EL SECRETO

 

La opera prima de Donna Tartt y su legado

 

El secreto de Donna Tartt

 

DONNA TARTT, UNA ESCRITORA MUY POCO PROLIJA

 

            La sureña Donna Tartt (nacida en Greenwood, Mississippi) constituye uno de esos raros casos en que la fama llega merced a un único trabajo que carece de continuidad.

            Sería un caso similar al de Juan Rulfo, cuya producción literaria se reduce al fascinante “Pedro Páramo”.

            En todo caso, en 2002, diez años después de que viera la luz su opera prima, Tartt escribió una segunda novela titulada “Un juego de niños” que momentáneamente cerraba una trayectoria literaria efímera aunque muy significativa.

            Tardaría otros once años en publicar la que es por el momento (tal como me apuntaba un avispado lector) su tercera y última novela, “El jilguero” (2013).

            En los casi diez años que tardó en escribir su primera novela, Tartt trabajó como vendedora en una librería de Boston y también de ayudante de un pintor neoyorkino.

            Pero “El secretose convirtió desde el principio en un best-seller debido a su gran aceptación general aunque cuenta con algunas peculiaridades que impiden su identificación con las novelas que suelen protagonizar estos fenómenos editoriales.

            Por otra parte, el culto que suscitó no se limitó a la propia novela (causa de la apertura de un sinfín de sitios web dedicados única y exclusivamente a analizarla) sino también a la autora e incluso al entorno clásico en el que se ubican los protagonistas de la historia.

            De Donna Tartt se han escrito muchas cosas. Por ejemplo, acerca de su heterodoxo aspecto; es menuda de estatura y siempre ha mostrado un cierto exotismo en el vestir no exento de una elegancia algo andrógina. Por otra parte, sus rasgos faciales resultan muy marcados.

            También se ha afirmado con razón que recibió una sólida formación clásica (muy versada en latín y griego) que la convierten en una auténtica erudita.

            Su fijación por el personaje de Peter Pan, su paso por la Universidad de Mississippi en Oxford, donde no se limitó a publicar poesía sino que, por increíble que parezca, llegó a formar parte de una hermandad (a la que pronto renunció) y también hizo sus pinitos como animadora, no hacen sino aumentar su desconcertante leyenda.

            Alternando un conocimiento profundo de la obra de Joyce con su fascinación por la música de Joy Division, R.E.M. o Brian Eno, Donna consigue desconcertar al más pintado, razón por la cual aglutinó el interés de la prensa de forma unánime allá por 1992, fecha en que se publicó “El secreto”.

 

EL SECRETO

 

            Huyendo de la anodina población californiana en la que vive y de unos padres que le ignoran, Richard se las ingenia para ser aceptado por el elitista Hampden College, una universidad de la costa este que le permite marchar al otro extremo del país.

            Dado que sus progenitores no están por la labor de financiar sus estudios, el joven se ve obligado a recurrir tanto a su ingenio como a la benevolencia de los rectores y benefactores del colegio.

            A su llegada al mismo, su sorpresa es mayúscula cuando comprueba que no puede seguir cursando la especialidad de Griego Clásico, como era su deseo, debido al caprichoso e indescifrable criterio selectivo de Julian Morrow, el enigmático profesor que imparte esa materia.

            Los cinco misteriosos personajes que constituyen todo el alumnado de Julian y que no se mezclan con el resto de la universidad contribuyen a acrecentar el interés de Richard por formar parte de ese variopinto y reducido grupo.

            Un encuentro fortuito en la biblioteca con varios de esos chicos le brinda la oportunidad de darse a conocer por ellos, al inmiscuirse en su intento por traducir un fragmento literario.

            La buena impresión que causa en los gemelos Charles y Camila le anima a intentar abordar de nuevo a Julian que, a la luz de los comentarios proporcionados por sus propios alumnos, decide cambiar de opinión y aceptar a Richard en su clase.

            El muchacho pronto se apercibirá de que, en las vidas de los miembros del grupo, todo gira en torno al clasicismo que estudian en las obras que Julian les ofrece.

            Así, recurren a disfrazar de citas clásicas en griego los avisos que en ocasiones necesitan darse unos a otros ante otras personas, se reúnen en una mansión apartada durante los fines de semana y sus conversaciones están plagadas de referencias literarias griegas y latinas.

            Sin embargo, una noche el grupo se reúne a espaldas de Richard para recrear un secreto rito dionisíaco y, milagrosamente, logran completarlo pero a costa de provocar una tragedia.

            Eso cambiará de forma radical la interrelación de los miembros del grupo hasta el punto de que ya no será posible retomar sus vidas anteriores.

 

CLASICISMO VS. ACTUALIDAD

 

            Lo primero que subyuga de esta novela que a pocos dejará indiferentes es el marcado contraste entre el clasicismo que destilan Julian y su grupo y el típico ambiente universitario que impera en el resto del College, con sus típicas fiestas, desmadres sexuales, excesos etílicos y narcóticos y, sí, también a veces, incluso algo de estudio.

            En ese sentido, el personaje de Richard resulta del máximo interés pues se convierte en el elemento que bascula entre ambos mundos, sin llegar a formar parte de ninguno de los dos.

            Lo sugerente de la atmósfera en que la autora sitúa a su grupo de protagonistas seduce por igual al recién llegado y al lector, poco acostumbrado a enfrentarse a personajes que vienen a ser poco menos que anacronismos andantes.

            Porque los Henry, Bunny, Francis, Charles y Camila fuman, beben y se drogan pero también articulan sus vidas en torno a las clases de griego y los mundos que esta asignatura abre ante sus ojos.

            Mundos aparentemente extintos que ellos intentan resucitar apartándose de todo lo demás, incluyendo los centenares de estudiantes que comparten con ellos el colegio. A esa automarginación no es ajena la interesada influencia de Julian.

            En un cruce entre los vampiros Cullen de la saga “Crepúsculo” y los estudiantes de “El Club de los Poetas Muertos”, los chicos de Julian constituyen una célula diferenciada dentro del tejido universitario del Hampden; salvo alguna incursión puntual, ellos no toman parte en sus fiestas, no participan de sus actividades y se abstienen del menor contacto con ellos.

 

LA RIQUEZA Y LA POBREZA

 

            Uno de los principales subtemas que presenta la trama estriba en la distinción entre ricos y pobres y en la imagen que cada uno intenta proyectar de su situación particular.

            Si Richard intenta ocultar su falta de medios bajo el disfraz del desinterés de sus padres (que, aunque es cierto que no se implican en la educación de su hijo también distan de ser millonarios), Henry intenta no hacer alarde de su más que respetable fortuna en tanto que Bunny se aprovecha de los demás, haciéndoles pagar el esnobismo de sus acaudalados padres, acostumbrados a matricular a sus hijos en los más caros colegios de Europa y Estados Unidos pero abandonándoles luego a su suerte.

            Henry y Francis llevan el peso de las actividades extracurriculares en las que se ven envueltos todos, bien aportando dinero directamente, bien facilitando uno su coche y el otro la mansión en el campo de un familiar.

            Richard, por su parte, malvive en los períodos vacacionales, pasando mil apuros y negándose a reconocer sus dificultades ante sus amigos, lo que le lleva a refugiarse a menudo en el propio colegio desierto.

            Los múltiples puntos de vista que adopta la autora sobre las diferencias entre ricos y pobres y la forma en que los unos manipulan a los otros y son manipulados a su vez por ellos, en aras a esa misma distribución desigual de la riqueza, constituyen otro de los puntos fuertes de la novela.

            La descripción de algunos escenarios sumamente opulentos contrasta pues de forma llamativa con la sordidez de otros, quedando siempre en el fondo una sensación de cierto desdén hacia lo material.

 

LA MUERTE

 

            Como contrapunto a lo anterior, la Muerte se erige una vez más como la Gran Igualadora que no distingue a ricos de pobres ni a célebres de anónimos.

            Siempre latente en la historia, será su dramática materialización la que desencadene los acontecimientos, desterrando para siempre la posibilidad de una vida normal para los protagonistas, marcados indeleblemente por un acontecimiento que acarreará otros no menos trágicos.

            La muerte será también el punto de arranque de la segunda novela de Tartt pero debo adelantar que ahí terminan todas las semejanzas entre ambas.

            Por otra parte, uno no puede dejar de notar desde el principio de “El secreto” la fuerte carga existencialista que acarrean los personajes en lo que parece constituir una herencia directa de autores tan dispares como Dickens o Nietzsche.

            Los protagonistas no sólo no disfrutan de sus vidas sino que sus propios y crecientes excesos parecen encaminados a ponerles fin.

            Y es que las pasiones sólo se muestran con cuentagotas (un sarcasmo despechado aquí, un puñetazo inopinado allá, un arrebato de furia momentáneo) pero lo que prima en todo momento es la contención salvo cuando el alcohol les lleva a dar un paso más.

            El alcoholismo creciente de los personajes acaba resultando incluso redundante pues se convierte casi en el vehículo único de sus acciones, lo cual lastra un tanto su eficacia.

            Y tanta represión de sentimientos (estos atípicos estudiantes no parecen tener sangre en las venas y apenas se conceden algún esporádico escarceo sexual bajo los efectos del alcohol y con serias dificultades para recordarlos más tarde) se convierte en el caldo de cultivo ideal para que ocurra algo imprevisible y de consecuencias drásticas.

            Sólo la irrupción de la muerte en sus jóvenes vidas parece convulsionar esas existencias aparentemente plácidas en la superficie pero violentamente agitadas por debajo de la fachada.

            Sin embargo, y ese es uno de los hándicaps de la novela, la resolución de estos conflictos resulta un tanto superficial y no demasiado verosímil, lo que deja un regusto amargo después de haber disfrutado de la historia.

            El epílogo de la misma resulta finalmente frío y desangelado, como si Tartt no hubiese acertado a dar con un final acorde con su espectacular puesta en escena y el indudable atractivo de sus propuestas.

            Digamos que no llega a alcanzar la categoría de chapuza pero sí produce cierto desencanto, evitando que se convierta en una obra redonda. Ello no quita para que sea una obra de culto con mayúsculas ni tampoco arruina sus notables aciertos temáticos, ambientales y estilísticos. Una obra clásica moderna, como se la ha acuñado.

 

UNOS PERSONAJES SINGULARES

 

- RICHARD.- Procedente de un ambiente provinciano y de un hogar cuya fractura iremos descubriendo progresivamente, Richard se ve golpeado por una realidad que le es ajena y que pondrá a prueba su intención de neutralidad y su aparente amoralidad. El hecho de proceder de un lugar llamado Plano, que juega magistralmente con el sarcasmo a la hora de enfrentarse con el tópico californiano de las rubias despampanantes, las playas kilométricas y las tablas de surf, le otorga un crédito apriorístico que él dosifica prudentemente antes que explotarlo de forma abierta. Y es que la prudencia es una de las principales características del protagonista, si bien raya muchas veces en la más pura cobardía. Fascinado por la bella Camila o al menos tanto como puede estarlo un chico que parece tener atrofiada la capacidad de amar, deambula entre sus nuevos compañeros como un títere aunque está por ver si la situación sobrevenida cambia o no su forma de pensar y de actuar.

- HENRY.- El líder natural del grupo parece un cruce entre un lord inglés y un sabio despistado. Un poco desgarbado pero a pesar de ello fuerte y con buena planta, su erudición anda pareja con sus rarezas. Su peculiar e indefinible carácter, que le convierten en un faro para el resto del grupo, redundará en un inopinado final que pone en tela de juicio lo que creíamos saber sobre él a esas alturas de la historia.

- FRANCIS.- “El pelirrojo” es un personaje que se hace querer. Conciliador y desprendido, no siempre sus gestos son interpretados de forma benévola o acertada por sus amigos. A ello contribuye su condición de homosexual y los ambiguos escarceos habidos con algunos miembros del grupo. Tampoco Richard quedará a salvo de sus artimañas más retorcidas pese a que sea uno de los personajes más cercanos a él.

- BUNNY.- Procedente de una familia célebre y multimillonaria que la propia autora no se priva en comparar de varias maneras con los mismísimos Kennedy, Bunny es el fruto de una desconcertante política familiar que consiste en rodear a sus vástagos de todo el lujo posible y dejar que se las apañen por sus medios, aunque sea por el discutible método de gorronear a sus amigos, sean o no ricos. Su carácter alegre y su lenga viperina formarán en ocasiones un cóctel difícil de digerir incluso entre sus allegados. O especialmente entre ellos.

- CHARLES.- Es el varón de la pareja de gemelos y, en palabras del propio Richard, el más apuesto de todos ellos pero su afición creciente por la bebida y la ambigua relación que mantiene con su hermana desembocan en algunos de los momentos más tensos y relevantes de la novela hasta el punto de estar presente en todos y cada uno de los puntos de inflexión de la misma.

- CAMILA.- La hermana gemela de Charles resulta ser la única mujer del grupo. Y también resulta única en otros aspectos debido a su hipnótica y algo candorosa belleza, su extraña relación con su hermano, su brillante inteligencia, su serena presencia y la cambiante variedad de sentimientos que parece suscitar entre todos sus compañeros varones y que a menudo resultan desconcertantemente ambiguos. Sin pretenderlo, ella será la mecha que prenda el incendio que devastará las existencias de todos los miembros del grupo.

- JULIAN.- Todo en torno a su figura resulta ambiguo y nebuloso. De origen presumiblemente aristócrata y europeo, su erudición y sus fabulosos contactos (entre los que se encuentran artistas, políticos, actores y escritores como T.S. Eliot o el propio George Orwell) van de la mano de sus modales afectados y su particular modo de entender la enseñanza e incluso la vida. Su magnanimidad resulta casi exagerada con sus alumnos pero su aparente devoción por ellos se pondrá a prueba cuando los acontecimientos revelen la parte menos amable de la realidad.

 

RELECTURA EN 2011

 

            Debo confesar que leí esta novela poco después de publicarse y me causó una honda impresión. Tanto como me decepcionó su desenlace.

            A pesar de ello conservé el libro en mi biblioteca y esporádicamente traté de encontrar más obras de su autora, sólo para descubrir que “El secreto” constituía todo su bagaje.

            No tuve noticias de la aparición de su segunda obra hasta fecha muy reciente y ello me dio pie para hacer una relectura más adulta de su opera prima.

            Y de la misma extraigo las siguientes conclusiones:

            - La novela sigue resultando sugestiva pese al tiempo transcurrido.

            - Por desgracia, aún resulta muy ostensible su ritmo decreciente: de más a menos.

            - Como en estos casi veinte años he leído varios centenares de libros más, todo me parece más atenuado en la obra de Tartt; tanto sus aciertos como sus errores.

            - El principio me sigue pareciendo brillante e inspirado y el final mal diseñado.

            - Los personajes continúan siendo lo más notable de la historia junto con su brillante ambientación en la fría Vermont, Nueva Inglaterra.

            - Resulta muy interesante analizar el descubrimiento que Richard, el protagonista, hace de los que serán sus compañeros a la luz de lo que ya sabemos cuando hemos completado la lectura del libro.

            - Con todo, nunca me desharé de la incómoda sensación de que un planteamiento tan atractivo podía haber dado como fruto una novela todavía mejor.

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