EL PODER DEL PERRO

La obra maestra de Don Winslow

 

El poder del perro

 

 

DON WINSLOW

 

            Nacido en Nueva York, de padre marinero y madre bibliotecaria, Don evidenció desde muy joven una ardiente pasión por los libros que pronto se manifestó en vocación literaria.

            Su éxito, sin embargo, tardaría en llegar, por lo que hasta entonces tendría que desempeñar todo tipo de empleos.

            Fue así periodista en Sudáfrica, guía turístico en China, guía de safaris en Kenia o detective privado entre otra decena de trabajos.

            Su primer libro, “Isle of joy”, ni siquiera fue publicado en nuestro país, que hubo de esperar a la aparición de “Muerte y vida de Bobby Z”, en 1997.

            En esta novela, discreta en comparación con lo que vendría después, Winslow empieza a demostrar su dominio de la narrativa, combinando con sorprendente frescura la intriga, el humor, el erotismo y la violencia con la contextualización más minuciosa y unos diálogos tan brillantes como sus agudas descripciones.

            El argumento gira en torno a un don nadie a quien la DEA saca de la cárcel a fin de que suplante a un famoso narcotraficante -Bobby Z- con el que guarda cierto parecido físico.

            El libro fue llevado a la gran pantalla en 2007 por el director John Herzfeld, contando con un reparto que se ha revalorizado con el tiempo.

            De hecho, junto a nombres consagrados como Laurence Fishburne (el Morfeus de la saga “Matrix”), Keith Carradine (“The Moderns”, “Cowboys & Aliens) o Joaquim de Almeida (“El rey pasmado”, “Sólo tú”, “Desperado”), en la cinta aparecen el tristemente desaparecido Paul Walker (saga “Fast & furious”) o la bella actriz Olivia Wilde, vista después en “TRON Legacy”, “Cowboys & Aliens”, “La huida” o “Her”.

            Ocho años después de la publicación de la novela (y, por tanto, dos antes del estreno del film), la mayor parte de los lectores españoles desconocía la existencia de Bobby Z y no había oído hablar de “California Fire and Life”, la siguiente obra de Winslow, que no se publicó en nuestro país.

            Así las cosas, la llegada de “El poder del perro” (2005) pilló a la mayoría por sorpresa, constituyendo un auténtico aldabonazo en el mercado editorial.

            De los innumerables méritos de esta excelsa novela hablaremos a continuación pero lo cierto es que, a renglón seguido y aprovechando el enorme éxito del libro, en 2006 se publicaría también “El invierno de Frankie Machine”.

            La historia se centra en Frank, un tranquilo y metódico sexagenario que regenta una tienda en San Diego, tiene una novia elegante (Donna) y es respetado por todos sus conocidos como un auténtico caballero.

            Sin embargo, en una vida anterior, a este hombre pacífico se le conocía como Frankie Machine, un legendario pistolero al servicio de la Mafia y alguien cometerá el error de ponerle en la tesitura de recuperar esa personalidad.

            Más que estabilizado en el panorama literario, Don Winslow conocería un período de gran  prolijidad en los años siguientes, presentando en 2008 “El Club del Amanecer” y, tan sólo un año después, “La hora de los caballeros”.

            En la primera de ellas, el surf se constituye en protagonista por derecho propio, evidenciando la devoción de Winslow por esta práctica, que también se verá reflejada en numerosos trabajos posteriores.

            Surfista es Boone Daniels, un ex policía de San Diego que ahora trabaja como detective privado a tiempo parcial y también lo son el resto de miembros del Club del Amanecer: el Doce Dedos, David el Adonis, Johnny Banzai, Marea Alta y Sunny Day.

            La visita de la abogada Petra Hall, que busca a una bailarina que es testigo clave en el caso contra el propietario de varios clubes de striptease de la ciudad, dinamitará la artificial paz del grupo.

            Sería, sin embargo, “Salvajes” (2010) la obra que volvería a llevar a Winslow a la gran pantalla, de la mano esta vez del mismísimo Oliver Stone.

            La novela nos presenta a dos jóvenes emprendedores californianos que comparten a la misma chica -”O” de Ofelia… o de orgasmo- mientras revolucionan el mercado de la marihuana hidropónica, elaborándola a partir de la materia prima que uno de ellos trae de la mismísima Afganistán tras cada misión que realiza con los marines.

            Nada menos que John Travolta, Salma Hayek y Benicio del Toro arropan al juvenil trío protagonista, integrado por Blake Lively, Taylor Kitsch y Aaron Taylor-Johnson.

            Dos años después de “Salvajes”, Don se sacaría de la manga la precuela “Los reyes de lo cool” (2012), en la que bucea en los orígenes del trío protagonista y en los primeros escarceos de la droga en California.

            En 2015, por fin, llegaría “El Cártel”, que nos trae de vuelta a Art Keller y Adán Barrera en una novela tan apasionante como su primera parte.

            Tanto, de hecho, que merecerá un artículo propio en estas mismas páginas.

            Otros trabajos interesantes de Winslow son “Satori” (2011), la precuela autorizada de “Shibumi”, novela escrita en 1979 por Trevanian (seudónimo del escritor estadounidense Rodney William Whitaker, especializado en las novelas de espías) o la novela negra “Corrupción policial” (2017).

 

EL PODER DEL PERRO – LÍNEA ARGUMENTAL

 

            Art Keller es un joven desarraigado. Nacido en la californiana San Diego, de padre estadounidense y madre mexicana, no acaba de encajar en ningún sitio y la temprana separación de sus progenitores contribuirá notablemente a su desubicación.

            Tras haber perdido el contacto con su padre, el chico le buscará con el único objeto de lograr financiación para cursar sus estudios universitarios en UCLA.

            Luego vendrán Vietnam, la CIA y, por último, la DEA.

            Sin embargo, su condición de ex agente y su mezcla de sangre le cerrarán todas las puertas, empezando por la de su jefe, el despótico Tim Taylor.

            A punto de ser enviado de vuelta a Estados Unidos, su camino se cruzará casualmente con el de Adán Barrera en un gimnasio de Culiacán, marcando las vidas de ambos para siempre.

            Adán y su bravucón hermano Raúl pretenden ser los agentes de César Felizardo, un boxeador local que apunta buenas maneras, como constatará el propio Art cuando cruce guantes con él y reciba una considerable paliza.

            Tío Barrera, el policía que recogió a los dos hermanos huérfanos y los ha criado como si fueran de su sangre, tiene sin embargo otros planes que pronto incluirán también a Keller.

            El traslado de éste es frenado en seco y su carrera recibe el espaldarazo necesario cuando entrega el cadáver de don Pedro Avilés, el narcotraficante que obsesiona tanto a la DEA como a las autoridades mexicanas.

            Sin embargo, el viejo Patrón será innecesariamente tiroteado y sus hombres masacrados por Tio y sus secuaces pues, en realidad, lo que el corrupto policía tiene in mente es ocupar su lugar en el tráfico de estupefacientes. Son los inicios de la llamada “pista secreta”.

            El tiroteo dará ocasión a Keller de conocer al “padre Juan” Parada, un atípico obispo mexicano -nacido, como él, en Estados Unidos- que resulta ser tan deslenguado como valiente y comprometido.

            Otro vértice de la historia lo constituye Callan, un chico irlandés que vive en la “Cocina del infierno” neoyorkina y que se verá metido en serios aprietos cuando se vea obligado a matar a Eddie Friel “el carnicero”, recaudador de impuestos del mafioso de la zona Big Matt Sheehan, a fin de salvar la vida a su inseparable amigo O’Bop.

            La intervención de los hermanos Piccone (Joey Little Peaches y Jimmy Big Peaches), que ven en la eliminación del propio Sheehan una oportunidad pintiparada para cancelar la deuda que mantienen con él, colocará a Callan y a O’Bop en el punto de mira de los Cimino, una de las Cinco Familias de la Mafia.

            El propio Patrón, Big Pauli Calabrese, emplazará a los chicos a reunirse con él en una cita que puede hacerles ricos o cambiarles la vida y es que los Piccone no pueden confesar la autoría del asesinato de Sheehan por estar sometidos a la disciplina “familiar” pero con dos irlandeses ajenos al organigrama y a las “reglas” de la Familia podría haber más manga ancha.

            La elocuencia de Callan, por lo demás un tipo más bien callado, les pondrá al servicio de Calabrese pero en la cúspide de la Cocina del infierno, a cambio de una sustanciosa aportación a los Cimino y de no involucrarse en el tráfico de drogas, con las que estos no quieren tener ninguna relación.

             Nora Hayden, una prostituta de lujo “adiestrada” por la madame Haley Saxon en la “Casa Blanca” de San Diego entrará en la ecuación cuando los Piccone visitan el exclusivo local y Callan se prenda de la chica.

            Ella es tan inteligente como bella, con un aire a lo Marilyn Monroe que no pasa desapercibido a Jimmy, lo que está a punto de desencadenar un incidente violento entre los dos hombres. La propia Nora lo evitará eligiendo a Peaches (claramente el más violento de los dos) aunque es Callan quien le gusta.

            Años más tarde, el obispo Parada y la prostituta se conocerán casualmente con ocasión del cruento terremoto que asola Ciudad de México y entre ambos se establecerá una limpia y profunda amistad.

            Nora será la inspiración que Parada necesita para encauzar por la vía de la ambición política su verdadera vocación redentora: recurriendo al necesario chantaje, logrará hacerse nombrar cardenal y así decidir de forma real sobre la ayuda que la Iglesia presta a los mexicanos más desfavorecidos.

            Para entonces, ya México ha entrado en una vertiginosa espiral de violencia a raíz de la tortura y asesinato de Ernie Hidalgo, un agente estadounidense de la DEA y amigo personal de Keller.

            Éste se embarcará en una cruzada para vengarle, a sabiendas de que los autores de la atrocidad no son otros que los Barrera: Tío, Raúl y su antiguo amigo Adán.

 

UN CONTEXTO SUGESTIVO

 

            Ya el inicio de la novela nos muestra las operaciones de defoliación de los campos de amapolas de Sinaloa.

            A cargo de la DEA, la operación responde no obstante a la iniciativa de Tío Barrera y supondrá el final de la producción de heroína (“barro”) mexicana, lo que más tarde obligará a los Barrera a volver su mirada hacia Colombia en busca de la pujante cocaína.

            Varios hombres honestos dedican su vida a luchar en la declarada Guerra contra la Droga pero muchos perderán su vida y hasta su alma en una contienda plagada de trampas políticas y de letales traiciones.

            Y es que Winslow no se anda con tapujos y desde el principio el lector comprobará el escaso interés real que la erradicación del tráfico de estupefacientes suscita tanto en la administración mexicana como en la estadounidense.

            La primera porque, salvo honrosas excepciones, está vendida a los señores de la droga. Políticos, policías y “federales” son reclutados por unos u otros cárteles bajo el tradicional reclamo del “plomo o plata”. Quienes no acepten ser sobornados, serán ejecutados.

            Lo que en principio supone más una inhibición que una implicación directa -los agentes deben, básicamente, hacer la vista gorda cuando la droga pasa por su zona- acabará derivando en otra cosa cuando se vean obligados a informar acerca de ciudadanos que desde su posición amenazan a los cárteles o incluso forzados a participar de enfrentamientos armados con otros cuerpos.

            El escritor estadounidense va todavía más lejos al afirmar categóricamente -aunque sea por labios de sus personajes- que el PRI (Partido Revolucionario Institucional) se ha perpetuado en el poder gracias a un acuerdo expreso con el narcotráfico, encarnado en la figura de Tío Barrera, quien habría contribuido de forma activa a “robar” las elecciones.

            Por parte estadounidense y pese a que es su población la que sufre el azote del consumo de drogas, tampoco se apreciará un gran entusiasmo a la hora de acabar con el statu quo a ambos lados de la conflictiva frontera.

            Más todavía, los turbios manejos políticos de la Casa Blanca, tanto oficiales como extraoficiales, se pondrán de manifiesto cuando la lucha contra el comunismo lleve al extremo de obviar la tortura y asesinato de uno de sus propios agentes.

            En cualquier caso, la primera traición correrá a cargo de los Barrera, con quienes Art Keller ha trabado amistad, sin ocultarles en ningún momento su condición de agente de la DEA.

            “Arturo” tardará poco en constatar que Tío Barrera ha urdido un maquiavélico plan para convertirse en el principal narcotraficante del país, para lo cual no ha dudado en utilizarle.

            Paralelamente, su amigo Adán y el hermano de éste (Raúl) se implicarán en ese mundo, renunciando a sus sueños de agentes boxísticos porque, en realidad, su “tío adoptivo” nunca ha pretendido otra cosa de ellos.

            La condición de “intocables” de los norteamericanos en territorio mexicano, sin embargo, se verá alterado cuando uno de sus agentes -Ernie Hidalgo- sea sometido a una bestial tortura durante su secuestro a manos del cártel que encabezan los Barrera y del que también forma parte Güero Méndez, ascendido tras haber completado su traición al antiguo patrón Pedro Avilés.

            La razón del secuestro no es otra que la sucesión de decomisos que están sufriendo los envíos de droga del cártel, lo que indica a las claras que hay un topo en la organización. De hecho, hasta se le otorgará un nombre: Mamada.

            Lo que todos, incluso Hidalgo ignoran, es que no existe tal soplón sino que las interceptaciones de los envíos obedecen a unas escuchas que Art Keller ha instalado de forma ilegal en la casa en la que Tío Barrera se reúne con su bella amante adolescente Pilar Talavera.

            Su desconocimiento de la verdad será fatal para Ernie, que sufrirá las torturas más aberrantes hasta dejarle convertido en un despojo humano.

            Ajeno a esta circunstancia, Art llegará a un acuerdo con Adán, en virtud del cual Hidalgo será liberado mientras él abandona México para siempre.

            Pero una sobredosis presuntamente accidental cuando Güero Méndez suminista heroína al destrozado rehén, provocará la muerte del agente estadounidense, dando paso a un escenario totalmente nuevo.

 

ART KELLER VS. ADÁN BARRERA

 

            Aunque se trate de una obra coral, lo cierto es que la trama se estructura en gran medida en torno al antagonismo de estos dos hombres que comienzan siendo amigos para convertirse finalmente en enemigos irreconciliables.

            Art defenderá en adelante que Adán era un buen hombre cuando le conoció pero las circunstancias -la manipulación de Tío, la arbitraria y denigrante tortura a la que será sometido por la DEA- sacarán lo peor de él hasta convertirle en el auténtico rostro de la maldad.

            A raíz del asesinato de Hidalgo, Keller perderá a su familia al embarcarse en una guerra sin cuartel contra los Barrera en la que acabará por ignorar cualquier línea, visible o no. Todo valdrá a fin de consumar su venganza aunque ello le suponga la supresión de su vida personal y el sacrificio moral de su familia.

            Su ansia de venganza se verá frustrada cuando logran seguir el rastro de Tío Barrera hasta El Salvador y llevan a cabo una incursión ilegal en el país centroamericano.

            Decidido a hacer las cosas de forma correcta, Keller se negará a ejecutarlo en el acto como todos esperan que haga pero, antes de abandonar el país, será interceptado por un grupo paramilitar a cargo de Sal Scachi, un ex agente de la CIA que también trabaja con la Mafia.

            Art salvará la vida cuando afirme tener documentación incriminatoria de los tratos que la propia Agencia está realizando para intercambiar armas por droga dentro de la lucha encubierta contra el comunismo que Estados Unidos lleva a cabo a lo largo y ancho de Hispanoamérica. Sin embargo, no podrá llevarse a su prisionero consigo.

            De hecho, llevado a presencia del veterano John Hobbs, el jefe de sección de la CIA que también se halla en terreno salvadoreño, a Keller se le informará de que Miguel Angel Barrera es la mejor carta de la Agencia en su guerra sucia contra los comunistas.

            Por de pronto, Tío ha financiado el entrenamiento y formación de los grupos paramilitares estadounidenses que están combatiendo en Nicaragua y el propio El Salvador.

            La situación terminará con un trato entre Hobbs y Keller y con el perjurio de éste ante la comisión del Senado que investiga los rumores acerca de la complicidad de la CIA en el intercambio de drogas por armas que están teniendo lugar en la zona. La propia ex mujer de Art, Althea, deplorará su pérdida de ideales.

            Adán, por su parte, se alejará de sus creencias religiosas y de sus inquietudes sociales para sumergirse en la negrura del tráfico de drogas, la extorsión, el secuestro y el asesinato, desoyendo los consejos del “padre Juan”, a quien también acabará por traicionar.

            Curiosamente, Adán se refugiará en el amor a su hija, nacida con malformaciones que le auguran una vida trufada de dificultades, cuando su relación marital se marchite. Su devoción como padre andará pareja con su desencanto como marido.

            Será entonces cuando haga su aparición Nora Hayden, una prostituta que no oculta su condición y a la que conocerá en casa del ya cardenal Parada.

            Barrera no tardará en convertirla en su amante y en amarla realmente pero sus escasos afectos -su hija, su segundera Nora, su hermano Raúl, incluso el padre Parada- no lograrán frenar su enorme capacidad de odio hacia cualquiera que se interponga en su camino, con especial encono hacia Keller.

            Su camino sin retorno hacia el averno se completará cuando se escinda la organización creada por Tío (escenificada por la traición de que Pilar hará objeto a éste antes de ser desposada por Güero Méndez) y haya de enfrentarse a una peligrosa reunión con los hermanos Orejuela, que dirigen el cártel de Cali.

            Dicha reunión tiene lugar en suelo colombiano y en ella Barrera constatará las dudas que su incierta guerra contra Güero Méndez, García Abrego y Chalino Guzmán  “el Verde” suscita en los narcos de dicho país.

            Ante el peligro de que la operación se malogre antes incluso de iniciarse, Adán acabará jugando la truculenta carta en la manga que Tío ha depositado en su mano aunque ello suponga condenarse definitivamente.

            Y es que Pilar, la bella amante de tío Barrera -a quien sumió en el consumo de crack tras abandonarle para acabar siendo desposada por su ahora rival Güero Méndez- ha sido seducida y ejecutada por Fabián Martínez, el guapo pistolero californiano al servicio de Raúl.

            Después de decapitarla y enviar su cabeza al desesperado Güero, Fabián ha llevado hasta Colombia a los infortunados hijos de la pareja: una niña de un año y una niña de tres.

            Ahora Adán Barrera tendrá que ordenar, para demostrar que no es el hombre débil que los Orejuela creen, que Fabián arroje a los dos niños desde lo alto de un puente ante la mirada horrorizada pero en el fondo complacida de los dos colombianos.

 

CALLAN Y NORA

 

            Sean Callan no es un mal chico aunque vive en uno de los peores lugares de Norteamérica: la “Cocina del Infierno”, en Nueva York.

            Es todavía un muchacho cuando se ve obligado a matar a un hombre en el momento en que éste amenaza la vida de su inseparable amigo O’Bop, de origen tan irlandés como él mismo.

            O’Bop es un bocazas y se ha permitido criticar no sólo al mafioso que gobierna la zona sino también al recaudador de éste; un tipo repugnante a quien llaman Eddie el Carnicero.

            Enterado de la circunstancia, Eddie se propone hacerle pagar cara la osadía, por lo que Sean sorprenderá a propios y extraños matándole antes de que lo haga él con su amigo.

            A resultas de ello, acabará entrando en la organización de Calabrese, el jefe de una de las Cinco Familias de la Mafia y en esta situación de poder será cuando aparezca en su vida Siobhan, una bella muchacha que llega a Estados Unidos huyendo de la violencia de Irlanda. Por desgracia, en Nueva York encontrará esa misma violencia.

            De su mano, Callan intentará abandonar esa vida y llevar una existencia normal, dedicándose a la carpintería pero Scacchi no se lo permitirá. Más aún: le obligará, bajo amenaza de matar a la chica, a eliminar nada menos que a Calabrese y a Bellavia, el sucesor de éste al frente de la Familia Cimino.

            Eso dejará el camino expedito para Johnny Boy, que no tiene los escrúpulos de Calabrese  hacia el tráfico de drogas, algo que viene muy bien a la CIA de Scachi y también a los viejos colegas de Callan: los Piccone y O’Bop.

            Sean se verá obligado a abandonar el país, convirtiéndose en un asesino a sueldo de Scachi y tomando parte en diversas operaciones  subversivas en Hispanoamérica, lo que le dará ocasión de asistir, horrorizado, al asesinato -disfrazado de accidente- del cardenal Parada.

            Una ejecución decidida por el nuncio papal Antonucci en connivencia con la  CIA, ya que Parada parece simpatizar más con el comunismo que con su propia fe. Fabián será el brazo ejecutor, disfrazando su ejecución de error.

            Nora Hayden, por su parte, es la bella hija de dos pseudohippies que seguirán caminos opuestos después de divorciarse: mientras su padre sigue enganchado a la hierba, su madre por el contrario se convierte en una yuppie, cambiando California por Atlanta.

            Resistiéndose a acompañarla, Nora se quedará con su padre, quien no sólo no ejerce ningún control sobre ella sino que se beneficia del hecho de que la chica se acueste con sus maduros amigos.

            Durante un fin de semana en Cabo junto a uno de ellos, “Jerry El Colgao”, la joven conocerá a Haley Saxon, una madame de altos vuelos que verá en ella enormes posibilidades de ganar dinero con el sexo que Nora está poco menos que regalando hasta ese momento.

            Como en un perverso efecto Pigmalion, la chica será refinada por Haley hasta convertirla en una refinadísima cortesana.

            Y en “su primera vez” como profesional, tras dos años sin mantener ningún tipo de contacto sexual e incluso haber experimentado una reconstrucción del himen, Nora “debutará” justo cuando el grupo de Callan visita la ciudad, dando lugar al enfrentamiento entre Jimmy Piccone y el propio Sean.

            Por indicación de Haley, la chica se verá obligada a elegir al grosero de Jimmy, de quien años después todavía recordará “su brutalidad, su repugnante fealdad y que la utilizó hasta que experimentó la sensación de ser un trapo con el que él se estaba haciendo una paja”.

 

TODOS SON CULPABLES

 

            Estadounidenses, mexicanos, colombianos, el Vaticano (encarnado en la figura del nuncio papal Antonucci), la CIA, el PRI, la policía mexicana, la DEA… nadie sale bien parado de esta cautivadora novela que aborda de frente el problema del narcotráfico en el período comprendido entre 975 y 2004.

            Su autor no sólo nos deleita y horroriza a partes iguales con una historia apasionante repleta de personajes con peso absolutamente real sino que aprovecha su ascendente sobre el lector para exponerle sin tapujos su contundente conclusión: todos los partícipes son culpables en este río de sangre y dinero que discurre con doble dirección entre México y Estados Unidos.    

            La administración estadounidense, con sus mil agencias estancas y a veces entrelazadas, es culpable de mirar hacia otro lado cuando es su población la que masacran las drogas que entran por su frontera sur.

            Winslow les acusará de desviar los inmensos beneficios del narcotráfico a la lucha armada contra el ascenso del comunismo entre sus países vecinos y de propiciar, merced a la negociación con los cárteles, la perpetuación en los gobiernos de dichos países de políticos corruptos.

            Sería, según el autor, el caso de México, donde el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó de forma ininterrumpida entre 1929 y 1989 y vuelve a hacerlo desde 2012.

            Dicho partido, pese a su engañoso nombre, es en realidad de tendencias neoliberales y, por tanto, un cómodo aliado de sus vecinos del norte.

            De hecho, Don sólo considera posible una supremacía de seis décadas en el poder pasando por un pacto con los señores de la droga, que pueden suprimir a los candidatos más prometedores de la izquierda a través del asesinato o bien alterar simplemente el resultado de los comicios manipulando el recuento de votos.

            Más tangencialmente se aborda la vertiente colombiana del problema, no porque el escritor la considere menos relevante -no es así en absoluto- sino porque se centra específicamente en la frontera norte de México.

            Tampoco la Iglesia católica se libra de las acusaciones de un Winslow que coloca a un nuncio papal de origen italiano -Antonucci- en guerra abierta no contra los cárteles de la droga sino contra la Teología de la Liberación y sus tendencias izquierdistas que encarna el padre Parada.

            El fanatismo del nuncio le llevará a pactar con Scachi la muerte del incómodo cardenal, que pasa por ser la figura eclesiástica más relevante del país.

            Algunas de las secuencias más contundentes de la novela, por otra parte, recrean acontecimientos reales acaecidos en el país mexicano en las últimas décadas como los salvajes atentados en clubs nocturnos de Puerto Vallarta (rompiendo el acuerdo tácito que excluía las zonas turísticas del escenario de la guerra entre los cárteles); el asesinato tanto de altos dignatarios de la Iglesia católica como de candidatos a la presidencia del país; el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN; en inglés, North American Free Trade Agreement ó NAFTA); o las vendettas entre bandas de narcotraficantes.

             

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