EN COSTAS EXTRAÑAS

 

Aventuras, piratas, magia y ¡¡vudú!!

 

En costas extranyas

 

OTRO TIM POWERS

 

            No es casualidad que me haya agenciado prácticamente toda la bibliografía de Powers en un tiempo récord y es que, desde que a mediados de 2010 me topé con una obra que calificaban “de culto” dentro de la ciencia-ficción, quedé deslumbrado por el abrumador talento narrativo de este neoyorkino afincado en California.

            La novela en cuestión se llamaba “Las puertas de Anubis”; en ella, Brendan Doyle, un estadounidense biógrafo de escritores británicos del XIX, recibe la alucinante proposición de asistir, en calidad de asesor y de experto, a una conferencia que el mismísimo Samuel Taylor Coleridge va a ofrecer en Londres… un siglo y pico antes.

            En una expedición patrocinada por una serie de millonarios con ínfulas de erudición y hecha posible gracias a la más avanzada tecnología, el salto en el tiempo es completado con total éxito pero Doyle no logra regresar a su siglo debido a la intervención de un siniestro personaje.

            La recreación del Londres de la época, una enigmática conexión con el Egipto más esotérico, algunos escenarios espeluznantes y un buen número de sorpresas jalonan esta obra maestra.

            Intrigado por la brillantez de la novela y dispuesto a comprobar si era fruto de la casualidad, probé fortuna de nuevo con “Cena en el Palacio de la Discordia”.

            El relato nos presentaba en esta ocasión una era postnuclear en la que un valiente aventurero de nombre hispano (Gregorio Rivas) desafiaba, como tributo a un amor de juventud no superado, a la terrorífica secta responsable del secuestro de su antigua amada.

            Atravesando un mundo enfermo, cuajado de mutantes, de siniestros sacerdotes y de adicciones horripilantes de todo tipo, el héroe protagonizaba una aventura sencillamente memorable que me convenció de la genialidad de su autor.

            En la reseña de la segunda novela de Powers incluí la suficiente cantidad de información sobre el escritor como para evitar extenderme ahora sobre sus peculiaridades.

            Mi tercera lectura de Tim Powers, “La última partida”, fue la menos satisfactoria. Tal vez porque la encontré demasiado farragosa o porque incide de forma excesiva en los pormenores de un juego –el póker- con el que no estoy demasiado familiarizado.

            No era mala idea la de conjugar juego, magia y mitología pero lo que parecía un inicio algo hermético de la novela acababa desembocando en una obra densa, algo trabada y, en todo caso, mucho menos ágil que las dos anteriores.

            Con “En costas extrañas” asistimos, en cambio, a un Powers diferente a todos los anteriores. La magia continúa estando presente pero lo hace en un contexto –los últimos estertores de la piratería en el Caribe- que todo lo vuelve absolutamente distinto.

 

EN COSTAS EXTRAÑAS

 

            John Chandagnac viaja a bordo del “Clamoroso Carmichael” desde su Francia natal hacia las islas del Caribe.

            En Haití pretende saldar cuentas con un hombre desconocido: el hermano de su padre, quien robó a éste la parte de la herencia que le correspondía, propiciando su muerte en la más absoluta de las miserias.

            A bordo del barco viajan también una bella joven llamada Beth Hurwood, su erudito y aristocrático padre Benjamin y el médico de ambos, el orondo Leo Friend.

            Mientras la joven pretende intimar con John, la presencia de un navío en las proximidades viene a turbar la travesía.

            Aunque en principio la inferioridad del balandro recién aparecido no parece amenazar la integridad del Clamoroso Carmichael, la realidad es que la nave está tripulada por una horda de piratas al mando del capitán Philip Davies y, lo que es peor, cuentan con la ayuda de Ben Hurwood.

            En efecto, la intervención del padre de Beth, junto con la sucesión de extraños fenómenos que tienen lugar durante el abordaje del barco, decantan la suerte del lado pirata y los supervivientes del barco son hechos prisioneros.

            Cuando Davies mata innecesariamente al capitán del barco apresado, Chandagnac cede a un impulso y se enfrenta espada en mano al pirata, logrando herirle de forma sorprendente.

            La hora de John parece llegada pero algunos de los marineros no están de acuerdo con el hecho de que sea ejecutado sólo por haber sido más hábil con el acero que su capitán, por lo que se le concede la posibilidad de formar parte de la tripulación como alternativa a perder la vida.

            En esta tesitura, el joven accede, convirtiéndose en Jack Shandy (mucho más fácil de pronunciar que su verdadero nombre) y desembarcando en la isla de Nueva Providencia donde sus dotes culinarias serán puestas al servicio de los piratas.

            Pronto descubrirá que la magia más oscura preside las vidas y los actos de sus nuevos compañeros. Una magia que la llegada de Hurwood multiplicará por mil en cuanto tengan ocasión de encontrarse con el mismísimo Barbanegra.

 

AVENTURAS DE PIRATAS, MAGIA Y VUDÚ

 

            Curiosamente, la novela se abre con dos citas pertenecientes a William Ashbless y Samuel Taylor Coleridge, los dos escritores decimonónicos cuyas biografías analizaba Brendan Doyle en “Las puertas de Anubis”.

            No será la única coincidencia con esa obra pues hay otros elementos comunes (la ocupación de cuerpos, por ejemplo) aunque la magia egipcia de “Las puertas de Anubis” deje paso en esta ocasión al vudú haitiano.

            De hecho, en el sugerente prólogo de “En costas extrañas”, Ben Hurwood atraviesa la desierta jungla haitiana en plena noche en compañía de un bocor (brujo).

            Juntos realizan un sacrificio humano y, tras una laboriosa ceremonia para la cual hacen uso de harina, ron y caramelos, lo aderezan todo con ayuda de ciertas frases olvidadas y logran invocar la presencia de Margaret, la fallecida esposa de Hurwood.

            El espíritu apenas permanece unos segundos pero, una vez constatada la posibilidad de contactar con los muertos, Ben se juramenta consigo mismo para regresar más adelante con todo lo necesario para llevar a cabo sus ambiciosos y un tanto espeluznantes planes.

            A lo largo de toda la novela se suceden los episodios aventureros de enfrentamientos entre navíos, abordajes piratas y luchas contra la propia Armada británica (los españoles habían sido desalojados de la región mucho tiempo atrás).

            Se trata de retratos vívidos y realistas en los que el autor demuestra una simpar maestría, describiendo con tanto detalle las escenas de lucha que éstas adquieren una textura casi visual.

            Sin embargo, solapándose con estos episodios aparece en todo momento la magia, presente tanto en los desenlaces de los escarceos marítimos como en las disputas entre los marineros.

            Por ejemplo, cuando Jack es besado por Ann Bonny, la exuberante mujer de otro pirata, éste responde atacando a Shandy con magia vudú.

            "No te habrás olvidado de las reglas, ¿verdad, Jim? – preguntará, interviniendo otro de los piratas-. Nada de ataques vodun entre nosotros a menos que se declare un duelo, ¿no es así?"

            La magia alcanzará límites inauditos en la expedición que más adelante involucrará, en mitad de los siniestros pantanos de Florida (llenos de sonidos inexplicables, olores indescriptibles y presencias que se vuelven tangibles), a un reducido grupo liderado por el pirata Barbanegra y Ben Hurwood.

            Se trata de un largo episodio que condensa las mayores dosis de espectacularidad y emoción dentro de un relato que no carece precisamente de ellas. Y sus consecuencias dentro de la trama resultarán decisivas.

            En cualquier caso, fetiches, bocores, cabezas disecadas de perro, hombres con la mandíbula atada... Todo tipo de signos perturbadores nos acompañarán a lo largo de esta excitante aventura.

 

UN MUNDO QUE TERMINA

 

            En efecto, la acción de “En costas extrañas” se ubica en un contexto –el Caribe de principios del XVIII- en que la piratería tocaba a su fin.

            Finalizada la guerra contra España, los británicos no precisaban de los piratas como colaboradores en el debilitamiento de su rival hegemónico. Antes al contrario, como forajidos que eran se habían convertido en un incordio para la Corona, por lo que se ofreció el indulto a quienes desearan abandonar esa vida. La alternativa era la horca.

            En la novela, los personajes son muy conscientes de estar protagonizando los últimos estertores de un mundo que va a desaparecer de forma definitiva.

            "Dentro de poco tendremos en la isla impuestos, aduanas y leyes sobre dónde amarrar tu bote –dirá Shandy en un momento dado- ¿Y sabes una cosa? Creo que la magia dejará de funcionar aquí, igual que sucedió en oriente".

            Porque, en realidad, la magia se identifica en todo momento con las fuerzas ocultas de la naturaleza y en la capacidad de los iniciados para sumergirse en sus misterios y controlarlos.

            El mundo del progreso, de la ciencia, de las armas (capitalizados por el hierro como elemento esencial) se opone, así, de forma frontal a la misma magia. Todo lo contrario que la sangre y la sal del mar.

            El propio Shandy hará suyas las palabras del nuevo gobernador que llega con el perdón real: "Los únicos que se alistan para una expedición pirata son los demasiado estúpidos, sanguinarios o perezosos para vivir dentro de la ley".

 

LOS PERSONAJES

 

            Entre el abanico de protagonistas que mantienen el pulso de la acción, cabría destacar a los siguientes:

            - Jack Shandy (nacido John Chandagnac).- Comienza siendo un sencillo titiritero, acostumbrado a vivir de la fabricación de marionetas con las que, en compañía de su ahora fallecido padre, interpretaba pequeñas obras teatrales. Decidido a pedir cuentas a su tío Sebastián, a quien nunca conoció y mientras intenta escapar a los encantos de la hermosa Beth, la piratería se cruzará en su camino, probando su verdadera naturaleza. Su nobleza y valor le harán reaccionar ante circunstancias no previstas de un modo que le sorprenderá incluso a él. Del mismo modo que le granjearán la amistad de Davis y el respeto del mismísimo Barbanegra. Y por el camino se sentirá irremisiblemente atraído por la hija de Hurwood, cuyo futuro parece bastante incierto en el mejor de los casos.

            - Philip Davies.- El capitán pirata aúna en su peculiar personalidad la socarronería y la astucia, no derrochando su probado valor en bravatas ni exponiendo a los suyos a riesgos innecesarios. Su nobleza de corazón, no obstante algunos actos desalmados que protagoniza, le llevan a ser agradecido y leal. Su relación con Shandy, a raíz de la lucha que les enfrenta nada más conocerse, irá evolucionando hacia una sincera amistad, en tanto que será un respetable temor lo que sienta hacia Barbanegra.

            - Benjamin Hurwood.- Trastornado por la pérdida de su esposa, ella será el catalizador de su demencia, embarcándole en una cruzada que le lleva a uno de los escasos lugares del mundo donde todavía persiste una magia ancestral capaz de lograr lo imposible. En su determinación no escatimará ni esfuerzos ni sangre y ni siquiera su hija estará a salvo a su lado (ella menos que nadie).

            - Beth Hurwood.- Animosa y afable al principio de la historia, sus padecimientos y el horror que le producen tanto la magia como la evidente locura de su padre -e incluso lo que ella interpreta como la traición del decente joven que era John- acabarán por trastornarla quién sabe si definitivamente. Objeto de deseo de su gordo médico, acabará siendo el centro de una velada guerra por su posesión (en todos los sentidos del término).

            - Leo Friend.- Aparte de describirle como un hombre poco agraciado físicamente y con una patológica incapacidad de mantener relaciones normales con una mujer, a causa de su galopante complejo de Edipo, Friend se muestra como un ser arisco, antipático, vengativo, rencoroso y vergonzantemente rijoso.

            - Barbanegra.- El legendario pirata aparece como una mole barbuda de sagacidad sobrenatural, fuerza sobrehumana y coraje indomable. El poder que emana de su persona es tal que no sólo es temido por sus enemigos sino incluso por aquellos a los que tiene más cerca, incluyendo a Davis, Hurwood y el mismísimo Shandy. A ello sumará poco después otro poder más letal si cabe: el que da el conocimiento de lo oculto y la capacidad de utilizarlo en su propio beneficio con desprecio de las vidas ajenas.

 

INSPIRACIÓN PARA EL CINE Y LOS VIDEOJUEGOS

 

            Como ya comenté en su día, Ron Gilbert ha reconocido abiertamente que, para la idea del célebre videojuego de Lucas Arts “Monkey Island”, se basó en dos referencias, la atracción "Pirates of the caribbean" del parque de atracciones DisneyWorld y la novela "En costas extrañas" de Tim Powers.

            Aunque en dicho juego los piratas beban grog en lugar de ron (se supone que, en aquél, el ron está rebajado con agua caliente azucarada) y aunque los nombres de los personajes no coincidan -Guybrush Threepwood intenta convertirse en el pirata más temido del Caribe, enfrentándose al malvado pirata LeChuck y conquistando el corazón de la gobernadora de la isla Mêlée, Elaine Marley-, la ambientación del mismo resulta claramente inspirada, al menos en parte, por la novela de Powers.

            En cuanto al cine, la influencia (no reconocida hasta ahora en los créditos) de esta novela en la saga “Piratas del Caribe” es difícil de soslayar tanto por temática como por personajes pero, por si cupiera la menor duda, la cuarta entrega de la misma barajó, casi hasta el final, dos títulos distintos. “Piratas del Caribe 4: En mareas misteriosas” o la más elocuente “Piratas del Caribe 4: En costas extrañas”.

            En alguna web incluso se rumoreó acerca de la posibilidad de que el argumento de esta cuarta entrega se ciñera al argumento de la novela de Powers pero finalmente no fue así y apenas un par de elementos -la presencia de Barbanegra y la búsqueda de cierta fuente mágica- sobreviven de la obra original. Una auténtica lástima por más que el nombre del escritor aparezca, esta vez sí, en los términos habituales: “guión inspirado en la novela En costas extrañas de Tim Powers".

            En cualquier caso, si hacemos una sencilla traslación, aun admitiendo la existencia de diferencias notables en los caracteres de los protagonistas de las películas de Gore Verbinsky y de la novela de Powers, Will Turner es Jack Shandy (aunque más rígido y menos bebedor), Jack Sparrow es Philip Davies (si bien más irónico y payasete) y Elizabeth Swann es Beth Hurwood (sólo que mucho más valiente y aventurera).

 

ORÍGENES DE LA PIRATERÍA EN EL CARIBE

 

            Dicho origen se encuentra en una bula del Papa Alejandro VI, que en 1493 -apenas un año después de la llegada de Colón al Nuevo Mundo-, concedía a España y Portugal el derecho de posesión de las tierras que se iban descubriendo.

            Las posesiones españolas se situaban tras una línea trazada cien leguas al oeste de las islas de Cabo Verde mientras que los territorios situados al este de dicha línea pasaban a ser de dominio portugués.

            Francia e Inglaterra quedaban pues al margen de las riquezas de América y la errónea política de España, que cerraba el comercio del Nuevo Mundo a los extranjeros, contribuyó a acrecentar el resentimiento de ambas. De hecho, para los españoles todo barco extranjero navegando por aquellas aguas sería calificado de pirata a partir de ese momento.

            Francisco I de Francia estimuló a los armadores particulares para suplir la carencia de una Marina nacional, de modo que hacia 1537 el Caribe estaba infestado de piratas franceses.

            Con posterioridad, también Inglaterra comenzaría a fijar su atención en América, apareciendo los primeros piratas ingleses en el Caribe bajo la protección de la reina Elizabeth.

            La mayoría eran nobles de origen, y a los que no lo eran, la reina les otorgaba un título. El caso más sangrante y recordado tuvo lugar con ocasión de la protesta formal del embajador de España en Inglaterra, quien pidió a la reina británica la ejecución del sanguinario pirata Drake.

            La respuesta de Elizabeth consistió en esperar al rufián en el Támesis para armarle allí mismo caballero. En adelante, sería Sir Francis Drake.

            Desde principios del siglo XVI y por espacio de dos siglos los piratas se adueñaron de las costas de Barbados y Jamaica, siendo esta última la isla más rica y fuera de la ley del mundo.

 

CORSARIOS VS BUCANEROS

 

            Me parece interesante señalar que mientras los corsarios actuaban por orden de sus Reyes respectivos (los de Inglaterra, Francia y Holanda principalmente), conservando a cambio de su “trabajo” parte de los botines aprehendidos a los navíos de otra nacionalidad, los bucaneros que les sucedieron eran meros aventureros y ladrones (la carne al bucán, es decir ahumada, que preparaban y vendían es la que les dio nombre) que saqueaban, robaban y destruían por interés propio.

            Las acciones de los corsarios estaban consideradas “actos de guerra” (por sus anfitriones, claro) y llevaban siempre consigo los salvoconductos de su soberano (la famosa “patente de corso”).

            Así, en teoría no podían ser juzgados y/o condenados por actos de piratería pues gozaban de un “permiso” pero, como se puede imaginar fácilmente, eso no les confería ningún tipo de garantía en caso de ser apresados por un navío correspondiente a una potencia enemiga. De hecho, lo más normal era que acabasen ahorcados.

            En cuanto a los bucaneros, se empezó a conocer por ese nombre a ciertos colonos franceses que se habían establecido en la parte occidental de La Española (la actual Haití).

            Su nombre deriva de la palabra "bucan" con la que los indios designaban el lugar donde ahumaban la carne.

            Los bucaneros, por tanto, se dedicaban a cazar toros y vacas y a vender sus pieles y la carne ahumada a los barcos, viviendo en la más salvaje libertad; nadie lo que atrajo a desahuciados, proscritos, fugitivos, esclavos o desertores.

            Fue después de empezar a ser perseguidos por los españoles cuando comenzaron sus correrías marítimas, tomando como base de operaciones el islote de La Tortuga, próximo a La Española.

            Será entones cuando nazca la Cofradía de los Hermanos de la Costa que dio origen a los filibusteros (del holandés "Vrij Buiter" -El que va a la captura del botín-, que en inglés se escribe “Freebooter”).

            Sus miembros tenían incluso sus propios preceptos, algunos de los cuales eran:

            - No se admitía la propiedad individual en lo que a tierras y barcos se refiere.

            - No se admitían mujeres blancas (aunque sí negras y esclavas).

            - Tampoco se permitían los prejuicios por razón de religión o nacionalidad.

            - Carecían de código penal, la intervención en las distintas travesías era voluntaria y no había impuestos ni condenas.

            - Se podía ingresar o causar baja de la cofradía a voluntad e incluso regresar a ella después de haberla abandonado.

            Todos los "hermanos" eran iguales entre sí e incluso disponían de una "Tabla de Indemnizaciones" para compensar a quienes resultaban lisiados.

            Contrariamente a lo que suelen mostrar novelas y películas, no es cierto que los piratas enterraran sus tesoros sino que más bien solían dilapidar sus botines con absoluta rapidez, antes de embarcarse en una nueva travesía.

 

¿EXISTIÓ BARBANEGRA?

 

            Barbanegra, quien tiene un notable protagonismo en la novela de Powers, fue en efecto un personaje real.

            Nacido en Gales en 1682, su verdadero nombre era John Roberts.

            Alto, bien parecido y elegantemente vestido (nada que ver, por cierto, con el gigantón zarrapastroso de la novela), fue capturado en Ghana por un barco pirata capitaneado por Howell Davis.

            Se unió a él y, tras la muerte de Davis a manos del gobernador de isla Príncipe, le sucedió como capitán, al ser elegido por la tripulación.

            Se dice de él que portaba ocho pistolas durante los combates, bien cebadas y colocadas en sendas cartucheras cruzadas sobre su pecho.

            En 1720 capturó al gobernador de Martinica y lo colgó del mástil. De hecho, la bandera que eligió como enseña de su barco lo muestra con un pie sobre el cráneo de dicho gobernador y el otro sobre el de Barbados.

            Su carrera duró cuatro años y terminó, cuando contaba cuarenta, con un balazo recibido en el cuello y procedente del arma de un soldado inglés.

            Antes de rendirse y a fin de que el cuerpo de su capitán no cayera en manos de los británicos, la tripulación lo arrojó al mar. Era el año 1722.

            No deja de ser curioso el hecho de que Barbanegra, como John en la novela, comenzara sus andanzas criminales tras ser capturado por un navío pirata el barco en que viajaba. ¿Mera casualidad?

            Como también resulta más que “curioso” que el capitán del barco que capturó al Barbanegra real se llamara Davis (Davies es, en la novela, el capitán que captura la nave en la que viaja el protagonista).

 

EL VUDÚ, A GRANDES RASGOS

 

            Según el diccionario de la Real Academia Española se trata de un "cuerpo de creencias y prácticas religiosas que incluyen fetichismo, culto a las serpientes, sacrificios rituales y empleo del trance como medio de comunicación con sus deidades".

            El vudú llegó como religión a las costas occidentales americanas a través de los esclavos africanos que comenzaron a llegar a Haití en 1517 y luego se fusionó con elementos del cristianismo y de otras religiones.

            Los colonizadores prohibieron el vudú, ya que otorgaba un rasgo común que unía a los esclavos, más allá de sus diversas procedencias étnicas y geográficas.

            Variante compleja del animismo, se basa en la creencia de que los espíritus habitan en diversos objetos o personas.

            Aunque su práctica se ha mantenido tradicionalmente en secreto, la dictadura de los Duvalier transformó al vudú en la religión oficial de Haití, utilizándolo como una herramienta de control sobre el pueblo a través del miedo.

            Y es que, de acuerdo con la creencia, quienes manejan las artes del vudú y pueden entablar comunicación con los seres supremos y espíritus (Loas), adquieren un poder que los habilita para resucitar a los muertos y dominarlos (los famosos zombies), por ejemplo.

            La explicación de su existencia reside en los alucinógenos que se utilizan en algunos rituales. Como consecuencia del envenenamiento, una persona puede parecer muerta y ser dominada por el hechicero que ejecuta el rito.

            En las diferentes manifestaciones del vudú, los sacerdotes suelen sacrificar animales o fabricar muñecos de cera que atraviesan con alfileres para causar dolor a aquellos a quienes representan.

            Los bailes y cantos forman también parte importante de los ritos, especialmente los cantos africanos antiguos.

            El objetivo es siempre hacer contacto con un espíritu o deidad para lograr sus favores a cambio de sacrificios como ofrendas de comidas o animales, entre otros. 

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