Usted mismo dijo que fue Heydrich quien lo llevó de vuelta a la Kripo en 1938. No sé en qué más le convierte, Gunther.

- Necesitaba un buen detective de homicidios. No un nazi con un hacha antisemita. Cuando volví a la Kripo tuve la extraña ocurrencia de que quizá podría ser capaz de detener a alguien que asesinaba a jovencitas.

- Pero después...

- ¿Se refiere a después de resolver el caso?

- Usted continuó trabajando para la Kripo. A petición del general Heydrich.

- En realidad yo no tenía otro elección al respecto. Heydrich no era un hombre al que se pudiera desilusionar.

- ¿Qué quería de usted?

- Heydrich era un maldito asesino a sangre fría pero también era un hombre pragmático. Algunas veces prefería la honestidad a una firme lealtad.

Las sospechas de los abogados yanquis están más que justificadas pues Bernie vistió el uniforme de las SS y su relación con el propio Heydrich y con Arthur Nebe parecen inquietantemente estrechas.

Ante sus interrogadores, Bernie cuestiona abiertamente la política del alto comisionado de Estados Unidos en Alemania, que es quien dispone quién debe ser puesto en libertad y cuándo.

Y es que, ciertamente, la liberación de gente como Willy Siebert, delegado del mismísimo Otto Ohlendorf cuando mataron a 90.000 judíos es algo susceptible de escandalizar a cualquiera.

- ¿Menos de diez años de condena cumplidos por noventa mil asesinatos? No sé mucho de matemáticas pero creo que eso resulta algo así como un día de condena por cada veinticinco asesinatos. Yo maté a unas cuantas personas durante la güera, es verdad. Pero si tenemos en cuenta lo que ha ocurrido con tipos como Jost o Siebert, joder, me tendrían que haber puesto en libertad condicional el mismo día que me arrestaron.

Obligado a recordar por sus interrogadores, Gunther referirá cómo se unió al batallón tres uno seis en la frontera ruso-polaca en 1941. En esa época, siendo capitán,  dirigiría el pelotón que fusiló a treinta prisioneros de guerra rusos, todos ellos del NKVD pero su disculpa es que, apenas unas horas antes, esos hombres habían asesinado a dos o tres mil prisioneros en la prisión de la NKVD en Lutsk.

De hecho, las protestas de Bernie al alto mando por el fusilamiento indiscriminado de judíos (ancianas incluidas) en un pueblo cercano le costarán al berlinés una bronca de la que una vez más le salvará Arthur Nebe.

No podrá hacer otro tanto cuando, en plena hecatombe nazi, Gunther sea enviado a un campo de concentración ruso cerca de Ucrania.

Las penalidades del ex detective en los distintos campos rusos por los que irá pasando constituyen un episodio particularmente sórdido de la saga. En él lo veremos amañar pruebas para condenar a un asesino (y, lo que es peor, afirmar que ese era el modus operandi en la policía berlinesa de su época) y, en general, apañándoselas para sobrevivir a costa de lo que sea.

Intercalados con esos capítulos asistiremos al calvario actual en la prisión de Landsberg y rememoraremos cierta misión de Bernie en el París recién ocupado.

Todo ello enmascara el profundo interés de los americanos por dar con Erich Mielke, el actual director de la Stasi de la RDA, un comunista a quien paradójicamente Gunther salvó la vida hasta en dos ocasiones.

También fue Mielke la causa de que conociera a una de las mujeres importantes de su vida, Elisabet. Una dama que volverá a aparecer en el camino del detective.

 

 

CRONOLOGÍA DE BERNHARD GUNTHER

 

 

Uno de los rasgos que caracterizan a las novelas de esta saga es su cambiante cronología, que tan pronto avanza como retrocede.

De hecho, es frecuente que una misma novela interrumpa la acción “actual” para introducir un flashback que puede llegar a ocupar más de la mitad del relato.

Por ello y en aras de una mayor comprensión de los avatares del protagonista, procedo a continuación a ofrecer una cronología más o menos ordenada de los mismos:

- Bernhard Gunther nace el 23 de mayo de 1896 y hemos de deducir que lo hace en Berlín pues siempre se califica de berlinés.

- Durante la Primera Guerra Mundial lucha en el frente turco y en las trincheras francesas de Amiens, siendo condecorado con la Cruz de Hierro de segunda clase.

- En 1920 muere su primera mujer (de la que se nos escamotea toda información), a cusa de una epidemia de gripe española. Y lo hace el mismo día del intento de golpe de Estado del político de derechas Wolfgang Kapp, en los principios de la República de Weimar. Un golpe que fue sofocado al cabo de una semana.

- En 1922, Gunther ingresa en la Kripo (la policía criminal de Berlín), en la que alcanzará el rango de Kriminalinspektor (inspector jefe).

- En 1928 logra la detención del asesino en serie conocido como “Gormann el estrangulador”, lo que le granjea cierta notoriedad.

- En 1931, como policía, salva la vida de Erich Mielke, un activista comunista que ya promete como elemento conflictivo. Tras su intervención, al librarle del linchamiento a cargo de un grupo de nazis, conoce a Elisabeth Dehler, una modista amiga de la madre de Erich. Entre la atractiva chica y el detective se iniciará una relación. (“Gris de campaña”, 7ª entrega de la serie)

- En 1932 Gunther investiga los asesinatos en Berlín y Munich de dos muchachas en lo que parecen ser sendos crímenes lascivos aunque no se logra atrapar al asesino. (“Una llama misteriosa”, 5ª entrega de la serie)

- Harto de las purgas de Hermann Goering en la Kripo, Bernie abandona la policía en 1933 y trabaja un tiempo como detective del prestigioso hotel Adlon de Berlín.

- Un año después, en 1934, conoce en el propio hotel a Noreen Charalambides, una preciosa escritora y periodista americana de origen judío que busca un artículo que permita el boicot estadounidense a los Juegos Olímpicos de Berlín a causa de la discriminación racial. Será una de las mujeres más importantes en la vida de Gunther. (“Si los muertos no resucitan”, 6ª entrega de la serie)

- En 1936, meses antes de que Berlín efectivamente celebre los Juegos Olímpicos, Bernie se establece por su cuenta como investigador privado, abriendo un despacho en la Alexanderplatz de Berlín y aceptando todo tipo de casos excepto divorcios.

- Ese mismo año, el magnate del acero Hermann Six le contrata para recuperar unas joyas robadas de la caja fuerte de su hija, que ha sido asesinada junto a su marido. (“Violetas de marzo”, 1ª entrega de la serie)

- En 1937, ya asociado con Bruno Stahlecker, también antiguo policía de la Kripo, Gunther viaja a Palestina para arreglar la emigración forzosa de un empresario judío-alemán a quien la política antisemita alemana “invita” a dejar el país. En su periplo por Oriente Próximo (visita a Egipto incluida) será testigo de las maniobras a dos bandas de los nazis con sionistas y árabes. (“Unos por otros”, 4ª entrega de la serie)

- En 1938, Bruno es asesinado mientras investiga junto a Bernie un caso de chantaje al hijo homosexual de una rica editora. Será entonces cuando Reinhard Heydrich, el jefe de la Gestapo, le obligue a volver a la Kripo para investigar los crímenes de un asesino en serie que se ceba en jóvenes muchachas de raza aria. (“Pálido criminal”, 2ª entrega de la serie)

- Kriminalkommisar (comisario) en la sección 5 de la Oficina de Seguridad del Reich, en 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y pese a no haber pertenecido nunca al partido nazi, queda clasificado como SS Oberstumführer (teniente de las SS), tras la fusión de la Kripo con la Gestapo y el SD.

- En 1940 lleva a cabo una misión especial para Heydrich, desplazándose al París ocupado en busca de Erich Mielke, un comunista alemán al servicio de Moscú. Aunque Gunther da con él en un campo de concentración francés, decide no delatarle, vista la suerte corrida por otros de los objetivos de ese viaje, fusilados sin juicio alguno. En su hotel de París conocerá a la doncella suiza Renata Matter, que le salva la vida e inicia un romance con él. Agradecido y atraído por la muchacha, le conseguirá un trabajo en el hotel Adlon, en el que todavía conserva buenos contactos de su época de detective.

- En 1941 es reclutado bajo las órdenes del SS Gruppenführer (general de División) Arthur Nebe para trasladarse a Minsk, en la Rusia ocupada. Cuando descubre que su misión allí es la de realizar ejecuciones masivas de judíos solicita el traslado al frente pero Nebe, con el que mantendrá una peculiar relación no de amistad pero sí de mutuo respeto, tiene otros planes para él, de modo que lo envía a la Oficina de Crímenes de Guerra del Alto Mando Militar en Berlín.

- Ese mismo año, después de volver del frente a su puesto en Homicidios de la Kripo, es enviado a Praga por Reinhard Heydrich para investigar un misterioso asesinato. (“Praga mortal”, 8ª entrega de la serie)

- En 1943, con rango de Oberleutnant (teniente primero), Gunther trabaja de nuevo en la Oficina de Crímenes de Guerra del Alto Mando Militar en Berlín, donde investiga las atrocidades tanto de los propios alemanes como de los rusos. (“Un hombre sin aliento”, 9ª entrega de la serie)

- Un año más tarde, en 1944 y con rango de Hauptmann (capitán) se incorpora como oficial de inteligencia (Abwehr) al Ejército Norte del general Schorner en el frente ruso.

- En 1945 es capturado por los soviéticos en Königsberg (paradójicamente, la ciudad natal de la madre de Gunther) y enviado al campo de concentración de Usman, cerca de la ciudad rusa de Voronezh, donde son informados de la muerte de Hitler. Desde allí es transferido en un tren de ganado, junto a muchos otros oficiales nazis prisioneros, a Krasno-Armeesk, entre Astrakán y Stalingrado. (“Gris de campaña”, 7ª entrega de la serie)

- En 1946, tras un ridículo juicio, es condenado a 25 años de trabajos forzados en una mina de uranio en Sajonia. La intervención de Mielke, a quien él había salvado la vida hasta en dos ocasiones, le ofrece una posibilidad de fuga durante su teórico traslado a un “campo de reeducación” para antiguos nazis convencidos de convertirse al comunismo. Sin embargo, resulta ser una trampa mortal que el antiguo detective logra sin embargo salvar. (“Gris de campaña”, 7ª entrega de la serie)

- En 1947 Bernie vuelve a estar en Berlín trabajando en lo que mejor sabe hacer y está casado con Kirsten, una maestra que ahora se gana la vida como camarera en un bar nocturno para oficiales estadounidenses. Cuando la sorprende prostituyéndose con uno de ellos, Gunther decide aceptar la oferta del coronel Poroshin, del MVD soviético, para desplazarse a Viena. Allí se encuentra Emil Becker, antiguo compañero de Bernie en la Kripo y compinche de Poroshin, acusado del asesinato de un capitán del ejército estadounidense. (“Réquiem alemán”, 3ª entrega de la serie)

- En 1949, tras unos meses regentando el hotel de su fallecido suegro junto al campo de concentración de Dachau, Gunther se traslada a Munich, donde Kirsten agoniza en un hospital tras ser utilizada como cobaya en pruebas de la vacuna contra la malaria. Cuando ella muere, Bernie decide quedarse en la capital bávara y retomar una vez más su oficio de detective.

- Su primer encargo, ese mismo año, consistirá en averiguar si el esposo de la hermosa y misteriosa Britta Warzok sigue vivo o no, ya que la dama pretende volver a casarse. En realidad se trata de una trampa, a resultas de la cual el detective recibe una paliza y le cortan un meñique. En el hospital en que convalece Gunther conoce al doctor Henkell, que le ofrece descansar en su casa próxima a Garmisch. Allí trabará contacto con el inválido Eric Gruen y la atractiva enfermera Engelbertina, con quien intima. (“Unos por otros”, 4ª entrega de la serie)

- En 1950, Bernie Gunther, que ha tenido que huir de Alemania por una falsa acusación de asesinato, se refugia en Argentina como muchos criminales de guerra nazis, bajo la falsa identidad del argentino descendiente de alemanes Carlos Hausner. Recibido por el presidente Juan Domingo Perón, decide revelarle su verdadera identidad, suscitando la admiración del coronel Montalbán, mano derecha de Perón. Por encargo del coronel, Gunther investiga la desaparición de Fabianne Von Bader, una adolescente germanoargentina de buena familia. (“Una llama misteriosa”, 5ª entrega de la serie)

- Cuatro años más tarde, en 1954, Gunther/Hausner vive holgadamente en la Cuba del dictador Fulgencio Batista cuando vuelve a encontrarse, veinte años después, con Noreen Charalambides. (“Si los muertos no resucitan”, 6ª entrega de la serie)

- Meses más tarde, cuando por petición de la madame de su burdel favorito, Gunther intenta sacar de Cuba a una prostituta buscada por el asesinato de un capitán de la policía de Batista, el detective es apresado por una patrullera estadounidense. De Guantánamo es enviado a Castle Williams en Nueva York y, más tarde, deportado a Alemania, donde es encarcelado en la prisión bávara deLangsberg e interrogado acerca de su pasado nazi. Elisabeth Dehler y Erich Mielke vuelven a cruzarse en su camino. (“Gris de campaña”, 7ª entrega de la serie)

Esta larga serie de personajes y acontecimientos permanece todavía abierta, habida cuenta de que Kerr prosigue con la escritura de nuevas entregas de su saga aunque en fecha reciente haya manifestado que “no se ve escribiendo acerca de Gunther dentro de otros diez años”:

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