SAGA DE LAS FUNDACIONES

 

La trilogía clásica de Isaac Asimov

 

Trilogia Fundacion

 

 

ISAAC ASIMOV

 

Isaac Asimov fue un escritor y bioquímico de origen ruso pero nacionalizado estadounidense, país al que llegó con sólo tres años en compañía de sus padres, un matrimonio judeo-ruso que decidió abandonar la recién creada Unión Soviética en 1923.

Su precocidad intelectual animó a su madre a falsificar su fecha de nacimiento para hacer posible su ingreso, en 1925, en una escuela pública de Nueva York aunque para entonces ya había aprendido a leer por su cuenta.

 

Completados más tarde sus estudios de bachillerato con gran éxito, se matriculó en la universidad neoyorquina de Columbia con sólo 15 años de edad y, al cabo de otros cuatro, ya había obtenido el título de Licenciado en Químicas; licenciándose posteriormente en Ciencias y Artes y doctorándose en Filosofía.

La decepción de su familia llegó al negarse Isaac a dedicarse a la Medicina pues para entonces ya había decidido que su futuro iba a estar ligado indisolublemente a la literatura.

Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la cual trabajó para la Marina estadounidense en unos laboratorios de Filadelfia, retomaría sus estudios de Bioquímica en la Universidad de Columbia, obteniendo el Doctorado en 1948.

Un año después, con 29, ingresó en la Medical School de la Universidad de Boston como profesor ayudante de Bioquímica, no obteniendo la titularidad hasta mucho después, en 1979.

Apenas dos años más tarde se nombró a un asteroide, el 5020 Asimov en su honor.

En 1985 sería elegido Presidente de la Asociación Humanista Americana, cargo que ocuparía hasta su muerte en 1992.

Por lo que respecta a su obra, cabe destacar que escribió medio millar de ellas, repartidas entre la ciencia ficción, la historia y la divulgación científica.

La más famosa sería la serie de la Fundación que hoy nos ocupa, también conocida como Trilogía o Ciclo de Trántor.

En la actualidad, Asimov es considerado uno de los tres escritores más grandes de la Historia de la Ciencia Ficción junto con Rober A. Heinlein y Arthur C. Clarke.

 

LA TRILOGÍA DE LAS FUNDACIONES

 

La serie de las Fundaciones comenzó a publicarse desde 1942 hasta 1949 en forma de relatos sueltos en la revista especializada “Astounding”.

Posteriormente fueron recopilados en forma de trilogía y en 1966 ésta obtuvo el Premio Hugo a la “mejor serie de novelas” de ciencia ficción publicada hasta entonces.

Sin embargo, Asimov escribiría durante toda su vida acerca de la Fundación hasta alcanzar un total de 14 volúmenes entre novelas y recopilaciones de relatos breves, quedando la trilogía inicial relegada al papel de Ciclo de Trantor dentro de la serie del Imperio Galáctico.

 

Saga fundación

 

A dicho Ciclo el brillante escritor de origen ruso añadiría en los años ochenta y principios de los noventa (es decir, más de treinta años después) dos precuelas y otras tantas secuelas.

Paralelamente, Asimov escribiría el Ciclo de la Tierra que se iniciaba con “Yo robot” y la trilogía del Imperio Galáctico cuya primera parte fue titulada “En la arena estelar”.

 

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1) FUNDACIÓN - LÍNEA ARGUMENTAL

 

Los Psicohistoriadores

 

Un joven matemático de origen campesino, Gaal Dornick, llega a Trantor, la capital de un colosal imperio galáctico que abarca a toda la humanidad, diseminada por millones de mundos.

Dornick ha sido contratado por Hari Seldon, un genio que pretende emplear la ciencia psicohistórica para reducir de 30.000 a 1.000 el número de años de barbarie que sucederán al derrumbamiento del Imperio que el propio Seldon ha predicho.

Gaal será arrestado a su llegada por la Comisión de Seguridad Pública y juzgado junto a su contratador sin llegar a comenzar su trabajo.

Pero en el juicio Seldon expondrá su teoría de forma convincente: es imposible evitar la caída del Imperio pero pretende crear una Enciclopedia Galáctica que glose todos los conocimientos de la Humanidad, a fin de propiciar un Segundo Imperio tras un milenio de oscuridad.

Linge Chen, el Presidente d ela Comisión, accederá a cambio de que las cien mil personas encargadas de llevar a cabo el proyecto lo hagan en el deshabitado planeta Términus, en el extremo de la Galaxia.

Su decisión ya había sido prevista por Seldon, a quien queda poco tiempo debido a que pretende establecer un segundo refugio científico en el extremo contrario de la Galaxia.

 

Los Enciclopedistas

 

Cincuenta años después, Salvor Hardin, alcalde de la ciudad de Términus, insta a Lewis Pirenne, presidente de la Junta de Síndicos que dirige la Fundación Número Uno de la Enciclopedia, a tomarse muy en serio la amenaza que supone la rebelión del gobernador de Anacreonte, que se ha autoproclamado rey, desafiando al Imperio.

Dada la carencia total de metales de Términus, ello les aisla de forma definitiva pues el Consejo desoye las advertencias del alcalde y cifra sus esperanzas en la visita de lord Dowin, un canciller del Imperio que se revelará como un auténtico necio.

Sólo la revelación deliberada por parte de Hardin de que Términus dispone de energía atómica cuando el resto de la Periferia galáctica (Smyrno yAnacreonte) se ha visto obligada a regresar al petróleo y al carbón, aplaza el ataque de Anacreonte pero cuando el mismo se hace inminente, el alcalde da un golpe de Estado, apropiándose del gobierno de Términus y relegando a la Junta de Síndicos a sus labores meramente científicas, al servicio de la Enciclopedia.

La apertura de la Bóveda de Hari Seldon y el discurso en el que un holograma de éste revela que la Fundación de la Enciclopedia no es sino un fraude, un mero subterfugio para que la comunidad así creada haga frente a las crisis que han de sucederse –y de las que la actual resulta tan sólo la primera-, constatarán lo acertado de la decisión de Hardin.

 

Los Alcaldes

 

Treinta años más tarde, las antiguas prefecturas de la Periferia se han constituido en los Cuatro Reinos y un maduro Hardin, que sigue ostentando la alcaldía de Términus, se enfrenta a la oposición de un joven grupo de concejales que encabeza Sef Sermak.

Éste pretende que Términus deje de suministrar energía, armas y tecnología atómica a los Cuatro Reinos y los ataque antes de de que sean ellos quienes lo h agan pero el alcalde sostiene que la violencia es “el último recurso de los incapaces” y defiende el sistema que durante tres décadas les ha mantenido a salvo.

Básicamente, la creación de una casta sacerdotal que estimula la obediencia ciega de los habitantes de los reinos colindantes en sus gobernantes.

Aunque el propio Salvor logró treinta años antes unir a dichos reinos contra Anacreonte, Sermak pretende ahora derrocarle mientras el regente de este último reino prepara una guerra contra Términus, de la que quiere convencer a su ingenuo y joven sobrino, que pronto recibirá la corona.

La aparición de un crucero de batalla abandonado de la antigua flota imperial lleva al regente Wienis a exigir que la Fundación lo ponga en condiciones de combate, so pena de tomar represalias contra ella.

Hardin acepta el reto y la misma noche en que el joven Leopold es coronado, desmonta la invasión traicionera de Anacreonte, apelando a los sentimientos religiosos de sus habitantes, que ven a Términus como un planeta sagrado y respetan la autoridad de Theo Aporat, sacerdote jefe del restaurado crucero reconvertido en la nave insignia Wienis, al mando de un joven almirante hijo del propio regente.

Éste acaba suicidándose al no poder abatir a Hardin, protegido por un misterioso escudo atómico.

Una nueva aparición de Hari Seldon en la Bóveda confirmará la superación de esta nueva “crisis Seldon”, mediante la dominación de los mundos bárbaros que rodean a la Fundación gracias al uso del poder espiritual contra el temporal, que el psicohistoriador ya había previsto pero no revelado.

 

Los Comerciantes

 

Han pasado otros 75 años cuando un comerciante es apresado en Askone, un planeta que prohíbe expresamente el comercio.

Sin embargo, Eskel Gorov no es realmente un mercader sino un agente de la Fundación, por lo que ésta envía en su rescate al sagaz Linner Ponyets.

Dos semanas después de su llegada a Askone, el maestro comerciante logra ser recibido por el gran maestre, cuyo fanatismo religioso advertirá prontamente Ponyets, de modo que hará creer al askoniano que es un servidor del alma que se ocupa de los comerciantes.

Sólo así logra acceso al cautivo Gorov, quien le informa de que los planes de la Fundación consisten en introducir sus maquinarias atómicas en Askone, como forma de dominar también a este planeta a través de sus sacerdotes.

Ponyets se ofrecerá a intentarlo, para lo cual organiza una demostración en la que transmuta el hierro en oro.

Ello convence al gran maestre pese al procedimiento impío empleado para la transmutación, ya que se trata del precio del rescate de un pagano (250 kilos de oro) pero sobre todo atrae el interés de su mano derecha, el sinuoso Phert.

A él le ofrecerá no el oro sino el transmutador, que le permitirá obtenerlo de forma indefinida.

La grabación del soborno facilitará que Ponyets logre vender, a cambio de una fortuna en estaño, no sólo los ingenios atómicos que su amigo Gorov transportaba sino también los suyos.

 

Los Príncipes Comerciantes

 

La Fundación sospecha que la República de Korell dispone de energía atómica y además tres de sus naves comerciales han desaparecido en dicho territorio, por lo que recurre a Hober Mallow, un comerciante de Smyrno, para que lo investigue.

Éste se lleva consigo a Jain Twer, un antiguo comerciante convertido en político que pretende elevarle a miembro del Consejo de Términus.

Tras una semana en la que el “Estrella Lejana” de Mallow permanece amarrado en el decrépito puerto espacial de Korell sin recibir respuesta a su solicitud de una entrevista con el gobierno local, la tripulación de la nave permite la entrada no autorizada de un sacerdote misionero de la Fundación aparentemente herido.

Mallow se enfurece pues tal decisión no ha recibido su preceptiva autorización y además la presencia de un misionero en Korell contradice las leyes tanto del país como de la propia Fundación.

Cuando los korellianos exigen la entrega de Jord Parma, el infortunado misionero, el comerciante smyrniano lo entrega sin titubear aunque debe amenazar a Twer con su arma y evitar un motín.

De inmediato, Mallow es invitado a reunirse con el comodoro Asper Argo, que gobierna Korell con mano de hierro y, escarmentado por el ejemplo de Askone, miembro integral de la Fundación apenas dos años después de empezar a recibir mercancías de ésta, prohíbe la religión en su planeta.

Mallow logrará venderle un buen número de bagatelas dejando fuera el tema religioso, lo que enfurece a Jorne Sutt, secretario del alcalde de Términus.

En un juicio multitudinario, Mallow descubre el complot de Sutt, Twer y un agente de Korell disfrazado de misionero y es exculpado, vitoreado y elegido alcalde.

Así, el comercio resuelve una nueva “crisis Seldon”.

 

FUNDACIÓN– Análisis

 

El personaje de Hari Seldon aglutina el protagonismo no sólo de la primera parte de la saga –en la que aparece en carne y hueso, viviendo los últimos momentos de su vida terrena- sino de toda ella aunque, en lo sucesivo, será su espíritu el que presida todos los acontecimientos significativos que afecten a la especie humana.

La sorprendente capacidad predictiva de este genio de la Psicohistoria –se nos dirá- consiste en prever las tendencias sociales de las épocas sucesivas a partir del estudio de las curvas.

Incapaz de evitar la caída del Imperio, Seldon establece dos Fundaciones en extremos opuestos de la Galaxia cuyo propósito estriba en formar la base de un Segundo Imperio mil años después.

“Fundación”, la primera novela de la trilogía, relata la historia de una de esas Fundaciones durante sus dos primeros siglos de vida.

Separados del desorden del Imperio, una colonia de científicos coloniza el planeta Términus, trabajando en la recopilaci´n de un compendio de la sabiduría universal –la Enciclopedia Galáctica-, ignorantes de la verdadera misión que Seldon les había deparado.

A medida que el Imperio se desintegra, las regiones exteriores (“la Periferia”) caen en manos de “reyes” independientes, amenazando la mera existencia de la Fundación.

El Imperio, con su capital Trántor muy lejana e inmerso en sus propios problemas, asistirá con indolencia al progresivo desmembramiento de estos territorios fronterizos, lo que abandona a la Fundación a su suerte.

Sin embargo, Seldon parece haber previsto la aparición de otro genio –el alcalde Salvor Hardin-, que enfrentará entre sí a los distintos monarcas, logrando un precario equilibrio.

Como únicos poseedores de la energía atómica en una región en la que la Humanidad está olvidándose de las ciencias y retrocediendo al carbón y al petróleo, la Fundación no sólo sobrevivirá sino que adquirirá preponderancia, constituyéndose en centro religioso de los reinos circundantes.

Mientras la Enciclopedia –una mera excusa usada por Seldon para ocultar a los científicos sus verdaderos fines- pasa a segundo plano, la Fundación desarrolla una pujante economía comercial, de modo que la venta de sus artículos atómicos les lleva a lejanos lugares a lo largo de la Periferia.

Bajo Hober Mallow, que se convertirá en el primero de los Príncipes Comerciantes de la Fundación, ésta derrotará a la República de Korell pese al apoyo que ésta recibe de una de las provincias exteriores de lo que queda del Imperio.

Al término de 200 años de los 1.000 que han de transcurrir para volver a constituirse en un Imperio, la Fundación se ha convertido en el estado más poderoso de la Galaxia, exceptuando los restos del propio Imperio moribundo, localizados en el tercio central de la Vía Láctea.

Un Imperio que, pese a estar desintegrándose a ojos vista, todavía totaliza las tres cuartas partes de la población y de la riqueza del Universo. El enfrentamiento entre ambas se hace pues inevitable.

 

 
 
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2) FUNDACIÓN E IMPERIO - LÍNEA ARGUMENTAL

 

Bel Riose, general de la vigésima flota del Imperio Galáctico, busca en el planeta Siwenna el rastro de “los magos”, como algunos denominan a los hombres de la Fundación.

El patricio Ducem Barr le contará cómo su padre recibió muchos años atrás a un mercader equipado con un campo de fuerza individual.

Riose no le creerá como tampoco la historia de las predicciones psicohistóricas de Hari Seldon pero eso no interrumpirá su búsqueda.

Capturado por la Fundación, el general es finalmente puesto en libertad, tras lo cual solicita al Emprador su apoyo para derrotarla.

En lugar de refuerzos, Cleón II le envía a su favorito Brodrig, un individuo cruel y retorcido al que todos aborrecen en la Corte, teóricamente para que le ayude en su enfrentamiento con la Fundación.

Ello se convierte en la cuarta “crisis Seldon” pero la injusta acusación de traición que se formulará algún tiempo después contra Riose y Brodrig acabará con la amenaza de invasión imperial.

Décadas después, los recién casados Toran y Bayta son enviados al planeta Kalgan, cuyo señor guerrero ha sido depuesto por un misterioso mutante llamado El Mulo.

Allí rescatarán a Magnífico, el huido bufón de éste y huirán con él hasta la Fundación.

Sin embargo, cuando El Mulo se dispone a caer sobre ésta, Hari Seldon hace su aparición en la Bóveda del Tiempo, ofreciendo por primera vez una predicción completamente errónea, tras lo cual la moral se derrumba y también lo hace la propia Fundación, que se rinde al Mulo sin luchar.

Igual suerte correrán los Mundos Comerciantes Independientes.

La única solución parece ser encontrar la Segunda Fundación diseñada por Seldon pero cuando, ayudados por un psicólogo llamado Ebling Mis, logran la información, Bayta mata a Mis para que no la revele, frustrando así los planes del Mulo, que ha estado acompañándoles bajo el disfraz de Magnífico.

 

FUNDACIÓN E IMPERIO – Análisis

 

Si el decadente Imperio Galáctico está directamente inspirado en “la ascensión y caída del Imperio Romano” de Edward Gibbon, el personaje de Bel Riose se basa directamente en Flavio Belisario, el brillante e incomprendido general del emperador Justiniano.

Como él, su genialidad militar y el hecho de tener en sus manos la posibilidad de cambiar la Historia no serán suficientes para lograrlo, víctima de la insidia y de un destino esquivo que le privará del favor de la máxima autoridad de su tiempo.

En el caso de Belisario, uno de los mayores estrategas militares de la Historia, los celos y la desconfianza de Justiniano hacia él tras ser harían inútiles sus incontables hazañas, siendo condenado y encarcelado en la parte final de su vida, ya retirado de las campañas al servicio de su emperador. Este tendría al menos la gratitud de excarcelarlo y restituirle sus bienes.

Pero, por encima del personaje del general, esta segunda entrega de la saga propone un aparentemente desigual enfrentamiento entre el aplastante poder imperial (incluso en plena desintegración) y el incipiente y discreto poder fundacional, circunscrito a un área lejana y comparativamente diminuta en el universo.

El inusual desenlace del enfrentamiento sorprenderá a sus propios protagonistas, como si la “mano muerta de Seldon” fuese todavía capaz de ganar un pulso a las manos vivas que se le enfrentan.

 

 
 
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3) SEGUNDA FUNDACIÓN – LÍNEA ARGUMENTAL

 

El Mulo, cuyo verdadero propósito es adelantar 700 años el Segundo Imperio predicho por Hari Seldon, abandona momentáneamente sus planes expansionistas para localizar la Segunda Fundación, una vez conquistada militarmente la Primera.

Para llevar a cabo su plan, el mutante organiza una expedición comandada or el “converso” general Han Pritcher y por Bail Channis, un petulante joven que no ha sido convertido.

Ambos alcanzan el planeta Rossem, vasallo de otro llamado Tazenda, que parece ser el lugar en el que se oculta la Segunda Fundación.

Todo resulta ser una trampa por parte del Primer Orador de la Segunda Fundación, que acaba controlando la mente de El Mulo.

El mutante acabará sus días como un déspota inofensivo.

Cincuenta años después, una joven llamada Arcadia Darell, nieta de la Bayta Darell que propició el fracaso de El Mulo, se embarca como polizona en la nave en que viaja Homir Munn rumbo a Kalgan.

Después de lograr hábilmente que el señor Stettin, actual Primer Ciudadano de Kalgan, permita a Munn acceder al antiguo palacio de El Mulo, la chica se ve obligada a huir a Trántor, la antigua capital imperial.

Será ayudada en su huida por el anciano representante comercial Preem Palver y su mujer.

Desde allí, Arcadia ayudará a su padre a resolver el enigma de la Segunda Fundación y, tras la breve guerra en la que la Fundación derrota a la belicosa Kalgan, padre e hija se reunirán de nuevo para desenmascarar a los cincuenta miembros de la Segunda Fundación… sólo que ambos se equivocan.

De hecho, la Segunda Fundación permanece a la sombra bajo la dirección del Primer Orador, que no es sino Preem Palver.

Nada se interpondrá ahora al total cumplimiento del Plan Seldon.

 

SEGUNDA FUNDACIÓN – Análisis

 

Si en la primera novela asistíamos a los conflictos internos de un planeta de científicos establecido para preservar la cultura durante la irreversible decadencia del Imperio Galáctico y en la segunda veíamos una Fundación ya consolidada, capaz de enfrentarse de igual a igual con los restos de un Imperio agonizante pero todavía poderoso, en la tercera novela heredamos el problema nacido con la aparición de ese extraño personaje llamado El Mulo.

La imprevisibilidad de su mera existencia –un mutante dotado de extraordinarios poderes psíquicos- parece romper en mil pedazos los planes de Seldon, a la vez que queda pendiente la resolución del enigma de la Segunda Fundación: ¿existe ésta realmente o se trata de otro subterfugio más?

No obstante, mientras los protagonistas de la historia –el propio Mulo y sus dos servidores en la primera parte y los cinco hombres que se reúnen en secreto en la segunda- se plantean la veracidad o no de la existencia de una Segunda Fundación, el lector sabe desde el principio que ésta es muy real, ya que asiste a los diálogos mentales entre el Primer Orador de la misma y uno de sus aventajados estudiantes.

Mucha será la relevancia de los hombres reunidos a los que aludíamos y que son el doctor Toran Darell (padre de la indómita Arcadia), el locutor televisivo Jole Turbor, el doctor Elvertt Semie (profesor universitario de Física, ya jubilado), el bibliotecario Homir Munn y Pellear Anthor, el último discípulo del fallecido colega de Darell.

 

LA PSICOHISTORIA

 

Esta ciencia será definida por Gaal Dornick, biógrafo de Seldon al que veremos encarcelar antes incluso de tomar posesión de su puesto junto al genio, mediante el uso de conceptos no matemáticos.

Vendría a ser “la rama de la Matemática que estudia las reacciones de los conglomerados humanos ante determinados estímulos sociales y económicos”.

Bien entendido que, como el propio Seldon señalaría, el conglomerado humano en cuestión no sólo debería ser significativamente amplio sino que, además, debería ignorar la existencia misma del análisis psicohistórico con el objeto de no desvirtuar sus reacciones.

 

LAS APARICIONES DE SELDON

 

Las apariciones físicas de Seldon –aunque sea en forma de hologramas, grabados previamente por él antes de su muerte- marcan el inicio de la saga pues constituyen por sí mismas la confirmación de que una “crisis Seldon” ha tenido lugar y ha sido superada.

La primera tiene lugar ante sólo 5 personas y desencadenará el golpe de Estado que acabará con el liderazgo político de los científicos.

De hecho, son las propias palabras de Seldon las que confirman a Hardin la necesidad de asestar dicho golpe.

Otro tanto acaecerá en la segunda aparición del psicohistoriador en la Bóveda del Tiempo: los asistentes asistirán arrobados a la genialidad de Seldon, que también en esta ocasión ha previsto el obstáculo y su solución.

La tercera y la cuarta aparición, curiosamente, tendrán lugar frente a un auditorio inexistente, de lo que se nos dará cuenta años después.

La intervención del psicohistoriador no era en ese caso necesaria pues las crisis ya habían sido resueltas pero la mera aparición de Seldon en la Bóveda constata la superación de los obstáculos.

Nadie necesitaba buscar una solución que ya había sido obtenida, por lo que ninguno de los habitantes de Términus acudió para verse abrir la Bóveda en esas ocasiones.

La quinta aparición será, sin embargo, la última y resultará descorazonadora para los habitantes de la Fundación.

Tres siglos y nueve generaciones después de la muerte de Seldon, su Bóveda está bien iluminada y acondicionada, con colores vivos en las paredes e hileras de fijas y cómodas sillas.

El alcalde, Indbur II, presidirá la multitudinaria sesión, en la que una figura vieja y encogida, de rostro arrugado y ojos brillantes, aparece sobre una silla de ruedas.

Esta vez sí se precisa desesperadamente su ayuda ante el asedio de las naves de El Mulo pero el holograma de Seldon cifrará en esta ocasión en un 94’2% la probabilidad de que su Plan no se desvíe.

El error será garrafal pues el psicohistoriador ha calculado que en esos momentos una guerra civil amenaza a la Fundación:

“El ataque de un grupo exterior de la Fundación –los Comerciantes Independientes-, excesivamente indisciplinado contra el Gobierno Central, excesivamente autoritario”, afirmará Hari Seldon, para horror de su auditorio.

Y es que, aunque en realidad, los comerciantes llegaron a flirtear con esa idea, finalmente no se decidieron a dar el paso, sobre todo debido al ataque de El Mulo, el verdadero problema contra el que unos y otros se enfrentan.

Con eso y con todo y pese al aparentemente flagrante error del Padre de las Fundaciones, el desarrollo de la tercera y última parte de la saga demostrará una vez más el gusto de Seldon por los misterios y también su inmensa genialidad.

 

UNA ÚLTIMA REFLEXIÓN DE CARÁCTER LITERARIO

 

Aunque “Fundación” sigue teniendo hoy la misma fuerza dramática que cuando fue escrita en 1951 y su influencia se deja notar en muchas y notables novelas posteriores –desde “La mano izquierda de la oscuridad” (Ursula K. Le Guin, 1969) hasta “Los tejedores de cabellos” (Andreas Eschbach, 1995), pasando por “Los viajes de Tuf” (George R. R. Martin, 1986), por poner tan sólo algunos ejemplos-, no ocurre lo mismo con sus dos entregas posteriores.

Fundación e Imperio” resiste a duras penas la comparación con su predecesora, conservando siquiera un poco de su atmósfera de aventura interestelar, si bien no deja de observarse en ella una exagerada tendencia hacia el circunloquio autocomplaciente.

Dicha tendencia se verá agudizada hasta el paroxismo en “Segunda Fundación”, que adolece de una notable falta de ritmo y hasta de acción, sustituida de forma mastodóntica por una interminable sucesión de reflexiones que parecen describir un interminable bucle.

Así las cosas, el tedio parecía el único resultado posible, como realmente acaba por acontecer.

Por desgracia, la involución de la saga se completa pues en esta última entrega, que deja con mal sabor de boca al lector, lo que no fue óbice para que su autor se explayara en un sinfín de ramificaciones que nunca se acercan a la brillantez de la propuesta inicial.

 

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