NOCTURNA  ("The Strain")

 

Guillermo del Toro se pasa a la novela

 

Nocturna

 

UN DIRECTOR DE CINE METIDO A NOVELISTA

 

            El director mexicano Guillermo del Toro, realizador entre otras películas de “Cronos”, “Mimic”, “El espinazo del diablo”, “Blade II”, “El laberinto del fauno” o las dos entregas de “Hellboy” es también un acreditado guionista.

            No sólo ha firmado todos los títulos que acabo de citar sino que es también  coguionista de la trilogía de “El Hobbit”, en los que ha colaborado junto a Peter Jackson y Phillippa Boyens.

            Sin embargo, “Nocturna” es su primera incursión en la novela aunque en principio iba a ser otro guión y, de hecho, ha acabado siendo adaptada para la pequeña pantalla con la serie “The Strain”.

            En lugar de ello, ha acabado convirtiéndose en la primera parte de la “Trilogía de la Oscuridad” en la que el autor mexicano da rienda suelta a su probada imaginación y la pone al servicio de una saga oscura, siniestra y truculenta en la que el mundo se expone a la extinción a manos (y colmillos) de unos ancestrales vampiros que pueden acabar con la raza humana a poco que se lo propongan.

            Lo que muchos no saben es que se trata de una obra escrita al alimón con otro autor, este sí más reputado en el mundo de las letras. Se trata de Chuck Hogan, poseedor de un prestigioso premio Hammet.

LÍNEA ARGUMENTAL

            Un Boeing 777, repleto de pasajeros, aterriza en el JFK de Nueva York procedente de Berlín.

            Sin embargo, nada más tomar tierra, el aparato se detiene y todas sus luces se apagan, no advirtiéndose sonido ni movimiento alguno en el interior del aparato, que queda también incomunicado con la torre de control.

            Ante lo anómalo de la situación, se ponen en funcionamiento todos los mecanismos de emergencia del aeropuerto, sospechándose en primera instancia que pueda tratarse de un secuestro aéreo.

            Pronto los indicios llevan a pensar que quizás se trate de alguna grave enfermedad que ha azotado de forma súbita al pasaje y la tripulación.

            Cuando los equipos de emergencia logran entrar al aparato, con todas las precauciones del mundo, encuentran un cuadro desolador: todos están muertos excepto el copiloto, que parece estar agonizando mientras lo conducen a la UCI.

            A pesar del oscurantismo informativo, los periodistas logran atisbar algunos aspectos de la noticia, que lógicamente trasciende a la opinión pública.

            Lo que las pantallas de televisión muestran sumen a la mayoría de telespectadores en la confusión más absoluta pero para Abraham Setrakian, un europeo afincado en Manhattan desde hace décadas, esa es la señal de que aquello que ha estado esperando y temiendo durante la mitad de su vida se acaba de materializar.

            Recordará entonces Setrakian los cuentos que le contara su abuela, cuando él era niño, acerca de cierto noble polaco de gran estatura –Josef Sardu- que salió en busca de lo que había matado a todos sus familiares y regresó transformado en la causa de todas esas muertes.

            También recordará cómo Sardu se hizo presente en los barracones del campo de exterminio al que su condición de judío relegó durante la Segunda Guerra Mundial y cómo el monstruo sediento de sangre compitió con los propios nazis en su odio destructivo y despiadado.

            Pero mientras el anciano Setrakian medita acerca de la línea de acción que debe emprender, el doctor Eph Goodweather tendrá en sus manos el destino de muchas vidas, como consecuencia de su puesto de responsabilidad en el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades. La situación le llega al doctor en mitad de una grave crisis personal de la que tendrá que abstraerse.

IMPRESIONES INICIALES

            En realidad, la novela comienza francamente bien, con el aterrizaje de un avión que queda literalmente a oscuras después de haber completado con éxito la maniobra.

            Resulta del máximo interés comprobar cómo funcionan los mecanismos de seguridad, cuáles son los pasos que se van ordenando en relación con el misterio del aparato y cuáles las fases por las que atraviesa la investigación sobre la marcha.

            La incertidumbre, las dudas, las sospechas, los temores… La inquietud en suma de cuantos trabajan alrededor del enorme aeropuerto neoyorkino y lo siniestro de sus primeros descubrimientos –los SWAT encontrarán un avión lleno de cadáveres sin muestras de violencia- captan de inmediato la atención del lector.

            Y ésta tampoco decae mucho cuando asistimos a los lentos avances del doctor Eph Goodweather, del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, en su investigación de los extraños síntomas que presentan los cuerpos descubiertos en el avión.

            Cuando dichos cuerpos “se fugan” del depósito y también desaparece la enorme caja rectangular que viajaba con el resto de equipajes, al lector le falta tiempo para sumar 2 +2 aunque, en aras a la racionalidad, a los médicos y científicos les cueste algún tiempo más concluir que lo imposible se ha vuelto real.

            Este tiempo será muy valioso para que el Amo, el ancestral vampiro que acaba de desembarcar en el Nuevo Mundo, ponga patas arriba a la Gran Manzana, todavía convaleciente de los trágicos acontecimientos del 11-S, a los que la novela alude de tanto en tanto.

UN EQUIPO PARA LA ESPERANZA

            En un relato en el que apenas se roza la superficialidad de los caracteres, el doctor Ephraim Goodweather ("Eph" para los allegados) es quizás el único personaje en el que se incide algo más.

            Con un pasado de abuso alcohólico y una traumática separación matrimonial sobre sus hombros -que incluye una devastadora lucha judicial por la custodia de su hijo Zack-, Eph no se encuentra en el mejor de los momentos aunque la gravedad de la situación haga imperativo que se sustraiga a sus circunstancias personales por bien de la comunidad… o de toda la raza humana en realidad.

            Entre los apoyos con que contará destacan:

            - La doctora Nora Martínez, bioquímica de formación, mano derecha de Eph y, eventualmente, también su amante. La paciencia y capacidad de sacrificio de Nora constituirán el apoyo emocional del doctor.

            - El profesor Setrakian, un erudito europeo que se topó con la leyenda del vampiro siendo muy joven y cuyo conocimiento ha maldecido su vida, por lo que espera tomar cumplida revancha. La información acumulada durante décadas y los ingenios que ha construido durante todo ese tiempo resultarán vitales en la lucha contra el monstruo.

            - Vasiliy Fet, un exterminador de plagas (ratas en su mayoría), de origen ruso, que conoce como pocos el subsuelo de Manhattan y cuya destreza y fuerza física resultarán de la máxima utilidad al grupo.

UN DESARROLLO PREVISIBLE

            El modus operandi del siniestro vampiro desembarcado –“el Amo”- es, en esencia, muy sencillo. Cada ser humano del que se alimenta se convierte a su vez en otro vampiro, que se dedica a renglón seguido a expandir la comunidad. Aunque torpes y lentos al principio, los nuevos vampiros serán cada vez más conscientes de su capacidad para atacar a otros humanos y, por tanto, más peligrosos.

            Así, lo primero que hacen las víctimas del avión es escapar del depósito de cadáveres e “infectar” a sus respectivas familias. Algunos intentan resistirse en un primer momento, cuando todavía conservan algún sentimiento (hay quien llega a encadenarse) pero, sobrepasado cierto límite que sobreviene con extraordinaria rapidez, la sed aniquila cualquier intento de raciocinio.

            Como consecuencia de ello, el número de vampiros crece de forma exponencial, dejando desiertas las calles en apenas cuatro días de “epidemia”.

            El comportamiento de estos seres, acechando en la oscuridad y atacando por oleadas, recuerda más al de los zombies que al de los vampiros al uso pero, en cualquier caso, lo que resulta evidente es que no se puede pretender acabar con ellos de uno en uno, dado el elevadísimo volumen que alcanza la población vampira y que, además, no deja de crecer.

            El grupo se verá obligado, no obstante, a eliminar a algunos cuantos simplemente para sobrevivir aunque intuyan que la solución final pasa por otras premisas.

            La presencia en la sombra de un multimillonario aquejado de una grave enfermedad se convierte en el famoso “factor humano” desencandenante de toda la tragedia. Y es que aliarse con “lo peor” siempre ha sido un riesgo aparejado a la falta de escrúpulos.

            Los monstruos de la novela se mueven a sus anchas en los ambientes oscuros, por lo que algunas descripciones recuerdan sospechosamente a los ambientes de “Mimic” o “Blade 2”, trabajos anteriores del director-guionista-escritor.

            También es cierto que el subsuelo neoyorkino es una localización recurrente que también hemos visto con profusión en multitud de producciones cinematográficas como “The Relic”, “Al cruzar el límite” o “Pactar con el diablo”.

            Ello redunda, por desgracia, en un cierto adocenamiento que hipoteca todavía más los escasos recursos originales de la novela. Aun así, opino que merece la pena leerla aunque mis palabras queden un tanto en entredicho cuando confiese que no estoy particularmente interesado en completar los otros dos títulos de la trilogía.

VAMPIROS SIN GLAMOUR

            Los vampiros que el dúo Del Toro-Hogan nos presentan nada tienen que ver con los glamurosos, refinados y bellos de la saga “Crepúsculo” ni tampoco con los estilizados y modernos especímenes que desfilan en la saga “Blade”.

            Tampoco guardan relación alguna con los que hemos podido ver en la gran pantalla dentro de producciones tan diversas como “Drácula de Bram Stoker”, “Entrevista con el vampiro”, “Jóvenes ocultos” o “Underworld“.

            Si tuviésemos que compararlos con algunos, tendrían alguna remota relación estética con los de “30 días de oscuridad” aunque los que nos presenta “Nocturna” resulten incluso más desagradables.

            Descritos como unos seres cuyo organismo muta hasta fundir sus sistemas digestivo y circulatorio (al igual que en los insectos), por cuyas venas corre una sangre blanca y espesa, cuyos ojos se vuelven rojos y pierden toda expresión y de cuyas gargantas salen unos aguijones con los que succionan la sangre de sus víctimas, los vampiros de la historia son completamente repulsivos, sin que la promesa de una vida eterna en dichas condiciones sirva para brindarles el menor atractivo.

            Aunando ciertas características de los vampiros de las leyendas con otras fruto de la imaginación de sus autores, los monstruos de la historia son destruidos por la luz solar pero el agua bendita o los ajos carecen de efectos sobre ellos.

            La forma más efectiva de acabar con ellos –y confío en que mi consejo os resulte innecesario- consiste en seccionarles la cabeza. Cualquier otro miembro que se les ampute no impide que sigan siendo “activos” por lo que la decapitación (preferiblemente con una espada de plata –otra concesión a la tradición) se antoja como el único método realmente útil.

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