EL CÁRTEL

Potente reanudación de “El Poder del Perro”

 

El Cartel

 

 

EL CÁRTEL – LÍNEA ARGUMENTAL

 

            A fin de que se le permita asistir al entierro de su hija Gloria, el narcotraficante mexicano Adán Barrera hace un trato con la fiscalía estadounidense.

            Su información resultará determinante para grandes decomisos de droga y detenciones de importantes narcos; entre ellos el número 1 de cártel del Golfo.

            Gloria, llegada al mundo con malformaciones congénitas, ha sido siempre el amor de su padre y, de hecho, fue el cebo que el agente de la DEA Art Keller, antiguo amigo de Adán, utilizó para meterlo entre rejas.

            Ahora, Barrera pondrá precio (dos millones de dólares) a la cabeza de Keller , quien permanece retirado de la acción y oculto, como improvisado apicultor, en un discreto monasterio.

            La colaboración de Adán posibilita su extradición a México pero su ingreso en la prisión de Puente Grande no deja de ser una pantomima pues, desde allí, el narco prosigue con su actividad delictiva.

            Dado que es él quien reina entre los muros de la cárcel, ello le permitirá rescatar de las garras de los reclusos a una bella paisana de la que se prenda al instante: Magda Beltrán, una ex miss Culiacán encerrada por haber sido interceptada con cinco millones de dólares a su entrada a la terminal del aeropuerto de Ciudad de México.

            La chica, tan hermosa como inteligente, comprenderá al instante que el maduro capo es su única posibilidad, por lo que pronto se convertirá en su amante y en su principal confidente.

            Tras superar un intento de asesinato en la propia cárcel -instigado por Osiel Contreras, el nuevo jefe del cártel del Golfo, a quien preocupa el resurgimiento del imperio de Barrera-, Adán logrará la ayuda gubernamental necesaria para orquestar su propia huida de la prisión, en una operación dirigida por Diego Tapia.

            Para entonces, ya Art Keller ha sido reclutado de nuevo por su ex jefe Tim Taylor y se halla en México, si bien reducido a la condición de “asesor” de Luis Aguilar y Gerardo Vera, cabezas visibles de la SEIDO y la AFI mexicanas, que acabarán convirtiéndose para los medios de comunicación en “Batman y Robin”.

            Haciendo uso de la experiencia y conocimientos que el yanqui posee de Adán, el equipo formado por ellos tres estará a punto de capturar al narcotraficante en un par de ocasiones pero siempre hay algo que, en el último instante, salva al criminal y Keller duda que se trate únicamente de la fortuna.

            En cualquier caso, una vez escapa al cerco gubernamental, lo primero que hará el antiguo rey de los cárteles será reunir a sus paisanos de Sinaloa para conminarles a dirigir el narcotráfico de forma conjunta, mediante la creación de una Alianza.

            Esa será la causa última de una sangrienta guerra que les enfrentará con el resto de cárteles mexicanos. En especial el del Golfo, cuyo brazo armado está constituido por los sanguinarios Zetas, que dirige un psicópata ex militar llamado Ochoa.

            Cuando éste escapa a la operación diseñada para matar a Osiel Contreras -que decepciona a Keller entregándose vivo-, se convierte en el verdadero capo del cártel, por detrás del “Gordo” Contreras, el inepto hermano de Osiel.

 

NUEVO LAREDO

 

            En el nuevo mapa que dibujan los cárteles, la sangre empieza a correr en Nuevo Laredo, la población surgida enfrente de la estadounidense Laredo, del otro lado del río Bravo (río Grande para los yanquis).

            Allí, dos familias se han repartido tradicionalmente el contrabando desde que éste comenzara siendo de whisky. Se trata de los García y de los Soto, que ahora por supuesto se dedican a los estupefacientes.

            Cuando Eddie Ruiz -un chicano que ya es millonario a sus veintiséis años gracias al tráfico de cocaína- es interceptado por un Mario Soto alineado con los pujantes Zetas, el equilibrio salta hecho pedazos.

            Además de robarle el “piso” (la comisión que cada cártel cobra a los demás a cambio de permitirles mover la mercancía a través de su territorio) que Eddie lleva a su amigo Chacho García, Soto le dejará claro que en adelante será a los Zetas a quienes deba pagárselo.

            Lejos de amilanarse y a pesar de la amistad que le une a Eddie, Chacho le exigirá su pago antes de tomarse la justicia por su mano, asesinando a Mario Soto. 

            Eso provocará una violentísima reacción por parte de Ochoa, que lanzará a sus bestiales secuaces en pos de los hombres de García, que son quemados vivos.

            Ante el cariz que toma el asunto, Eddie y Chacho abandonan Nuevo Laredo, buscando la protección del cártel de Sinaloa, encarnado en la figura de Diego Tapia, el tío de Adán Barrera.

            Éste sólo logrará el indulto de Ruíz, no sin que antes el muchacho haya de asistir a las brutales torturas que acabarán con la vida de Chacho ante sus propios ojos.

            Lo peor será tener que trabajar de enlace entre los verdugos de su amigo y el propio Tapia aunque el destino le depara más de una sorpresa.

            De su sorprendente trayectoria futura saldrán los dos motes con los que será conocido posteriormente en el mundillo: Eddie el Loco o, más de su gusto, Narco Polo (una concesión a su forma de vestir, muy alejada de la de los narcovaqueros, que a menudo le tacharán de “maricón” precisamente a causa de su estilismo).

            En cualquier caso, el personaje de Eddie resulta paradigmático pues se trata de un chicano rubio y bien parecido que triunfaba en su época del instituto jugando al fútbol americano pero al que su clarividencia le lleva a aceptar el narcotráfico como una forma fácil de enriquecimiento que no le va a ofrecer el deporte.

            Ruíz concluirá que su 1’80 m de estatura y sus 95 kilos de peso le conducirían con toda probabilidad a la Segunda División del fútbol americano, lejos de los grandes contratos.

 

CIUDAD JUÁREZ

 

            Tristemente famosa por los feminicidios que la han asolado durante décadas, Juárez será una de las zonas devastadas por el conflicto de los cárteles, en el que morirán periodistas, policías y civiles.

            Entre los primeros, la acción se centrará en los redactores de “El Periódico”, rotativo dirigido por el mítico redactor Óscar Herrera “El Búho”, decano del periodismo mexicano.

            A sus órdenes encontraremos al desaliñado Pablo Mora, un brillante periodista cuya vida personal es un caos y que naufraga entre la desesperación y un creciente alcoholismo, sobre todo a partir de la separación de su esposa Victoria, colega de profesión pero mucho más ambiciosa que él.

            Cuando Victoria se lleve consigo a Ciudad de México al pequeño Tomás, hijo de ambos, Pablo se aferrará a su trabajo como única forma de evitar la locura aunque la espiral de violencia desatada en el país y que se ceba particularmente en su gremio, no hará sino dificultarle las cosas.

            Su compañera Ana y el fotógrafo Georgio completan el trío que Óscar Herrera bautizará como “Los 3 amigos”, que no sólo son inseparables durante sus horas de trabajo sino también durante las de asueto, donde suelen coincidir en “Cafebrería”, una cafetería-librería en la que se dan cita los artistas e intelectuales de la ciudad.

            Ana y Pablo mantienen una relación no exenta de tensión sexual no resuelta, lo que amenaza con arruinar la honesta amistad que les une.

            En cuanto a Georgio, encarna todo aquello que a Pablo le gustaría ser: atractivo, desenvuelto y con un notable éxito entre las mujeres.

            Las complicaciones sólo se multiplicarán con la aparición de un desconocido que obliga con malos modos a Mora a aceptar una serie de sobres con dinero.

 

ART KELLER

 

            Si, en “El poder del perro”, Keller era un joven indómito que desafiaba a las agencias gubernamentales de su país a fin de desenmascarar a los responsables máximos del narcotráfico a ambos lados de la frontera mexicana, en “El Cártel” le veremos convertido en un ascético apicultor que ha renunciado a la guerra.

            Ésta, no obstante, le reclamará de nuevo, por lo que Art deberá abandonar la paz monástica para adentrarse de nuevo en la locura de los tiroteos, las ejecuciones, los enfrentamientos armados, las traiciones, las intrigas gubernamentales y la violencia más aterradora.

            Su objetivo volverá a ser Adán Barrera, un hombre que ha puesto precio a su cabeza y que vuelve a erigirse como el más poderoso de los narcos mexicanos, provocando con su vuelta una salvaje guerra civil entre los cárteles que alcanzará a todos los rincones del país y de la que nadie se podrá sentir a salvo.

            Sin embargo, Keller se enfrentará de nuevo a su eterno problema de aislamiento, tanto por parte de la DEA que le envía como por la de sus anfitriones mexicanos: Gerardo Vera y, sobre todo, Luis Aguilar.

            El primero, un tipo abierto y desenvuelto que viste trajes italianos a medida, es el policía de carrera que dirige la AFI, la Agencia Federal de Investigación que sustituye a los corruptos “federales”, demasiado implicados en escándalos de narcotráfico.

            Mucho más hermético cuando no directamente hostil, Aguilar es un abogado católico con fama de santurrón moralista que dirige la SEIDO, la Subprocuradoría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada.

            Ambos, cada uno a su estilo, cortarán las alas de Art cada vez que éste pretenda exceder sus competencias de mero asesor pero, como ya ocurriera en el pasado, ello no arredrará a Keller, acostumbrado a desafiar tanto a sus superiores como a sus presuntos colaboradores con su labor soterrada y solitaria.

            Tan obsesionado con Barrera como éste lo está con él, el estadounidense desconfiará de cuantos le rodean, no pudiendo estar seguro siquiera de la honestidad de Vera y de Aguilar, con quienes se ve obligado a trabajar.

            Tampoco su relación con su reclutador Tim Taylor mejorará significativamente respecto a su complicada etapa anterior.

            La aparición en la vida de Art de Marisol, una bella doctora comprometida al máximo con su maltrecho país, matizará la percepción del agente acerca del gigantesco problema que asola México pero no le apartará ni de sus convicciones ni de sus objetivos.

 

ADÁN BARRERA

 

            La némesis de Keller, Barrera, aparecerá inicialmente como un hombre derrotado, abatido, herido y destrozado por la muerte de su única hija.

            Su devoción por ella quedará de manifiesto cuando se avenga a pactar con la fiscalía a cambio de poder asistir al entierro de la joven, lo que no habían logrado hasta entonces ni amenazas ni promesas.

            Sin embargo, la delación de que hace objeto a algunos de los principales narcos de su país obedece a un propósito más taimado: eliminar la competencia y preparar el camino para su propio regreso. Algo de lo que paradójicamente serán más conscientes sus adversarios que él mismo.

            Cuando la bella y ambiciosa Magda entre en su vida, Adán sentirá resurgir en su interior la antigua ansia de poder que le llevó a la cúspide del narcotráfico. Algo que no mitigará su intenso deseo de venganza hacia Keller, a quien ansía ver muerto.

            Su alianza con los líderes sinaloenses y los inteligentes consejos de la propia Magda le pondrán de nuevo en el centro de la acción, amenazando seriamente la supremacía del pujante Cártel del Golfo y de sus diabólicos y psicópatas Zetas, lo cual originará una espiral de ilimitada violencia.

            El Barrera maduro ha aprendido de sus errores, por lo que hará uso tanto de la violencia controlada como de la diplomacia (accederá a casarse con Eva, la joven hija de su socio Nacho Esparza, lo que dará lugar a una cómica alianza “Adán y Eva”) o la astucia más taimada (entregando a uno de sus allegados a fin de salvar el pellejo del único hijo de su hermano: un despreciable personaje llamado Sal).

 

MAGDA BELTRÁN

 

            La belleza de Magda, que en su día la llevó a ser miss Culiacán, le servirá de trampolín para mantener diversas relaciones con narcotraficantes de segundo nivel.

            Así las cosas, Jorge Estrada supondrá un eslabón más alto de la cadena pero el colombiano la dejará colgada cuando ella es detenida con 5 millones de dólares en la maleta a su llegada a la terminal del aeropuerto de Ciudad de México.

            Lo paradójico del caso y que no pasará desapercibido para la señorita Beltrán es que a los policías les molesta menos la cantidad de dinero que lleva consigo que el hecho de que no les haya sobornado para poder pasarlo. Algo que Estrada debía haber tenido en cuenta.

            En cualquier caso, Magda será conducida con toda alevosía a Puente Grande, donde su condición de mujer (apenas hay tres en toda la prisión) le garantiza todo tipo de abusos y violaciones, como evidenciarán los innecesarios e impúdicos registros que sufrirá a manos de los funcionarios de prisiones. 

            Por fortuna para ella, su atractivo físico y su condición de sinaloense le granjearán la protección de Adán Barrera, dueño y señor entre los muros de la cárcel. En adelante, tocarla significará la muerte del infractor.

            Con el tiempo, el deseo evolucionará hacia la confianza y el cariño y Magda se convertirá no sólo en amante de Adán sino también en su principal asesora y confidente, por encima incluso de Raúl, el impulsivo y violento hermano de Barrera.

            La boda de Adán con la joven hija de su socio (una Eva que evolucionará desde su pueril ingenuidad a la condición de rastrera manipuladora) molestará realmente a Magda, a sabiendas de que su rival no lo es realmente ni en la cama ni en el corazón de Barrera.

            Sin embargo, un hijo del matrimonio podría cambiarlo todo, de manera que, sin renunciar al ala protectora de Adán, la joven solicitará su permiso para diferenciar sus propios negocios de los de su amante.

 

LA ALIANZA

 

            Tras abandonar la cárcel, Adán comprobará sin ningún género de dudas que nadie le cree cuando afirma que no desea volver a ser el Patrón.

            Incluso será objeto de un intento de asesinato por parte del cártel del Golfo, pese a haber dejado en bandeja su liderazgo al líder actual (Osiel Contreras), entregando a los yanquis al predecesor de éste.

            La propia Magda le hará ver que, si lo piensa, ni siquiera puede convencerse a sí mismo de haber olvidado sus antiguas pretensiones, de modo que tendrá que rendirse a la evidencia de que esa es precisamente su máxima aspiración: volver a coger las riendas.

            Con este caldo de cultivo verá la luz la “Alianza” entre el propio Barrera, Nacho Esparza (con cuya hija se casará más tarde), los hermanos Diego y Martín Tapia y el imprevisible Vicente Fuentes.

            Una alianza con vínculos tanto la sangre (en el caso de los Tapia) como de paisanaje pues todos ellos proceden de Sinaloa.

            Lo que por supuesto pondrá en pie de guerra -si no lo estaban ya- al resto de cárteles a los que se deja fuera del reparto.

            Posteriores escisiones en el seno de esta organización -y que obedecerán, en muchos casos, a la propia conveniencia de Barrera o a las circunstancias con que tendrá que lidiar- debilitarán su estructura y la enfrentarán con un número creciente de enemigos mientras Adán se afana en mantener a raya al gobierno mexicano, a la administración yanqui y hasta a sus más allegados.

            Lo cierto es que no cuesta demasiado relacionar el personaje de Magda y lo que el mismo representa con el de la protagonista del film mexicano “Miss Bala”, en el que ya se hacía patente no sólo el amaño que los cárteles realizan de los concursos de belleza de su país sino también la  dificultad de las chicas que despuntan en dichos certámenes a la hora de eludir la avidez de los narcos.

 

LOS ZETAS

 

            Abordando a Alejandro Sosa, el piloto de Osiel Contraras, Keller logrará apresar al jefe del cártel del Golfo aunque en realidad lo que deseaba era la muerte del narco en pleno asalto al lugar en el que éste se esconde con sus hombres.

            La sustitución de Osiel por Ochoa será un hecho, habida cuenta la debilidad del hermano de Osiel, al que apodan “el Gordo”.

            Segura y Forty serán los números 2 y 3 de Ochoa pero el gran error de la nueva cúpula del cártel será precisamente no haber ejecutado a Eddie cuando lo tuvieron prisionero (“quemamos al hombre equivocado”).

            Respetando el acuerdo al que han llegado con Diego Tapia, sólo matarán (de forma especialmente cruel, además) a Chacho pero obligando a Ruíz a contemplar su brutal ejecución mientras el chico está convencido de ser el siguiente.

            Lejos de agradecer que le perdonen la vida, Eddie aceptará de muy buen grado liderar más tarde a Los Negros, un grupo de salvadoreños con los que se dedicará a matar Zetas en Nuevo Laredo, empezando por Segura. La matanza no perdonará siquiera a las jóvenes que acompañan al narcotraficante.          

            En realidad, los Zetas, que nacieron como brazo armado del Cártel del Golfo cuando éste era dirigido por Osiel Cárdenas (no Contreras como en la novela), se escindieron del mismo en 2010 y  siguen activos en México como un cártel independiente que también responde al nombre de Cartel del Noreste.

            Su estructura paramilitar articula en su país el tráfico de drogas, el secuestro, el asesinato, el tráfico ilegal de personas, el lavado de dinero, los delitos informáticos y todo tipo de robos pero su actividad incide prácticamente en todos los continentes.

            En 2014, la administración liderada por Barack Obama puso a esta siniestra organización a la altura de la Camorra italian, la Yakuza nipona o el Círculo de los Hermanos ruso.

            Un aspecto interesante del que ya se hacía eco Winslow en su novela es que, a diferencia de los cárteles mexicanos más relevantes, Los Zetas no ejercen control sobre ningún puerto mexicano para el tráfico de drogas, lo que les empuja hacia sus otras prácticas delictivas.

 

DROGAS Y TERROR

 

            En una novela que Winslow dedica a los 130 periodistas asesinados en México durante los diez años que tardó en escribirla, el autor estadounidense retoma la temática que ya trató exhaustivamente en “El poder del perro”.

            Adán Barrera, que en la novela encarna al líder del cártel de Sinaloa, es trasunto de Joaquín “El Chapo” Guzmán, poco conocido cuando se estrenó la primera novela pero mucho más célebre tras su fuga de la cárcel, a través de un supuesto túnel, que saltó a los medios de comunicación en 2015.

             La teoría de Winslow, públicamente expresada, es que Guzmán fue liberado por el gobierno mexicano al considerlarlo el único líder narco capaz de controlar el clima de violencia generalizada que azotaba al país en esos momentos.

            Es la “Pax narcótica” que también se plantea en la novela y que llevará a la propia DEA a presionar a Art Keller para que acepte una tregua con su mortal enemigo Adán Barrera, a fin de convertirle en “El Padrino”.

            En ese sentido, los narcomensajes del cártel de Sinaloa que refleja el libro de Winslow no pueden ser más elocuentes: en ellos, Barrera se define como traficante de estupefacientes pero afirma no querer interferir en la vida de “la población trabajadora y de los empresarios honestos”, al contrario que los Zetas del brutal Ochoa, que violan, torturan y asesinan de forma indiscriminada.

            El autor no se privará de comparar abiertamente los métodos utilizados por los narcos con los del yihadismo islámico más atroz.

            Por cierto que la recuperación del poder por parte de Adán supondrá la salida de escena de su hermana Elena, un personaje que aparecía no sólo en “El poder del perro” sino también en “Salvajes”, como patrona del cártel de Baja, con capital en Tijuana.

            Si en la primera parte de este fresco sobre el narcotráfico menudeaban los personajes de peso que acompañaban al binomio protagonista Art-Adán (Tío Barrera, Raúl Barrera, Sean Callan, el Padre Parada, Nora Hayden), otro tanto acontece en esta segunda entrega, donde son precisamente los secundarios (los periodistas de Juárez, Magda Sánchez, Ochoa, Eddie) quienes dan relieve al duelo principal y lo dotan de realismo.

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