UNA INVESTIGACIÓN FILOSÓFICA

 

Reminiscencias de Wittgenstein

 

Una investigacion

 

 

PHILIP KERR

 

            Me sorprende que este escritor escocés se vaya acercando a los sesenta años de edad porque sus novelas siguen siendo no sólo actuales y audaces sino también ágiles y dinámicas como cabría esperar de un autor más joven.

            Claro que también influye, innegablemente, el hecho de que esté leyendo algunas de sus novelas varias décadas después de haber sido escritas por él.

            Sin embargo, su capacidad para anticiparse en el tiempo siquiera unos cuantos años le convierten, si no en visionario, sí al menos en un pensador inteligente capaz de arriesgarse en el pronóstico acerca del posible devenir de la Humanidad.

            Otras novelas de Kerr que he tenido ocasión de leer son:

- "Esaú".- Un experto alpinista pierde a su compañero en una escalada ilegal en el Himalaya cuando ambos son sorprendidos por un alud. El protagonista salva milagrosamente la vida al caer en el hueco de una cueva. En ella descubre ciertos restos homínidos que podrían pertenecer al mítico yeti. Para averiguarlo se pondrá en marcha una fabulosa expedición.

- "El infierno digital".- Tecnothriller (o relato de suspense tecnológico) en la línea de las novelas escritas al unísono por Douglas Preston y Lincoln Child ("Nivel 5", "El ídolo perdido", "Más allá del hielo") en el que un gurú de la arquitectura mundial se dispone a inaugurar en Los Angeles un ultramoderno edificio al servicio de una poderosa corporación japonesa. La gestión “inteligente” del edificio desvelará los peligros letales de un progreso sin control.

- "Plan quinquenal".- Un joven estadounidense de origen ruso sale de la cárcel, donde fue confinado por negarse a colaborar con las autoridades en la acusación de un mafioso. Éste, que sospecha que lo mejor será librarse definitivamente del incómodo testigo, recibirá sin embargo una ambiciosa propuesta “comercial” que duda si aceptar. Acción trepidante, suspense a raudales y romances imposibles (con destacables diálogos) destacan en la novela.

            Para resumir mi opinión sobre Kerr, debo admitir que sus obras suelen ser más bien ligeras, de estructuras predominantemente lineales y escritas sin grandes alharacas literarias.

            Sin embargo, el atractivo de sus planteamientos y sus correctas resoluciones (algo que, por desgracia, no abunda en nuestros días), unido a su habilidad a la hora de plasmar diálogos plausibles (aunque no sea Shakespeare ni Jane Austen) y a su loable imaginación a la hora de crear escenarios, le convierten en un autor interesante y más que digno de ser leído.

            Su mayor éxito, sin embargo, corre a cargo de una saga de novela negra que tiene la particularidad de estar ubicada en la Alemania nazi. Ahí es nada.

            Esta saga cuenta hasta el momento con siete novelas (sigue abierta) y fue bautizada como “Berlin noir” cuando tan sólo era una trilogía.

            A lo largo de todas ellas (“Violetas de marzo”, “Pálido criminal”, “Réquiem alemán” -la inicial “Trilogía berlinesa-, “Unos por otros”, “Una llama misteriosa”, la galardonada “Si los muertos no resucitan” y “Gris de campaña”), el detective alemán Bernhard "Bernie" Gunther investigará una serie de casos condicionados siempre por su peculiar contexto.

            En cualquier caso y para una parte importante de la crítica, “Una investigación filosófica” constituye la cima de la carrera literaria de Philip Kerr además de la única (y moderada) incursión del autor en la novela futurista.

            Por otra parte, la mezcla de géneros que presenta la convierten en un producto totalmente distinto dentro de su trayectoria como escritor, dotándola de un carácter propio que aglutina ciencia-ficción, novela negra, policíaco clásico e incluso iniciación a la Filosofía.

           Resulta ciertamente acertado, en ese sentido, la intercalación de algunos capítulos en los que el asesino razona, con una escalofriante lucidez, acerca de sí mismo, de su percepción del mundo y de sus motivaciones asesinas.

 

UNA INVESTIGACIÓN FILOSÓFICA – LA NOVELA

 

            La policía londinense investiga, de forma simultánea, los crímenes de varios asesinos en serie que tienen amedrentados a diversos segmentos de la población.

            Uno de ellos es llamado “el Asesino del lápiz de labios”, a causa de las obscenidades que el criminal escribe sobre los cuerpos de sus víctimas (todas ellas mujeres).

            Otro es llamado, por razones obvias, “el Asesino del Martillo”.

            Otro más, en fin, es acuñado extraoficialmente como “el Asesino del Lombroso” y sus víctimas son todas hombres.

            Con ocasión de su ponencia en un simposio europeo celebrado en Frankfurt, la inspectora jefe de New Scotland Yard Isadora Jakowicz, “Jake”, es requerida por la ministra adjunta del interior Grace Miles para que abandone cuanto lleva entre manos y se centre en el caso del Lombroso.

            Y es que bajo ese nombre se esconde un ambicioso y carísimo programa consistente en analizar a la población masculina en busca de aquellos individuos que carezcan del NVM, un inhibidor cerebral de las reacciones agresivas.

            Los NVM-negativos, a los cuales se garantiza el anonimato -rebautizándolos con el nombre de un escritor, un filósofo o un pensador-, constituyen un grupo de riesgo extremo del que podrían salir los asesinos en serie del futuro o del mismo presente.

            La sospecha de que alguien ha accedido a los datos reales de dichos individuos y está “ejecutándolos” por su cuenta amenaza el proyecto, el cual no sólo cuesta una millonada sino que es la bandera del programa político del Gobierno británico.

            La intervención de Yat Chung, un hábil policía informático originario de Hong Kong, señalará a uno de dichos NVM-negativos, el bautizado como Wittgenstein, como el asesino de sus “hermanos”.

            Eso sólo será el principio de un tortuoso y complicado camino para llegar hasta él.

 

UN FUTURO INMEDIATO

 

            La novela, publicada en 1992, plantea un futuro muy próximo –de hecho, ubica la acción en el ya sobrepasado 2013- en el que no hay grandes diferencias respecto a nuestro tiempo salvo, quizás, el agravamiento de algunos de los problemas actuales como la deforestación masiva del planeta o la difícil integración de la emigración en las grandes ciudades europeas.

            No se trata de una sociedad militarizada o totalitaria al estilo de “1984”, “El dador” o “Decreto Siglo XXI” sino, por el contrario, de una sociedad democrática e inquietantemente “actual”.

            Haciendo hincapié en algunos detalles curiosos, Kerr habla de eurodólares, anticipándose así en una década a la implantación del euro como moneda única en la Unión Europea.

            Una moneda, por cierto, que hasta el momento no ha sido adoptada por el Reino Unido aunque en la novela los británicos sí hayan perdido la tradicional libra esterlina en favor de ese “eurodólar” que circula por todo el Viejo Continente.

            El autor incluso se atreve a darnos la equivalencia: 8 libras equivaldrían a 3 eurodólares.

            Kerr también presenta una europolicía que supera con mucho el nivel de cooperación internacional entre las policías que velan por la seguridad en cada uno de los Estados miembros de la Unión.

            Con eso y con todo, en esta Europa de ficción cada cuerpo nacional sigue gozando de particularidades propias. En el significativo caso de la policía inglesa, ésta se aglutina en torno al New Scotland Yard.

            La sociedad que impera en este 2013 alternativo goza de algunos avances tecnológicos como los trajes integrales de realidad virtual, cuyos exoesqueletos permiten experimentar sensaciones físicas completas: es posible mantener sexo con atractivas personas virtuales del sexo escogido (Marilyn Monroe, James Dean) pero también experimentar un dolor extremo si se es corneado por un rinoceronte virtual en uno de los juegos extremadamente realistas a los que se tiene acceso.

            También se dispone de modernos aparatos de Nicamvisión (televisiones de gran sofisticación audiovisual), pictófonos (muy superiores en prestaciones a los mecanismos de videoconferencia existentes en la actualidad) o carriles de pago en la autopista que carecen de limitación de velocidad (aunque a un precio disuasorio).

            Como dato curioso señalaré un apunte algo extemporáneo e incluso excéntrico por parte del autor, dado que escribió la novela hace apenas dos décadas: la presunción -esbozada en un momento dado y como comentario casual- de la existencia de “astronautas voluntarios para misiones de cinco años a Marte o Venus”. Aquí el señor Kerr se pasó un pelo con sus pronósticos.

            En cuanto a las cuestiones meramente policiales y judiciales, la sociedad de la novela ha desarrollado un sistema que castiga de forma ejemplarizante a los criminales, en especial a los asesinos.

            Dicho sistema, propuesto por una alternativa política que recibe un masivo refrendo en las urnas, se basa en la represión y no en la reinserción.

Su arma principal es el coma punitivo, que puede ser reversible o irreversible a voluntad de quienes lo administran.

 

ALGO MÁS SOBRE EL “PROGRAMA LOMBROSO”

 

           L.O.M.B.R.O.S.O. significa, literalmente, “Localisation of Medullar Brain Resonations Obliging Social Orthopraxy” (localización de resonancias cerebrales que requieren ortopraxis social).

            No es casualidad que dicho acrónimo evoque el nombre del famoso médico y criminólogo italiano Cesare Lombroso, representante del positivismo criminológico -también llamado “Nueva Escuela”-, del que también eran célebres defensores personajes como Enrico Ferri y Rafaele Garofalo.

            Un aspecto particularmente difundido de la obra de Lombroso (y cuya influencia en la novela es de la máxima importancia) consiste en la concepción del delito como resultado de tendencias innatas, de orden genético, observables en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes habituales (asimetrías craneales, determinadas formas de mandíbula, orejas, arcos superciliares, etc.).

            Sin embargo, en sus obras se mencionan también como factores criminógenos el clima, la orografía, el grado de civilización, la densidad de población, la alimentación, el alcoholismo, la instrucción, la posición económica y hasta la religión.

            Sobre la crudeza de su discurso (que tendría su continuidad con el coma punitivo urdido en la trama de la novela y en la sustitución del sistema de reinserción por el de represión), baste este sencillo ejemplo en el que Lombroso afirma sobre la terapia del delito:

            "para los criminales natos adultos no hay muchos remedios: es necesario o bien secuestrarlos para siempre, en los casos de los incorregibles, o suprimirlos, cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos".

            Siguiendo con el ficticio Programa Lombroso, la novela nos cuenta que “en 2010 se puso en marcha un censo informatizado de los varones británicos con el propósito de ofrecer una terapia y/o asesoramiento psicológico a todos los individuos que dieran NVM-negativo”.

            Más de cuatro millones de individuos se sometieron al mismo y el hecho de que el programa facilitara la localización y el posterior arresto de diez asesinos contribuyó al éxito de su implantación y a su prestigio entre los profesionales de la seguridad europea. Hasta la aparición del “Asesino del Lombroso”, claro.

 

¿POR QUÉ ES FILOSÓFICA LA INVESTIGACIÓN?

 

            En la novela se expone de forma reiterada la teoría de que la filosofía y la investigación policial comparten a menudo tanto métodos como objetivos.

            En su colaboración con la policía, sir Jameson Lang, profesor de filosofía en Cambridge durante más de una década y escritor de novelas de misterio, comenta a Jake: “tanto la investigación policial como la filosofía parten de la idea de que hay una verdad que puede descubrirse. Nuestras respectivas actividades se basan en la existencia de determinados indicios que debemos reunir para construir la verdadera imagen de la realidad”.

            Yendo más allá, el profesor afirma que “mientras la comisión de un crimen es algo natural, la tarea del detective –al igual que la del filósofo- es antinatural e implica el análisis crítico de diversas presuposiciones y convicciones, así como el cuestionamiento de ciertas presunciones e intuiciones”.

            A fin de cuentas, dirá sir Jameson, un policía verifica la autenticidad de una coartada del mismo modo que un filósofo trata de probar la correcta construcción de una proposición.

Más allá de este planteamiento que planea sobre toda la novela, el hecho de que el asesino tenga el nombre en clave de Wittgenstein y se empeñe en asumir la personalidad –por supuesto, distorsionada- del filósofo, potencia la intersección entre ambas disciplinas.

            Y es que, no contento con imitar algunas de las poses más evidentes de Wittgenstein, el criminal hará hincapié en la justificación filosófica de sus actos, llegando a entablar una dialéctica con la policía que le persigue (Jake) y el aristocrático profesor que la asesora (Lang).

            Sobre estas premisas se establecerá una relación entre todos ellos –en especial entre el asesino y la policía- que sentará las bases sobre las que uno se moverá (con una intención manifiestamente teatral) y la otra intentará aproximársele.

            Todo lo cual dota a la novela de un fondo más que interesante, circunscrito a un Londres más decadente de lo que, afortunadamente, es en la realidad.

 

¿QUIÉN FUE WITTGENSTEIN?

 

            Nacido en la Viena de finales del XIX, su acaudalada familia recibía visitas tan ilustres (e ilustradas) como las de Sigmund Freud, Johannes Brahms, Gustav Mahler o Gustav Klimt.

            La presión a la que su padre (poderoso industrial del hierro y el acero) sometía a sus hijos varones determinó el suicidio de los tres hermanos de Ludwig.

            Éste fue un joven sensible, de extraordinaria inteligencia y talento musical pero sin interés alguno por el mundo de los negocios.

           El joven Wittgenstein cursó estudios en Linz y Berlín y más tarde ingeniería en la Universidad de Manchester. Muy interesado por las matemáticas puras, entraría en el Trinity College (Cambridge) para estudiar con Bertrand Russell.

            Concibió la filosofía como un análisis conceptual o lingüístico, ya que aquélla, en su opinión "pretende la clarificación lógica de las ideas", de modo que el lenguaje se compondría de proposiciones complejas susceptibles de ser analizadas en proposiciones más sencillas hasta llegar a una formulación simple o elemental.

            Tras participar como soldado raso (fue repetidamente condecorado y llegó hasta sargento) al servicio del ejército austrohúngaro en la Primera Guerra Mundial, pasó dos años en un campamento de prisioneros en Italia y luego regresaría a Austria, escribiendo y llevando luego una vida austera como maestro de escuela primero y como jardinero después.

            Designado catedrático en Cambridge y tras participar como enfermero voluntario en la Segunda Guerra Mundial, moriría de cáncer en la propia Cambridge a la edad de sesenta y dos años.

Sus obras principales son el “Tractatus logicus-philosophicus”, “Observaciones sobre los fundamentos de las matemáticas”, “Los cuadernos azul y marrón”, “Apuntes 1914-1916” y “Gramática filosófica”.

            También el asesino de la novela escribe, en claro homenaje al filósofo, un cuaderno Azul y un Cuaderno Marrón, usando el uno como Diario y el otro para anotar detalles sobre los individuos a los que ha “ejecutado” o pretende ejecutar.

            No será esa, en cualquier caso, la única similitud entre la vida y las tendencias del histórico filósofo y el ficticio asesino.

 

LOS PERSONAJES

 

            En realidad, dos son los protagonistas absolutos de la novela: el asesino y la policía que va tras sus pasos. Sin embargo, también menudean otros personajes que, aun disponiendo de un menor protagonismo, modulan ejemplarmente la marcha de la trama.

            Vayamos con ellos:

            - Jake.- La inspectora jefe es una mujer fuerte y valiente que no oculta su odio resentido hacia los hombres, fruto de un pasado tormentoso en el que la figura de su padre tiene una importancia capital. Pese a sus flirteos lésbicos, Jake no es realmente lesbiana (quizás sí bisexual) aunque el escaso éxito de sus escarceos heterosexuales dinamita la ya de por sí escasa base para mantener una relación con una persona de sexo contrario. Tratada por una profesional de la Terapéutica neuroexistencial, Jake basa toda su existencia en la persecución de los asesinos en serie de mujeres, imponiendo su aceptada teoría del enfoque bidimensional en la investigación policíaca (frente al sistema patriarcal tradicional). En este caso, sin embargo, se verá enfrentado a un criminal que no mata mujeres sino hombres y que, además, la reta en un duelo que tiene mucho de personal… y de filosófico.

            - Wittgenstein.- Pese a algún intento de provocarla sexualmente, el asesino de la historia carece de motivaciones sexuales a la hora de matar. Aun aceptando una predisposición genética, el detonante de su carrera criminal es la constatación de su condición de NVM-negativo. El mundo se le desmorona cuando la verdad le escupe a la cara, dejando al descubierto una tendencia innata hacia la agresividad incontrolada. Su respuesta consiste en ejercerla suprimiendo a sus compañeros de condición e invistiéndose con el poder de un Dios justiciero que, en realidad, justifica sus asesinatos con la excusa moral de que está evitando que sus víctimas asesinen, a su vez, a un mayor segmento de la población, esta sí absolutamente inocente. No contento con intentar convencerse a sí mismo y siguiendo las tesis de Wittgenstein, intentará hacer lo propio con sus interlocutores Lang y, sobre todo, Jake, por quien siente una fascinación que incluye la erótica.

            - Sir Jameson Lang.- Aunque en principio le mueve su fascinación por los planteamientos filosóficos del asesino (el verdadero Wittgenstein fue catedrático en el mismo Trinity College de Cambridge en el que Lang imparte sus clases) y la posibilidad de enfrentarse dialécticamente con él, pronto se dejará seducir por la pragmática mercantilista de los políticos, anteponiendo el interés de su propio College al valor de la mismísima vida humana. Con eso y con todo, sus enfrentamientos verbales con Wittgenstein gozan de un más que considerable interés.

            - Grace Miles.- Esta ambiciosa política de raza negra y glorioso pasado deportivo es un paradigmático ejemplo de la ambición mal entendida y del despotismo ejercido desde un centro de poder. Los resultados son lo único que le importa y nunca repara en los medios para obtenerlos, haciendo uso de tácticas caciquiles que no admiten reparos en sus subordinados, cuyas carreras están a merced de sus caprichosos vaivenes emocionales. Su deseo principal en la historia reside en capturar al asesino en serie que la está dejando mal y, a la vez, preservar el Programa Lombroso, cuya millonaria inversión la imposibilita para dar marcha atrás con el proyecto.

            - Yat Chung.- Sargento de la policía británica, su genialidad informática le aboca a tomar parte de la investigación. Su susceptibilidad étnica (de la que en ocasiones se aprovecha Jake) tiene como contrapartida una nula consideración de género, de modo que será la propia Jake quien sufra sus comentarios sexualmente “denunciables”. A pesar de este tira y afloja, la colaboración profesional entre ambos dará buenos frutos en la investigación.

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